LEJANO ORIENTE: Dicotomía antagónica de la Princesa china y las Geishas
FUNDACIÓN Y COLABORACIÓN EN REVISTAS
III.4 IMAGINERÍAS ORIENTALES DEL RASGO RUBENIANO
III.4.1 EL ORIENTALISMO RELACIONADO CON LA FUGA DE LA REALIDAD
Es indiscutible el eco de Rubén Darío en las obras de Villaespesa, tanto por su importancia como renovador estético finisecular como por su magisterio en la confección del orientalismo fabuloso. A lo largo del desarrollo de su labor lírica nunca se borrarán estas huellas rubenianas, si bien enriquecidas con sus sellos personales.
El orientalismo aprendido de Rubén evoluciona en diversas formas reflejando el gusto particular de nuestro autor. Cada vez más interesado por el tema, nuestro poeta llega a convertirse en el cultivador más constante del orientalismo en España.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que ambos poetas fueron influidos simultáneamente por la tendencia escapista del fin de siglo y esta propensión a la huída de su propio mundo, a la fuga de la realidad, obliga a los autores a acudir a un lugar lejano, lo
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cual se transfigura fácilmente en una devoción exotista-orientalista.
Para resumir nuestra reflexión sobre el tema, diremos que el exotismo modernista se basa en la búsqueda de un nuevo ideal, que procede del rechazo de la sociedad y del deseo de libertad artística, ambos factores, mediante la invención de un mundo imaginario con el pretexto de Oriente, conducirán a los autores modernistas a un mundo diferente y lejano que no coarta la imaginación del autor. De ahí que, muchas veces, la imagen oriental sea muy ambigua y no coincida con la realidad, hecho que no preocupa demasiado a los modernistas:
... sus (de Rubén) orígenes se remontaban a un lujoso Oriente, más soñado que real, su lengua confusa y a la vez brillante se asemejaba a la de un poseído o un profeta189.
El interés de Rubén por Oriente se centraba principalmente en su valor de lejanía, lo que comprobamos en sus propias palabras. Rubén trata de buscar aquella distancia que le separa de su propio mundo en busca de los ensueños:
189 José Álvarez Sierra, Francisco Villaespesa, Ed.Nacional, Madrid, 1949, p.97
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Yo soy el amante de ensueños y formas que vienen de lejos...190
La atracción por la lejanía reside en la posibilidad de dotar a ese espacio de la fantasía imaginaria del propio autor. Sobre ese fondo difuso y lejano que es el Oriente visto desde la perspectiva occidental, los autores crean un mundo irreal. Así se explica el empleo frecuente del adjetivo “vaga” que acompaña la palabra “lejanía”:
¿Qué son se escucha, son lejano, vago y tierno?191
En este sentido, el mundo lejano consiste primordialmente en la ambigüedad, cuya imagen Rubén resume en su expresión “vago Oriente”:
Y el viaje a un vago Oriente por entrevistos barcos192.
Esta imagen del “vago Oriente” transmite el sosiego que la cultura oriental exhala para los europeos; enfrentada a ella se encuentra la ansiedad
190 Arturo Marasso, Rubén Darío y su creación poética, op.cit, p.15 191 Francisco Villaespesa, P.C.I, p.127
192 Enrique Anderson Imbert (ed.) Poesías completas de Rubén
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generada por la cultura de la industrialización occidental:
... riegan a Oriente ensueño, a Occidente ansia viva193.
Esta visión de los dos mundos del contraste fue compartida comúnmente entre los coetáneos occidentales en el fin de siglo, surgida del choque de valores entre la aspiración al mundo espiritual y la decepción hacia la praxis materialista de la nueva sociedad moderna:
El problema común es el de la interpretación del significado de los hechos culturales en la sociedad moderna y con el establecimiento de la sociedad burguesa. El momento ese, justamente, en que los productos del espíritu se convierten en mercancía, y el hombre privado alcanza el escenario histórico194.
En la primera etapa de la producción poética de Villaespesa, a la que llamaremos rubeniana, el poeta sigue fielmente a Darío. Sus obras están llenas del ensueño y el misterio que emana de la tierra distante. La identidad del Oriente figurado en las obras de ambos poetas evidencia el fervor desmedido que compartían por
193 Véase un poema que se recoge por Enrique Anderson Imbert,
Poesías completas de Rubén Darío, op.cit., p.456
194 Iris M. Zavala, Rubén Darío: El modernismo y otros ensayos, Alianza Editorial, Madrid, 1989, p.11
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Oriente, superior a cualquier pretensión realista. En este aspecto, la explicación de Ricardo Gullón es convincente:
Fuerzas vigorosas impulsan al exotismo: “lejos”, “en otra parte” habrá un ámbito vital más tolerable. Basta con reconocer la diferencia existente entre “aquello” y esto, pues no importan tanto los detalles del mundo distante, su forma concreta, como el hecho de que contradiga la vulgaridad y chabacanería del propio;(...)195.
La realidad denegada fue sustituida por un nuevo ideal, “un nuevo valor” que, necesariamente, procede de lo extraordinario. Esta voluntad de Villaespesa se detecta en su verso, “en busca siempre de lo extraordinario” (Manos Vacías, 1935). Pedro Salinas precisa el concepto y la función de “lo extraordinario” en ese exotismo que abarca al orientalismo:
Al significado primario de lo exótico, lo que viene del extranjero, se le añade en seguida la nota de “muy” extranjero. Esto es, de raro, poco usual, extraño. Es decir, que en el amor a lo exótico no funciona tan sólo la tendencia a una cosa por ser extranjera, sino porque su calidad de extranjería la reviste de un carácter de excepcional, de poco vista, de una nuevo valor: lo que no todos, sino muy pocos, tienen o conocen, lo exquisito, en suma196.
