Los referentes teóricos: La negociación de significados como
3.5 El habla en clase
3.5.2 El enfoque pragma-dialéctico de la argumentación
Según van Eemeren y Grootendorst (2002) el enfoque pragma-dialéctico supera las limitaciones de un enfoque meramente normativo (representado por la lógica moderna) así como las de un enfoque descriptivo (como el de la lingüística contemporánea). El aspecto dialéctico de este enfoque hace alusión a que hay dos partes que intentan resolver una diferencia de opinión, mediante el intercambio metódico de pasos (moves) en la discusión. El aspecto pragmático está representado por la descripción de los pasos (moves) de la discusión como actos de habla.
Este enfoque plantea, como ya se adelantó anteriormente, la resolución de una diferencia de opiniones o posturas mediante un texto argumentativo. El texto argumentativo es aquella parte del discurso donde se busca la resolución de las diferencias. En el curso de acción de defensa de puntos de vista se presentan razones, argumentos en el esfuerzo por apoyar lo sostenido.
Cuando se argumenta para defender un punto de vista, se realiza bajo la premisa que alguien duda o que se podría dudar de la aceptabilidad de lo que se sostiene. La argumentación puede ser simple y breve, constar de un solo argumento, o puede ser compleja y emplear varios argumentos. Además, la disputa puede ser más simple si se está defendiendo un solo punto de vista. Si hay más puntos de vista que están siendo defendidos puede suceder que se relacionen con otros temas y que haya más de una disputa en juego. Por lo tanto, la argumentación puede seguir un camino complejo y su resolución también.
Etapas de la resolución de una disputa
Una disputa se resuelve cuando ya no hay una diferencia de opinión. Desde el enfoque pragma-dialéctico se distingue resolver de zanjar. Esta última significa que se deja de lado algún punto de vista o se elude la necesidad de justificar. La diferencia se resuelve cuando alguna de las partes se retracta de sus dudas, porque ha sido convencido o porque retira su punto de vista, por ejemplo, porque no puede sostenerlo ante las críticas (van Eemeren y Grootendorst, 2002).
En el caso de una disputa simple29, la resolución de la misma pasa por cuatro etapas correspondientes a las fases de una discusión crítica, ellas son:
o Etapa de confrontación, donde se expone un punto de vista30 y es puesto en duda. o Etapa de apertura, donde se toma la decisión de intentar resolver la disputa por medio
de un discurso argumentativo. Una parte toma el rol de protagonista (lo que significa que está preparado para defender su punto de vista) y la otra parte el de antagonista (quien desafía al anterior a la defensa).
29
Una disputa simple consiste en que alguien ha presentado un punto de vista y este ha sido puesto en duda (van Eemeren, 2002, p. 37).
30
Se ha expuesto el caso más sencillo de disputa, la simple. Cabe aclarar que además de la disputa más simple (pie anterior), se pueden establecer las disputas complejas. La complejidad puede variar de distintas formas, por ejemplo ser únicas o múltiples. En el primer caso, el punto de vista cuestionado se relaciona con una proposición, mientas que en el segundo con dos o más proposiciones. Existen otras clasificaciones que se pueden estudiar en van Eemeren, 2002.
o Etapa de Argumentación, donde se defiende el punto de vista, y en el cual se pueden
requerir más argumentos, refutar, dar razones, etc.
o Etapa de clausura, donde se establece si se ha resuelto o no, la disputa.
En este estudio, subyacente al enfoque presentado, asiste la asunción que la exposición de puntos de vista diferentes frente a otros (ya sea estudiantes-estudiantes, estudiantes-profesor, hasta la del estudiante consigo mismo) favorece una co- construcción de significados y obliga a las partes a pensar y repensar, y a tomar en cuenta cuestiones que, quizás, sin la interacción con el otro, no se hubieran presentado. En definitiva, se piensa que hay un enriquecimiento mutuo producto de la interacción.
En la construcción de significados está presente la actividad personal de cada sujeto así como la interacción con los otros, se trata entonces de una construcción individual y social, procesos que ocurren en distintos planos pero simultáneamente. La argumentación puede ser considerada como un mediador en la negociación de significados, dado que es un tipo de proceso en el cual los sujetos se ven obligados a revisar sus posturas, sus argumentos, los de los oponentes y de esa manera tienen la posibilidad de cambiar o transformar los significados.
Las Falacias en el enfoque pragma-dialéctico
En el enfoque pragma-dialéctico se evalúa el discurso argumentativo y esa evaluación se concentra en los pasos (moves) falaces que impiden la resolución de la diferencia de opinión.
Según señalan van Eemeren y Grootendorst (2002) la importancia de las falacias debe ser evaluada teniendo en cuenta el lugar que ocupa la argumentación en un contexto más amplio. Es decir, no se puede desmembrar del contexto comunicacional e interactivo donde se desarrolla y el “rol reparador”: disipar las dudas que un usuario del lenguaje tiene respecto a un punto de vista.
