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3. La editorial Montaner y Simón (1868-1981)

3.1. Presentación

“La Casa editora Montaner y Simón, que existe desde 1868, desde su fundación se ha consa- grado a las grandes obras artísticas, científicas y enciclopédicas, ha querido poner siempre un sello de distinción y de nobleza a los volúmenes salidos de sus talleres.

Como escribiera un distinguido publicista barcelonés, -no mencionan su nombre- los funda- dores de esta Casa (…) marcan en Barcelona de una manera personal e inconfundible, una época literaria, artística, social y tipográfica en el sentido técnico de este último vocablo; abrieron ancho y profundo surco en el campo de la cultura. Los continuadores se han im- puesto el deber de marchar adelante por el mismo camino, siguiendo el ritmo de los tiempos, con un deseo constante de mejora y superación.

La historia, bellas artes, bellas letras, geografía, lingüística y ciencias aplicadas, fueron objeto de especial cultivo de esta Casa con sólo el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, ha muchos años agotado. La Ilustración Artística que durante muchos años salió también de nuestros talleres.

(…), las primeras autoridades científicas y literarias de España y Hispano América: la His- toria Natural de Vilanova y Piera, la del Dr. A.E.Brehm, Klaus, Toppinard y Odón de Buen; Geografia Universal de Malte-Brun, Atlas Geográfico Universal de Otto Neussel, las Razas Humanas de Ratzel y la Civilización de los Arabes de G.Le Bon, etc.

América (precolombina) de F.Pi y Margall, la Historia General de Francia de Lavisse, la His- toria de la Revolución Francesa y El Consulado y el Imperio de A.Thiers, la Historia del Traje de Hotenroth y una Historia General del Arte, por Doménech y Montaner, Puig y Cadafalch, Miquel y Badía, Cajal y Pueyo, etc.

Precisa citar el grupo de obras célebres ilustradas magníficamente por Gustave Doré, La Sa- grada Biblia, La Divina Comedia, El Paraiso Perdido y Orlando Furioso.

Reñidos con el mal gusto, alejados del espíritu de sórdidas ganancias, los volúmenes de esta Casa ejercieron una verdadera educación artística del público (…) lectores asiduos y entusias- tas de sus libros.

No es extraño, pues, que obtuviera señalados éxitos en las Exposiciones nacionales y extran- jeras en que tomara parte: Barcelona 1872, 1888, 1892, 1989, Madrid 1884-85, de Matanzas 1881, de Chicago 1892-93, etc. En la Universal de Barcelona de 1888 su triunfo fue completo. En la de París 1900 obtuvo Medalla de Oro, Leipzig 1914 diploma de Honor. Ha sido miem- bro del Jurado en la Exposición Internacional de Barcelona 1929-30 y últimamente ha obteni- do el Gran Premio en la Exposición Internacional de Lieja 1930.

De la actividad de esta Casa dará prueba el presente catálogo a pesar de su obligado laconis- mo. Figuran en primer término las que son fundamentales para la ciencia y la historia, obras de varia y amena cultura y otras de carácter técnico. Obras indispensables tanto para hom- bres de profesiones liberales como para toda persona que se precie culta.

Prólogo del catálogo de 1936 17

Este texto que figura en el prólogo del catálogo de las obras publicadas por la editorial en 1936 re- sume en poco más de una página lo que representó una de las editoriales más grandes del Estado español, fundada en la década de 1860 y que manifestó una vital actividad durante buena parte del siglo XX. Una editorial en la que sus fundadores, más allá de un sentido lucrativo del negocio, fueron conscientes y orgullosos responsables de su aportación como promotores del conocimien- to y el pensamiento y supieron disfrutar y encomendar a la sociedad el placer por la lectura. Un sello que entendió que el lujo se podía extender a las bibliotecas porque los nuevos burgueses tenían sed de novedades y de productos muy cuidados, aparte de que tuvieran un contenido interesante. Un hito en toda España, a la altura de muy pocas casas europeas, que hoy es objeto de búsqueda y coleccionismo por su excelencia.

La editorial Montaner y Simón se fundó en Barcelona en 1868 por Ramon Montaner Vila y Fran- cesc Simón Font. En sus inicios, emulando a otras que estaban haciendo lo mismo en el resto de Europa, apostaron esencialmente por la publicación de obras clásicas de la literatura universal en formato monumental e ilustradas por Gustave Doré o por Josep Lluís Pellicer, entre otros. Todas obras magníficas, muy cuidadas, que fueron alternando con publicaciones científicas e historio- gráficas, también ilustradas. En otro orden también editaron literatura más comercial y asequible, dirigida a un público más popular. Siempre eran obras en castellano, en las que aplicaron el mayor mimo a la edición, a la selección de autores literarios y sus textos, a la ilustración, al diseño de las colecciones, al formato de los libros, a la impresión, a la encuadernación, a las estrategias de difu- sión, a las ventas y a las tiradas. Para ello se rodearon de los colaboradores más distinguidos del

