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El mundo de las mercancías

CAPITULO 4. RESULTADOS

4.2 BOCA DE LOBO

4.2.1 El mundo de las mercancías

La mercancía es el signo más representativo en Boca de Lobo, coloca al objeto en circulación y en relación con la totalidad social. En tal sentido, la mercancía es denotada en sus cualidades y su condición de valor de cambio (ver anexo N). Es un objeto- ícono, toma el lugar de los objetos, de los personajes de manera trascendente. Ella gravita el mundo fabril y es empujada como metáfora a circular por el mundo de los intercambios. También es un símbolo que representa el proceso de acumulación, donde las mercancías circulan incesantemente.

Delia se enfrentaba al producto de su trabajo: algo cambiaba, una mercancía se complementaba o la parte de una pieza avanzaba en su recorrido hacía la terminación. El pensamiento del comerciante era de naturaleza distinta, porque se basaba más que en el cambio de condición, en un cambio de aspecto. Por otra parte, Delia no era propietaria de las cosas que pasaban por sus manos, y por eso sus nociones acerca de lo mensurable y lo concreto estaban despojadas del cálculo (p. 14).

Ese cambio de aspecto radica en la capacidad de ser el objeto en sí, definido en sus cualidades, es decir en el valor de uso, pero determinada por su valor de cambio. La mercancía toma el lugar del trabajador, el sujeto-mercancía y a la vez moneda viva que hace parte de la esencia de la mercancía y que es susceptible de intercambio en su forma de salario. El dinero mercancía es signo del proceso de acumulación: D-M-D^.

Antes dije que la cantidad para un obrero, es una cualidad despojada de todo cálculo; las piezas pueden multiplicarse hasta el infinito, las operaciones dividirse hasta la máxima expresión y

siempre serán objeto de pensamientos inmateriales: no el invento fabril ni la ganancia empresaria, sino la naturaleza abstracta de la acumulación (Chejfec, 2009, p. 75).

Delia se constituye en el símbolo de una masa de personas, en abstracto e intangible, que asiste a una rutina laboral, fruto de la disciplina que le ha impuesto el trabajo ¡Explotación del trabajo! Una alegoría a Marx que devela la capacidad del capital para imponer en las relaciones sociales, una forma de acumular dinero, que se hace a expensas del trabajador. Esa noción de plusvalía que se ve representada en el personaje.

Pensé que así como Delia repartía su energía en cada objeto que pasaba por sus manos, dándole también a cada uno un poco de su propia naturaleza, del mismo modo la fábrica, como pensamiento, reclamaba un espacio de su memoria –pequeño pero profundo –aunque no fuera más para recordarle que era parte indisoluble de su identidad (Chejfec, 2009, p. 73).

La relación con la mercancía es una forma de identidad en un personaje como Delia, que contrario a la tesis marxista de la idea de conciencia de clase como unidad; se ve diluida, extinguida, cuando el narrador la abandona, se distancia radicalmente.

Cómo obrera, asumía frente a los objetos un papel subalterno y esencial a la vez. De la mercancía provenía su identidad, la determinaba como obrera; pero a la vez esa misma mercancía se apropiaba de ella, tenía el efecto de dejarla hacia una distancia, como si perteneciera a un mundo diferente (Chejfec, 2009, p. 14).

La mercancía en su forma de síntoma, es producto del tipo de organización social que ha disciplinado a un número ilimitado de sujetos para la labor fabril; es representación de los ejércitos de reserva, que formuló Ricardo. Una naturalización de la distribución del producto social, a unas escalas donde el capital crece, en divergencia con los salarios, En

Boca de Lobo, la mente y el cuerpo, padecen la angustia y la paranoia social, como tiempo vivido; tiempo extinguido sin liberación posible.

Que haya dejado el alma sobre la tierra blanca y caprichosa de su aldea, de lunes a domingo, desde los ocho años, se guarda en su memoria bajo otra forma, no bajo el rubro “trabajo”. Piensa por ejemplo, en las carretilladas de mierda que debía empujar, y lo que evoca no son las dificultades –los tropiezos, la agitación, el frío, la oscuridad –sino el tiempo detenido, que se niega a pasar (Chejfec, 2009, p. 64).

La mercancía signo va representando distintos objetos dentro de la narración. Boca de lobo

es el mundo de las mercancías, del mundo racional de la ganancia, inicia en su producción, pero luego en la distribución, luego en el cambio, luego en el consumo, luego en la cultura, es un continuo de “sería”, circulación, en últimas.

