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POÉTICA DE VILLAESPESA

I. MODERNISMO Y ORIENTE

I.3. MITIFICACIÓN DEL LEJANO ORIENTE EN LAS OBRAS MODERNISTAS

I.3.3 ORIENTE MITIFICADO EN EL FIN DE SIGLO

El orientalismo finisecular difiere del de épocas anteriores por su concepto de la mitificación: con el movimiento de renovación literaria del fin de siglo, en el que, más que nunca, se concede libertad a los autores, la variación creativa dependerá exclusivamente de su voluntad artística. Los escritores insertan Oriente en su mundo ideado, manipulándolo a su conveniencia en busca de la utopía, por lo que deja en evidencia diversas estampas que no obedecen a la realidad.

Con la llegada del simbolismo, se avivó intencionadamente este tipo de invención de Oriente en la obra literaria, es decir, los autores fueron conscientes de la mitificación o la idealización a que sometían la realidad oriental, identificando aquel lugar con el mundo misterioso donde reside el alma. Mientras el progreso del mundo moderno imponía la visión materialista, Oriente se apreciaba como lugar donde predominaba el espíritu sobre la materia. La imagen oriental representaba el misterio, los arcanos de la vida y la cultura. Los modernistas heredarán este

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rasgo para establecer un mundo propio de cada autor en su proceso de interiorización.

En este momento, no tiene ya sentido discutir sobre la autenticidad de las imágenes orientales en las obras literarias, según se puede inferir de la siguiente afirmación de Lily Litvak, referida a la estética simbolista:

En el Oriente está la misteriosa senda hacia dentro de nosotros mismos79.

Nos parece que esta frase es clave para entender el orientalismo en la literatura modernista: como hemos insistido, en el orientalismo de ámbito simbolista, cuya estética presenta el material poético envuelto en significados simbólicos, la imagen de Oriente no aparece de forma explícita. La evasión de la realidad se lleva a cabo en un lugar y un tiempo lejanos; por esta razón, las leyendas y mitos fueron en la época la materia predilecta para la literatura, mientras que el verdadero Oriente se evapora en el proceso de la elaboración literaria:

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En el exotismo, hasta cierto punto, importa relativamente poco el conocimiento que se tenga de la región. Puede ser profundo, relativo y hasta malo. El lugar puede haberse visitado o conocerse por la imagen, el arte, la lectura. El conocimiento puede ser erudito, pero también inexacto y aun confuso. De cualquier forma, hay en la visión que se tiene del mundo exótico una mezcla de espacio y de tiempo, de pseudo verdadero y de falso, de detalles pequeñísimos y de visiones groseramente vastas... la singularidad del material que se maneja imparte a esas obras un carácter de irrealidad.80

La necesidad de mitificar Oriente es suscitada por la ambición de crear un mundo irreal y virgen, alejado de la civilización moderna, refugio interior del poeta: la ambigüedad que tradicionalmente envolvía a Oriente ahora es forzada y la ensoñación de la realidad es su único método de aproximación:

Lo importante en esta recreación de Oriente por el modernismo es la actitud. El poeta se preocupa menos de la autenticidad de lo que nos dice que del efecto que nos puede causar. Ese “misterioso” Oriente sólo existió en la imaginación del poeta que “engaña” a su lector.81

Cuando los literatos modernistas conocieron la realidad de Oriente, la negaron deliberadamente para conservar la imagen mitificada y seguir soñándola.

80 Abdellah Djbilou, Divan modernista. Una vision de Oriente, Ed. Taurus, Madrid, 1992, p.44

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Ellos ajustaban la imagen oriental a los prejuicios y prototipos tradicionalmente preestablecidos, puesto que la real no servía para crear imágenes de misterio. Nos interesa citar el siguiente texto, donde se muestra un claro ejemplo de esta mitificación:

Así que más que una entidad geográfica definida, el Oriente fue un escape hacia un mundo donde el sol brillaba más, donde se llegaba a la fuente de la vida y los instintos, ahora, olvidados, donde el hombre podía escuchar música nunca oída....82

Insistimos en que esta descripción de Oriente difiere mucho de la realidad. Es evidente que los literatos identificaban Oriente con una especie de paraíso perdido, que les servía como pretexto para inventar su mundo ideal. Los autores deseaban fugarse del mundo moderno (de ahí, la utilización de Oriente como “escape”), que ya no les proporcionaba la posibilidad de soñar:

Y pronto no conoceré ningún lugar en el que poder refugiar mis sueños,...83

Esto sucedía así no sólo en el caso de Nerval, también en el de la mayoría de los literatos, para los

82 El sendero del tigre, op.cit., p.108 83 Orientalismo, op.cit., p.131

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que también “Oriente es el símbolo de la búsqueda onírica”. En este contexto, fue precisa la reestructuración de Oriente, y su resultado fue el aumento de sus elementos mitológicos. Seguimos con el testimonio a propósito de Nerval:

Como muchos otros viajeros, se interesa más por rehacerse a sí mismo y rehacer Oriente que por ver lo que hay que ver.84

Esta tendencia se intensificará mediante su desplazamiento en el tiempo más que en el espacio, dando lugar al orientalismo temporal al que Pedro Salinas remite, aludiendo a Gautier (Tarbes, 1811- 1872):

El mismo Gautier distinguió dos clases de exotismo, según cuentan los Goncourt en su Journal: “Uno inspira el deseo de buscar lo exótico en el espacio, por ejemplo, América, mujeres verdes o amarillas, etc. Hay un gusto más refinado, una suprema corrupción, y el gusto por lo exótico a través del tiempo.85

El gusto por lo exótico-temporal coincide con la actitud modernista, dado que los autores, descontentos con el mundo moderno, navegaban hacia el tiempo lejano.

84 Ibid., p.236

85 Pedro Salinas, La poesía de Rubén Darío, Barcelona, Ed. Seix Barral, 1975, p.108

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Por consiguiente, los literatos recuerdan los mitos orientales y sustituyen la realidad moderna de Oriente por aquellos.

En Oriente, convertido en el mundo de los cuentos, es donde viven “las princesas chinas custodiadas por el dragón”, cantadas por los poetas modernistas. Sin embargo, ese “mundo de ensueño” es inexistente, con lo cual Oriente termina por designar un mundo imposible de alcanzar, inventado según el deseo del autor. En él, la mitologización de Oriente culmina en la pura fantasía.

La afición modernista al viaje espacio-temporal en busca de un lugar exótico continúa en el viaje al interior del poeta, y su consecuencia es, una vez más, una invención del paisaje oriental.

En este punto se nos plantea una cuestión: ¿qué es realmente lo que pretendían los autores modernistas mediante la descripción del paisaje de un Oriente mitificado? La respuesta sería que se trata de una huida hacia la irrealidad. Oriente y sus mitos pertenecen al mundo irreal, en el reino interior, donde se puede soñar con libertad absoluta. El hastío y el aburrimiento que sentían los autores finiseculares ante

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la sociedad burguesa y ante la estética realista que impedía la fantasía artística, los conducen a un mundo desconocido como era el de Oriente. Sin embargo, cuando éste perdió su misterio, los literatos lo mitificaron. Así, el misterio de Oriente fue salvaguardado en el interior de cada autor.

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