195 Ricardo Gullón, Direcciones del Modernismo, Madrid, Ed.Gredos, 1958, p.98
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Junto con las observaciones de Ricardo Gullón y de Pedro Salinas acerca de la atracción exotista ejercida sobre los autores del modernismo, deberíamos señalar un aspecto importante en cuanto a la búsqueda de la rareza en el contexto del fin de siglo: la preocupación de ser “moderno”. Villaespesa estaba obsesionado por la idea de ser moderno. El concepto de modernidad comprendido por Villaespesa se basa de una idea de novedad en la que juega un papel fundamental la rareza como recurso contra el convencionalismo y conformismo, de donde procede ese gusto por todo lo desconocido.
La virtud del orientalismo, como hemos insistido, se cifra en su capacidad de proporcionar el extrañamiento. Las características que Rubén percibe en la “voz de Oriente” son la rareza y la lejanía, las cuales encubrirán el verdadero deseo de los autores modernistas: crear un mundo irreal de ensueños quiméricos:
Que canta con voz de Oriente Un raro canto lejano197.
Por esta razón, es preciso que la imagen de Oriente sea “vaga” o “de ensueño”, manipulada
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deliberadamente, sólo para soñar. Este será un dato sumamente importante para entender el orientalismo modernista.
Como venimos observando, en las obras de Villaespesa encontramos a menudo esta imagen de Oriente descrita como “vaga lejanía”:
Perdidas en la vaga lejanía198
Entre los rasgos inconfundiblemente rubenianos que se encuentran en Villaespesa, cantor de los cisnes y de la sensualidad de Leda, se destaca su preferencia por la fantasía oriental. Es evidente que el poeta almeriense antepone la ilusión y los ensueños de Oriente a los símbolos clásicos, previamente acuñados por Rubén:
Trina fabulosos cuentos orientales;
ni cisnes de nieve, de ensueño y de seda, a pesar de las rosas carnales
y los muslos divinos de Leda...!199
Muchas veces, la estampa orientalista se asocia con el opio, que produce una ilusión engañosa. Los ensueños orientales hipnotizan a los autores que
198 Francisco Villaespesa, P.C.II, p.186 199 Ibid., p.124
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repudian la realidad, pero su efecto es momentáneo y acaba desvaneciéndose. En consecuencia, los soñadores vuelven a este mundo al que no quieren pertenecer. La fascinación de Oriente se equipara al fenómeno anestésico: no existe en la realidad, sino que se sueña. Los modernistas tienden a asociar orientalismo y decadentismo, lo cual marca una conducta fuera de las reglas sociales. El “Ensueño de opio” (La copa de rey
Thule, 1900) de Villaespesa es un claro ejemplo de este
tema:
Ama los goces sádicos Se inyecta de morfina pincha a su gata blanca. El éter al fascina y el opio le produce un ensueño oriental...200
El opio simboliza por sí mismo el ensueño transitorio, pero cuando se asocia al humo del cigarrillo hecho de opio, la imagen gana en eficacia al referirse a la fugacidad de la ilusión, y se extiende a la del ave, símbolo villaespesiano, cuyo significado más habitual es el del ensueño ilusorio:
En un sueño muy suave, muy suave y muy ligero, que a mieles de besos sabe, te miré en un fumadero de opio, surgiendo grave
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del humo, como un lucero... Luego, fuiste como un ave azul en un limonero... (“Japonería, IX, X)201
El cigarro se impregna de los ensueños y la sensualidad de Oriente. La imaginación de nuestro autor orientalista se ensancha con el humo y con el olor del cigarrillo, ambos se unen con la imagen de la danza sensual y del perfume provocativo de la mujer oriental. Esta evocación de Oriente concierne al sueño que se esfuma vanamente en un momento:
El cigarro de Oriente
Que en mis labios febriles se consume Envenena mis sueños y el ambiente Con la sensualidad de su perfume202.
Villaespesa es consciente de este espejismo, que se refleja en su verso: “en los sueños de opio de Nada” (“SPES”, Manos vacías, 1935). Detrás de esta ilusión imaginaria se encuentra el vacío y la conciencia de este desengaño abre camino al pensamiento búdico. Esta evolución hacia el budismo lo diferencia de los demás modernistas que, con el transcurso del tiempo, defraudados al no hallar la ilusión y los ensueños
201 Ibid., P.C.II, Pp.830-831
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proyectados al final del camino, llegaron a negar aquella lejanía. Éste sería, además, uno de los motivos por los que los poetas modernistas abandonaron en seguida el cultivo de los temas orientales.
Los autores, rebelándose contra las rígidas normas que impone la sociedad sobre la conducta personal, alcanzan la liberación de aquéllas en la cultura asiática. La predilección por esta zona del mundo proviene de la mitificación de Oriente, esto es, los autores aprovecharán la ventaja dada por la distancia de una cultura lejana, desconocida en Europa, para falsificarla según sus propios intereses decadentistas:
El interés por la historia y las escenas exóticas es otra manifestación más de la huída del presente. Se buscan ambientes decadentes y sensuales en las civilizaciones asiáticas...203
El erotismo decadente buscado en Oriente pone de manifiesto el rechazo de la cotidianeidad al unirse con el escapismo como forma de protesta contra el hastío que su realidad engendra. En esta propensión a huir de su propio mundo resultó fácil la adaptación de la cultura oriental.
203 VV.AA., Historia de la literatura española e hispanoamericana, Ed.Orgaz S.A., tomo VI, Madrid, 1980, p.200
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III.4.2 LA SENSUALIDAD CREADA POR LOS MOTIVOS