Ramon Montaner Vila (1832-1921) © Revista Gráfica, 1921 **

Francesc Simón Font (1843-1923) © Revista Gráfica, 1923 *

* Revista Gráfica. Sección “nuestros difuntos”, año XXIII, núm. IV a VI, abril, mayo, junio 1923, pp.24-26 ** Revista Gráfica, Sección “nuestros difuntos”, año XXI, núm. IV, V, VI, abril, mayo, junio 1921, p.31

momento, especialmente en la primera etapa de la empresa, durante el final del siglo XIX y hasta la segunda década del siglo XX, cuando los dos socios fundadores fallecieron. En ese momento, empezó una segunda etapa en la que la editorial fue retomada por los herederos de ambas fami- lias, quienes la dirigieron y administraron convirtiéndola en sociedad anónima hasta que en 1952, el editor latinoamericano José María González Porto se convirtiera, comprándola, en su mayor accionista, apoderándose de la empresa. Finalmente, en 1981, debido a las dificultades económi- cas y a una mala gestión empresarial, la editorial cerraba definitivamente sus puertas en la sede de la calle Aragón.

Vamos a intentar reflejar la época de mayor esplendor y actividad empresarial de la editorial que fueron sus primeros cincuenta años, un tiempo que coincide con el cenit también de otros mu- chos aspectos de la sociedad catalana de entre siglos.

Como otras muchas editoriales catalanas de finales del siglo XIX, entre las que destacaron Espasa, Narcís Ramírez, Tasso, Henrich y Cía o Salvat, Montaner y Simón adquiría notables dimensiones en el sector empresarial. Todas eran editoriales-imprentas que poco a poco conseguirían ampliar sus negocios hasta llegar a configurarse como los grandes imperios de la edición castellana y eu- ropea. Pero, entre todas ellas, la editorial Montaner y Simón destacó de un modo especial por el hecho de que los mismos escritores la ensalzaban en su momento. Así lo anunciaba un autor en la

Revista Gràfica con un comentario muy significativo:

“El movimiento de la casa se traduce, al año, por los siguientes datos: gasta en papel tres- cientas mil pesetas; en franqueo y correo para la Península, cincuenta mil, sin contar los transportes por los ferrocarriles. El peso de los fletes á Ultramar no baja de ciento veinte mil kilogramos; el movimiento total de fondos oscila entre quince y diez y seis millones. (...) En resumen: es la casa de los Señores Montaner y Simón una de las que al honrar las Artes de la imprenta, honra singularmente á Barcelona y á España entera” (Revista Gràfica, 1900: 64).

O en este otro testimonio en el que quedaba patente el mérito y el reconocimiento de la editorial en el ámbito cultural:

“Sabemos también que en Barcelona se ha desarrollado poderosamente el arte tipográfico y las producciones que han sustituido al grabado, convirtiendo nuestra ciudad en un emporio editorial, el primero de la nación. El arte antiguo ha sido la semilla de la cual ha brotado el actual esplendor, sostenido por Montaner y Simón, Henrich y Compañía, Espasa Hermanos, Miralles y otros” (Andreu, 1894, 2).

Para entender las dimensiones a las que llegó la editorial en este primer período nos sirven los datos que aporta Jean-François Botrel (1993: 241) después de un primoroso vaciado de los archi- vos del Registro Mercantil de Barcelona. El autor asegura que en 1881 la editorial había consegui- do un capital de 753.346,91 pesetas y, treinta y seis años más tarde, en 1919, el balance registrado había alcanzado las 1.333.146,-pesetas. Si atenemos a los datos que constan en el primer Libro contable de la editorial en cuyas primeras anotaciones se especifica que su inicio empresarial tuvo lugar con un capital de 137.778,- reales vellón (unas 34.444,-pesetas al uso), en trece años de exis- tencia la editorial había multiplicado sus ganancias de forma más que extraordinaria.

Observa el mismo Botrel que en 1884, la editorial Montaner y Simón contrajo sociedad en co- mandita con Henrich y Cia. y se prorrogó con un capital de dos millones de pesetas invertidos por catorce tenedores a razón de 2.573 participaciones de 500,-pesetas. Dice Botrel que la edi- torial en esos momentos contaba con más de 800 obreros y trabajadores y era sin duda la edito- rial-imprenta más importante de España (1993, 241). Unos hechos de gran envergadura comer- cial y económica.

Montaner y Simón no tuvo nada que ver con la Renaixença catalana, el movimiento literario consolidado en Cataluña, movimiento identificado con la cultura catalana, el uso del idioma y el incremento de la producción literaria en catalán. En realidad, grandes autores como Marià Aguiló, Jacint Verdaguer, Àngel Guimerà, Manuel Milà i Fontanals, Victor Balaguer o el célebre Joaquim Rubió i Ors, autor de algunos de los textos más lúcidos del período, no publicaron nada en Mon- taner y Simón, una editorial que tendía más hacia Madrid donde se encontraban la mayoría de intelectuales y fundamentalmente porque la Corte se encontraba en esa ciudad. Sin duda, la edi- torial catalana tuvo su mirada más puesta en lo que se cocinaba en el resto de Europa y a través de sus relaciones con editoriales y agentes parisinos, extendía en nuestro país y en los países de lengua hispana las novedades británicas, alemanas y de los mismos franceses.