Un doctor sabio pero modesto me dijo en una ocasión: “A decir verdad, no sabemos nada” Me siento inclinado a repetir ese senti- miento, pues la verdad sea dicha cuanto más descubrimos más cuenta nos damos de lo poco que realmente sabemos. En todas las eras, a pesar de las filosofías. religiones y ciencias, el hombre sigue siendo un misterio que echa por tierra con frecuencia a todas nues- tras pequeñas teorías. Hay hombres que parecen desafiar práctica- mente todas las reglas de salud, que fuman de la mañana a la noche y que viven hasta una edad muy avanzada sin tener que enfrentarse a nada más grave que un ocasional resfriado. Hay otras personas que se han visto afligidas por la enfermedad toda su vida, y que sin embargo han llegado a los 85 años o más, dando fe al principio de que "una puerta herrumbrosa dura más tiempo". ¿Cómo podemos explicar esos hechos? Lo único que podemos decir, con poca con- vicción, es que hay excepciones que demuestran la regla, lo cual dicho sea de paso, es un refrán bastante estúpido. ¡Un autor ha sugerido que hay personas que nacen con cuerpos "a prueba de impericia"! Puede que tenga razón, ¿pero por qué nacen así? Los astrólogos nos dicen que el momento preciso en que nace una enti- dad al mundo marca su tipo de cuerpo. Algunos científicos que al principio se burlaban de esta idea están empezando a pensar que puede haber razones científicas para ella. ¡"Que se burlen los estú- pidos e investiguen los filósofos"! ...Si tienen tiempo para ello. También nos dicen los astrólogos que las personas nacidas en de- terminados momentos del año son más proclives a sufrir ciertas debilidades y enfermedades, lo cual se debe en gran parte a su tipo de cuerpo. (Véase Man and The Zodiac, de David Anrias. Este libro contiene ilustraciones de los 12 tipos diferentes de cuerpo.) Si ello fuera cierto, aunque no me encuentro en posición de compro- meterme a favor o en contra, ello explicaría el motivo de que la
enfermedad, que es una unidad, se manifieste en modos tan dife- rentes. Se dice, por ejemplo que los nacidos entre el 21 de marzo y el 20 de abril son proclives a sufrir problemas relacionados con la cabeza, rostro y cerebro, mientras que los nacidos en los mismos días entre septiembre y octubre pueden sufrir afecciones del bajo vientre o riñones... siempre que no tomen las medidas oportunas para evitar esos problemas. (Véase Health, Diet and Commonsen-
se, por Cyril Scott). Concedo que esto pueda parecer totalmente
inverosímil, pero he aprendido a no burlarme de aquello que no entiendo. Aunque he demostrado la eficacia de la terapia de orina, para mí sigue siendo muy misteriosa. Cuando me pregunto por el motivo de que la orina ingerida por la boca seleccione especial- mente los órganos que requieren la reconstitución, no puedo ofre- cer una explicación más racional que la del doctor que nos dice que determinadas medicinas afectan a ciertos órganos. No todos los doctores están de acuerdo con esto, pues un médico dijo en mi pre- sencia que abandonó la facultad con sesenta remedios para cada enfermedad, pero que en los primeros diez años de práctica había descubierto que tenía sesenta o más enfermedades que armoniza- ban con sus medicinas, ¡pero que no tenía curaciones! Fue el mis- mo médico quien dijo que las personas que no seguían un trata- miento eran las que más tiempo vivían y las que menos sufrían, ¡de lo que hay que deducir que la mayoría de las personas mueren por el doctor y no por la enfermedad! Este digno médico era un hom- bre sincero. Pero no tendría que haber admitido eso si hubiera em- pleado la terapia de orina en lugar de sus sesenta medicamentos. La ventaja de la terapia de orina es su extrema simplicidad, como pue- de comprobar cualquiera. No es un específico para una enfermedad dada, es un específico para la salud. También es un profiláctico contra una serie de molestas " bagatelas", que no por su insignifi- cancia son menos molestas. No exagero al decir que actualmente hay miles de personas en Europa y América que saben por expe- riencia que no hay nada que iguale a la orina, especialmente a la
orina vieja, para las manos agrietadas, ampollas, picaduras, llagas,
como protección contra las erupciones, los pies sudorosos, la pér- dida del cabello, la caspa y otras muchas afecciones desagradables.
Haciendo gárgaras con orina fresca se cura y previene la afonía y bebiendo la propia orina todos los días se previene la obstrucción del flujo urinario. También facilita la evacuación. Y este remedio no cuesta absolutamente nada, salvo al principio un poco de auto- disciplina para superar lo que parece ser una idea "desagradable". Los que hayan leído el conocido libro Mother India recordarán algunos pasajes dedicados a las "sucias costumbres" de los pueblos nativos. Señalaba la autora que entre las "supersticiones" curativas estaba la creencia de que las aguas de una parte de un famoso río de la mitad septentrional de la India poseen propiedades curativas. La gente se baña allí y bebe sus aguas. Preguntándose si habría algo más que fe en las curaciones realizadas, hizo que analizaran en Europa muestras de sus aguas. ¡El líquido curativo resultó no ser otra cosa que una débil solución de orina y agua pura!
Y con este sorprendente desenlace pongo fin a este capítulo.