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El mito de Prometeo en la tragedia griega

“La tragedia griega es más bien expresión

de un sufrimiento que de una acción.”

(Jaeger, 2012: 243)

A

nalizaré este mito y, mediante citas apropiadas, fundamentaré mis afirmaciones. El mito prometeico alude a la cultura y al cam- bio que produce esta en los hombres de modo semejante al fuego, el cual facilita procesos domésticos y laborales de manera eficaz; el fuego ha llegado a ser considerado un elemento imprescindible para la mayoría de los humanos. Carecer de cultura habría ensan- chado aún más la diferencia entre hombres y dioses. Esta fue una consideración que a Zeus le pareció apropiada, lo cual lo demues- tra con la furia de su reacción dirigida a Prometeo, quien a pesar de sus designios entregó a los futuros humanos el fuego.

“La ilustración de todos los tiempos ha soñado con la victoria del conocimiento y el arte contra las fuerzas internas y externas enemi- gas del hombre. “ (Jaeger, 2013: 245)

En el mito hesíodico, Zeus, que muestra un trato despectivo a los hombres, y particularmente a las mujeres, con una misógina alusión al origen de muchos problemas que sitúa en la figura de Pandora, trata de imponer su poder en una manera tiránica; a con- tinuación hablaremos de ello.

“Hijo de Japeto, que más que todos eres taimado, te alegras por haber hurtado el fuego y burlado mi mente, para ti mismo gran pena y para los hombres futuros; a ellos, a cambio del fuego, yo donaré un mal, de que todos se alegrarán en el alma, rodeando su mal de cariño.” (Hesíodo, 2012: 2)

El infractor Prometeo, capaz de analizar su situación presente y de elaborar discursos en los cuales manifiesta a qué grado ha llegado la injusticia divina que opera en perjuicio de los hombres, es visto por Esquilo de una manera diferente al enfoque que le había dado Hesíodo.

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“Sus elocuentes discursos son magníficos argumentos para jus- tificar su conducta. Nos demuestra que su triunfante adversario, Zeus, no pasa de un ingrato y, como todo tirano joven abusa de su poder.”(Bowra, 2005: 68)

Considera en un principio Zeus, que los hombres pueden pasar por alto la necesidad del fuego cultural, que incluso puede ser visto como fuente de pesadumbre por algunas personas; muchas veces la estupidez deriva en una simplista felicidad basada en placeres físi- cos y mundanos que se contrapone a la intencionalidad perceptual de aquel que está decidido a desarrollarse intelectualmente.

“En tanto que el hombre corriente acepta sin consideraciones ulteriores su modo de vida y la importancia de sus experiencias personales y pequeñas luchas cotidianas, se suele decir que el in- vestigador o filósofo social debe examinar las cosas desde un plano más elevado.” (Popper, 2010: 23)

Se trata en Prometeo encadenado de la existencia de un Zeus que se opone a entregar el fuego a los humanos y de un Prometeo que busca que los hombres se superen; esta superación se podrá alcanzar mediante el fuego que influirá notablemente en el desa- rrollo cultural, agudizando la razón y permeando en la existencia y el modo de ser de cada uno de los individuos. Axiológicamente puede resultar mejor opción la segunda postura debido precisa- mente al valor de la libertad y a la calidad del servicio que alcanza a otorgar un ser ilustrado durante su existencia.

“Prometeo es la personificación del espíritu, que acepta el sufrimien- to a cambio del bien que puede hacer y su orgullo indomable, en vez de alejarlo, nos lo hace todavía más simpático.” (Bowra, 2005: 68) En una sociedad opresora, como la que puede encontrarse en algunas partes del mundo actual, resultaría necesaria una figura, un caudillo capaz de introducir o de invitar a la gente a descubrir mundos más profundos, en los que se requiera un mayor criterio y una más amplia consideración de lo que es su existir. Alcanzar mo- mentáneamente una humanidad es algo que tiene opositores. Es lamentable, pero tiranos como aquel joven Zeus molesto castigan

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a Prometeos que pasan el fuego de las elites intelectuales al demos. En ocasiones, en la historia ha habido superaciones de ese tipo de gobiernos o de influencias, debido a la necesidad de progresar, o a la maduración del pueblo y de sus propios dirigentes, quienes pueden reconocer el verdadero potencial de sus gobernados.

