• No se han encontrado resultados

EL MONTE BLANCO

In document Los chamanes de Mexico Vol 3 - Pachita (página 47-49)

En verdad, todo llega cuando debe. Durante muchos años quise salirme de mi cuerpo y realizar viajes fuera de mi cuerpo y solamente aquí en Parral empiezo a entender la técnica. Algo tiene Parral que hace que la gente se interese en el espíritu. Aún en las fiestas se habla de ello y R. viene por mí en su cuerpo etéreo, todas las noches a las 12 y ayuda a mi espíritu.

Viaja y viene en astral y la siento. ¿Serán las minas?, ¿El aire? Aquí nació Pachita, hija ilegítima y fue abandonada al nacer.

Deseoso de averiguar más de la vida de Pachita fui a verla, el domingo en la mañana.

Sentada en una silla, en la cocina de la casa de blanco, con su suéter raído y su vestido de siempre le daba consejos a su hija.

Al poco rato se paró y fue a arrullar a su nietecita acostada en una carreola. Me senté a su lado y le comencé a preguntar.

—¿Naciste aquí, Pachita?

—Sí, en Parral, pero era pecado porque mis padres no se habían casado y me abandonaron.

—Ay Jacobo, a veces, aquí, vivo muy intensamente. Me acuerdo de mi infancia y de mis primeros años. —¿Con Charles?

—Mira, ni me preguntes porque lloro. Mis ojos ya no ven. El derecho ya está opaco y el izquierdo apenas si distingue las cosas. Pero veo con otros ojos. Cuando miro un cuerpo veo las partes podridas, desde chica lo hago.

—¿Y, cómo?

—Pues no sé, es como un mapa en el que las partes del cuerpo sobresalen y sé. Pero mi problema ahorita es reunir dinero para mi kinder.

—Sí hombre, allá en las colonias pobres de México la gente ve pura porquería. Imagínate ¿cómo vas a enderezar a un cabrón de grande? Es necesario empezar cuando están chiquitos y por eso quiero hacer un kinder y enseñarles buenas cosas a los chamacos desde chiquitos. Yo creía que iba a reunir dinero suficiente para pagarle al albañil pero ni viene gente. Por eso ya me voy a ir el viernes.

—Tengo muchas cosas que hacer, quiero regalarle juguetes a los niños pobres, en Navidad siempre les hago una fiesta y el 6 de enero pozole y tostadas y toda la colonia se viene a mi casa de México y les pongo música y también, ¡por qué no!, bebidas para que los grandes se alegren.

—¿Tú crees, —le pregunté—, que se pueda aprender a curar? —Pues no se.

—¿Qué ves en mi cuerpo?

—Mucho cansancio y éxito con tu libro, porque lo estás viviendo en carne propia, nadie te cuenta lo que ves y ése es el secreto de un buen escritor.

—La juventud aquí es muy espiritual —le dije—, los muchachos viajan fuera de sus cuerpos. — ¡Puro cuento!

—No, Pachita, es cierto.

—Y tú, Pachita ¿sales de tu cuerpo?

—Pues nada más hago un empujón y ya estoy afuera. —¿Y adónde vas?

—Pues depende. Cuando alguien me necesita voy a verlo. A veces lo hago para visitar lugares. Si vieras qué bonita es Siberia. Cuando voy por allá me gusta regresar por el Monte Blanco. Se ve muy bonito, pero hace mucho frío.

—¿Lo ves como aquí?

—Claro, veo todo, siento y huelo. —¿Te metes en otros cuerpos?

—Es muy necesario ser muy cuidadoso en eso, sobre todo no cruzarse. — Cruzarse?

- hombre ¡cruzarse! — Y ves otras entidades?

Pero están mejor que nosotros, son más puros. — Vas a otros planetas?

- a Marte y a la Luna y a Júpiter. —¿Hay vida en Júpiter?

—¡No! — Vas al sol?

- no, allí es demasiado poderoso, me gusta mucho visitar los cráteres de la luna, son muy bonitos, pero tengo que regresar a tiempo.

—¿A tiempo?

—Sí, hay tiempo para todo y se deben respetar. —¿Alguien te dice cuándo regresar?

- Sí, Orión.

Pachita no podía quedarse quieta por más de unos minutos. La seguí a la cocina y junto con Enrique hablamos de las operaciones. Yo platicaba lo que había visto y la más asombrada era Pachita.

—Oigan —nos preguntó de pronto. ¿Cómo está esa viejita de 85 años que tenía un tumor en el estómago? Todos la habían desahuciado.