El análisis de las falacias procede siempre en tres pasos: el enunciado debe ser interpretado como un acto de habla específico, este acto de habla debe ser reconocido como una violación de una norma general y, finalmente, se debe establecer si realmente la situación en que ocurre el enunciado está dentro del alcance de esta norma (van Eemeren y Grootendorst, 2002, p. 123).
Además, se sostiene que cometer una falacia no se trata de una conducta poco ética, sino de un acto que impide la resolución de una diferencia de opiniones. La tipología de las falacias se presenta como infracción a ciertas reglas en las que debe basarse toda buena argumentación. Las diez reglas presentadas por los autores precedentes para una argumentación ideal son las siguientes:
1. Las partes involucradas en la disputa no deben impedirse unas a otras el presentar puntos de vista o el ponerlos en duda.
2. Una parte que presenta un punto de vista está obligada a defenderlo si la otra parte le solicita hacerlo.
3. El ataque de una parte en contra de un punto de vista debe referirse al punto de vista que realmente ha sido presentado por la otra parte.
4. Una parte sólo puede defender su punto de vista presentando una argumentación que esté relacionada con ese punto de vista.
5. Una parte no puede presentar algo falsamente como si fuera una premisa dejada implícita por la otra parte, ni puede negar una premisa que él ha dejado implícita.
6. Una parte no puede presentar falsamente una premisa como si fuera un punto de partida aceptado, ni puede negar una premisa que representa un punto de partida aceptado.
7. Una parte no puede considerar que un punto de vista ha sido defendido concluyentemente, si la defensa no se ha llevado a cabo por medio de un esquema argumentativo apropiado que se haya aplicado correctamente. 8. En su argumentación, las partes sólo pueden usar argumentos que sean
lógicamente válidos o que sean susceptibles de ser validados explicitando una o más premisas implícitas.
9. Una defensa fallida de un punto de vista debe tener como resultado el que la parte que lo presentó se retracte de él y una defensa concluyente debe tener como resultado el que la otra parte se retracte de sus dudas acerca del punto de vista.
10. Las partes no deben usar formulaciones que resulten insuficientemente claras o confusamente ambiguas y deben interpretar las formulaciones de la parte contraria tan cuidadosa y tan exactamente como lo sea posible.
Esta clasificación de las falacias se construye con relación a la “violación” de alguna/s de las siguientes reglas:
Regla 1
‐ Respecto a la tesis: negar, cambiar, alterar la tesis a defender.
‐ Respecto al antagonista: amenazar o presionar al mismo (argumento ad baculum), recurrir a sentimientos (argumento ad misericordiam, argumento ad misericordiam31), debilitar su posición.
31
Van Eemeren y Grootendorst (2002) señalan en un pie de página que este tipo de argumento no es una falacia lógica, sino que se relaciona con asuntos pragmáticos y psicológicos. No todos los casos en los que se utilice será una falacia.
‐ Respecto de la pertinencia: demostrar la no pertinencia de los argumentos del adversario a través de pistas falsas.
Regla 2
‐ Respecto de los argumentos: eludir la necesidad de dar argumentos (evadir el peso de la prueba) y obligar al antagonista a aportar argumentos para probar por qué el punto de vista que él ha puesto en duda es incorrecto (desplazar el peso de la prueba).
Regla 3
‐ Respecto a las reglas generales: atacar e inventar puntos de vista inexistentes.
‐ Respecto a la tesis: distorsionar excesivamente el punto de vista ajeno (exagerar, simplificar, absolutizar y omitir connotaciones o precisiones).
Regla 4
‐ Respecto a la argumentación: usar argumentos irrelevantes (no relacionados con el punto de vista presentado en la etapa de confrontación) o no pertinentes (por ejemplo persuasivos: argumentum ad populum).
Regla 5
‐ Respecto de las premisas: magnificar o negar una premisa implícita. ‐ Respecto de la conclusión: sacar conclusiones equivocadas.
Regla 6
‐ Respecto de las premisas: hacer creer que son falsas presentar falsamente una premisa como punta de partida común o negar una premisa que representa un punto de vista aceptado.
Regla 7
‐ Respecto de la fuente: citar una sola fuente (argumento ad verecundiam: basado en la autoridad de la fuente); (argumento ad populum: apoyar la ventaja de un grupo); (argumento ad consequentiam: consecuencia que puede derivarse de una afirmación o tesis).
‐ Respecto a los argumentos: estos son paráfrasis de la tesis juzgada.
Regla 8
‐ Respecto a la pertinencia lógica del razonamiento: sacar opiniones o conclusiones no pertinentes.
Regla 9
‐ Respecto a la resolución de una disputa: no reconocer la validez de argumentaciones ajenas, absolutizar el éxito de la defensa (atribuyendo automáticamente a una defensa exitosa las consecuencias de que ha probado que el punto de vista es verdadero) y absolutizar el fracaso de la defensa.
Regla 10
‐ Respecto a la interpretabilidad del razonamiento: aportar argumentaciones poco claras o ambiguas.
3.6 El lugar del error en la construcción del conocimiento: los aportes de G.