“Ío. –¿Quién le despojará del tiránico cetro?

Prometeo. –Él a si propio, con sus desatentadas resoluciones.” (Esquilo 2012: 26)

No basta con atribuirle la culpa tan abruptamente a los superio- res, se debe considerar a cada individuo como dueño de un destino, que es el suyo, y del manejo de un tiempo y de unas circunstancias ajenas a cualquier tipo de influencia externa que constituyen lo más intimo de su ser, estas, se ha visto a lo largo de las distintas épocas, superando las limitaciones sociales que pueda tener la persona en cuestión, derivan en un prácticamente innato afán o una tendencia a la cultura, a la obtención de nuevos conocimientos y a un deseo de plasmarlos de manera perecedera o trascendente. Sería más fácil para la gran mayoría dar con esto si tuvieran recursos, no precisamente económicos o sociales, la obtención de una idea de cultura llega a bastar; pero el móvil no siempre será capaz de llegar a ellos. El fuego del mito es un ejemplo de móvil como puede haber tantos.

Cada vez que Prometeo pierde su hígado, este se vuelve a rege- nerar; tal hecho nos puede mostrar el continuo vaivén al que está sujeto el tránsito mortal por la vida, en el que se ven comprometi- dos los potenciales físicos y espirituales de los individuos, pero ha- llamos rasgos compartidos que dan valor a las personas más allá de las condiciones en que se encuentren o que les hayan impuesto; es así que se descubre cómo siguen siendo personas en el amplio sen- tido del término; sostenemos que no se puede dejar de ser humano aunque se pierda la humanidad; esta se vuelve a regenerar, pero de manera inconsciente en algunos casos, ya que de otro modo haría tiempo que los humanos habrían dejado de existir.

“OCÉANO. –¿No conoces, pues, Prometeo, que las razones son médicos del ánimo enfermo?” (Esquilo, 2012: 16)

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Los castigos externos impuestos a la disidencia han sido de lo más variado, antaño se usaron métodos sanguinarios que busca- ban acrecentar el dolor físico para mitigar el placer intelectual, y mostrar ejemplos a la sociedad atemorizada mediante magullones y atropellos, todo cometido por vías indirectas o directas por aque- llos que ostentan el poder. ¿Hay quien pueda encontrar soluciones a esta problemática? Al referirme a soluciones, trato de implicar una esperanza, en la que los intereses que se vean comprometidos, puedan llegar a acuerdos en los que haya igualdad y consideración por el prójimo, ya que el mundo puede ser injusto por naturaleza; la tragedia griega descubría en estas injusticias al destino, y a la condición humana, que era símbolo de dolor.

“En el Prometeo, el dolor se convierte en el signo específico del género humano.” (Jaeger, 2012: 244)

Sobre los castigos internos, está por ejemplo la demeritación de las facultades personales, resultando en un alejamiento a la interio- ridad, derivando en una perplejidad errática e incompatible con lo que llega a ofrecer al mundo debido al estrechamiento de perspec- tivas. El ejemplo citado antes, es la relativamente feliz simplicidad hallada en la reducción a la dimensión estrictamente física, que evita tratar cosas ajenas a lo inmediato, para evitar lo que con- sideran sufrimiento o porque resulta engorroso. Se puede acha- car en principio estos estilos de vida a la sociedad mal conducida, afectada lejos de beneficiada por un entorno que debieron haberse propuesto mejorar instituciones gubernamentales y familiares en cualquier parte del globo.

Es destacable la conducta de Creonte en Antígona, cuando por su necedad y al uso implacable que hace de su poder, resulta muer- ta su familia; cuanto dolor puede ser evitado si se obra con justicia, virtud propia de gobernantes de buena voluntad. Zeus tal vez no se haya visto afectado directamente, pero sí lo hubiera sido de ha- ber hecho caso omiso a la advertencia de Prometeo, aquella que predijo lo que pudo haber derivado en su ruina debido a un hijo propio.

