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1. Algunas teorías externistas del contenido mental

1.1. Externismo causal

En su artículo "Identidad y necesidad", Kripke se hace una pregunta análoga a la planteada por Kant en la Crítica de la razón pura, ésta es: ¿Cómo son posibles los enunciados contingentes de identidad? Todo enunciado de identidad debe ser necesario si pretende ser verdadero. Sin embargo, encontramos enunciados de identidad contigente en las ciencias naturales como, por ejemplo, agua es igual a H2O. Para explicar cómo es posible esto, Kripke distingue entre un designador rígido y un designador no rígido. Un designador rígido es aquel que designa al mismo objeto en todos los mundos posibles y un desginador no rígido es aquel que "en nuestro lenguaje, tal como nosotros lo usamos, al describir una situación contrafáctica, pudiera haber habido un objeto diferente que satisficiera las condiciones descriptivas que nosotros damos para la referencia" (Kripke, 1978, p.108). Cabe aclarar que el hecho de que haya un designador rígido no implica que el objeto designado tenga que existir necesariamente en un mundo posible. Es decir, la necesidad epistémica no implica la necesidad metafísica.

La identidad necesaria solo puede darse entre designadores rígidos. 'Agua' y 'H2O' son designadores rígidos. Por lo tanto, su relación de identidad no es contigente. Pero ¿por qué parece que así lo fuera? Esta confusión se da, afirma Kripke, porque se tiene como supuesto que la descripción de un nombre fija su referencia y esto, a su modo de ver, es incorrecto; por el contrario, "la referencia de los nombres rara vez o casi nunca se fija mediante una descripción" (p. 123). Así, lo que es contigente son las descripciones y no podemos identificar un nombre con su descripción.

La referencia de un nombre está determinada por las propiedades modales del objeto al que refiere, es decir, por su modalidad de re, aquellas propiedades que un objeto tiene necesariamente en cuanto tal,

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independientemente de cómo se describa. La representación que un sujeto se haga del mundo, por ejemplo, de una mesa, dependerá exclusivamene de la modalidad de re de la mesa y no de la manera cómo la describen las personas.

En este orden de ideas, esta teoría externista se inscribe en el grupo de las teorías causales, pues el contenido mental depende de la modalidad de re del objeto al que se dirige. Siguiendo con el ejemplo, la identidad de la mesa representada como contenido mental es constitutivamente dependiente de las propiedades que tiene la mesa como mesa, independientemente de las descripciones que puedan hacerse de ella.

En su artículo "El significado de 'significado'"Putnam retoma varios de los puntos de Kripke. Su objetivo en este escrito es evaluar si, con respecto al significado de una palabra, la intensión determina la extensión. Su conclusión es tajante: “los significados no están en la cabeza” (Putnam, 1975, p. 17). Putnam parte de que, desde épocas antiguas el significado de 'significado' ha sido ambiguo. Por un lado, se entendía como el conjunto de cosas de las cuales un término es verdadero y, por otro, el concepto asociado al término. Esta ambigüedad ha intentado ser solucionada definiendo el significado como compuesto tanto por lo primero como por lo segundo, a los que se les llamó extensión o referencia e intensión o sentido, respectivamente.

"Mientras que la noción de 'extensión' está formulada de manera completamente precisa, relativa a la noción lógica y fundamental de verdad [...], la noción de 'intensión' no tiene más precisión que la vaga [...] noción de 'concepto'"(p.10). De esta manera, la teoría del significado descansa en dos supuestos incuestionables, estos son: primero, que conocer el significado de un término es solo una cuestión de estar en un cierto estado psicológico y, segundo, que la intensión de un término determina su extensión. Putnam defiende que esta concepción del significado descansa en una teoría falsa.

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Siguiendo esta línea argumentativa, si entender una palabra de manera diferente equivale a estar en un estado psicológico diferente y si los estados psicológicos tienen un carácter público por el hecho de que varias personas pueden encontrarse en el mismo estado, entonces los estados psicológicos determinan la intensión de un término y, dado que la intensión determina la extensión, también determina su extensión. Es decir, el significado es determinado por los estados psicológicos.

No obstante, con los experimentos mentales de 1750 y de la Tierra gemela, Putnam demuestra que los significados no están en la cabeza. Veamos.El primer experimento mental consta en pensar en el significado de la palabra 'agua' en 1750 y el significado que tiene en la actualidad.

En aquella época la química no se había desarrollado ni en la Tierra ni en la Tierra Gemela. El típico hablante terrestre del inglés no sabía que el agua estaba constituida por hidrógeno y oxígeno, y el típico hablante del inglés en la Tierra Gemela no sabía que el ‘agua’ estaba constituida por XYZ. Sea Oscar 1 un típico hablante terrestre del inglés y Oscar 2 su doble en la Tierra Gemela. Puede suponerse que no hay creencia alguna sobre el ‘agua’ que Oscar 1 tenga y Oscar 2 no tenga. […] y, más aún, que la extensión del término ‘agua’ era precisamente H2O en la Tierra tanto en 1750 como en 1950 y la extensión del término ‘agua’ era precisamente XYZ en la Tierra Gemela, tanto en 1750 como en 1950. Oscar 1 y Oscar 2 entendían el término ‘agua’ de diferente manera en 1750 aunque estaban en el mismo estado psicológico, y aunque, dado el estado de la ciencia en su tiempo, sus comunidades científicas habrían tardado unos 50 años en descubrir que entendían el término ‘agua’ de manera distinta (Putnam, 1975, p. 19).

