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3. La editorial Montaner y Simón (1868-1981)

3.2. El inicio de la editorial, 1868 Su primera etapa

El 1 de noviembre de 1868 es la fecha oficial que consta en la primera anotación del primer Libro de cuentas de la Editorial Montaner y Simón. Como ya hemos dicho, la empresa se fundó con un capital inicial de 137.778,- reales vellón (34.444,- de las antiguas pesetas) aportados por Don Ra- mon Montaner Vila según figura en esa misma anotación del primer Libro de cuentas. Tendría-

mos que dudar de esa fecha si consideráramos válida la leyenda que a partir de 1936 figura junto al sello de la edi- torial en algunos catálogos, listas de precios y papeles de carta en los que se explicita “Casa fundada en 1861”. Re- sulta difícil averiguar porqué los sucesores del negocio de la familia Montaner y los de la familia Simón, que sabían perfectamente los orígenes de su empresa, situaron su inicio en 1861 cuando sabían positivamente que los datos contables declarados oficialmente y que se podían constatar en los Libros de cuentas de los fundadores que ellos mismos conservaban, estaba apuntada la fecha de 1868. Especulando sobre los motivos que les llevaron a presentarse con este desajuste de siete años, se encontraría una justificación al considerarse la posibilidad de que Ramon Montaner y Francisco Simón ya hubieran iniciado sus andanzas editoriales años antes de formalizar su sociedad, pasando por unos primeros años de prueba, de proyecto editorial -aunque siete años parecen demasiados- y que no decidieron oficia- lizar hasta bien establecidos y asegurados de que el negocio podía ofrecer la prosperidad deseada. Otra conjetura podría ser que, por voluntad de la directiva de ese segundo período, se hubiera querido adjudicar más solemnidad a la casa o incluso que, con la intención de ocultar posibles connotaciones políticas referidas al 1868 y que hubieran podido asociarse con el momento de pleno conflicto social, político y bélico que atravesaba el país en 1936, decidieran manifestar esa fecha para que no se realizaran paralelismos. En cualquier caso, deberíamos considerar la fecha que figura en los Libros de cuentas como la opción más certera ya que son los datos registrados oficiales y por tanto otorgan el carácter riguroso que se merece nuestro estudio.

Los efectos de esta imprecisión sobre la datación, originada por la misma editorial, tuvieron como consecuencia que entre los diferentes autores que mencionan a Montaner y Simón en sus estudios sobre la Historia de la Edición y las Artes Gráficas de nuestro país en el siglo XIX, no se pongan de acuerdo y aparezcan contradicciones, de manera que casi ninguno de ellos acabe de concretar con exactitud una fecha definitiva. Por ejemplo, en la cita que aparece en la segunda edición de la Gran Enciclopèdia Catalana de 1986; en la presentación de la Colección de Autógrafos de Ramon Borràs de la Biblioteca de Catalunya y en gran parte de autores consultados se puntualiza el año

“Casa fundada en 1861” figura impreso en el papel de carta desde 1936 © LBP

1861 como inicio. En cambio, otros autores, entre los que se encuentran Francesc Cabana (1994, 98-101) y Pilar Vélez (1989, 225), precisan que la fecha fue 1868, aunque ésta última en otros contextos de su misma tesis cae en contradicción y ubica los inicios en 1864 (1989, 193). Incluso autores más recientes como Manuel Llanas (2004, 244), Philippe Castellano (2008, 229) y Eliseu Trenc (2008, 106) apuntaban el nacimiento de la editorial un año antes de su constitución oficial,

en 1867. Un baile de cifras que varia dependiendo de la fuente consultada pero que todos los autores emplazan sin duda en la década de los sesenta del siglo XIX.

Para acabar con este asunto, mencionar que hay autores como Jean-François Botrel (1993, 241) o Hipólito Escolar (1986, 462) que en un primer momento aportan una información cronológica más dispar que la de sus colegas datando erróneamente la fundación de la editorial en el año 1881 o en 1887 respectivamente. Desacierto que queda vastamente demostrado una vez consultados los catálogos y comprobados los años que figuran en las mismísimas portadas de las obras publi- cadas por la editorial y, sobre todo, después de cotejar los libros de cuentas citados donde queda sobradamente argumentado que en 1881 y 1887 la consolidación de la editorial estaba más que definida, dado que ya habían publicado más de una treintena de libros.

