CAPÍTULO I. REFLEXIÓN CRÍTICA TEÓRICA SOBRE LAS PRINCIPALES CATEGORÍAS
6. El metal y el gótico: la experiencia personal
Fig. 7. Como reconocer a un metalero. Iglesia Nueva Era. Fuente: http://iglesianuevaera.blogspot.com.co/2015/05/pedi- do-de-ayuda-mi-hijo-es-un-metalero.html
4. Magister en comunicación de la Universidad del Norte y doctorante en Ciencias Sociales de la misma institución.
5. Estudiante de especialización en Gerencia de la Comunicación Organizacional, coterminal con el programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe.
ral, es la siguiente: En Santa Marta los llaman metálicos, un término incorrecto para referir- se a los metaleros y que es utilizado frecuen- temente por aquellos que desconocen el tema, son ajenos a la cultura o la rechazan. (Navarro y Ramírez, 2014, pp. 49-66)
Pero las cosas para los que conocen el tema son distintas. Se denomina metalero a todas aquellas personas que escuchan la música de- nominada metal o heavy metal, en todas sus tendencias, como son Thrash Metal, Death Metal, Speed Metal, Black Metal, Grind Core, Power Metal, entre otros. (Gallegos, 2004, pp. 24-32) y Rockología, documentos de los 80 (Berti, 1994), en el que se vislumbra lo relacio- nado con el Rock en Argentina. Lastimosamen- te la construcción y definición de lo que es un metalero en Colombia ha sido voz a voz, y se caracteriza por referirse de forma peyorativa a esta cultura y a su forma de vida. Frases del co- mún, tales como: las personas que se visten de negro y escuchan música metálica practican ri- tuales satánicos y hacen uso de estupefacientes y licor barato para pervertir a la sociedad; son frases que construyen prejuicios sin tener en cuenta el origen de la música metal. “El metal surge como un movimiento cultural e ideológico, que propone radicalmente un inconformismo frente a las reglas socialmente impuestas.” (Sierra, 1987, p. 10) Para continuar con la definición encontramos que:
En lo que atañe al Rock-Metal se le reco- noce a este, como una propuesta musical creada «en la década de los setenta en Inglaterra, marcada especialmente por el descontento juvenil debido al estilo de vida hegemónico que algunos jóvenes consideraban ‘equivocado, depredador y suicida’, y las guerras que señalaban un declive en algunas reglas de convivencia entre naciones.» (Amaya y Marín, 2000) En el artículo, Representaciones sociales hacia
la cultura del metal de un grupo de “metaleros” de Bogotá (Maldonado, et al., 2009), la cultura del metal a través de su música y su influencia en el contexto social de los jóvenes, dio respuesta a todas estas inconformidades y contradiccio- nes de la sociedad.
De allí que existan ciertos códigos utilizados por los metaleros, como el color de la ropa, la manera de llevar el cabello, entre otros aspec- tos, que iré explicando grosso modo. Puedo de- cir que hay unos comunes denominadores en el metal que cada individuo va acoplando a su estilo particular de vida y a su pensamiento, sobre este punto cito a Karina Gallegos (2004), quien menciona que:
Los metaleros, al igual que el resto de tri- bus urbanas, convierten el sistema vesti- mentario en un fuerte emblema de iden- tidad. Es por medio de la revalorización corporal como expresan su desacuerdo y su rechazo social. Está presente una con- ciencia del cuerpo que busca expresar sus sentimientos, ideas y discurso por medio del uso de colores y adornos, y un control voluntario del individuo de su cuerpo y de lo que busca representar para dar a en- tender una posición sobre la vida, como una forma de afirmación del yo y de afir- mación de la identidad dentro del grupo. (Gallegos, 2004)
La construcción estética del metal está direc- tamente relacionada con la protesta a lo que socialmente es reconocido como “buena ima- gen”. Para los metaleros resulta imprescindible la imagen que proyectan dentro y fuera de su grupo de pertenencia. Acá quiero hacer énfa- sis que es una generalidad más no un estereo- tipo, sobre lo que es ser un metalero ya que la música y el vestir se relacionan directamente. Jeans, pantalones en cuero, chamarras, cade- nas, botas, cabello largo, adornos como anillos
y collares, camisetas de las bandas que le gus- tan a la persona en cuestión; son unas de estas cosas que generan inquietud y desconfianza en la población general, y el código utiliza- do dentro del metal, el color negro: todo esto constituye una manifestación intencional, pues la utilización de estos elementos y color, se convierte en símbolo, y está pensada como una protesta contra los modelos de triunfo, de lo “normal” y lo aceptado. El uso del negro como “emblema de batalla” se debe a las inter- pretaciones que genera este color: al negro se lo asocia con la maldad, la muerte y lo tétrico. Pero también está asociado al placer y al miste- rio, ambos significados relacionados a su vez con la oscuridad de la noche. Según uno de los miembros de esta corriente, referenciado, Ga- llegos (2004), dice:
El negro tiene todo que ver con lo que siento, es absurdo si es que alguien no ha sentido miedo, o placer en la oscuridad o ese tipo de cosas, me encanta el color ne- gro, todo lo que tenga que ver con el mis- terio, con el miedo.
