Durante la Colonia, el proceso de amalgamación que se realizaba en la explotación de minas de plata, se hacía en las fundiciones conoci- das en la Nueva España como hacienda de minas y en la región andina
como ingenios346. Sin embargo, los métodos para beneficiar la plata no
eran tan conocidos en el país dado que la producción de este metal fue muy limitada hasta el año de 1850. Sólo se extraía de las minas de Santa Ana en el Estado del Tolima. Éstas habían sido explotadas en el tiempo de la Colonia por cuenta del gobierno español y luego abandonadas por largo tiempo, hasta que, en 1825 una compañía inglesa emprendió su laboreo. En Antioquia, las minas de plata eran desconocidas y se igno- raban los métodos para beneficiar sus minerales347. Esto fue así sólo
hasta 1849 cuando el inglés James Tyrell Moore fundó en Titiribí la primera hacienda de fundición348 para extraer la plata aurífera de las 344 Raymond W. Rossitier, “Metallurgical Processes”, en: Statistics of Mines and Mining in the
States and Territories West of the Rocky Mountains, part 5, Washington, D.C.: Government
Printing Office, 1870, p. 727: “Report”, 8-9, en: Ronald H. Limbaugh, “Making Old Tools Work Better”, James J. Rawls and Richard J. Orsi (Eds) A Golden State: Mining and Economic Development in Gold Rush California, California, 1999, p.28.
345 Frank Safford, “In Search of the Practical: Colombian Students in Foreign Land, 1845-
1890”, en: Hispanic American Historical Review, No. 1, mayo 1972, p. 230-249.
346 Peter Bakewell, “Mining”, en: Leslie Bethell (ed.), Colonial Spanish America, Cambridge,
1993, p. 211.
347 “Informe que el administrador contador de la casa de moneda de Medellín da al señor
secretario del Estado en el despacho de fomento”, en Mensaje del Presidente del Estado de Antioquia a la legislatura de 1875.
348 AHA, Fondo Gobernación de Antioquia, Tomo 1779, Documento 1, septiembre 15 de 1849.
minas de El Zancudo349. De acuerdo con Luis Fernando Molina su fun-
ción principal fue recuperar la plata, mineral que se perdía dado los rudimentarios sistemas de beneficio que sólo permitían extraer el oro350.
Debido a las dificultades técnicas que acarreaba este tipo de explo- tación351 y con el objeto de conseguir recursos para emprender nuevos
trabajos, el señor Moore, quien era el director y propietario, le vendió en 1854 la mitad de la empresa a Juan R. Powles, otro inglés, por la suma de 51.464 pesos. Ambos conformaron una sociedad denominada
Hacienda de Fundición de Titiribí que comprendía el establecimiento de
beneficio con terrenos, edificios, máquinas, jaguas, arenas y útiles. El señor Moore se obligaba a entregar a esta sociedad todas las jaguas y arenas que recibiera procedentes de los contratos que tenía con la so- ciedad El Zancudo y Chorros. Tanto los gastos como las ganancias se repartirían por mitad entre los socios352. Dos años más tarde y nueva-
mente con el objeto de reunir recursos adicionales para continuar los trabajos en el establecimiento, ambos socios le vendieron una tercera parte a Agustín de Colleville, súbdito Francés y residente en Medellín, quien era el apoderado de Charles Phillipe de Bourmont. La venta se hizo por la suma de 80 000 pesos en letras de cambio que debía cubrir en París el señor Bourmont353. Para entonces, y según consta en el con-
trato de asociación, el establecimiento contaba con una casa grande de 349 Con el establecimiento de una fundición se buscaba beneficiar todas las jaguas y arenas
que produjeran mensualmente las minas de El Zancudo y Chorros. El objeto social del establecimiento de Fundición de Sitioviejo (Titiribí) aparece en el contrato de compra- venta entre James Tyrell Moore, Juan R. Powles y Agustín de Colleville. Véase AHA,
Fondos Notariales, Notaría Primera, No.121, febrero 27 de 1856.
350 Luis Fernando Molina, “La Empresa Minera del Zancudo (1848-1920)”, en: Empresas y
empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX, Carlos Dávila L.de Guevara (Compilador),
Bogotá: Editorial Norma, Ediciones Uniandes, Facultad de Administración de la Univer- sidad de los Andes, 2003, p. 642.
351 La explotación de la plata por el proceso de amalgamación, es decir, la separación del oro
y la plata utilizando el mercurio y la posterior destilación de los metales, requería el montaje de un complejo establecimiento. Véase Luis Fernando González, Ocupación, poblamiento y territorialidades en la Vega de Supía, 1810-1950, Bogotá, Ministerio de Cultu-
ra, 2002, p. 208.
352 AHA, Fondos Notariales, Notaría Primera, No. 744, diciembre 4 de 1854. 353 AHA, Fondos Notariales, Notaría Primera, No. 121, febrero 27 de 1856.
teja dentro de la cual había dos molinos de arrastre. Así mismo se en- contraban en funcionamiento un horno de viento y otro de copelar; un horno de ensayo; dos hornos de reverbero para el mineral; dos para quemar el sulfuro354.
En esta empresa se gastaron en pocos años alrededor de 600 000 pesos pero no dio todo el resultado que se esperaba355. “La empresa el
Zancudo y los dueños de esta sociedad minera fundaron otra Hacienda de Fundición con el objeto de controlar todo el beneficio de los minera- les extraídos de El Zancudo”356. La sociedad decidió contratar a varios
ingenieros, técnicos y artesanos europeos con el fin de instalar nuevas técnicas para beneficiar los minerales. Carlos Coriolano Amador y Juan Bautista Mainero, principales accionistas de El Zancudo, viajaron a Alemania a contratar metalurgistas e ingenieros de minas con el fin de levantar los hornos de fundición. Dicho establecimiento fue un centro de innovaciones, de grandes cambios técnicos y requirió de una gran inversión para su instalación357.
Hacia 1877, según información de la prensa local, la hacienda de fundición de minerales de El Zancudo, establecida en Sabaletas, consta- ba de 5 edificios principales, 17 hornos y 2 molinos de pisones. Los minerales llegaban clasificados de El Zancudo como sigue: en guijarros más o menos grandes separados por su riqueza del resto de los minera- les; en arenas o lodos. La fundición y las minas ocupaban en estos años a 600 trabajadores permanentes358.
A su turno la Compañía Minera de Antioquia celebró, en 1875, un
contrato para el montaje de una mina de plata y oro llamada “Gua- dualejo”, en Supía, cerca de Marmato. Posteriormente la compañía com- pró el establecimiento de amalgamación denominado Santa Elena, en Nueva Caramanta, y se comprometió a montarlo con aparatos mecáni- 354 AHA, Fondos Notariales, Notaría Primera, No. 121, febrero 27 de 1856.
355 Vicente Restrepo, Estudio sobre las minas de oro y plata en Colombia, Medellín, 1979, p. 46. 356 Una excelente descripción de todo el proceso de instalación y financiación puede verse en
Luis Fernando Molina “La Empresa Minera del Zancudo (1848-1920)”, en: Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX, p. 642- 644.
357 Ibid., p. 643.
cos y metalúrgicos359. Allí, de acuerdo con el estudio de Luis Fernando
González, se beneficiaban minerales procedentes de Supía y Marmato360.
La explotación de minas de plata aurífera en Antioquia y el estable- cimiento de centros de amalgamiento generaron así una nueva etapa en la minería y propiciaron un proceso de modernización técnica.