Para justificar el enigma de la fecha, nada mejor que proceder al estudio de la primera obra publi- cada por la editorial, que consta que fue en 1868, de la que se ha podido obtener cierta documen- tación que revelará fechas concretas y permitirá extraer conclusiones.

Se partirá pues, de la hipótesis aceptada universalmente de que fue Ecos de las Montañas -una obra en verso escrita por José Zorrilla e ilustrada por Gustave Doré- la primera publicación con la que se estrenó en el mercado la editorial Montaner y Simón. Los dos socios, Ramon Montaner y Francisco Simón, habían obtenido en uno de sus viajes a Inglaterra, los derechos para editar en España la obra artúrica de Alfred Tennyson, Idylls of the King, que contenía grabados del ilustre artista francés. Al parecer, Doré realizó los dibujos para la obra del poeta inglés en su estancia en Londres que no tuvo lugar antes de 1867 (Kaenel, 2014: 326), lo que demostraría por tanto que la editorial barcelonesa no los pudo haber obtenido con anterioridad a esa fecha.

Por otra parte, el ilustre historiador Narciso Alonso Cortés, biógrafo de Zorrilla, apuntó que el poeta vallisoletano recibió en 1867 una carta remitida por Francisco Simón en la que se le encar- gaba la traducción de unos versos ingleses para su edición española. El autor alegaba que:

“Dícenos Zorrilla que una carta de Barcelona, recibida en Quintanilla de Somuñó -localidad de la provincia de Burgos donde el poeta solía refugiarse- le anunció la llegada de uno de los

socios de la casa Montaner y Simón; y que en efecto, este último, presentándose en su reti- ro, le propuso la traducción de los poemas de Tennyson en su edición ilustrada por Gustave Doré” (Alonso-Cortés, 1943: 719).

Más adelante, dice el historiador que el poeta se instaló en 1868 en Cataluña y comenzó a escribir unos versos muy diferentes a lo que se le había encargado:

“Puig y Llagostera dio alojamiento a Zorrilla en su casa de Barcelona y en su fábrica de Espa- rraguera y de este modo comenzó el poeta a escribir, no ya la traducción de Tennyson, sino unas leyendas originales, Ecos de las Montañas, adaptadas a los grabados de Gustavo Doré” (Alonso-Cortés, 1943: 720).

Por último, en el Fondo de la Colección de Autógrafos Borràs de la Biblioteca de Catalunya se conservan los textos originales de Ecos de las Montañas y de La leyenda del Cid escritos por el poeta y unas cartas manuscritas que enviaba el mismo Zorrilla a ese buen amigo suyo Josep Puig i Llagostera (1835-1879) un gran industrial de las élites catalanas y político diputado de las Cortes Españolas durante la Restauración Borbónica. En ellas, el autor le explicaba la difícil situación económica que estaba atravesando en ese período de su vida por lo que queda finalmente proba- do que la obra del poeta vallisoletano fue iniciada y publicada a partir de 1868.

Gracias a la lectura ordenada de esas cartas observamos como el autor pasó de la sórdida es- trechez a gozar de una mejoría económica tras recibir el encargo de Montaner y Simón un año después. En una de las cartas dirigidas a su amigo se lamentaba de su grave situación:

“Mi querido Puig de la Zaira -así se le dirigía amistosamente-: estrañará v. mi poca esactitud en la correspondencia: pero no puedo más. Entre mis cuentas con mis editores que defien- den el dinero que me han sacado indebidamente, las de la testamentaria de mi muger, los negocios con el gobierno, y las miserias del teatro, estoy metido en una batalla de escribanos, duquesas, cómicos y millonarios que ya no me entiendo” (BC, Fons Borràs, caja Z5. Zorrilla, Madrid, 07.09.1866)

En una nueva carta escrita también en Madrid el 8 diciembre 1867, refiriéndose a una editorial madrileña, explicaba al amigo que no cerró el trato con aquellos “dudo mucho que ahí puedan hacerme proposición alguna aceptable, porque la mayor parte de las casas librerías de esa, tienen mucho papel pero nada de plata”. Días más tarde, en otra carta escrita en Madrid el 21 de diciem- bre de 1867, se despedía escribiendo que “No he cerrado trato ninguno definitivo aquí siguiendo el consejo de v. y espero que me ayude con sus paisanos, para impedir que mis intereses sean

desfalcados como hasta ahora”, lo que hace pensar que tal vez el amigo, Puig i Llagostera, pudiera influir en su relación con los editores Montaner y Simón.