Vestir el color negro es una forma de protes- tar contra la sociedad, que se asusta de las di- ferencias. En mi experiencia personal el color negro significa la muerte de la idea del bien y el mal judeocristiana, es la separación de los parámetros religiosos que me enseñaban a ser una mujer virgen y sumisa, que no podía acercarse al conocimiento, porque debía estar en el hogar sirviendo al hombre. El color ne- gro simboliza la muerte de ideas establecidas por occidente de lo que socialmente debe ser aceptado. En mi caso, las ideas establecidas con respecto a Dios; para mí Dios (como ser que le da relevancia a ciertas formas de pen- samiento y a una sociedad corrupta) murió, y nació mi propia construcción como ser que se renueva a sí mismo; que tiene la capacidad de pensar y reinventarse, es la suma y la forma de adoptar una postura radical frente a lo que no
compartía, con lo que no estaba de acuerdo. El negro se convirtió para mí en revolución, era el abrir mi pensamiento a lo “oculto” a lo que no querían que viera, a lo que no estaba escrito en la Biblia, al descubrimiento de otras culturas, de otros Dioses, de otras mitologías y de otros saberes.
Cuando al fin ingresé a la universidad en el año 2006, mi mayor anhelo era el ser reconoci- da como ser pensante y como miembro partici- pante de la cultura urbana relaciona con el me- tal y el gótico. Encontré una gran dificultad, ya que la ropa de ese estilo era difícil de conseguir y además costosa. Adicional a ello mi madre se escandalizaba con una facilidad increíble y me gritaba por ello.
En las creencias de mi madre el color negro es- taba relacionado con lo satánico y con la muer- te, con el odio a la vida y con todo lo que no es aprobado por Dios. Ahora bien por las lecturas que había adelantado comprendía que esto no era cierto, infortunadamente el “satanizar” era una práctica constante utilizada en la iglesia para condenar todo aquello que no estaba bajo sus formas.
En mi proceso de conocimiento de la cultura urbana, una de las primeras bandas que escu- ché y con la cual fui interesándome por otras mitologías fue Therion 6.. En su discografía la
mitología griega, atlante, hindú han sido pro- tagonistas. Sin embargo, el álbum Lemuria se refiere a este continente, y según las letras de las canciones se vincula con el altiplano boli- viano y la tierra de El Dorado.
Trabajos discográficos como este, me desper- taron mucho interés por teorías distintas y co- nocimientos otros, que no fueron enseñados
6. Therion es una agrupación sueca de metal sin- fónico creada por su principal compositor Chris- tofer Johnsson en 1987.
en el colegio ni en la universidad. Por esa épo- ca, entró con mucha fuerza a formar parte de mis cuestionamientos personales, una banda noruega de black metal, llamada Ancient con su álbum The Cainian Chronicle, por este trabajo, me interesé en otras visiones particulares de la vida y sobre todo en la concepción femenina de Lilith, interpretación que aparece en Los ma- nuscritos hebreos de Ben Sirá, (midrash, siglo X). Basándose en dicho texto, el mitólogo Robert Graves (2001), relata que la primera mujer de Adán no fue Eva sino Lilith. “Dios creó a Lilith, la primera mujer, como había creado a Adán, salvo que utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro.” (Graves, 2001). Sin em- bargo, tomando otra fuente, el Yalqut Reubeni (1660), Graves nos aporta otro relato, en el que la información choca con la anterior:
Adán y Lilith nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada que él exigía era ofensiva para ella. ¿Por qué he de recostar- me debajo de ti? – Preguntaba – Yo tam- bién fui hecha de polvo y, por consiguien- te, soy tu igual. Como Adán permanece intransigente, Lilith invoca el nombre de Dios, quien le da alas.
Cansada de que Dios no atendiera sus rei- vindicaciones, decidió abandonar el Pa- raíso, antes que someterse y renunciar a
sí misma. Invocó el Nombre de Dios, in- nombrable en toda la tradición judía, por considerar que el Nombre verdadero de cualquier ser contiene las características de lo nombrado, y por lo tanto es posible conocer su esencia y adquirir poder sobre ello. (Graves, 2001)
Con esto fui acercándome más a lo que desea- ba proyectar como esa mujer (naturalmente contraría a lo relacionado con Eva o la virgen María), la averiguación por Lilith y otras repre- sentaciones y deidades femeninas fueron de mi interés, ya que la proyección que deseaba brindar era la de una persona que tenía domi- nio de sí, que quería averiguar sobre lo ocul- to, lo que se nos había negado y precisamente quería que se evidenciara ese desacuerdo con lo establecido; así deseaba ser vista.