—Pues bien, mamá —le contestó Enrique. —¿Cómo va el libro? —me preguntó Pachita.

—Va bien excepto por las recetas y los nombres de los medicamentos. Por más que hago no me puedo acordar, de esos nombres. En cambio las operaciones las recuerdo muy bien.

—A propósito, ¿qué es lo que se debe añadir a las bebidas alcohólicas para que alguien deje de tomar? No me puedo acordar y tuve que dejar en blanco una frase del libro.

Ni Pachita ni Enrique me lo dijeron.

—¿Vas a visitar al enfermo del hotel? —me preguntó enseguida Pachita. —No, pero tengo pensado hacerlo.

—Y ¿no te da pena que te corran?

—Depende —contesté—, si llego como espejo, no me corren. —¿Cómo espejo?

—Si, si mi mente es un espejo todo va bien. Como en la cárcel. Voy allí a enseñarle a meditar a un amigo y cuando llego como un espejo no tengo problemas.

Enrique le iba a dar una mordida al taco y se acordó del suceso de la camioneta. —Esa camioneta —dijo de pronto—, casi mata a Daniel.

— ¡Entonces era Daniel! —dije con asombro—. Ese espíritu lo quería matar antes de que lo sacaran de su cuerpo.

Pachita se volvió a levantar en dirección a la sala. Se sentó a arrullar a su nieto y yo fui, de nuevo, tras ella.

—¿Mañana habrá consulta? —le pregunté. —Sí, pero yo no estoy extasiada.

—¿Qué?

—Si, no trabajo con el gran jefe, trabajo con otros médicos. —¿Por qué?

—Bueno, Jacobo ¿no crees que hay muchos seres que deben terminar su misión? —Aquí no hay la seguridad de que me abra toda.

Aquí hay más claridad y aquí entran otras entidades. En México estoy muy protegida y aquí no hay tanto ruido.

En México, un ruido puede hacer morir una “Facultad”. —¿Qué?

—Sí, puedo quedarme muerta, la verdad es que no entiendo por que no ha sucedido ya. —¿Cómo escogen quién entra?

—Un conjunto de vibraciones espirituales se reúne alrededor de mí para diagnosticar. — Y las manos?

- Es un quirófano y hacen falta videntes, pero no fantasías. Han hecho un carnaval, viene un parasicólogo y reúne gente y les cobra $ 5,000.00 pesos y todos están en silencio y lo respetan. En cambio, porque soy humilde vienen como en carnaval y se traen gente degenerada y que no es vidente y descomponen todos los tubos e instrumentos del quirófano. Hubo un escritor, L. C. que me atacó mucho sin conocerme. Así atacan al quirófano y no tienen respeto. Yo quisiera dejar mis memorias, hacer entender de qué es capaz Dios. . . —continuó diciendo Pachita con una voz cada vez más grave.

Me acuerdo desde que tenía 7 años. Empieza uno la vida sin comprenderla, pero sintiendo el aguijón del sufrimiento. Por eso quiero mucho a los huérfanos.

En ese momento pasaron dos nietos de Pachita y ésta les pidió una cobija. Iban jugando y no le hicieron caso.

—Hijos cabrones, carajo, les pide uno un favor y ni la oyen. Caramba, se me han quitado muchas cosas pero no lo mal hablada. Tengo un rifle de Villa, es mi única herencia. A los 15 años Charles se fue. Estaba enfermo y se fue como los elefantes a morir a su tierra. A esa edad anduve con Villa allá por el 1914.

— Eras su amante?

—Era yo un cuero, pero él no me gustaba.

—Lo que me encantaba era su hombría, ese si tenía huevos. Pachita se volvió a parar y me trajo un juguete de uno de sus nietos. Era un platillo volador que hacia un ruido muy peculiar.

—Mira, Jacobo así hacen esas naves, se paran encima de tu cabeza y así hacen. . -

Me regrese caminando a Parral y recordé que Cande me había hablado, al salir de la casa de blanco, del tiempo y de la sensación de paz que se sentía en Parral al ver el cielo y las nubes. Me impresionaban unas palabras que Pachita me había dicho:

“Me tienes incondicionalmente Jacobo, pero si yo veo alguna cosa sucia en tu conciencia, caerás de mi cariño y a mi más absoluto desprecio”.

CAPITULO XVII

In document Los chamanes de Mexico Vol 3 - Pachita (página 47-49)