II. LA ORGANIZACIÓN INTERNA DEL ESTAMENTO
1. Los cargos del Estamento
1.4 El notario/escribano
Nos hallamos aquí ante otro oficial de destacada importancia en el Estamento militar, no sólo por la diversidad de su cometido sino también por el peso que tuvo en el desarrollo de las juntas y de muchos de los asuntos tratados en ellas. Junto al síndico y al abogado, constituyó la base de su funcionamiento, desempeñando labores propias de escribiente que lo convertían en algo así como “la memoria” del Estamento. De hecho, a él le debemos la información que poseemos a través de las actas, pues entraba en sus competencias dejar constancia escrita de las reuniones celebradas y
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de los temas tratados. Presente en cada una de ellas, tenía encomendada la lectura en público de todo documento remitido al Estamento o que supusiera un motivo de deliberación en su seno; a través de él se conocía el contenido de las misivas remitidas por los embajadores, oficiales reales o el propio monarca, así como los pregones y mandatos considerados perjudiciales, o las denuncias presentadas por algunos de sus miembros. Por otro lado, quedaba a su cargo la redacción de los escritos que el Estamento debía expedir, fueran misivas, cartas credenciales o instrucciones para los embajadores. Sus funciones no se agotaban con estas labores de lector y redactor. Su presencia se hacía imprescindible en los actos de elección de oficiales, y a él correspondía anotar en los albaranes el nombre de los candidatos. Además, era a él a quien debían dar cuenta aquellos que decidían renunciar a su cargo o hacer uso de su capacidad de delegación. No podemos pasar por alto tampoco la labor que en no pocas ocasiones desarrolló en colaboración con los Estamentos eclesiástico y real, casi siempre en respuesta a situaciones que les afectaban de manera general.
La actividad del notario quedaba regulada en buena medida por la legislación, que desde antaño había ido recogiendo puntualizaciones que reglamentaban el acceso al cargo y su posterior desempeño. Así, en el siglo XIV los monarcas ya expresaban órdenes acerca del modo de llevar a cabo el examen de dicho oficial y de la necesidad de dominar la gramática y el latín, así como del período de prácticas que debía realizar53. Los fueros contemplaban, además, algunas normas que debía tener presente en la ejecución de su trabajo, tales como indicar en todas sus actas el lugar y la
fecha en que eran escritas, y añadir el nombre de al menos dos testigos54,
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reglas que observaba rigurosamente el notario escribano militar, tanto en sus misivas como en las actas de reunión del Estamento.
En relación a la nómina de aquellos que ejercieron el oficio dentro de él, llama poderosamente la atención la continuidad de un mismo apellido durante gran parte de la etapa estudiada, muestra del carácter permanente del cargo y de la tradición familiar existente en la práctica notarial. De hecho, a excepción de Joan Soler, el primer escribano militar al que aluden las actas, todos los que ocuparon el cargo fueron miembros de la familia Climent, que lo mantuvo ligado a ella durante más de medio siglo. Es poco lo que podemos señalar de Soler atendiendo a la información que la documentación revela. Sólo que fue nombrado escribano militar en 1488 en
el marco de Cortes55, y que seguía ocupando el cargo en 1510, momento en
que se inicia el paréntesis cronológico para el que no disponemos de documentación. A ello no podemos añadir sino el nombre de Pere Bataller, delegado en quien recayó su labor en algunas convocatorias con motivo de su ausencia.
A partir de la década de los cuarenta el apellido Climent irá unido a la notaría militar hasta finales de la centuria. No conocemos con exactitud el momento al que se remonta la elección de Dionys Climent, que se mantendría en el cargo durante más de treinta años. A su muerte, en enero de 1575, el Estamento decidió que su labor fuera continuada por su hijo Dionys Hierony Climent, que llevaba trabajando como adjunto en el oficio
desde las Cortes de 154756. Su ausencia del Reino, sin embargo, obligó a
tomar medidas extraordinarias. Considerando que no conocían el momento de su regreso de la Corte -donde se hallaba por negocios-, y que el Estamento no podía prescindir del cargo, se valoró como la mejor opción el
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nombramiento de su hermano Joseph Christofol Climent en calidad de sustituto57. No se trataba de una decisión a ciegas; la eficacia de este notario venía avalada por el trabajo que como tal había desempeñado durante quince años y el conocimiento que poseía de los negocios del Estamento, al cual había servido en no pocas ocasiones. En base a ello, se reconocía su suplencia con ocasión de la presente ausencia de su hermano, y de otras futuras, así como de cualquier otro impedimento que pudiera surgirle. En cuanto a condiciones, se acordaba que recibiera el mismo salario y prerrogativas que éste, y que su labor se extendiera hasta las primeras Cortes, donde se proveería al respecto.