Como una mujer guerrera e irreverente, esa fue mi búsqueda inicial. Lo primero que hice fue la adquisición de unas punteras y vi que la única forma de conseguirlas era en la cua- dra de los almacenes de elementos militar, en el centro de Bogotá. Ahorré lo suficiente y las compré, me sentí poderosa, es más me sen- tí admirada y a la vez repudiada por los otros y por mi familia. Se me veía como una chica ruda, “machorra” y sin clase según el concep- to de muchos. Pero fue con esas botas que ad- quirí seguridad, poder y postura frente a la no aceptación de lo promulgado en mi enseñanza como mujer católica.
Mi madre se avergonzaba cada vez que se ma- nifestaba una observación de alguna de sus amigas, que cuestionaban los valores familia- res. A mí me sorprendía como se cuestionaba la educación y los valores de una persona por su forma de vestir.
No era mi intención y (nunca lo ha sido) com- portarme de forma irrespetuosa con mis pa- dres, robar o matar alguna persona, mucho menos hurtar algún cadáver, asesinar a un ani-
*Fig 8. Fotografía con el vocalista de Ancient. Archivo de Dimarc Ayala. 2017
mal entre otras cosas imaginadas por algunas personas. La propuesta metalera, tanto en las características de la música como en los conte- nidos, es sumamente crítica hacia el sistema, hacia la autoridad, la corrupción en la religión y la política, la masificación, la pérdida de au- tenticidad, y la excesiva racionalidad. Utiliza la agresividad de la sociedad como ironía, como una sátira para manifestarse. Las expresiones culturales de violencia evidencian la presencia de una ideología de contra-cultura, que se afe- rra al uso de símbolos extremos, buscando un reconocimiento más efectivo por parte de la sociedad, provocándola. (Gallegos, 2004) Ahora bien, la primera vez que porté una cruz al revés fue el fin; que asombro el de las perso- nas, asocian la cruz al revés con el satanismo, cosas muy distintas una de la otra. De hecho, la cruz al revés fue utilizada por primera vez en la crucifixión de San Pedro, en señal de respeto a Jesucristo, ya que Pedro no creía ser digno de morir de la misma manera.
Al igual que el resto de los accesorios, como calaveras y taches son más bien muestra del desacuerdo con la sociedad. Los accesorios metálicos contribuyen a resaltar la personali- dad del metalero que las viste, y a acentuar la impresión que el otro se llevará. Según Simmel (1977), los adornos llevan fundidos elementos corporales y espirituales, ya que se considera que una persona es más cuando se halla ador- nada. (Simmel, 1977, p. 387)
Aunque en mi vida diaria, a pesar de estar en un trabajo en el que no tengo prohibiciones es- téticas de ninguna índole prefiero dejar estos accesorios para eventos especiales y conciertos ya que no deseo incomodar a los compañeros de trabajo, ni incomodarme con las miradas constantes de los otros.
Todo esto se va configurando como un modo de vida y no como algo pasajero, a pesar de que
estos vínculos identitarios surgen en la ado- lescencia, como un ancla dentro de una etapa compleja, se mantienen para que en cada me- talero adulto permanezca el eterno adolescen- te, fanático y rebelde contra el sistema estable- cido. (Gallegos, 2004). Particularmente, tengo ropa que me es imposible botar, ya que lleva la huella de tantos conciertos, de tantas expe- riencias que no constituyen una tendencia de moda sino un estilo de vida, que me recuerda que estoy viva, que lucho por un cambio fren- te al sistema en el cuál nací y que me enseñó una sola versión del conocimiento. Como ya referí con anterioridad, el metal tiene distin- tos subgéneros y a pesar de tener simpatía con muchos a nivel estético me he acercado más al gótico.