Todo hace pensar que la situación mejoró cuando poco tiempo después, el 13 de enero 1868, des- de Estépar, provincia de Burgos, el escritor dirigió una nueva carta al catalán, diciéndole:

“Me he comprometido a escribir una leyendas fantásticas para una magnífica ilustración inglesa. De una obra que quieren publicar ahí Montaner, Simón y Cía editores nuevos, por va.vh. 16,000-. Tengo que cumplirles la palabra, antes de pedirles el dinero; por que no es decoroso que me adelanten un real; y por eso le decía a v. y le repito hoy, que si no puedo per- manecer encerrado y oculto en esa, hasta concluir al menos la primera leyenda, tendré que preferir estarme aquí agazapado como un conejo”. (BC, Fons Borràs, caja Z5, Zorrilla, Madrid, 13.01.1868).

Observaremos que esta carta manuscrita de 1868 nos da la clave definitiva que confirma que fue- ron los dos socios catalanes esos “nuevos editores” que en 1868 estaban arrancando su editorial. Zorrilla tenía pensado venir a Cataluña a pasar una temporada con su amigo que le ofrecía cobijo, pero ciertas circunstancias -como la venta de unos caballos, entre otras- le retenían todavía en Madrid. En el último párrafo de la carta fechada el 21 enero 1868, al escritor le observaba muy preocupado que:

“Habiendo hecho un trato con la casa Simón Montaner y Compa. de esa ciudad, tengo que entregarles en febrero, marzo, abril y junio cuatro leyendas por valor de 10.000,-. Como no quiero faltar en los plazos, me he puesto a trabajar para adelantar. Dígame ahora si es posible que yo llegue a esa sin ruido, me encierre en su casa de v. de absoluto incógnito, y saliendo a tomar el aire sólo á primera hora de la noche, y sin v. para que no me atisben, acabar yo mi leyenda antes de entrar en broma sin ganas, porque lo primero es la palabra dada. Si esto es posible, a vuelta de correo. En la semana entrante, me tiene v. ahí y cumplo....” (BC, Fons

Borràs, caja Z5, Zorrilla, Madrid, 21.01.1868).

Para acabar y no dejar duda alguna, a continuación se transcribe el contrato que se conserva en el Fondo de la Col·lecció d’Autògrafs Borràs de la Biblioteca de Catalunya en el que se especificaron todos los aspectos que mantuvieron ambas partes para la confección de la que acabó siendo Ecos

El contrato escrito en diciembre de 1867, se firmó entre Francesc Simón y José Zorrilla en presen- cia de unos testimonios que dieron fe de los hechos y que también firmaron en el documento. La celebración se rindió con la mayor solemnidad que pudo conocerse, dotando al acto de la más rigurosa seriedad. El contrato entre ambas partes se refería básicamente a la “traducción, arreglo o paráfrasis de cuatro poemas de Tennyson originales ingleses a traducción castellana que le faci- litará a los señores Simón y Compañía”, sus condiciones de trabajo y de entrega, el volumen de la obra escrita y el precio acordado por su realización. Dice así:

“Los señores Simón y Compañía editores de Barcelona y el Señor Don José Zorilla, autor tienen tratado y convenido la traducción, arreglo o paráfrasis de cuatro poemas de Tennyson y llevados por el deseo de que su acuerdo tenga toda la fuerza legal necesaria a fin de asegurar sus intereses respectivos han determinado la formación de un contrato que les obliga a su fiel cumplimiento; y poniéndolo en ejercicio lo hacen y ordenan bajo las bases y condiciones siguientes:

Primera. El señor Zorilla traducirá, arreglará o parafraseará cuatro poemas de Tennyson cuyos originales ingleses o sus traducciones castellanas le facilitaran los señores Simón y Compañía.

