2. Wittgenstein, el expresivismo y el autismo
2.3. El externismo expresivista y las exigencias
La primera característica de la que debe dar cuenta una teoría del contenido mental, como ya se había expuesto, es el carácter subjetivo de lo mental. Es preciso volver a aclarar que no estamos defendiendo la idea de que en Wittgenstein exista algo así como una teoría de la intencionalidad, sino que a partir de sus ideas podemos hacernos una mejor imagen de lo que es la mente.
Wittgenstein reconoce abiertamente el carácter subjetivo de los estados intencionales. Así lo expresa en el Zettel, donde afirma que "describir una
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intención significa describir lo que ocurrió desde determinado punto de vista, y con un propósito específico. Pinto un retrato particular del acontecimiento" (Z, §23). En este apartado, Wittgenstein está hablando de aquellos estados mentales que tienen contenido representacional.
La clave para una explicación del fenómeno de la no-referencia y de la co- referencia desde las ideas de Wittgenstein la podemos encontrar en los §§ 452 – 7 de las Investigaciones Filosóficas. En este pequeño apartado Wittgenstein se pregunta ¿cómo puede apuntar o señalar una flecha? Al mismo tiempo que muestra que podemos hacernos una pregunta análoga con respecto a los signos (PI).Sería un error pensar que “si la intencionalidad de los signos no se deriva de procesos internos, entonces puede derivarse de ‘actos’ de significación (actos de voluntad)18” (Hacker, 2000, p. 8). La vida de
un signo descansa en las reglas que gobiernan su uso en la práctica. Así, “las prácticas lingüísticas, constituyen al hablante como tal en un contexto ontogenético y regulan el comportamiento lingüístico de los hablantes en un contexto normalizado” (Cabanchik, 2010, p. 55).En este orden de ideas, si con una frase podemos referirnos a algo que no existe o que tiene múltiples referencias no es gracias a un proceso interno que realicemos sino a la gramática de las palabras que usamos.
La segunda exigencia de una teoría del contenido mental es la eficacia causal de los estados mentales con respecto a las acciones del sujeto. La pregunta que surge aquí es si la relación entre dichos estados y las acciones son efectivamente causales o si, por el contrario, son normativas. Este problema está directamente relacionado con dos grandes temas que Wittgenstein analiza en las Investigaciones filosóficas: el seguimiento de reglas y el lenguaje privado. Para este autor, la respuesta es que dicha relación es normativa. Su posición puede resumirse en la siguiente frase: creer seguir una regla, no es seguir una regla. Esto quiere decir, por un lado, que una
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If the intentionality of signs is not derived from inner processes, then maybe it is derived from ‘acts’ of meaning (acts of will).
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persona puede seguir una regla solo si hay una manera ya predeterminada de seguirla, es decir, una costumbre. Esta afirmación tiene como principal consecuencia que la manera como aprehendemos una regla no puede ser una interpretación, es decir, no puede haber una regla que nos diga cómo seguir una regla. La normatividad de las acciones debe aprenderse en el hacer mismo y, por lo tanto, tiene que haber un trasfondo práctico. Este trasfondo es lo que Wittgenstein llama el modo de actuar humano común.
Por otro lado, esta normatividad de las prácticas implica que el lenguaje, que a su vez es una práctica normativa, no pueda ser privado. Para Wittgenstein, así como nombrar requiere criterios públicos de aplicación de una palabra, también necesita criterios públicos de corrección. Para emplear una palabra referida a estados psicológicos debemos saber cuál es su uso correcto en un contexto público. Si, por ejemplo, fuese posible que un niño genio pudiera marcar su sensación de dolor con una palabra que se invente estrictamente para esa sensación, ese niño no podría dar una correcta aplicación a su término inventado, a menos que otros le indiquen si su uso es adecuado con relación al comportamiento humano normal. Lo importante no es que un concepto psicológico tenga que estar ligado de manera intrínseca a criterios públicos de aplicación, sino que esos conceptos estén en el contexto de un uso gramatical común. El lenguaje es, así, un sistema normativo que responde a criterios de corrección que son necesariamente públicos, por lo tanto es imposible un lenguaje privado.
