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El estudio de las representaciones de género

Capítulo 2 Marco Teórico

2.6 El estudio de las representaciones de género

La desigualdad de género, al ser producto de una construcción de carácter cultural

humana, ligada a un momento histórico, al igual que otra serie de prácticas de dominación y de

control-subordinación, corresponde a modelos ideológicos surgidos a partir de creencias con

supuestos basamentos naturales o biológicos para justificar esas situaciones en perjuicio de

quienes se encuentran en desprotección. De ello dan muestra: el colonialismo, el racismo, el

fascismo, nazismo y otras tantas prácticas de desvirtuación de las personas. Todo se inicia a

partir de un modelo que hace supuestos, que en el caso del sexismo, “las interpretaciones

sobre el origen de la opresión de la mujer lo ubicaban en la expresión máxima de la diferencia

biológica: la maternidad”. (Lamas, 2002, p. 27).

Al expresarse que todo surge o se deriva de una creencia, se considera que ésta se

define como una estructura personal producida en un contexto determinado, el cual orienta de

forma indirecta y con los referentes propios, la interpretación y construcción mental hacia un

modelo o esquema que se integra cognitivamente. Las creencias por tanto definen un

comportamiento a seguir. En el caso de la desigualdad de género, Rubín (1996, p. 36) llama a esto el manejo de un sistema “que emplea mujeres como materia prima y modela mujeres

domesticadas como producto”. La masificación de la idea-creencia uniforma modelos de

en parte del dominio público y, por ello, adquirir una dimensión de carácter más social y

cultural”. La constante repetición de un comportamiento crea una modulación cognitiva hasta

provocar una fijación persistente. Lo cual al permanecer esa creencia convertida en práctica

hace que resulte en labores distintas para cada sexo como lo ejemplifican Lewontin, Rose y

Kamin (1987, p. 158-159) al expresar:

Los hombres suelen ser miembros del Consejo de Ministros, parlamentarios, hombres de negocios o magnates, científicos ganadores del premio Nóbel o académicos, médicos, o pilotos de avión. Las mujeres se dedican más a las labores de secretaria, de técnico de laboratorio, de limpieza de oficinas, hacen de enfermera, de azafata, de maestra de escuela o son asistentas sociales.

La creencia, al ser difundida de manera activa, le da a las ideas que la originaron un

valor de verdad que con fines pragmáticos busca apoyarse en razones con supuesto sustento.

Las personas que reproducen mediante la práctica esas creencias con sus respectivos

enlaces contextuales, y que buscan un soporte para legitimar su comportamiento, dan validez a

ese esquema para categorizarlo como conocimiento. El modelo patriarcal y sexista devino del

determinismo biológico con que fue conceptualizado el sexo, del cual se derivó el trato

correspondiente a la mujer y además las supuestas características, que Moreno (1999, ¶ 1)

expresa: “más delicada, más ligera, más frágil, más débil, con lo que se explica que las mujeres

son incapaces de asumir las mismas actividades y esfuerzos que los varones”. Por

consiguiente lo que logra es crear estereotipos llenos de prejuicios que limitan y obstaculizan

procesos de mayor integración para quienes se vuelven víctimas de estos esquemas de

comportamiento reduccionista. Al integrarse a la cultura de forma paulatina a través de grupos

de poder e influencia, por consiguiente, con alto poder para la socialización, la probabilidad de

un mayor alcance de estos modelos de pensamiento generan una reproducción de carácter

ideológico. Es esta expresión, ideología, uno de los elementos clave en su comprensión para

apoyar el carácter cultural en que está envuelto el género y, por consiguiente, el sustento para

modificar su estructura cultural hacia un modelo más justo, equilibrado y de mayor integración.

La ideología se puede definir como: sistemas de creencias, pero se involucran otros

aspectos relevantes como lo señala Van Dijk (2004, p. 10) “los sistemas de creencias son

socialmente compartidospor los miembros de una colectividadde actores sociales”, a lo que

puede agregarse que además les permiten estos saberes establecer nexos de identidad entre

Las creencias se ubican en la memoria social porque su forma de enlace se da a través de la

interacción de los miembros y se van reafirmando con alto nivel de significatividad entre los

adherentes al grupo. Estas apreciaciones, por el alcance de asociación que tienen y la forma

como se manifiestan, se ubican en la memoria a largo plazo.

Cada creencia por su poder de contextualización se aloja en lo cognitivo y se activa de

forma amplia al irse integrando paulatinamente al receptor. Además puede comprenderse que

tienen una numerosa base social al estar en constante interacción con diversos grupos a través

de recursos de mediatización. Los elementos que favorecen la fijación cognitiva de cualquier

modelo ideológico dependen del marco de referencia que posea cada persona, comúnmente

son lo estructural, aspectos que la conforman; la práctica, asociada a la ejercitación; lo

simbólico, elementos que la representan. El sexismo posee los rasgos característicos que

favorecen la fijación de una ideología al formarse, ejercitarse y representarse. (Lamas, 2002, p.

