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ENFERMEDADES VENEREAS

In document J.W.armstrong (página 65-69)

Los Drs. Bosanquet y Eyre, en su libro titulado Serums, Vaccines

and Toxins, se vieron obligados a admitir: "No puede negarse que

en un cierto número de casos la inyección de antitoxinas diftéricas ha sido seguida por la muerte directamente atribuible a la acción del suero”. Una de esas tragedias, la primera y quizá la más triste, le aconteció al Dr. Langenhans de Berlín. Cuando uno de sus cria- dos contrajo difteria, como medida precautoria inoculó a su hijo, perfectamente sano, de un año y nueve meses de edad. Lo irónico es que no había la menor evidencia de que su hijo fuera a contraer alguna vez la enfermedad, ya que los gérmenes de difteria pueden encontrarse en gargantas muy saludables, y en tal entorno Son tan inocuos como muchos de los otros gérmenes supuestamente morta- les. Pero por desgracia no son sólo las inyecciones para la difteria las que han mostrado ser fatales, pues cientos de muertes, muchas de ellas instantáneas, han sido el resultado del uso del salvarsan, también llamado "606", en el tratamiento de la sífilis. Sin embargo, al igual que se promocionó la inmunización contra la difteria, se promocionó el salvarsan como la curación por excelencia de la enfermedad venérea.

Por lo que respecto a la sífilis leemos: "Tanto si ha sido tratado como si no, el paciente siempre puede desarrollar síntomas nervio- sos. Estas son las más graves de todas las complicaciones de la sífilis, y las más comunes son la parálisis general y la ataxia loco- motora. Usualmente se revelan unos diez años después de la infec- ción. En la parálisis general hay demencia progresiva, usualmente con alguna forma de exaltación. El lenguaje es vacilante, tembloro- so y confuso. Los músculos faciales y la lengua muestran paresis con temblores ... Posteriormente las facultades musculares se debi- litan gradualmente, hasta que se produce una parálisis más o menos

general..." (Dr. E. H. Ruddock, M.D.) Es un cuadro de lo más triste y desagradable. Sugiero, sin embargo, que los horribles efectos secundarios de la enfermedad venérea son el resultado de un trata- miento supresivo. ¿Pero qué es la sífilis al fin y al cabo? Simple- mente el resultado de un veneno que es absorbido por el cuerpo, y por tanto el tratamiento racional consiste en sacar ese veneno del mismo.

Como la profesión médica se reserva el derecho a tratar las en- fermedades venéreas, y tiene sus clínicas para ese fin, yo soy un profano, o un naturópata como a veces se me llama, y me está prohibido tratarlas. No obstante hay personas que habiendo oído hablar de la terapia de la orina por medio de los panfletos del fina- do Mr. Baxter (mencionado en el Cap. 2), o por medio de otros canales, se han dispuesto a tratarse a sí mismos.

Citaré aquí el caso de un hombre que contrajo una enfermedad venérea durante la última guerra (1918). Dicho sea de paso, había pasado algún tiempo aquejado de psoriasis, que había suprimido con ungüentos de hierbas. Este hombre, por entonces todavía jo- ven, sabía algunas cosas sobre los métodos de la curación natural y se había esforzado por tratar su enfermedad venérea subsistiendo por algún tiempo a base de agua fría, con la esperanza de "hacer morir de hambre" a la enfermedad. Sin embargo, al final de un ayuno de 11 días, sus síntomas, lejos de mejorar, empeoraron mu- cho. Fue entonces cuando encontró uno de los panfletos de Baxter. El resultado fue que decidió proseguir con el ayuno, pero con la adición del uso interno y externo de su propia orina. Los resultados fueron en extremo gratificantes; al cabo de diez días había desapa- recido todo signo de enfermedad venérea, y la psoriasis había me- jorado mucho. Sin embargo, decidió proseguir con el ayuno de orina hasta que hubieran desaparecido todos los rastros de la dolen- cia cutánea. Así sucedió una semana más tarde, en que se encontró a sí mismo libre de todo problema. Pero además se dio cuenta de que los sentidos de la vista, oído, gusto y olfato eran más agudos que nunca.

Casi todas las personas están familiarizadas ahora con los mé- todos ortodoxos de tratar la enfermedad venérea. Los pacientes son

invitados a acudir a clínicas en las que son tratados con inyeccio- nes. Pero aunque los miembros de las clases más humildes pueden asistir a estas clínicas, los notables, especialmente en las ciudades más pequeñas, prefieren ser tratados por sus propios doctores, pues sienten cierto embarazo de exhibirse en un lugar en el que puedan ser reconocidos. En cualquier caso, la pregunta grave que uno se plantea es: ¿Cuáles serán los efectos secundarios de estas inyeccio- nes? Una cosa es tratar la enfermedad, y otra curar permanente- mente a un paciente. El Dr. W. H. White, M.D., escribió sobre la ortodoxia: "La medicina ignora la 'totalidad' del individuo y trata la enfermedad como una entidad separada". Así, hay remedios clasi- ficados para prácticamente cualquier dolencia, desde el reumatismo a la sífilis: pero como señala el homeópata, lo que el alópata llama reumatismo puede provenir de veinte causas (sería más próximo a la verdad si dijera de veinte causas secundarias), de ahí que el nombre de la enfermedad no tenga realmente importancia. Consi- derado desde mi punto de vista particular, añadiría que tampoco importa "el cómo se ha contraído", pues el método curativo es el mismo.

Volviendo al caso de la enfermedad venérea que he citado, si el joven en cuestión hubiera empleado la terapia de la orina desde el principio, en lugar de intentar tratarla con lo que se denominan métodos de curación naturales, estoy convencido de que se habría curado mucho antes. Por lo que he podido deducir de la experiencia de quienes han intentado por sí mismos la terapia de la orina, tengo buenas razones para pensar que cuando la enfermedad venérea ha sido atacada en su fase inicial, o durante la primera semana, la cu- ración se ha efectuado entre 48 y 96 horas; eso siempre que la si- tuación no se haya complicado con el tratamiento usual. Pero como es ilegal que yo trate esta antigua aflicción, no puedo proporcionar historiales. Sin embargo, si excluyese de estas páginas la mención a las enfermedades que la profesión médica se reserva el derecho a tratar con sus propios métodos, mi tarea sólo quedaría cumplida a medias. Considerando que "una proporción de los ciegos, los sor- dos, los mentalmente deficientes y los lisiados deben sus incapaci- dades a las enfermedades venéreas" (véase Britain 's Health), es un

deber para cualquiera, sea médico o profano, que haya encontrado los medios de curarlas el hacer que su descubrimiento sea conoci- do, para que los doctores lo puedan utilizar si así lo desean. Lo que hay que recordar es que las medidas para tratar las enfermedades venéreas, como la mayoría de las otras, tienen su tiempo, se consi- deran luego insatisfactorias y son superadas por otros métodos. Aunque es dudoso que las clínicas estén dispuestas a intentar la terapia de la orina, quizá haya algunos doctores que deseen hacerlo en privado. Sólo el tiempo lo dirá. He de añadir, dicho sea de paso, que aunque los doctores no entienden el verdadero valor de la ori- na, hay algunos que afirman que si el hombre orinara inmediata- mente después del coito, se reduciría el riesgo de contraer enfer- medades venéreas. El finado Mr. Baxter J. P. tenía razón cuando publicó el hecho de que, entre otras cosas, la orina posee potentes propiedades antisépticas.

13. LA CURACION DE LAS HERIDAS

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