Las implicaciones de la crisis tuvieron profundas consecuencias para los caficultores de las regiones cafeteras. Un ejemplo de ello, es el caso ocurrido en el denominado Eje Cafetero, región que durante los últimos cuarenta años se caracterizó por ser una zona cuya producción fue bastante representativa respecto a la producción nacional del grano, como consecuencia, según cifras del PNUD, de la reducción de la inversión directa de la Federación en programas de salud, educación, infraestructura física y social, extensión, investigación, asistencia técnica y diversificación, las cuales además no fueron reemplazadas por el gasto proveniente de los gobiernos locales.
Así:
El Centro de Estudios Cafeteros Regionales y Empresariales (CRECE), señala que desde la década de los ochenta ha disminuido notoriamente la participación de las inversiones de los Comités Cafeteros en los PIB departamentales. En el PIB de la región centro-occidente, que comprende el Eje Cafetero, esta participación alcanzó su pico más alto a mediados de 1981 cuando significó un 40% del PIB regional y llegó a su punto más bajo en 1997 cuando fue cercana a un 10%. A partir de mediados de los noventa, la inversión disminuyó en educación, salud e infraestructura y sólo aumento la destinada a asistencia técnica y diversificación. (CRECE, citado por Franco, 2006, p. 6)
Además de lo anterior, se ha podido establecer que en los departamentos del Eje Cafetero (Caldas, Quindío y Risaralda) se ha presentado un importante decrecimiento en las condiciones de vida de los caficultores ya que según autores como Perfetti y Hernández (2003) plantean que se ha presentado aumentos en la desnutrición infantil, descenso de la asistencia escolar, así como una disminución en la compra de alimentos, resaltando que entre 1996 y el 2000 la pobreza por necesidades básicas insatisfechas aumento en un 20%, ya que de representar un 32% pasó a representar un 52% (p.7); situación similar a la ocurrida con el indicador de desarrollo humano IDH, el cual para finales del año 2000 era igual o
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inferior al del año 1993; lo anterior coincide con aumentos de fenómenos como la violencia y los cultivos ilícitos asociados a la misma (Franco, 2006, p. 24).
Según el Informe de Desarrollo Humano 2004 elaborado por el PNUD, para el Eje Cafetero el IDH del 2002 fue casi igual al presentado en 1993, lo cual permite hablar de una década perdida en términos de las tres capacidades que promueve el desarrollo humano, las cuales son primero, tener una vida larga y saludable, segundo, poseer conocimientos y finalmente, poder acceder a los recursos necesarios para lograr un nivel de vida decente.
Así, según este Informe, se puede decir que el estancamiento en el desarrollo humano que se produjo se debe a lo que ocurrió entre 1997-2000, ya que el índice agregado y sus componentes, los cuales son el PIB per cápita, el índice de logro educativo y la esperanza de vida, disminuyeron, y algunos de estos descendieron por encima del promedio que habían aumentado a comienzos de 1990.
Lo anterior, se expone, que se debe a la concentración de las oportunidades en las capitales de los departamentos, ya que es allí donde se presentan los mayores niveles del indicador, y por el contrario los municipios más alejados y más rurales tienen los índices más bajos. De esta forma, se evidencia que la magnitud del IDH por municipios en el periodo 1993-2000 muestra que la mayor parte de ellos cierran el periodo con un índice igual o inferior, lo que evidencia el estancamiento y deterioro en el desarrollo humano de los productores cafeteros.
Teniendo en cuenta los departamentos que comprenden el Eje Cafetero para el mismo periodo, se observa que Risaralda siempre ha tenido un mayor índice, seguido por Caldas, ubicándose el Quindío de último. La diferencia en sus índices entre Risaralda y Caldas es alrededor del 4%, y entre Caldas y Quindío es de 1%. Sin embargo, los tres departamentos comparten dos hechos fundamentalmente, el estancamiento del IDH y la ampliación de la brecha respecto al promedio nacional. Por tanto, observando el IDH departamental en el 2002 se evidencia que su magnitud en Risaralda y Caldas es un poco superior a la de 1993, mientras que para el Quindío es inferior al de 1993.