Una definición bastante completa es la que da Sánchez-Verdejo:
Hacia 1740, comenzó a desarrollarse un marcado cambio en la sensibilidad, la cual había comenzado a encontrar la ex- presión literaria en composiciones como “Ode to fear” de Collins y en “The Castle os Otranto”, escrito por Warpole. La estética sublime del siglo XVIII ayudó a estimular el movimiento de lo gótico. Progresiva- mente, el adjetivo gótico se irá asociando con lo que esas historias ofrecían de lo macabro y sensacionalista: la referencia temporal subraya épocas pasadas, y la ar- quitectónica, los aspectos más oscuros de las construcciones medievales (criptas, pasadizos secretos, ruinas, castillos ame- nazadores). (Sánchez-Verdejo, 2004)
Si hay un elemento que caracteriza lo gótico es lo macabro, es el dolor y la tristeza como fuen- tes de inspiración para extraer pensamientos sublimes. Ese vínculo es el que nos acerca a la reflexión de la muerte y de cómo nosotros lle- vamos de la mano a la muerte por el hecho de vivir. Todo se involucra con el pensamiento de
lo siniestro y del gusto por lo cadavérico. En el caso de la música, dentro del metal extremo, distinguiremos particularmente un cierto estilo, o más una escisión de él, que ha acertado a tomar lo más granado de ese submundo musical, oscuro, igual- mente escindido del punk y la new wave, que conocemos como “gótico” o “sinies- tro”. (Rubio, 2013, p. 185)
Por eso los referentes artísticos y musicales son de esa índole, la oscuridad predomina y es la reina de este género. Esta música invita a la reflexión, a la soledad y al recogimiento con el ánimo de cuestionar la vida y su entorno. Preguntas sobre el ser, sobre el por qué un ser humano ocupa su lugar en el mundo son abor- dadas por las líricas de este género, muchas de la cuales se producen bajo la influencia de la literatura del siglo XVIII. Un ejemplo, Horacio Walpole 7 quien escribió la novela El castillo de
Otranto, y de quien se referencia que:
A fines del siglo XVIII, fue una época de investigación interesada en la naturaleza de la mente humana y de un interés en el ser interior y revelar la psique. Walpo- le fue capaz de presentar el concepto de su época, del odio humano, de la violen- cia, de la crueldad, del incesto y parte de la psicología del hombre. El único tipo de romance se lo permitió, para profundizar en su propio subconsciente, el otro le ayu- dó a relacionarse con la condición huma- na en general. Los personajes no son muy convincentes, por supuesto, pero son re- conocibles las figuras del siglo XVIII que incorporan la corriente y las ideas sobre la mente humana. (MacAndrew, 1979, pp. 18-19)
Esta corriente no se quedó únicamente en el siglo XVII, son inquietudes latentes para mu- chos jóvenes en cualquier latitud, y la música invita al cuestionamiento. Las líricas del me- tal movilizan los sentimientos y pensamientos del sujeto juvenil a la manera de una acción con sentido, pues le brindan la posibilidad de reflexionar y criticar asuntos existenciales del ser humano; dan poder y valor para encarar re- tos y situaciones que sin el metal no tendrían salida. Además, ofrecen razones para que la inconformidad, el dolor y la angustia fortalez- can la identificación existencial con este géne- ro musical. En torno al rock metal se consti- tuye una comunidad emocional en el sentido dado por Maffesoli (1990).
Las líricas de este tipo de música se van enla- zando también con la experiencia del otro, es una experiencia mutua que se identifica con la de otros y que llama a un diálogo. Pero no solo eso, hay un personaje recurrente en el gótico y que es conocido gracias al cine y a la novela Drácula, de Bram Stoker. Lo traigo a colación por el personaje femenino que ha cogido bas- tante fuerza y que con el pasar del tiempo se ha vuelto más complejo. Con respecto al arte hay una cierta nostalgia por indagar el arte anti- guo; en mi caso personal experimenté esa nos- talgia con las calaveras y de forma permanente han aparecido en distintos trabajos artísticos, y tiene que ver con que siempre tuve una fuer- te tendencia a rechazar el materialismo social y familiar y allí se ve reflejado.
Mi madre siempre ha asociado el fracaso con el hecho de la no adquisición de bienes mate- riales, de hecho, a pesar de tener una forma- ción académica considerable, para ella sigo estando en un nivel de fracaso. En sus propias palabras: : “podré haber estudiado mucho pero al no tener como auto-sostenerme o pagar definitiva- mente las deudas que me ha generado el alto costo estudiantil, no soy más que una fracasada.”
7. V Conde de Oxford, conocido comúnmente como Horace Walpole, (24 de septiembre de 1717 – 2 de marzo de 1797), político, escritor e innovador arquitecto británico.
Yo me pregunto si a lo largo de la historia, no ha sido evidente que los bienes materiales per- manecen en esta tierra y si el ser humano no debe buscar otras alternativas de permanecer en el tiempo distintas a la de dejar bienes ma- teriales adquiridos.
Ahora, continuando con lo referente a mi re- lación con la música metal gótico, anoto que:
La mejor dosis para nosotros es la música, es nuestro ‘refugio’, es donde los proble- mas se olvidan, es donde no nos recha-