111) considera que:

La identidad de género se construye mediante los procesos simbólicos, que en una cultura dan forma al género. La identidad de género… se manifiesta en el rechazo de un niñito a que lo vistan con un vestidito o en la manera con que las criaturas se ubican en las sillitas rosas o azules de un jardín de infantes.

Si agregamos a ello el manejo de etiquetas como el nombre, los roles y los juegos, se

llega al manejo inconsciente de considerarlo natural, cuando se origina, en realidad, a partir de

los modelos genéricos que existen asignadamente. Al gestarse y nacer el hijo o la hija, el

comportamiento social de padre y madre se da según el sexo de la persona recién nacida. En

todos estos procesos se pone de manifiesto la importancia de la conducta como resultado del

modelo ideológico que se posee. Existe otro referente ligado a las prácticas descritas: el

lenguaje, un instrumento de gran importancia por su capacidad de enlace y el cual se convierte

en recurso obligado de estudio pues posee efectos para liberar así como para subyugar a

grupos sociales. El leguaje durante gran tiempo fue recurso básico para establecer un control

sobre la mujer. Se basaba en un supuesto orden binario de las apreciaciones: natural-

privado/cultural-público para hombres y mujeres. Lewontin, Rose y Kamin (1987, p. 160)

consideran que:

A las mujeres se les emplea desproporcionadamente -en su propia casa o en el sector pagado de la economía- para preparar la comida, enseñar a cuidar a los niños y hacer de enfermera. Esta división del trabajo es característica no sólo de las sociedades capitalistas occidentales…sino también… de sociedades que han atravesado luchas revolucionarias

La sociedad, al promover un modelo de comportamiento, va dejando referentes que

sirven de muestra para comprobar que esa conducta tuvo lugar: imágenes a través de pinturas,

fotografías y en época moderna, las grabaciones; hasta obras que hacen de la palabra escrita

una huella importante de la conducta; ambas formas: la imagen y la escritura son

manifestaciones del lenguaje. Su uso a través del tiempo ha quedado como registro que

requiere de una interpretación. A través del lenguaje escrito se puede revisar el paso de la

cultura androcéntrica. Scott (1986, p. 282) considera que: “el lenguaje es el centro de la teoría lacaniana; es la clave para instalar al niño en el orden simbólico. A través del lenguaje se

construye la identidad de género”. Este medio se emplea para establecer límites entre los dos

sexos así como la forma apreciada para jugar. El lenguaje posee un poder cognitivo, para Luria

(1980, citado por Añaños, 2001, p. 30) “la palabra es el mecanismo más esencial que sirve de

base a la dinámica de nuestro pensamiento”

El lenguaje como un instrumento generador requiere ser estudiado para determinar la

forma como se utiliza en la construcción de las ideologías, Lamas (2006, p. 102) lo percibe

como “un elemento fundante de la matriz cultural… de la estructura madre de las

significaciones”, posee este recurso humano un poder de cognición que abarca cualquier

ámbito de interacción humana.

Nuestros conceptos, creencias y conductas están influidos por la lengua que hablamos. En nuestro universo verbal, forjado históricamente, como el resto de los lenguajes que forman parte de la cultura, la subordinación de la mujer se deja notar en los conceptos, las estructuras y el uso cotidiano (García, 1989, citado por Añaños, 2001, p. 30).

No sólo se puede hablar sólo de subordinación de la mujer a través de las palabras,

sino se puede observar una ocultamiento sistemático hasta llegar a la desaparición como lo

plantean Lewontin, Rose y Kamin (1987, p. 84) “cuando los formuladores de la Declaración de

Independencia escribieron que todos los hombres son creados iguales, querían decir

literalmente hombres, ya que las mujeres ciertamente no disfrutaban de estos derechos en la

nueva república”. El reduccionismo cultural con que es empleado el lenguaje para ignorar

cotidianamente a la mujer adquiere a través del discurso un medio común que fija la postura

ideológica del autor y que, por tanto, requiere ser revisado constantemente tanto en los medios

como en los espacios de comunicación donde se presente. Sus efectos condicionantes que

formas de desarrollo para cualquier sociedad que percibe y efectúa estas prácticas consciente

o inconscientemente. Para Van Dijk (1998, p. 243-244) “el discurso, el uso del lenguaje y la

comunicación, efectivamente desempeñan un papel especial en dichos procesos de

reproducción”.