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Cabe mencionar que, la anterior problemática se ha relacionado con el bajo desempeño de la caficultura nacional a finales de la década de los noventa, además de una baja en la productividad regional de café ocasionada por el envejecimiento de las zonas de cultivo, las cuales según estudios se encontraban sobreexplotadas. Así, para 1991 la producción de café fue cercana a los 16.2 millones de sacos, mientras que para 1999 fue de 9.1 millones de sacos, lo que representó un decrecimiento del 44%33.
Así, la caída del PIB per cápita sufrida en aquel momento en Colombia entre los años 1994 y 2000, en donde el porcentaje nacional era de un 10%, en tanto que para el eje cafetero dicha disminución correspondió a un 13%, situación similar a la ocurrida con la participación de la actividad informal en el ingreso de los hogares, la cual para Colombia entre 1996 y el 2000 pasó de un 30% a 33% respectivamente; en contraste, con la situación de los departamentos del eje cafetero, donde dicha participación tuvo un aumento del 7% pasando del 19% a un 26% en dichos cuatro años (Forero, 2010,p. 54).
Específicamente, la caída más fuerte del PIB per cápita se produjo en Caldas, por encima del Quindío, como resultado de la inversión realizada para la reconstrucción después de ocurrido el terremoto de 1999; el componente PIB per cápita dentro del análisis del IDH se caracteriza por ser la de menor magnitud, ser el más volátil debido al comportamiento de los precios del café, luego del desmonte del Pacto Internacional del Café y es el que mayor incidencia presenta en los cambios del IDH del total de los departamentos del Eje Cafetero34.
Pero en términos generales la situación para la región se puso más difícil con el aumento del conflicto armado, que se refleja en aumento de tasas de homicidios y de mortalidad.
El análisis del componente de longevidad revela que el departamento de Caldas ha presentado las variaciones más fuertes y, en el agregado, el comportamiento menos favorable del
33CRECE, Cua tifi a ió de los I pa tos Mi o
-Macroeconómicos y Sociales de la Crisis Cafetera en Colombia.
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indicador. Aunque entre 1993 y 1997 ese departamento fue precisamente el de mejor desempeño en términos de longevidad, entre el último año y el 2000 fue el que registró el mayor deterioro. Así mismo, en el sub período 2000-2002, Caldas fue el único de los tres departamentos en donde el índice de longevidad cayó, situación que sugiere que los problemas de orden público que derivan en homicidios se han venido concentrando en ese departamento. En el extremo opuesto se sitúa Quindío, departamento que sólo registró una ligera caída en el indicador de longevidad entre 1997 y 2000, y que en el período consolidado presentó el mejor desempeño. (PNUD, 2004, p.54)
De esta forma, para el Eje Cafetero la esperanza de vida pasó de 67.9 años para 1993 a 68.6 años en el 2002, es decir un crecimiento de nueve meses; para los municipios entre los años 1993 y 1997 tuvo el mejor comportamiento, al haber un aumento en más de un año, lo cual ocurrió en 38 de los 51 municipios de la región, no obstante para 1997-2002 la esperanza de vida cayó en cerca de cinco meses, sucediendo esto en 33 municipios35.
Lo anterior se agrava cuando se analiza desde el punto de vista de la generación de empleo de pequeños productores, ya que en el sector ésta es bastante significativa, al igual que la generación de ingresos en los hogares que se dedican a esta actividad. En Colombia, el Café genera directamente 529.246 empleos y en total son 566.000 productores; el 73.71% de las fincas cafeteras tienen un tamaño no superior a las 5 hectáreas y el 37.15% son fincas con un tamaño no superior a 1 hectárea. Por tanto, el ingreso entre 1996 y 1999 debido al buen precio del café presentado en 1997 tuvo un aumento sostenido, pero para el 2000 los ingresos tuvieron una reducción del 10%36.