En nuestro modo de actuar humano común, nuestra mente se ve: sus estados son públicos. Si nuestro modo de interpretación se da desde una perspectiva de segunda persona, es decir, en la expresión, reconocimiento e imitación de dichos estados, entonces, la relación que hay entre una acción y otro estado es normativa. Así, se muestra la posibilidad de que una persona le reclame a otra por reaccionar desmedidamente ante cierta situación.
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La tercera y última exigencia de una teoría del contenido es la asimetría epistemológica de primera y tercera persona, y, más aún, la autoridad de primera persona. Con respecto a lo primero, Wittgenstein dice lo siguiente:
Los verbos psicológicos caracterizados por el hecho de que la tercera persona del presente tiene que verificarse mediante observación, en tanto que la primera no.
Frases de la tercera persona del presente: información. En primera persona del presente: expresión. (No del todo cierto.)
La primera persona del presente afín a una expresión (Z, §472).
Esto quiere decir, a primera vista, que las autoadscripciones son expresivas. 'Tengo dolor' no es una descripción de un estado interno del sujeto sino una forma aprendida más sofisticada de expresión de dolor, tal como lo es un grito. Si bien esto es cierto, también lo es que las autoadscripciones de estados mentales no son meramente expresivas como lo son los gestos o los gritos. De serlo, no podría haber contradicciones entre distintas declaraciones de estados mentales y esto es una cuestión de hecho, las personas se acusan de mentir acerca de sus jaquecas. Por lo tanto, “si bien Wittgenstein sí dice que las declaraciones del estado mental de un hablante son expresiones, no niega que sean evaluaciones respecto a su verdad” (Finkelstein, 2001, p. 219). Pero no hay que perder de vista que no son informes, si por ‘informe’ se entiende intento de informar a alguien de un hecho que el hablante ha aprendido o averiguado (Finkelstein, 2001).
En este orden de ideas, las frases de verbos psicológicos de la primera persona en presente son afines a expresiones. Empero, esto no ocurre, nos dice Wittgenstein en las Investigaciones, con las autoascripciones en pasado. Estas no son expresivas, su carácter es enteramente descriptivo. Estas autoadscripciones se asemejan a cuando “puedo describir una fotografía para describir aquello de lo que es una fotografía” (PI, X, p.190). En pasado, hablamos en primera persona como hablamos en tercera persona en presente. Conocemos nuestros estados mentales por medio de la observación, ya no de nuestros comportamientos y proferencias sino de nuestra memoria.
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En la narración autobiográfica nos vemos a nosotros mismos como a otro y por lo tanto, podemos describirnos. Así, el autoconocimiento no solo es histriónico sino autobiográfico. De este conocimiento podemos estar seguros, por eso podemos aceptar la autoridad de primera persona, pues en presente o en pasado
Es imposible escribir sobre uno mismo con más verdad que la que uno es. Se escribe sobre uno mismo tan alto como se está. No está uno sobre
zancos o en una escalera, sino sólo sobre los pies(cultura y valor, 1938, p.
33).
Así pues, esta doble forma de auto conocimiento es una muestra clara de la asimetría epistemológica que hay entre la tercera y la primera persona.
***
Hasta aquí llega nuestro recorrido. Hemos optado, entonces, por elegir el expresivismo de Wittgenstein como el conjunto de pensamientos con base en los cuales se puede dar cuenta del contenido mental de una manera más amplia. Esta escogencia se debe a que las ideas de Wittgenstein tienen en cuenta la gran riqueza y variedad de la vida mental, mientras otros tipos de pensamiento, aquí discutidos, reducen toda esa riqueza a un subgrupo determinado: las actitudes proposicionales. Una teoría que pretenda dar cuenta del contenido mental debe tener en cuenta, sobre todo, dicha riqueza, incluso si eso implica la imposibilidad de seguir siendo una teoría.
Conclusión
Nuestro objetivo principal era explorar qué le da identidad al contenido de lo mental. Una primera teoría del contenido que rastreamos en la tradición filosófica fue la de Brentano, cuyo eje central es la intencionalidad. Esta respuesta, con muchos matices, fue sostenida a lo largo de la historia por diversos autores. Por esta razón, intentamos cumplir nuestro objetivo estableciendo las exigencias que debería cumplir una teoría que pretenda dar cuenta del contenido mental basados en las características de los estados intencionales.