Segunda. El señor Zorilla queda autorizado para aceptar la colaboración de los señores Don José Maria Díaz y Don Antonio Ferrer del Rio para que le ayuden en este trabajo.

Tercera. Los señores Simón y Compañía entregaran al señor Zorilla o a sus apoderados en Madrid, los señores Hostiz, las traducciones de los tres primeros poemas en todo el mes de mayo/marzo próximo de mil ochocientos sesenta y ocho.

Cuarta. El señor Zorilla se obliga a entregar el primer poema en la primera quincena del mes de febrero del citado año sesenta y ocho. El segundo en la primera quincena del siguiente mes de marzo y el tercero en la primera quincena del siguiente mes de Abril.

Quinta. Cada uno de estos poemas deberá contar cuando menos de mil quinientas a mil seiscientas líneas.

Sexta. Si los señores Diaz y Ferrer del Rio no pudiesen por cualquier circunstancia eventual concluir la parte de trabajo de que se encarguen el señor Zorrilla queda obligado a concluirla y a entregarla bajo su firma.

Séptima. Los señores Simón y Compañía pagaran al señor Zorrilla o a sus apoderados, seño- res Hostiz, cuatrocientos escudos por el original de cada una de las paráfrasis de los indicados poemas al entregarlos el señor Zorrilla en los plazos marcados a cada uno.

Bajo cuyas bases los señores Simón y Compañía y el señor Don José Zorrilla se comprometen y obligan en la más solemne forma a guardar y cumplir bien y fielmente este contrato con observación de todos y cada una de las condiciones insertas, tratadas y convenidas, sin que en ningún tiempos ni por concepto alguno puedan ni deban rechazar el compromiso que mutuamente adquieren en este acto a presencia de los testigos Don Manuel Martínez Judo y

Don Dionisio Garcia, vecinos de esta corte y para que conste firmamos el presente a Madrid a catorce de Diciembre de mil ochocientos sesenta y siete”. Firman con rúbrica: Simón y compa. José Zorilla. Manuel Martínez. Dionisio Garcia. En Madrid, 14 diciembre 1867 (BC, Fons

Borràs, caja Z5).

De este documento y de las cartas que se conservan de Zorrilla dirigidas a su amigo Puig i Llagos- tera, se concluye que el autor no debió iniciar su obra hasta enero de 1868. Que según se refleja en el contrato, en un principio, la obra pretendida por Montaner y Simón hubiera debido ser una traducción aproximada o paráfrasis de los versos del conocido y exitoso poeta inglés Alfred Ten- nyson pero, como veremos al analizar la propia obra y a partir del testimonio documentado de su biógrafo, Alonso-Cortés (1943: 720), el escritor vallisoletano decidió escribir “algo muy diferente a lo que se le había propuesto”; que el autor no dispondría de demasiado tiempo para realizar su trabajo pero, que para cumplir con los plazos de entrega impuestos por la editorial y que supues- tamente ésta iría publicando por entregas, el escritor podría disponer de unos colaboradores a su servicio. Nótese además, que en este contrato no existe mención alguna a que las ilustraciones de Gustave Doré pudieran condicionar al autor, objeción que sorprende si consideramos el valor que se les dio en la obra finalizada y teniendo en cuenta el esfuerzo que supuso para los editores catalanes obtener tan preciados grabados para lo cual habían realizado un largo y costoso despla- zamiento hasta Londres -en unos momentos en que el transporte no debía ser muy confortable- y por los que debieron pagar una considerable cuantía. Otra observación que se desprende de la redacción, aún siendo anecdótica, es que en los inicios de la sociedad, la editorial se llamó Simón y Cía.

De todo lo anteriormente se colige que el inicio real debió ser en 1867 y que la primera obra, la anteriormente citada, Ecos de las Montañas escrita por José Zorrilla e ilustrada con grabados al acero de Gustave Doré, se publicó en 1868.