Según el PNUD37, en términos generales lo que ha ocurrido con el mercado
laboral en el Eje Cafetero es un aumento de la tasa de desempleo, debido al aumento de la fuerza laboral causado por la crisis cafetera, la recesión y a la dinámica lenta de generación de empleo. Así como el crecimiento de las tasas de
35 PNUD, Informe de Desarrollo Humano 2004. 36CRECE, Cua tifi a ió de los I pa tos Mi o
-Macroeconómicos y Sociales de la Crisis Cafetera en Colombia, p.4.
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desocupación, que para Caldas y Quindío se observó en la eliminación de puestos de trabajo. Además ha ocurrido un aumento en la informalidad y el subempleo, y un aumento de la pobreza a causa de la misma reducción en la tasa de ocupación. Por último, mencionan el efecto negativo que tienen las medidas que adoptan los hogares para sobrellevar la crisis que afectan fuertemente el capital humano y financiero de la población cafetera, especialmente el sector rural.
Dentro de las principales medidas adoptadas por los hogares cafeteros se encuentran la reducción de gasto, trabajar más horas y buscar más fuentes de ingreso, al igual que reducen el consumo de alimentos, salud y educación.
Así, de acuerdo a la Encuesta de Hogares del DANE, entre los años 1996-2000 la oferta laboral tuvo un aumento importante, ya que en la región Centro-Occidente donde se encuentra el Eje Cafetero creció un 8% para dicho periodo, en las regiones Oriente y Sur se incrementó un 18% y en la región Norte un 12%. De esta forma, la tasa de desempleo ha aumentado, al igual que la informalidad, ya que para el periodo 1994-2000 en el total de regiones productoras se incrementó un 3.7%, siendo de 4.5% para la región Centro-Occidente38.
Según el Informe de Desarrollo Humano (2004) del PNUD, el cual cita la Encuesta Continua de Hogares del DANE, para los años siguientes al 2000, el crecimiento de la tasa de participación que era la causa del aumento del desempleo en el Eje Cafetero se contrajo pasando de 63% en 2001 a 61% en el 2003. Lo cual ha sido explicado por lo que denominan “trabajador desalentado” que consiste en que la participación de los trabajadores secundarios se reduce por el desestimulo que implica la caída de los salarios, en épocas de recesión. Lo cual es similar a lo que viven quienes salen a buscar trabajo y no lo obtienen, por lo cual retoman sus actividades.
38CRECE, Cua tifi a ió de los I pa tos Mi o
-Macroeconómicos y Sociales de la Crisis Cafetera en Colo ia , p. .
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Por consiguiente, en Caldas y Quindío el número de ocupados cayó, pasando de 53% en 2001 a 50% en 2003, debido principalmente a que la demanda relativa de empleo disminuyó de forma superior que la oferta relativa medida en la tasa de participación. En consecuencia, el desempleo se incrementó en la región en un 2% pasando de 16% en 2001 a 18% en el año 2003, que en valores absolutos significó un total de 232.000 personas desempleadas en el 2003 (Crece, 2002, p. 4,6).
