Arturo Ezquerro-Cañete y Ramón Fogel
EL IMPASSE DE LA REFORMA AGRARIA BAJO LUGO
Con la elección de Fernando Lugo en abril de 2008, la reforma agraria fue colocada directamente en la agenda política. Influido por la teolo- gía de la liberación, Lugo había ganado una reputación bien merecida como el “obispo de los pobres” tras más de una década trabajando con campesinos pobres pero combativos en el Departamento de San Pedro, que había sido el epicentro de la protesta de grupos de campe- sinos sin tierra (Gott, 2008). Siguiendo a González Bozzolasco (2009) y Bourscheid (2016), nos basamos en conceptos de Gramsci de Cesa- rismo para poner de relieve las ambigüedades que caracterizan la ad- ministración de Lugo. Esta forma política emerge cuando no hay una clase que tiene el poder de imponer definitivamente su dominación en
7 El uso del término “Brasiguayos” ha estado sujeto a una crítica particular por im- plicar una dicotomía entre agricultores brasileños ricos orientados a la producción de soja, por una parte, y pequeños productores paraguayos empobrecidos y margina- dos por otra. En realidad, “la mayoría de los inmigrantes brasileños en el Paraguay son pequeños productores, que como sus vecinos paraguayos enfrentaron constante marginación” (Blanc, 2015: 145).
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LA CUESTIÓN AGRARIA Y LOS GOBIERNOS DE IZQUIERDA EN AMÉRICA LATINA
el orden social. Por lo tanto, debe surgir una fuerza mediadora como el Cesarismo.
En sus Cuadernos de la Cárcel Gramsci escribe que ese Cesarismo “expresa siempre la solución particular en la que una gran persona- lidad asume la tarea de ‘arbitraje’ en una situación histórico-política caracterizada por el equilibrio de fuerzas conducente a una catástro- fe” (Gramsci, 1971: 219). La “gran personalidad” o, como Gramsci escribe en otra parte, el “líder carismático”, está “investido” con el poder de arbitrar entre los grupos enfrentados (Fontana, 2004: 179). En Paraguay este proceso tomó la forma de un “matrimonio de con- veniencia” (Lambert, 2011: 180), lo que resulta en una “poco viable coalición del Partido Liberal pro-mercado y activistas izquierdistas, incluyendo ambientalistas y campesinos, grupos que se habían unido en torno al carismático liderazgo de Fernando Lugo” (Hetherington, 2014: 57). El cesarismo es progresista o reaccionario: “El cesarismo es progresista cuando su intervención ayuda a la fuerza progresiva al triunfo, aunque la victoria esté templada por ciertos compromisos y limitaciones” (Gramsci, 1971: 219). Esto fue ciertamente el caso de la victoria electoral de Lugo, que fue templado por diversos compromi- sos y las limitaciones que merecen una mención desde el principio. En primer lugar, Lugo había llegado al poder como el líder del APC, coalición electoral fragmentada, dividida ideológicamente.
Crucial para el éxito electoral de la APC (pero también a su even- tual caída) fue la alianza estratégica con el Partido Liberal Radical Au- téntico (PLRA) de centro derecha, la tradicional oposición al Partido Colorado, que accedió a apoyar la candidatura de Lugo a cambio de la incorporación de Federico Franco en la vicepresidencia. Sin embargo, la APC constituía una minoría en el Congreso, y así también la posi- ción de Lugo dentro de la gobernante coalición APC fuera débil. De hecho, solo cinco miembros del Congreso representaban a sus propios partidarios, sobre todo el pequeño, de centro izquierda Tekojojá Popu- lar (que en marzo de 2010 se fusionó en Frente Guasú). Así, los ambi- ciosos planes de reforma de Lugo resultaron altamente dependientes del apoyo del PLRA, que dominó la coalición. Un segundo obstáculo de la victoria electoral de Lugo fue que, a pesar de perder la Presiden- cia por primera vez en más de 60 años, el Partido Colorado retuvo una mayoría en la cámara de diputados (30 de 80 escaños) y el Senado (15 de 45 asientos), un hecho particularmente saliente en un país con el sistema presidencialista más débil en América Latina, con el Con- greso conservando amplios poderes, un diseño de la Constitución de 1992 en reacción a los excesos de la dictadura de Stroessner (Nickson, 2008). Además, la influencia del PC dentro de la cultura política basa- da en clientelismo de Paraguay seguía estando en gran parte intacto.
Arturo Ezquerro-Cañete y Ramón Fogel
Desde una perspectiva gramsciana, podemos entender el gobier- no de Lugo como el producto de la evolución del Estado burgués cuando enfrenta las crisis dentro de la economía y dentro de sus ins- tituciones legitimadoras (Bourscheid, 2016; González Bozzolasco, 2009). Es decir, la administración de Lugo representa una fase en que “no hubo paso de un tipo de Estado a otro, sino solo ‘evolución’ del mismo tipo, según una línea ininterrumpida” (Gramsci, 1971: 222). En este sentido, “el cambio más importante tras la elección de Lugo fue que el Estado se convirtió en un espacio de disputas entre fuerzas sociopolíticas progresistas y conservadoras que condujeron a una polarización ideológica en el debate político sobre temas como la reforma agraria” (Levy, 2013: 46). Siguiendo a Borras (2007), nos centramos en cuatro temas relacionados a nuestra discusión de la interacción Estado-sociedad para la reforma agraria en el contexto del gobierno de Lugo (“Cesarista”): (i) la movilización social rural autónoma “desde abajo”; (ii) pro reforma iniciativas “desde arriba”; (iii) positiva interacción entre las fuerzas pro-reforma dentro del Es- tado y la sociedad; y (iv) la capacidad de vencer la resistencia de los terratenientes a la reforma agraria. Sigamos, entonces, a través de cada una de estas cuatro líneas, en busca de una respuesta a por qué Lugo no pudo poner en práctica la reforma agraria redistributiva que había prometido.