El discurso se entiende como una producción escrita u oral que tiene un fin

comunicativo y que involucra de forma estructural y a grandes rasgos: el tipo de letra,

tipografía; el orden y presencia de las ideas, sintaxis; la formaciónde las palabras, morfología;

el significado de las expresiones, semántica; que de forma organizada, directa o indirectamente

transmiten la esencia de su contenido a determinado grupo que funciona como receptor y que

se hayan involucrados dentro de un contexto determinado (Van Dijk, 1998). Sin embargo, la

definición conceptual como aparece quedaría en un nivel de microestructura que limitaría la

importancia por cada aspecto a situaciones específicas enfocadas al la desigualdad de género,

de los cuales pueden abordarse por el valor para el estudio: la sintaxis, la semántica y el

contexto.

La sintaxis de las frases puede convertirse en una herramienta de análisis, como lo

plantea Van Dijk (1998, p. 256): “el orden y la posición jerárquica pueden señalar la importancia

y la relevancia de los significados, y pueden incidir cuando se quiere enfatizar u ocultar

significados preferidos o no preferidos”. En esta posición se involucra el estilo, el cual es

empleado como un medio para separar, aislar o enfatizar rasgos positivos o negativos a

conveniencia de quien elabora el discurso. En el caso del sexismo se favorece el hecho de

tener esferas fraccionadas para hombres y mujeres, lo cual se presta a la carga de división al

señalarse como ellas en relación con la contraparte nosotros, el manejo de la distancia con que

se emplea produce un impacto de desigualdad, a la par de una idea de desprecio. Este efecto

se ahonda cuando se elimina totalmente la presencia femenina. “Los pronombres son quizá la

categoría gramatical más conocida de la expresión y manipulación de las relaciones sociales,

el estatus y el poder” (Van Dijk, 1998, p. 256). Se emplea la relación y el orden de las

expresiones para indicar el estatus y así establecer jerarquías entre los involucrados.

La semántica se asocia al diseño selectivo de expresiones, con un fin de significado

tanto directo, lenguaje explícito; como indirecto, lenguaje implícito, mediante el manejo de

esquemas o modelos mentales que se poseen. Al atribuirle a la mujer una expresión con carga

significativa negativa implica una despersonalización a la par que una negación de su

existencia como mujer y ser humano, (Van Dijk, 1998, p. 259) expresa que “la sustitución de

una palabra por otras muestra inmediatamente la diferencia semántica y a menudo los efectos

ideológicos de dicha sustitución”

La retórica, a través de la construcción expresiones como metáforas, hipérboles,

símiles e ironías posee un modelo dictaminador que “está esencialmente orientada hacia la

comunicación persuasiva de modelos preferidos de acontecimientos sociales y, así, maneja

cómo los receptores comprenderán y, especialmente, cómo evaluarán esos acontecimientos”

(Van Dijk, 1998, p. 263). Lo anterior implica una carga de manipulación y poder. Una de las

problemáticas de la inequidad de género se advierte cuando se compara la debilidad, el llanto y

el temor como sinónimo de mujer; contrario al hombre al que se le metaforiza con seres o

elementos fuertes y vigorosos: leones, gigantes, soles o dioses.

Otro de los aspectos del discurso que se debe tomar en cuenta es el contexto. Éste es

definido como “el conjunto estructurado de todas las propiedades de una situación social que

son posiblemente pertinentes para la producción, estructuras, interpretación y funciones del

texto y la conversación” (Van Dijk, 1998, p.266). Así, es el conjunto de referencias que posee el

grupo hacia el que se dirige el mensaje, quien ajustará de forma particular esa nueva

experiencia comunicativa en su esquema conceptual. Otro rasgo importante es que el grupo

particular está específicamente definido de tal forma, que la persuasión se enfoca de manera

inevitable a su objetivo de interpretación, en el que se involucró de forma integral un conjunto

de antecedentes. Se entiende que no es el mensaje en sí el que provoca una modificación del

destinatario, sino el conjunto de antecedentes que éste posee. Por tanto, si a la mujer se le

ubica en un rol en el que sufre calladamente los avatares de los problemas y de su boca salen

expresiones de aceptación ante los abusos, el mensaje podrá trasladarse al sufrimiento

femenino además del silencio ignominioso a guardar por lo inevitable del destino.

Es notoria la importancia del lenguaje en cualquier estructuración del discurso y éste

puede encontrar espacio en los medios que le dan cotidianeidad a la existencia por lo que la

desigualdad de género también se construye a través de medios donde el lenguaje tiene

y promotoras de igualdad, a fin de que la lengua se convierta en un recurso de liberación y no

de hegemonía y control como ha venido siendo. Para Blat (1994, p. 132):

El sexismo en el lenguaje es efecto de la relación de poder entre los sexos y se pone de manifiesto principalmente en los siguientes ámbitos:

En la forma, que excluye a las mujeres como sujetos de experiencia y discurso. En el propio discurso, que pretende ser de universalidad, cuando en realidad toma al sujeto masculino como protagonista del género humano en su conjunto.

En la categorización y definición de las mujeres desde una perspectiva androcéntrica, no simétrica y excluyente.

2.7 La Secretaría de Educación Pública: programas curriculares y libros de texto en una