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II. LA ORGANIZACIÓN INTERNA DEL ESTAMENTO

3. La estructura de las actas

Analizado el contenido de las actas militares en cuanto a aquellos que protagonizaban las juntas y su proceder en el desarrollo de las mismas, pasaremos ahora a describirlas desde el punto de vista formal, desde el cual es la uniformidad lo que resalta a primera vista. El escribano registra la información siguiendo una estructura que, salvo alguna pequeña variación, se mantiene intacta durante toda la etapa que analizamos, una estructura ordenada que podemos dividir en tres partes bien diferenciadas.

La primera de ellas conforma una especie de encabezamiento que nos sitúa en el momento de la reunión y ante los convocados. Tras indicar la fecha, hora y espacio del encuentro, como consecuencia casi siempre del llamamiento del portero a instancia del síndico, se recoge la nómina de asistentes, que presenta una no demasiado sustancial pero sí llamativa alteración a partir de la década de los cuarenta. Y es que, si desde finales del siglo XV nobles y caballeros aparecían de manera desordenada en el mismo listado, desde ese momento -la discontinuidad de la documentación no permite conocer exactamente cuándo se produjo el cambio- lo hacían en dos diferentes atendiendo a su categoría; algo de agradecer desde el punto de vista del investigador por cuanto permite advertir de inmediato si la proporción entre ambas estaba igualada o, por el contrario, mostraba diferencias sustanciales.

Son varias las apreciaciones que podemos hacer acerca de los componentes de tales listados. Entre ellas la costumbre del escribano de acompañar los nombres con el tratamiento correspondiente a cada categoría social, una práctica que permite reconocer más fácilmente a nobles y caballeros, sobre todo en aquellas nóminas en que aparecen juntos. Tanto en ellas como en referencias relativas al desarrollo de las sesiones, un don

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precede al nombre de los primeros, y un mosen o en al de los segundos86.

Por otro lado, son diversos los casos en que el oficial añade un maior de

dies o menor de dies -en ocasiones sólo maior o menor- para distinguir a

padres e hijos que comparten el nombre, dificultándose la identificación de los mismos cuando no consta dicha aclaración. No es este el único inconveniente con el que tropieza a veces el reconocimiento de nuestros protagonistas. De mayor gravedad resulta el registro de un mismo sujeto con diferentes apelativos; parece que no fue inusual en aquel tiempo el adoptar un nombre completamente distinto al propio, un hecho que respondería sobre todo al deseo de mantener ciertos apellidos que corrían el riesgo de desaparecer con motivo de sucesiones patrimoniales o ausencia de herederos. En este caso la solución a las dudas que pudieran surgir consistió en la anotación de ambos nombres, el nuevo y el antiguo, precedido este último por la voz olim -traducida como “antes”-.Tampoco facilita la tarea el hecho de alternar para los mismos casos nombres y gentilicios. No son pocas las ocasiones en que un listado deja ver una o varias referencias del tipo “el conde de…” o “el señor de…” entre decenas de nombres; como no lo son aquellas en que encontramos a esos mismos nobles en otras nóminas inscritos por su apelativo y no por el título que ostentaban.

La segunda de las partes en que hemos dividido el acta constituye el grueso de la deliberación militar. Tras dejar constancia del momento de la reunión y de los asistentes a la misma, el oficial expone el tema a tratar y las decisiones tomadas al respecto por el grupo. No podemos considerar la regularidad como la nota dominante en este punto, porque si en algunos casos contamos con referencias más o menos detalladas de lo discutido, en



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otros no se deja constancia sino de la decisión de delegar en electos. Al margen de aquellas sesiones en que no constan los asuntos a discutir, se observan notables diferencias en la exposición que de los mismos hace el escribano. Tan corriente resulta un acta que recoja el parecer del Estamento hacia una determinada cuestión, y muestre el contenido de misivas o documentos relacionados con ella, o los argumentos esgrimidos en defensa de su postura, como otra donde se exponga exclusivamente el asunto a tratar y la conveniencia de llevar a cabo algunas averiguaciones. Aunque de todas formas, sea mayor o menor el detalle con que este oficial se expresa, en pocas ocasiones da a conocer los términos de las discusiones, de manera que podemos conocer la existencia de conversaciones dentro del grupo y con agentes foráneos a él -sobre todo con los otros Estamentos-, pero no el contenido exacto de las mismas. Obviamente son muchos los asuntos de los que se exponen conclusiones y actuaciones derivadas de ellas, pero desconocemos el grado de consenso o discrepancia que alcanzaron los coloquios mantenidos al respecto, y la postura defendida por cada interlocutor. Como ignoramos el modo en que concluyó cada materia, más allá de las medidas adoptadas por el Estamento, junto a otros o en solitario.

Por último, cada acta finaliza con la referencia a dos testigos de los que quedan registrados el nombre y la profesión, así como el lugar de residencia en muchas ocasiones. Al respecto podemos destacar la abundancia de notarios, porteros y escribientes entre ellos, la mayoría de veces habitantes de Valencia.

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