1. La esencia del Dasein es la existencia
1.3 La aperturidad constitutiva del Dasein
1.3.3 El habla
El discurso constituye existencialmente al Dasein y “articula el horizonte de sentido que
proyecta la comprensión en una trama de significaciones. Desde esta articulación, la estructura del mundo adviene al lenguaje” (Regnasco, 2004, 115). En tal sentido, el lenguaje es la totalidad de las palabras en las cuales el habla cobra un peculiar ser mundano. Por eso, lo que accede al lenguaje no es algo dado con anterioridad e independencia de él, sino que recibe en las palabras su propia determinación. Gadamer
resume esta idea en la expresión: “el ser que puede ser comprendido es lenguaje” (Verdad
y método, II, 567-568).
En el habla (discurso) se notan dos aspectos importantes: primero algo de lo que se habla, lo que se habla de ello, lo hablado, la comunicación o participación o coparticipación de lo hablado por el ser ahí que habla a los otros que son un ser ahí con. La coparticipación se funda en que el ser en el mundo del ser ahí es ser con los que son un ser ahí con, ser con estos en modos del común curarse de algo como el concedérselo o rehusárselo, el exigírselo, el advertírselo. De este modo, se puede entender que la coparticipación es la estructura dinámica misma del “ser-con” encontrándose-comprendiendo. Segundo, al expresarse el ser ahí habla mediante el tono, la modulación, el tempo del lenguaje. El expresarse del ser ahí no es un interior que se exterioriza, sino en cuanto ser en el mundo está ya fuera, ahí. Este ahí, el encontrarse-comprendiendo que abarca todo lo que se abre en el ser en, es pues lo expresado (Gaos, 1977, 50). Hay dos maneras de expresarse: escuchar y callar. El
escuchar es fundamental en el habla y es un acto de comprensión: “Como comprensor estar-
en-el-mundo con los otros, el Dasein está sujeto, en su escuchar, a la coexistencia y a sí
mismo, y en está sujeción del escuchar se hace solidario de los otros” (Ser y tiempo, §34,
El escuchar puede cobrar dos formas: hacerle caso al otro, estar de acuerdo y negativamente, oponerse obstinarse, dar la espalda al otro. Sobre la base del poder
escuchar es posible el oír. El oír es “un estar, un ser atento en franquía el “ser ahí” para los
otros en cuanto “es con” ellos, el escuchar en el sentido más radical del término” (Gaos, 1977, 51). En cuanto al callar podemos decir que se trata de otra posibilidad de hablar. Eso puede promover la comprensión, pues no es por mucho hablar que se garantiza entonces el progreso de la comprensión. Sin embargo, callar no significa estar mudo, pues un mudo tiene la tendencia a hablar. Además, el que nunca dice algo no tiene la posibilidad de callar. Sólo en el auténtico hablar es posible un verdadero callar. Para
poder callar, el Dasein debe tener algo que decir, esto es, disponer de una verdadera y
rica aperturidad de sí mismo. De este modo, el silencio manifiesta algo y de él, en cuanto modo del habla, proviene la auténtica capacidad de escuchar y el transparente estar los
unos con los otros (Ser y tiempo, § 34, 187-188).
El habla en cuanto comprender, lenguaje (comunicación y expresión) constituye la
posibilidad del sentido, pero también es el marco defectuoso en el que el Dasein se
encuentra y vislumbra sus posibilidades. Este marco defectuoso se expresa de tres maneras, a saber: la habladuría, la curiosidad y la ambigüedad. Dichos modos caracterizan la
manera como el Dasein es cotidianamente su ahí, es decir, la aperturidad cotidiana del
estar-en-el-mundo. Esta aperturidad se manifiesta de la siguiente forma:
La habladuría abre para el Dasein el estar vuelto comprensor hacia su mundo, hacia los otros y hacia sí mismo, pero de tal manera que este estar vuelto hacia…tiene la modalidad de un estar suspendido en el vacío. La curiosidad abre todas y cada una de las cosas, pero de tal manera que el estar-en se halla en todas partes y en ninguna. La ambigüedad no oculta nada a la comprensión del Dasein, pero sólo para retener al estar en-el-mundo en ese desarraigado “en todas partes y en ninguna (Ser y tiempo, §38, 199).
Estos caracteres (habladuría, curiosidad y ambigüedad) no son algo ahí en el Dasein, sino
que contribuyen a constituir su ser. En ellos y en su conexión de ser se revela un modo
fundamental del ser de la cotidianidad, que llamamos la caída (Verfallen) del Dasein. En la
caída, “el ser ahí es inmediata y regularmente curándose del mundo, absorbido en éste o por éste, para él, y, a la vez, perdido en la publicidad del uno, absorbido en o por el ser uno con otro dirigido por las habladurías, las avidez de novedad (curiosidad) y la ambigüedad” (Gaos, 1977, 53). Mediante la caída, el Dasein se depara a sí mismo la posibilidad de perderse en el uno, pues ello se le presente como constante tentación. La
caída es realmente un desmoronamiento del Dasein sobre sí mismo, es una negación de sus propias posibilidades, pues el ser ahí se derrumba de sí mismo en sí mismo, en la falta de
base y el no-ser en la cotidianidad propia (Ser y tiempo, §38, 198-201). Sin embargo,
Heidegger advierte que la caída no es la degeneración de un estado primitivo más alto y
puro, ni una visión nocturna (Nachtansich) del Dasein, ni una afirmación sobre la corrupción
(Verdebnis) de la naturaleza humana. Se trata más bien de que el Dasein es finito y, por
tanto, deficiente en su ser. De este modo, en él está presente, al mismo tiempo, una relación esencial con el ser y con la nada (Hernández, 2010, 179).
Con lo dicho antes está vinculada la condición de arrojado del Dasein, donde está “en
primer lugar y dentro de ciertos límites, siempre está entregado al estado interpretativo, es decir, a la mentalidad del se” (Vattimo, 1936, 42). De ahí surge la pregunta de la
autenticidad del Dasein, a la cual nuestro filósofo alemán contesta así: el Dasein puede ser
auténtico como inauténtico. El primero ocurre cuando se apropia de sí, es decir, que se proyecta sobre la base de su posibilidad más propia; mientras que el segundo caso se
presenta cuando el Dasein es incapaz de abrirse verdaderamente a las cosas. No posee
por ende esa pureza y conformidad con el hecho que son propias del discurso y de la comprensión (Vattimo, 1936, 43).