En este recorrido pudimos sacar algunas conclusiones parciales que nos fueron llevando poco a poco a la demostración de nuestra tesis, de que solo una posición externista no teórica como el expresivismo de Wittgenstein puede cumplir las exigencias que enfrenta una teoría del contenido. . Como conclusiones parciales encontramos que, primero, una teoría del contenido de lo mental no sólo debe dar cuenta de las exigencias semánticas de dicho tipo de teoría sino también de la naturaleza causal o normativa del contenido y de la autoridad de primera persona. Estas son las tres exigencias que encontramos a partir de las coincidencias entre diferentes concepciones de lo que debería ser una teoría del contenido.
Segundo, que una teoría de corte externista podría dar cuenta mejor que una de corte internista de las tres exigencias para una teoría del contenido de lo mental. Esto gracias a que una teoría de corte externista puede dar cuenta de
las tres exigencias, mientras que una de corte internista solo puede cumplir dos de las tres exigencias. Las teorías de corte externista son mejores en virtud de su alcance explicativo.
Tercero, que el autismo de alto desempeño representa un contraejemplo fuerte a la teoría de corte externista de doble aspecto de Davidson. La existencia de una persona que habla pero, al parecer, no piensa es un gran problema para una teoría que defiende la interdependencia entre lenguaje y pensamiento.
Cuarto y último, que la propuesta expresivista de Wittgenstein es la mejor candidata para dar cuenta del contenido de lo mental desde una perspectiva externista. Una vez visto que para dar cuenta del contenido mental había que cambiar de perspectiva a una de segunda persona, no parece haber nada mejor que el expresivismo de Wittgenstein para dar cuenta de la riqueza y variedad de la vida mental.
Así las cosas, hay tres exigencias de las que tiene que dar cuenta una teoría del contenido mental; el externismo es mejor candidato que el internismo, pues da cuenta de dichas exigencias; sin embargouna psicopatología mina el presupuesto fundamental de la teoría externista de más alcance: la de doble aspecto. Por lo tanto, una teoría que pueda dar cuenta de una mejor manera del contenido mental debe ser de corte externista pero no sostener el supuesto antes mencionado. En la búsqueda por la mejor teoría del contenido mental, descubrimos que no puede ser una teoría. Encontramos una serie de pensamientos que pueden describir la riqueza de la vida mental y dar cuenta de las exigencias establecidas: el expresivismo de Wittgenstein. En conclusión, la propuesta expresivista de Wittgenstein es la mejor candidata para dar cuenta del contenido de lo mental desde una perspectiva externista. Desde una perspectiva como la de Wittgenstein, ampliar nuestra comprensióndel campo de lo mental, de la lingüisticidad a la expresividad, permite prescindir del contenido representacional como rasgo fundamental,
esencial y necesario de lo mental. Esta nueva perspectiva no solo provee una concepción de la vida mental sino que muestra la insuficiencia de toda teoría de lo mental pues el reino de lo mental es tan rico y variado que no puede ser explicado a partir de una característica que solo le atañe a un subgrupo de dicho reino, por ejemplo, a los estados mentales con contenido representacional
Así mismo, gracias a esta nueva concepción de lo mental, se desarrolla una nueva concepción de la psicopatología del autismo, ya no entendido como una deficiencia cognitiva sino como una deficiencia en el plano de la expresividad, tanto en su expresión como en su reconocimiento e imitación. Esto es, desde una perspectiva de segunda persona. Solo yendo a la raíz del problema, éste puede solucionarse. Solo desde una perspectiva de segunda persona, estamos más cerca de un tratamiento efectivo para el autismo. Este trabajo de grado tiene, entonces, un alcance explicativo solo en lo concerniente a la indagación filosófica por el contenido mental; los alcances que estas ideas puedan tener en el campo ético o psicológico no están contemplados en él.
Si lo que buscamos es una visión más amplia de lo que es el contenido mental debemos pensar en autistas wittgensteinianos en lugar de autistas davidsonianos, es decir, en vez de ver esta psicopatología como un problema que choca con los presupuestos de nuestra teoría del contenido debemos ver en la misma la posibilidad de encontrar una salida no teórica como el expresivismo.
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