Esta secuencia numérica, más allá de la magnitud revertía su condición indeterminada sobre los objetos, y desde los objetos se dirigía en primer lugar a la conciencia de los obreros y después a las cosas en general. Al mundo y al tiempo de todos los días (Chejfec, 2009, p. 75).

Esta relación entre mercancía y obrero, se asemeja al concepto de polisemia (Yapa, 1996), que señala una naturaleza ambigua entre signos y objetos (p. 715). En ocasión de una lectura semiótica de la mercancía, se afirmaría que ésta, según Altvater, Birgit y Scott (1997), se entiende como “el proceso espacial y funcionalidad de integración de todo en un sistema de intercambio” (p. 449). Por lo tanto, de redistribución del valor de la producción global.

Cada paga recibida, cada moneda, representaba ante ellos la dominación de la máquina. A la vez, no eran tan ingenuos como para pensar que esta percepción era completamente real; sabían que ese pago significaba solo una parte del valor final de su trabajo, y que no salía de las maquinas. Pero tampoco ignoraban que el trabajo proveniente de sus fuerzas era en sí mismo de escaso valor (Chejfec, 2009, p. 102)”.

En tal sentido, el mundo de las mercancías y el mundo de los objetos, circulan en simultaneidad, estableciendo diversos vínculos y significados sociales respecto a la funcionalidad que tienen los objetos que son susceptibles de producción, cambio y consumo social. El signo mercancía, ligado a su naturaleza y a la proximidad semiótica con el dinero, indica su capacidad para constituirse como signo de las relaciones sociales, signos que dejan marca en los sujetos. Respecto a esto, Klosswski (2012) afirma que “la presencia corporal ya es mercancía, independientemente y además de la mercancía que esa presencia contribuya a producir. Y en lo sucesivo la esclava industrial o bien establece una

relación estrecha entre su presencia corporal y el dinero que reporta, o bien sustituye la función del dinero: al mismo tiempo el equivalente de la riqueza y la riqueza misma” (p. 78).

Cada objeto fabricado se quedaba con algo de ella, una propiedad que ya nunca abandonaría” (Chejfec, 2009, p. 173).

Delia me parecía la que mejor iba con ello, precisamente porque estaba unido a alguien que perduraba a través de los objetos, pero a condición de borrarse, de hacerse poco a poco casi nada a medida que aumentaba su entrega, su cansancio y su energía se agotaba; yo, pues, que siempre había confiado en aquello, encontraba que por una vuelta traicionera del destino no sería así, que el hijo perduraría (p. 72).

Sin embargo, hay otros signos que circulan, que sugieren la existencia de vínculos de solidaridad colectiva, divergentes con la descripción que se ha hecho a partir de la fábrica y las mercancías. El dinero en su forma concreta no circula visiblemente, o lo hace en una condición de escasez, haciendo posible que otros signos de valor de uso y cambio se constituyan en íconos, que lo sustituyen estableciendo otro tipo de relaciones.

En la comunidad de obreros, o en la sociedad barrial, había ocasiones en que los objetos alcanzaban la posesión colectiva. El “dueño” de algo se convertía en el custodio de la pieza, para llamarlo de algún modo, y cada quien sabía que de manera indirecta, pero que sin complicaciones, podía contar con ella cuando se la necesitará (Chejfec, 2009, p 126).

En consecuencia, la antítesis entre propiedad y posesión se diluye. En esta comunidad imaginada, los objetos son atesorados, no se acumulan, su valor fundamental es el de uso, subordina al valor de cambio. En tal sentido, la escasez como signo que representa la disposición de bienes para una demanda de sujetos individuales, es suplantada por la concepción de bienes sociales, de uso colectivo. Esta figuración narrativa en Boca de Lobo sugiere que la condición teórica de la escasez es una creación necesaria para la validación social del sistema de producción. En concordancia con esto, se ha advertido que “algunos historiadores sostienen que la escasez es una práctica discursiva que surgió con el nacimiento del proyecto economía política del desarrollo económico; en la búsqueda cada

vez más, de la producción y el crecimiento ilimitado, la naturaleza se reduce a un campo de recursos escasos” (Yapa, 1996, p. 713)

Pero ante los ojos de aquella comunidad eran también indelebles, lo que tornaba a los objetos únicos e inconfundibles. Con cada nuevo préstamo, el objeto –aquí la pollera –ascendía en la valoración colectiva. La prenda podría deteriorarse en el uso y la circulación, pero el daño se compensaba con mayor cuidado que todos mostraban hacía ella. De este modo, los préstamos en general carecían de pautas temporales. No porque no existiera el compromiso de devolver las cosas, sino porque, al inscribirse las distintas posesiones en los objetos, la deuda se producía en el recuerdo de la comunidad (Chejfec, 2009, p. 29).