En resumen, la reducción de la producción de café en un 23%, es igual a una disminución de 1.8 billones de pesos y 257.000 empleos menos (Crece, 2002, p. 6). Para mencionar un ejemplo, en Risaralda la caída en la producción se evidencia en una reducción de 6.000 ocupados por año. Así:
La combinación de ambos efectos (por un lado, la caída en la producción y el empleo locales debida ala menor producción de café y sus insumos y, por el otro, la reducción en el consumo de los hogares cafeteros) resulta en un descenso de la producción departamental en 148 mil millones y de 24,4 mil empleos. De allí que, si bien en términos macroeconómicos, el impacto de un descenso de la producción cafetera sobre la producción de la economía puede no ser tan grande, en términos de empleo la situación es más delicada: la caída directa en la ocupación para el total nacional es de175 mil empleos directos, y el efecto indirecto es de más de 82 mil empleos adicionales perdidos y, en el caso de un departamento altamente productor como Risaralda, el efecto directo llega a ser de cerca de 18 mil empleos, y el indirecto de 6,8 mil empleos perdidos. Para el país, la tasa de desempleo pasaría del 15,3% (en marzo del 2001) al 16,6% (crece en 0,9 puntos por el efecto directo y en 0,4 por el indirecto). Para un departamento muy cafetero, como Risaralda, la tasa aumenta de un 19,1% en septiembre del 2000 al 24,4%. (CRECE, 2002, p. 6)
Dentro de las características más importantes del sector caficultor, se encuentra que el número de personas por familia en promedio es de 4.3, el 13.1% de sus miembros son menores de 5 años, el 34.5% tienen entre 6 y 20 años, el 30.6% poseen edades entre los 21 y los 50 años, y el restante son mayores de 51 años. También, se tiene que los jefes de hogar tienen una edad mayor a los 50 años en
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promedio, que parece que son abuelos y se encargan de los nietos porque los hijos han migrado a la ciudad para emplearse39.
Los jefes de hogar cafetero tienen un nivel educativo deficiente, ya que el 17.7% no tienen educación formal, el 57.6% cuenta solo con nivel primaria incompleta, el 16.6% con educación primaria completa y tan solo el 6.9% cuenta con educación secundaria y el 1.3% con educación universitaria; señalándose que, el nivel educativo de los hijos supera el de los padres entre 2 y 2.5 años y en su mayoría terminan los estudios de educación primaria, lo cual evidencia inasistencia escolar que se ha explicado por el aumento de la oferta laboral. Por otro lado, los servicios de salud son bajos, ya que solo el 11% de la población cafetera cuenta con una afiliación bajo el régimen de salud contributivo o subsidiado40.
Aquí es importante explicar que el aumento de la oferta laboral, que se mencionó previamente, se ha explicado de dos maneras, la primera apunta a que se produjo por la reducción en las tasas de inactividad de los hijos de los productores, que a su vez se relaciona con la inasistencia escolar, y la segunda explicación se refiere a que la oferta laboral se incrementó por el aumento de la población en edad de trabajar, que para las zonas rurales es de 10 años, lo cual relacionan también con la inasistencia escolar, reemplazando el sistema educativo por el mercado laboral41.
Según el Informe de Desarrollo Humano (2004), el logro educativo es el único de los tres componentes del IDH que ha tenido un comportamiento desfavorable para los tres departamentos. Para el Quindío, el indicador se redujo en 2.5%, seguido por Risaralda en el que se redujo el 1.9% y finalmente se encuentra Caldas, con una caída fue de 0.5%; el comportamiento anterior se le atribuye a lo sucedido por las caídas en las coberturas de la educación primaria, sobre todo en los primeros años, y en la educación secundaria en las ciudades capitales. Para los municipios
39Fo se a, L.A. Colo ia: Es e a io so ial, e o ó i o e i stitu io al de la a tual isis afete a , p. . 40
Ibid, p. 9-10.
41CRECE, Cua tifi a ió de los I pa tos Mi o-Macroeconómicos y Sociales de la Crisis Cafetera en Colombia, p. 7.
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de los tres departamentos, se observó un detrimento en 33 de los 51 municipios que existen en el Eje Cafetero.
En cuanto a servicios básicos, la región central que concentra la mayor parte de productores cafeteros es la que mayor cubrimiento posee, pero para el total de productores cafeteros colombianos el 85.8% de los hogares cafeteros cuentan con servicio de energía eléctrica, el 58.3% cuenta con acueducto, el 19.2% alcantarillado y el 2.9% telefonía. Cabe destacar que, estos resultados se explican por las inversiones realizadas por los comités departamentales de cafeteros con recursos del Fondo Nacional del Café, las cuales se realizaban equivalentemente a los aportes de cada departamento en la producción total de café para el país42. Por otro lado, el indicador de NBI tuvo un aumento sostenido desde 1996 hasta 1998, año en el cual se estabilizó. Así, entre 1997 y 2000 el hacinamiento crítico tuvo un aumento del 12%, la vivienda inadecuada aumentó el 14% en el periodo 1999-2000, y la dependencia económica aumentó un 22% entre 1996 y 1998. Igualmente, en cuanto a las condiciones de vida de los caficultores evidencia por ejemplo que, la inasistencia escolar ha tenido un aumento significativo de 7.5% en el periodo 1998-2000, lo cual se relaciona con el aumento en la oferta laboral presentada para estos mismos años. Asimismo, la miseria medida en NBI aumentó en 6% durante dicho periodo, y la pobreza medida por línea de pobreza creció un 10% entre 1996 y 200043.