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“PROMETEO. – Ten por cierto que no trocaría mi desdicha por tu servil oficio; que juzgo por mejor servir a esta roca que no ser dócil mensajero de Zeus tu padre. Así es razón que con ultrajes se responda a quien nos ultraja.” (Esquilo, 2012: 32)

En cada ocasión en que se acomete contra la estupidez popular, se hiere a la tiranía, ya que, sin detenernos en idealizaciones utó- picas, o vanas elucubraciones hegemónicas de perfiles preestable- cidos, se encuentra el desarrollo que trasciende los sentidos y que sensibiliza a una cultura, y acorde con lo demostrado histórica- mente, se resuelve como ilustración, como un fuego que calienta la mente y la hace llegar a lugares inesperados, llenos de posibilidades, tratando de alejarse de limitaciones de orden mediocre.

El poeta Hesíodo, se muestra como un campesino sumiso ante los dioses, quienes de manera opresiva pueden imponer su poder a los humanos negándoles o permitiéndoles lo que consideren ellos pertinente, el Prometeo esquiliano logra hacer reflexionar a los humanos su falta de culpa, al no haber sido creados siquiera, y la inevitabilidad del dolor propenso a mostrarse en la vida de cual- quier mortal.

“Para Hesíodo fue simplemente el malhechor castigado por el crimen de haber robado el fuego de Zeus. En este hecho descubrió Esquilo, con la fuerza de una fantasía que no es posible que los si- glos honren y admiren nunca de un modo suficiente, el germen de un símbolo humano imperecedero: Prometeo es el que trae la luz a la humanidad doliente. El fuego, esta fuerza divina, se convierte en el símbolo sensible de la cultura.” (Jaeger, 2012: 244)

Es incuestionable la brecha entre hombres y dioses en la mitolo- gía griega, no hay razón para sentirse mal por ser inferiores y tratar de ensanchar más esta diferencia si no se desea mejorar como per- sona, la idea de dios tiene que ver con la idea de ser; en la medida en que nuestro dios sea, será nuestro acercamiento al mundo, ya que lo que abarca la idea religiosa no se basa en una mera imagen del mundo (Kerényi, 2009: 37), sino en una incuestionable verdad religiosa basada en el dogmatismo. Cada vez que se reconoce lo

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que la religión es para cada quien, no se debe olvidar a los inte- lectuales que se han ido buscando a la verdad, o a su interioridad, porque ellos continúan siendo personas. Tampoco se trata de hacer distinciones cualitativas entre los que están sumidos en la comodi- dad de la idiotez y los que tratan de salir de ella, y los que se dan cuenta que nunca podrán dejar de serlo, porque cada planteamien- to tiene sus razones de ser, pero se debería dejar la oportunidad a cada quien de elegir como vivir tomando en cuenta multitud de consideraciones, no es justa la vida que llega a definir las cosas con dolor, penosas serán las quejas ante cualquier exigencia.

La tragedia se va a los extremos, no tiene un sentido directa- mente didáctico o ilustrativo tan solo, a pesar de que puede ser alcanzado por el hombre tras la reflexión. Con la tragedia se trata de aprehender una idea de lo que es el hombre recurriendo al trá- gico tema del dolor que nos une. Nos somos seres individuales, marchamos colectivamente hacia la perdición.

Bibliografía

ESQUILO (2012). Tragedias completa, Bogotá, Panamericana

BOWRA, C.M., (2005). Historia de la literatura griega, México, FCE

JAEGER, W., (2012). Paideia: los ideales de la cultura griega, Mé- xico, FCE

KERÉNYi, K. (2011). Prometeo. Interpretación griega de la existen-

cia humana. Madrid, Sexto piso

KERÉNYI, K. (2009) La religión antigua. Barcelona, Herder

HESÍODO (2012). Teogonía (P. Vianello de Córdoba trad.). D.F., UNAM

_________ (2012). Los trabajos y los días. (P. Vianello de Córdoba trad.). México, UNAM

Popper, K. (2010). La sociedad abierta y sus enemigos. México, Pai- dós

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