Que la labor de Joseph Christofol satisfizo al Estamento, y que éste decidió seguir valiéndose de sus servicios más allá de las primeras Cortes celebradas, lo demuestra su permanencia en el cargo todavía en las postrimerías del siglo, a pesar de los achaques que su avanzada edad dejaba ver por entonces. En dos ocasiones solicitó el notario colaboración en la década de los noventa ante la dificultad que encontraba para llevar a cabo su cometido con la diligencia que precisaba. El volumen de trabajo al que tenía atender y los problemas de salud que padecía hacían más que conveniente el nombramiento de un adjunto que lo asistiera, y desde luego el Estamento respondería positivamente a tal demanda, no sólo aceptando que tuviera un colaborador, sino aprobando la elección que del mismo había hecho el anciano. En dos ocasiones se satisfizo tal petición, y en ambas llegaba a la notaría militar un miembro de la familia Climent: en 1596 su hermano Batiste Joseph Climent, y en 1598 su sobrino March Antoni Orti58. ϱϳ/ďŝĚĞŵ͕Ĩ͘ϯϯϲͲϯϯϳ͘ ϱϴZs͕ZĞĂůĂŶĐŝůůĞƌşĂ͕ZĞŐ͘ϱϮϱ͕Ĩ͘ϮϰϳͲϮϰϵLJϰϰϭǀͲϰϰϯǀ͕ƌĞƐƉĞĐƚŝǀĂŵĞŶƚĞ͘Kƌƚŝ͕ŚŝũŽĚĞƵŶĂŚĞƌŵĂŶĂ ĚĞů ŶŽƚĂƌŝŽ͕ ƉƌŽƚĂŐŽŶŝnjĂƌşĂ ĂůŐƵŶŽƐ ĚŝĄůŽŐŽƐ Ă ŝŶŝĐŝŽƐ ĚĞ ůĂ ŶƵĞǀĂ ĐĞŶƚƵƌŝĂ ĞŶ ĚĞĨĞŶƐĂ ĚĞ ƐƵƐ ƉƌĞƚĞŶƐŝŽŶĞƐƐŽďƌĞĞůĐĂƌŐŽ͕ĂŶƚĞůĂĞdžŝƐƚĞŶĐŝĂĚĞŽƚƌŽƐĐĂŶĚŝĚĂƚŽƐĂůŵŝƐŵŽ͘Zs͕ZĞĂůĂŶĐŝůůĞƌşĂ͕ZĞŐ͘ ϱϮϲ͕Ĩ͘ϭϲϳǀͲϭϳϬ͘
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No acaba aquí, sin embargo, la nómina de los que con este apellido sirvieron en la escribanía militar. Aún podemos citar la presencia de Miquel Hierony Climent y Luys Hierony Climent como delegados en dos
actos de marzo de 1544 y octubre de 1558, respectivamente59. En este caso
no contamos con datos que permitan identificarlos con certeza como miembros del mismo tronco al que venimos haciendo referencia -ninguna de las alusiones que constan en la documentación a los Climent que desempeñaron el oficio los incluye-, aunque no consideramos demasiado aventurado decantarnos por la consanguinidad que los unía.
En conclusión, la notaría del Estamento nobiliario sería durante la mayor parte del siglo XVI monopolio de una misma familia. Al margen de ella apenas queda reflejado algún nombre relacionado con el cargo. En un acta de 1546 se cita a Balthasar Benet Cabella como delegado del notario del Estamento; si su participación o la de otros representantes fue más o menos intensa, es algo que los datos disponibles no permiten demostrar, debido en gran medida al hecho de que en muchas ocasiones la documentación no indica el nombre del oficial aunque haga alusión a su trabajo.