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CAPITULO 2: MARCO TEÓRICO

2.3. Marco Teórico

2.3.6. Otros elementos en la construcción de la identidad

2.3.6.6. Identidad y cultura

Frecuentemente se alude a cultura como la acumulación de conocimientos que puede tener una persona, ya sea a través de la lectura, yendo al teatro, también se acude a la palabra cultura como las fronteras entre individuos o grupos sociales, así se habla de cultura americana, cultura alemana, etc.; se usa cultura para referirse a las

diferencias culturales entre sexos y generaciones y hasta para referirse a la cultura culinaria, cultura del futbol, alta cultura, en fin, el término cultura se la usa de múltiples formas (Barañano, 2010). Si se entiende como cultura a las “formas de vivir, pensar y sentir de los individuos y grupos sociales. […] incluyendo lo consciente y lo inconsciente y conjuga el objeto de la cultura con sus sujetos, el individuo con su sociedad lo común y lo individual” (Barañano, 2010, pág. 12) se entendería que no hay cultura sin actores sociales, sin identidades. Sin embargo “cultura e identidad responden a nociones diferentes pero interrelacionadas” (Barañano, 2010, pág. 4; Giménez, 2003, pág.1). De hecho Barañano expone que los “conceptos de construcción identitaria y de cultura nacieron juntos: la identidad se la realiza mediante la participación en la cultura” (Barañano, 2010, pág. 94).

Giménez asocia identidad con cultura y dicen que son inseparables, por la sencilla razón de que la identidad se construye a partir de materiales culturales” (Giménez, 2003, pág. 2). En la cotidianidad “todo está lleno de significados: nuestros padres, nuestros hijos, nuestras calles, nuestras ciudades, países, etc. Todo esto, y no otra cosa, son la cultura o, más precisamente, nuestro “entorno cultural” (Giménez, 2003, pág. 9). Habría que hacer una aclaración “no todos los significados son culturales, sino solo aquellos compartidos y relativamente duraderos, ya sea a nivel individual, histórico, es decir en términos generacionales” (Giménez, 2003)

Los sujetos se apropian de esos repertorios culturales y en ese sentido tiene una función diferenciadora y contrastiva en relación con otros sujetos. Así define por tanto a la “identidad como un proceso subjetivo y frecuentemente autoreflexivo por el que los sujetos individuales definen sus diferencias con respecto a otros mediante la asignación de un repertorio de atributos culturales generalmente valorizados y relativamente estables en el tiempo”. (Strauss y Quin, 1997, pág.89ss. citado en Giménez, 2003, pág. 9)”. De hecho hay significados relacionados estrechamente a la biografía personal que para un sujeto revisten de enorme significancia desde el punto de vista individual o idiosincrásico pero que no comparten los otros, a éstos según Giménez no serían significados culturales. Tampoco los significados efímeros de corta duración, los de modas intelectuales pasajeras. Estos significados se objetivan en comportamientos observables o

también llamados formas culturales, y se interiorizan en forma de habitus de esquemas cognitivos o representaciones sociales.

En cada cultura las personas tienen un sentido de pertenencia, en primer lugar, al núcleo más pequeño de la sociedad que es la familia, donde padres, hijos y abuelos viven un mundo, como el de hoy, caracterizado por continuos adelantos tecnológicos y en segundo lugar se tiene un sentido de grupalidad, que puede ser asociada al uso de las TIC´s, los cambios sociales y políticos, procesos migratorios internos y externos, que generan nuevas realidades tanto urbanas como rurales, impactando de modo desigual a algunos sectores de Guayaquil.

Dentro del constructo de lo que es identidad y en la manera de vivir la vida corriente se plantea la tarea de autoidentificación planteada por los hombres y mujeres en la era moderna, se produce entonces el reto de vivir no siendo menos que el vecino, precisamente de conformarse o alienarse a los modelos establecidos, de imitar, seguir pautas, de no desviarse de la norma, produciéndose más bien una aculturalización, porque hay que entrar y pertenecer a un grupo que constantemente debe reconfirmarse en la vida corriente.

Al coexistir culturas diferentes se genera un problema que no solo no es cómo conseguir una identidad a su elección y cómo hacer que lo reconozcan los que están a su alrededor, sino cuanto qué identidad elegir y como mantenerse alerta y vigilante para que sea posible elegir otra elección si la identidad anterior deja de estar vigente. La preocupación principal es cuando ese marco referencial deja de ser creíble. De ahí que el sentido de la vida depende del enmarque que demos a las expresiones significativas adecuadas. Las vidas tienen o carecen de significado cuando tienen o dejan de tener sentido y esto depende en buena parte de nuestro poder de expresión; así el descubrimiento de un nuevo marco referencial está entretejido con la invención y en el que el sujeto ha de forjarse una identidad a través de la lucha por el reconocimiento.

En la medida en que somos capaces de comprender de qué modo diferimos culturalmente de otras sociedades podemos concebir las características universales de

la modernidad. Esta universalidad de la modernidad es especialmente significativa. Se trata de una universalidad concretada a través de los contrastes cualitativos generados por la comprensión entre distintas culturas. Al concebir distintas identidades modernas vemos más claro qué rasgos son universales y permanecen constantes en todas ellas.

Si las identidades se construyen a partir de la apropiación, por parte de los actores sociales, la identidad no es más que la cultura interiorizada de los sujetos, considerada bajo el ángulo de su función diferenciadora y contrastiva en relación con otros sujetos. Es la cultura la que diferencia a un grupo de otros, por eso su papel diferenciador. (Giménez, 2003, pág. 5).

Es imposible entender a la identidad sin la cultura, y se puede entender que: “la concepción que se tenga de cultura va a determinar el concepto que se maneje de identidad, es decir si concibo a la cultura como fragmentada, hibrida, descentrada y fluida, la concepción de identidad también va a tener las mismas características” (Giménez, 2003, pág. 5)

Grimson, antropólogo argentino con una posición post constructivista expresa en una entrevista realizada por Nadia Hakim que:

El concepto tradicional de cultura tiene el problema de que los teóricos no incluyeron cinco cuestiones: la desigualdad, poder, el conflicto, la historicidad y la heterogeneidad. Son defectos del concepto tradicional de cultura. Porque nos encontramos en un mundo en que los niños que nacen en Japón aprenden japonés y no húngaro, es decir sigue operando una relación compleja de conciencia práctica, de emociones, corporalidades vinculadas a diferentes historias (Hakim, 2014, pág. 266).

En el libro de Grimsom Los límites de la cultura dice que las categorías efectivamente son construcciones, y por eso mismo existen, y lo que logran es construir fronteras más que homogeneidad absoluta. Parecería que existe una

homogeneidad, pero no es absoluta, porque existen desigualdades y diferencias. Cada sociedad es distinta a la otra y en esto hay que tener claro la noción de configuración cultural como herramienta heurística teórica-metodológica para comprender algunas situaciones. Una configuración puede ser un barrio, región, un país, u otras, depende de las preguntas que se plantee el investigador (Hakim, 2014, pág.265).