De otra parte, en cuanto a las Condiciones de Vida del productor cafetero se evidencia que ha habido un deterioro significativo en los últimos años, ya que la proporción de hogares dedicados a esta actividad por debajo de la indigencia aumentó un 11% entre 1999-2000, aumentando un 2% más en las regiones dedicadas al café a las que no lo son.
42Fo se a, L.A. Colo ia: Es e a io so ial, e o ó i o e i stitu io al de la a tual isis afete a , p. -10 43CRECE, Cua tifi a ió de los I pa tos Mi o-Macroeconómicos y Sociales de la Crisis Cafetera en Colombia, p.7
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Aunque, el Índice de Condiciones de Vida había presentado una tendencia satisfactoria entre 1985 y 2000 pasando de 62.8% a 76.6%, comparando con los indicadores nacionales evidencia que se contrajeron los avances que el denominado Eje Cafetero había alcanzado, ya que el aumento para Colombia fue de 26%, al igual que el crecimiento de este indicador entre 1993 y 2000 creció solo el 4% mientras que para Colombia fue de 7%44.
Por tanto, en Caldas el ICV creció sostenidamente entre 1999 y el 2000, pero entre el 2000 y el 2003 presentó una caída de casi el 2%. Para el Quindío, el cual ha mantenido niveles estándares elevados, en los últimos años ha presentado un estancamiento ya que fue de 78.1% para el 2000 que frente al 2003 evidencia una reducción del 1%. Finalmente, para Risaralda, entre el 2000 y el 2003 el ICV aumentó un 3% ubicándose en 79.9%, lo cual fue debido al buen comportamiento del educación en dicho periodo (CRECE, 2002, p.7).
Cabe señalar que, para el Eje Cafetero se está presentando una problemática adicional, la cual se refiere a la nutrición infantil, ya que para el periodo 1995-2000 la tasa de desnutrición en los niños pasó de 0.7% a 1.4%, mientras que para el país disminuyó casi el mismo rango pasando de 1.4% a 0.8%, lo cual presenta que el Eje Cafetero se encuentra en una situación bastante vulnerable en comparación a lo que ocurre en el promedio del país, en cuanto a la desnutrición infantil45.
Respecto a la desnutrición infantil, el Informe de Desarrollo Humano (2004) del PNUD, afirma que se ha observado un claro detrimento en las zonas rurales, citando un estudio de la Universidad Tecnológica acerca del estado nutricional
delos niños menores de 10 años, donde se señala “que 38% de la población en
este rango de edad presenta algún estado de malnutrición, el 5,4% está en un estado nutricional en condiciones de exceso y 32,5% con algún grado de
44CRECE, Cua tifi a ió de los I
pactos Micro-Macroeconómicos y Sociales de la Crisis Cafetera en Colombia, p. 7.
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desnutrición global, demostrando las carencias alimentarias a las que han estado
sometidos durante periodos importantes de tiempo” (p.104).
De otra parte, García y Ramírez (citado por Murillo, 2010, p.7) plantean que la sostenibilidad económica de los pequeños productores cafeteros refleja una grave situación, ya que tan solo las fincas de 3.8 hectáreas y las de 1.8 hectáreas están en capacidad de sostenerse, teniendo en cuenta que solo lo lograrán con un incremento en la productividad de cada finca y logran reducir los costos de producción, así como de tener mano de obra por parte de familiares. En contraste,