CAPÍTULO V. CARACTERÍSTICAS DEL JUEGO, SUS FUNDAMENTOS, SU APLICABILIDAD Y SUS BENEFICIOS COMO ESTRATEGIA DE APRENDIZAJE EN
5.1 El juego y las dimensiones del desarrollo infantil
El juego hasta principios del siglo XX era visto como una actividad carente de seriedad y sin sentido alguno. Concepción profundizada con la llegada de la industrialización y el capitalismo, momento histórico en el cual se redujo el tiempo disponible para el juego. Desde el punto de vista pedagógico durante los años ’60 se impulsa el juego como una estrategia pedagógica central. Sin embargo, en ese contexto no se tuvo en cuenta la potencialidad del juego, y ahora es imperante la adquisición de características como voluntariedad, facilidad de expresión y creatividad, en las personas con el fin de desarrollarse dentro de la sociedad y le permita adaptarse al constante cambio.
Sin embargo, Sarlé (2004) define que: “el juego es la actividad privilegiada de los niños”
(p. 9), es una función que se desarrolla durante el día de manera innata, sin que el niño sea consciente de ello y mucho menos el adulto. Para los niños cada instante es una oportunidad de explorar, de conocer, y por ello, de desarrollar su imaginación y aprendizaje del entorno, logrando un juego nuevo por una canción, una palabra, un sitio. En efecto;, el juego se da en los niños involuntariamente desde la etapa de gestación en la que el niño juega con el líquido que lo rodea con sus manos y pies, incluso con el cordón umbilical. Después de su nacimiento y durante su crecimiento los juegos se modifican en función de la edad, permitiendo la exploración de lo que lo rodea y la multiplicación de las experiencias adquiridas. La UNESCO (1980) afirma que
“el juego es vital, condiciona un desarrollo armonioso del cuerpo, de la inteligencia y de la afectividad” (p. 5). Como se ha señalado, la revalorización de la potencialidad del juego en el
aprendizaje infantil ha sido una constante durante todo el Siglo XX y ha ido adquiriendo distintas significaciones como estrategia pedagógica. Una de ellas sostiene que debido a que en la etapa infantil el sujeto es más permeable a cualquier aprendizaje, ya sea ético, moral o social, el juego como dispositivo de enseñanza aprendizaje aporta mayores posibilidades aún. En este sentido, la investigadora argentina Patricia Sarlé (2004), sostiene que el juego permite a familiares y docentes guiar al niño en el aprendizaje de su cultura, de la ética, del conocimiento y el desarrollo corporal, todo ello con mayor facilidad pues éste faculta aprendizajes propios del nivel preescolar, los cuales, para la autora, son conocer e interpretar la realidad e insertarse en un ámbito de expresión y de relación con los otros (p. 126).
Según Ramírez & Roblizo (2007) las contribuciones del juego según los factores aplicados al desarrollo infantil, son “la formación de la identidad y la socialización” (p. 296). De ahí que
los niños están en un constante desarrollo integral de manera que al afectar una de sus dimensiones de desarrollo es imposible no variar las demás, un ejemplo de ello se da en la dimensión comunicativa con la socio-afectiva, al lograr comunicar a otros sus sentimientos y gustos, la otra persona, sea un adulto o un niño, al contestar a esas palabras se genera una percepción del otro, y si le agrada o no comunicarse con esa persona.
El juego dramático le permite a los niños crear una micro-sociedad en donde toman los roles que cotidianamente los rodean y les permite interiorizar las reglas y valores de la sociedad, desarrollando su dimensión ética, adicional durante las edades iniciales el juego le ayuda a
ejercitar destrezas tanto psicológicas como psicomotrices y más adelante al variar los juegos contribuye en gran medida a su socialización.
Al usar el juego en el desarrollo de las diferentes dimensiones del niño como un ser integral, permite humanizarlo y potencializar en él su desenvolvimiento en la sociedad como un ser digno, autónomo, libre y pleno el cual podrá, a medida que adquiera conocimientos, lograr interactuar con su entorno y crear una esperanza de cambio en la sociedad. El uso de juegos con reglas donde existe un ganador o un perdedor, (Papalia, Wendkos, & Duskin, 2010), le permite al niño la posibilidad de manejar en su nivel los sentimientos de frustración que a largo plazo le posibilitará el controlar sus emociones, sin hacer daño a los demás, le faculta el crear nuevos planes para lograr sus objetivos sin culpar a nadie por sus pérdidas, desarrolla en el niño también la persistencia para lograr lo que quiere.
El juego, según los psicólogos, “tiene un efecto catártico vale decir de descarga, de liberación de sus tensiones, de sus sentimientos de cólera y de agresión” (MINEDU, 2005, p.
63), por lo que los niños empezaran a medir sus energías, pueden tener relaciones más pacificas en sus hogares pues la mayoría de su energía ha sido liberada y canalizada hacia el aprendizaje y permite que su entorno familiar sea más tranquilo y afectivamente productivo. Le posibilita además, aprender a manejar sus sentimientos negativos y entender que no está solo y puede pensar diferente a los demás y eso no es causal de una discusión, por el contrario puede recurrir a los acuerdos y diálogos. Sin embargo, Sarlé (2004) enuncia que al ver el juego solamente como un espacio para descargar la energía de los niños, se le está restando importancia, ya que uno de sus supuestos básicos del juego es que “ofrece un marco o escenario psicológico dentro del cual el niño se siente seguro para actuar, creativo para expresar sus ideas y dispuesto a cambiarlas
si el contexto interactivo le ofrece alternativas mejores” (p. 51). De allí la importancia del juego
en el proceso de socialización ya que facilita el desarrollo del niño de una manera íntegra, dando como resultado una persona fuerte en autoestima, autoconocimiento y personalidad, y allana el camino a futuras estrategias pedagógicas, necesarias en otras instancias de su formación escolar.
Para finalizar, nos parece importante señalar cuales son las dimensiones del desarrollo del niño que, desde la perspectiva de Pérez (2010), son estimuladas por el juego. Para dicho autor una de las dimensiones que se desarrollan son la motricidad, pues al jugar los niños corren, saltan, suben y bajan escaleras, hacen deporte lo cual favorece la motricidad tanto gruesa como fina; se da un desarrollo físico, debido a sus movimientos y a las actividades impartidas logrando también infundir hábitos de aseo, autonomía tanto para comer como para vestirse y un mayor control de sus cuerpos. También menciona el desarrollo cognitivo, ya que el niño al observar y explorar desarrolla la imaginación, la reflexión que le permite pensar antes de actuar y favorece el aprender a aprender. Sostiene que el desarrollo afectivo, afirma en el niño su personalidad, expresando sus necesidades y formando un Autoconcepto más claro que favorece la empatía y relación con los demás. El desarrollo psicológico, hace referencia al juego donde los niños se relacionan con otros y representan situaciones reales, aspectos que los fortalecen y ayudan al aprendizaje de la adaptación según los cambios sin verse afectados por ello. Por último, menciona el desarrollo sociológico y lingüístico, donde durante el juego se fomenta la relación entre los niños y de los niños con los adultos, lo que posibilita tener gran libertad para adoptar relaciones sociales dentro de una cultura y evidentemente debido a la interacción, el niño se ve obligado a expresarse y dar a conocer sus emociones lo que ayuda a desarrollar una capacidad lingüística más grande.