Dos personas de estas dos diferentes épocas pueden encontrarse en el mismo estado psicológico; sin embargo, su comprensión del término es diferente, pues en 1750 todavía no había sido descubierta la composición química del agua.

Ambos, Oscar 1 y Oscar 2, están en el mismo estado psicológico, a saber: creen que ‘agua’ significa o bien H2O o bien XYZ. Sin embargo, entienden la palabra de manera diferente, uno la entiende como H2O y el otro, como XYZ.Este ejercicio mental, así, echa por tierra una de las premisas del

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anterior razonamiento, aquella que dice que entender una palabra de manera diferente equivale a estar en un estado psicológico diferente.Por lo tanto, un estado psicológico individual no puede fijar la extensión de un término; por el contrario, lo que fija la extensión es el estado sociolingüístico del cuerpo lingüístico colectivo al cual pertenece el hablante.

Con el segundo experimento mental, el de la Tierra gemela, Putnam muestra que es posible que dos individuos tengan el mismo estado psicológico pero la extensión de los términos que usan es diferente. Pensemos ahora en dos individuos, molécula a molécula idénticos, uno vive en la Tierra otro en una Tierra gemela, molécula a molécula idéntica a la anterior. Ambos usan el término 'agua', sin embargo, en la Tierra agua es sinónimo de H2O, mientras que en la Tierra gemela agua es sinónimo de XYZ. Ambos individuos, al usar el término 'agua', se encuentran en el mismo estado psicológico, sin embargo, no solo su comprensión del término es diferente, sino que también la extensión de 'agua' en ambos mundos es diferente. Esto ocurre pues, retomando a Kripke, las palabras de clase natural como 'agua' son designadores rígidos y esto implica que se comporten como indexicales, es decir, que tienen una extensión que varía de contexto a contexto o de ejemplar a ejemplar. "Por eso, la teoría de que (1) las palabras tienen 'intensiones' que son algo así como conceptos que los hablantes asocian a las palabras, y de que (2) la intensión determina la extensión, no puede ser verdadera para las palabras de clase natural como 'agua' por la misma razón que la teoría no puede ser verdadera de palabras obviamente indexicales como 'yo'" (Putnam, 1975, p. 33).

Si se usa el término 'agua' rígidamente, lo que es llamado 'agua' en la Tierra gemela no lo es, pues, en este caso, el término 'agua' se usa de tal manera que solo se refiere a aquellas cosas que compartan la naturaleza que normalmente poseen las cosas que satisfacen su descripción. Es decir, solo podría llamarse 'agua' al líquido de la Tierra gemela si concordase en propiedades físicas importantes con el líquido de la Tierra.

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Nótese que no hay ningún problema respecto a la extensión del término ‘agua’. La palabra tiene, simplemente, dos significados diferentes: en el sentido en que se usa en la Tierra Gemela […] lo que llamamos ‘agua’, simplemente no es agua; mientras que, en el sentido en que se usa en la Tierra […] lo que los hablantes de la Tierra Gemela llaman ‘agua’, simplemente no es agua (p. 18).

Por lo tanto, la posición que Putnam ha desarrollado implica que los miembros de la extensión de una palabra de clase natural o designador rígido tienen en común una estructura oculta. De esta manera, concluye que "el uso de las palabras de clase natural refleja un importante hecho con respecto a nuestra relación con el mundo: sabemos que existen clases de cosas con estructura oculta común, pero aún no tenemos los conocimientos que permitan describir todas esas estructuras ocultas" (p. 48). Empero, no hay que olvidar que la extensión de un término se determina también por lo que Putnam llama una división de la tarea lingüística. De ella nos ocuparemos más adelante.

Retomando, según Putnam diremos que alguien adquirió una palabra, por ejemplo 'lobo', si es capaz de usarla de forma tal que: primero, su uso llena una serie de requisitos y, por lo tanto, no es reprochado por los demás; y, segundo, su manera de situarse en el mundo y en su comunidad lingüística es tal que, en su idiolecto, la extensión socialmente determinada de la palabra 'lobo' es el conjunto de lobos. Empero, de esto no se sigue que la extensión de 'lobo' en la Tierra gemela sea el conjunto de lobos solo porque los hábitos lingüísticos de los habitantes de ese planeta sean los mismos. La naturaleza de los 'lobos' en la Tierra gemela es lo más importante. Entonces, la identidad de la representación de lobo como contenido mental es constitutivamente dependiente fundamentalmente de la naturaleza común oculta de los lobos. Por esta razón, Putnam es considerado uno de los grandes representantes de las teorías externistas causales.

Como pudimos ver con Putnam, pareciera que el contenido mental se determinara, por un lado, socialmente, y por otro, causalmente o, como él

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dice, indexicalmente. Sin embargo, con su ejercicio de la Tierra gemela muestra claramente que lo más fundamental de dicha constitución del estado mental es la naturaleza común oculta de los juegos designados. Por esto, Putnam se inscribe en las teorías causales de corte externista. Veamos, ahora, una teoría representante de las teorías sociales.