Creo que a través de los prestamos los obreros aumentaban el grado de consistencia de los objetos; la existencia material de las cosas, digamos “a primera vista”, y su función primaria adquirían una relevancia inesperada, que a su vez se multiplicaba con la mayor circulación e intercambio: los objetos eran más y más útiles a medida que cambiaban de mano (p. 126).

El préstamo toma otra connotación a la formalizada en un sistema de acumulación. La escasez es compensada por la circulación de objetos:

Delia necesitaba pedir ropa porque en ciertas ocasiones no tenía otra forma de vestirse. Esto lo descubrí varios días después, bajo tristes circunstancias, cuando le tocó devolverla (p. 27). El préstamo la embellecía en general y realzaba lo mejor de su naturaleza, en un punto, la forma de la pollera era secundaría, porque Delia precisaba que la ropa con la que se vestía no le pertenecía para destacar todavía más su propia belleza (p. 168).

El goce del consumo de objetos no se destruye, ni crea una percepción de utilidad decreciente, al contrario, aumenta en cuanto está desposeída de la propiedad y se crea bajo un criterio asociado a la belleza, a la supremacía de la estética y el goce de los objetos. Una forma de espectáculo del goce freudiano, dado como “la forma más general de la mercancía conforme a ese momento histórico en el que la forma de la mercancía completa su colonización de la vida” (Debort, 2004, p. 68).

El acto narrativo que representa Boca de Lobo, en cuanto la distinción de objetos intercambiados por la lógica de acumulación capitalista, frente a los que circulan y connotan otras expresiones en el intercambio, hacen que estos últimos sean una marca que

es capaz de construir identidad y sociabilidad en el acto mismo del préstamo o donación. El espectáculo aquí es representado como una expresión de consumo que no se destruye con la compra, como el dinero gastado en consumo en la economía formal, sino que proyecta un acto continuo de goce estético y utilitario a la vez.

Después vivía en la gente a través de esas apariciones y prestamos simbólicos. Quizá deriva de allí el apego colectivo a los objetos; que guardaban marcas de otros tratos y manipulaciones, ignorados y esenciales, sin las cuales perderían, los objetos, su valor auténtico (Chejfec, 2009, p. 175).

Esta expresión del espectáculo que sufre el observador, se da en objetos que van construyendo imágenes mentales. Para dar un ejemplo, hay una escena, un viaje en tren, donde Delia se ve atraída por el objeto que portaba un extraño. Llama la atención de como un signo Token puede desplazarse para crear un concepto de valor más abstracto, asociado al significado social de consumo de objetos.

Sí algo valía la pena, al contrario de la triste vida rural, eran los objetos de los hombres, promesas de una felicidad duradera (p. 42).

Los objetos como propiedad, están constituidos en una promesa, un contrato o una obligación de intercambio, ello permite la circulación y la naturaleza de la mercancía en el ámbito de la fábrica y el mercado. Los objetos prestados o donados emiten una señal de relación inconmensurable, subjetiva y ontológica. Estas señas o marcas constituyen un mundo imaginario de solidaridades o formas de resolver necesidades que, de otra forma, o por lo menos en la dimensión de una economía monetaria, no podrían resolverse.

En todo caso, intercambio mercantil o intercambio solidario, en la analogía que establece Lacan, pertenecen a mundos imaginarios que obedecen a las necesidades y funciones de cada contexto social, en últimas, se “comercia la farsa desde el principio, lo que somos es

un reflejo del imaginario, las cambiantes fotografías mentales que determinan la forma en que actúan y por lo tanto cómo nos representamos a nosotros mismos y a los demás, en función de lo que nosotros nos imaginamos que es” (Braider, 2002, p. 154).

Delia es un nombre que se intercambia como mercancía, es moneda viva, al igual que es objeto de deseo y goce experimentado por el narrador de la obra. En tal sentido, la connotación objetual del cuerpo de Delia es una marca con señales que identifican su naturaleza.

Vio la propia imagen en la foto; cada una de las facciones se reconocía, por ejemplo, el recuerdo de las manos al tocarse la cara…Que la coincidencia no se establecía entre la imagen y su rostro, sino entre ella misma y su nombre…Para la amiga de Delia verse a sí misma con otra piel fue trasladarse a un tiempo distinto; no futuro o pasado, sino un tiempo simultaneo y aledaño (Chejfec, 2009, p. 47).