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EL ESPÍRITU DE DIOS

In document LOS SACRAMENTOS, FUENTE DE VIDA ETERNA (página 78-83)

“Yo pediré al Padre y les enviará otro Paráclito, para que esté con ustedes para siempre... El Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, se los enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho...” (Juan 14, 16. 26)

Hablar del Espíritu Santo es hablar del “alma” de la Iglesia, de su centro, de su vida, y también del “alma”, del centro, de la vida de cada uno de quienes formamos parte de ella.

“Ustedes no están en la carne, sino en el Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece, mas si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo haya muerto ya a causa del pecado, el espíritu es vida a causa de la justicia... El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios...” (Romanos 8, 9-10.16)

El Espíritu Santo, Espíritu de Jesús Resucitado, vive en la Iglesia y en nosotros, y nos inspira todas las obras buenas que realizamos, por eso decimos que el Espíritu Santo es nuestro santificador.

“La prueba de que somos hijos de Dios es que Dios ha enviado a nuestros corazones, el Espíritu de su Hijo que clama Abbá, Padre” (Gálatas 4, 6)

Cuando somos dóciles a su presencia y a su acción en nosotros, el Espíritu Santo nos comunica sus dones y sus frutos, que nos hacen capaces de obrar el bien y rechazar el mal:

que estén en la ignorancia. Saben que cuando eran gentiles, se dejaban arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos. Por eso les hago saber que nadie, hablando por influjo del Espíritu de Dios, puede decir: “¡Anatema es Jesús!”; y nadie puede decir “¡Jesús es Señor!”, sino por influjo del Espíritu Santo. Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo...” (1 Corintios 12, 1-4)

“A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro fe en el mismo Espíritu; a otro carisma de curaciones, en el único Espíritu; a otro profecía; a otro discernimiento de espíritus; a otro diversidad de lenguas; a otro don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular, según su voluntad” (1 Corintios 12, 4-11)

“El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad...” (Gálatas 5, 22)

El Espíritu Santo nos fortalece, nos anima, nos ayuda a realizar cosas maravillosas, inimaginables, nos capacita para ser apóstoles del amor y la

verdad de Dios...

“Recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en Samaría,

y hasta los confines de la tierra...” (Hechos de los apóstoles 1, 8)

El Espíritu Santo es fuente del verdadero conocimiento, del conocimiento espiritual, de la única y verdadera sabiduría, la sabiduría de Dios.

“Y ¿quién hubiera conocido tu voluntad, si Tú no le hubieses dado la Sabiduría y no le hubieses enviado de lo alto tu Espíritu Santo?” (Sabiduría 9, 17)

El Espíritu Santo es principio de todo amor; nos comunica el amor de Dios, el amor con el que Dios nos ama, y también nos enseña a amar: amar a Dios y amar a los hombres por amor a Dios.

“...El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, por el Espíritu santo que nos ha sido dado” (Romanos 5, 5)

El Espíritu Santo es fuente de vida, de la verdadera Vida, la Vida de Dios en nosotros.

“En verdad te digo, el que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne es carne; lo nacido del Espíritu es Espíritu...” (Juan 3, 6)

“El Espíritu es el que da vida: la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y

vida...” (Juan 6, 63)

El Espíritu Santo nos llena de Dios, de su bondad, de su pureza, de su justicia, de su amor; el Espíritu Santo nos santifica con su presencia.

“Han sido lavados, han sido santificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6, 11)

El Espíritu Santo nos une, nos reúne, hace de todos cuantos creemos en Jesús, un solo pueblo, aunque hayamos venido de todos los rincones de la tierra; en el Espíritu Santo todos somos uno con Cristo, en Dios. “Porque en un solo Espíritu hemos sido bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu” (1 Corintios 12, 13)

El Espíritu Santo es principio de resurrección, de nueva vida, de Vida Eterna.

“Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes. Aquel que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, dará también la vida a sus cuerpos mortales, por su Espíritu que habita en ustedes” (Romanos 8, 11)

LA EUCARISTÍA, ALIMENTO PARA LA VIDA

In document LOS SACRAMENTOS, FUENTE DE VIDA ETERNA (página 78-83)