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EL PANORAMA BIBLIOTECARIO A COMIENZOS DEL SIGLO XX.

EL PANORAMA BIBLIOTECARIO A COMIENZOS DEL

SIGLO XX.

El panorama bibliotecario en España a comienzos del siglo XX se caracteriza por la existencia de unas bibliotecas atrasadas, atraso que ni siquiera se subsanó con el Reglamento de las Bibliotecas Públicas del Estado de 1901 que, aunque trató de organizar los catálogos de los centros, de establecer una clasificación de los mismos y, en la mayor parte de su articulado de las funciones de los diferentes clases de personal existentes en la biblioteca, no logró facilitar el dificultoso acceso a la información que dependía de la clase social a la que se perteneciese o de la disposición y buen criterio del bibliotecario.

Existían sin embargo bibliotecarios activos y propulsores de las nuevas tendencias, como es el caso de Antonio Paz y Meliá, que abogaba por la creación de las bibliotecas públicas para todos a la manera de las bibliotecas públicas de Estados Unidos y Gran Bretaña y de bibliotecas infantiles en las que se comenzase a desarrollar el hábito de la lectura de la población más joven. Su petición cuajó efecto y por el Real Decreto de 10 de noviembre de 1911 se crean las bibliotecas populares en Madrid y Barcelona y a partir del Real Decreto de 22 de noviembre de 1912 se aconseja crear secciones populares en las bibliotecas universitarias ya que existían dificultades para encontrar edificios que albergasen estas nuevas bibliotecas1.

Si este era el panorama en España a comienzos del siglo XX muchos autores destacan sin embargo la precursora actuación de Bartolomé José Gallardo y Blanco, bibliotecario de las Cortes que en 1813, apoyado por los diputados liberales consiguió que se aprobase la creación de la Biblioteca Nacional Española de Cortes y su reglamento. Este reglamento puede considerarse en realidad un verdadero proyecto de un sistema de bibliotecas provinciales, el primero, de hecho, que ha

1 PAZ y MELIÁ, Antonio. La cuestión de las bibliotecas nacionales y la difusión de la cultura. Revista de Archivos, Bibliotecas

existido en la biblioteconomía española. Esta idea novedosa no ha pasado de ser una idea de papel convirtiéndose sencillamente en un hecho histórico que merece la pena ser resaltado2.

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Aunque la situación bibliotecaria de nuestro país como podemos observar no era nada alentadora sí que hay que resaltar que existía una gran diferencia entre el desarrollo bibliotecario en Cataluña y el desarrollo bibliotecario en el resto del país. Cataluña era la región española más industrializada y a este desarrollo se unió una planificación de un sistema de bibliotecas populares que puede compararse con el existente en Gran Bretaña.

El Instituto de Estudios Catalanes creó en 1910 una biblioteca que recibió el nombre de Biblioteca de Cataluña y nombró como director de la misma a Jordi Rubió i Balaguer. Lo novedoso de esta situación va a completarse porque el Instituto tuvo especial interés en que J. Rubió se formase como bibliotecario para lo cual estuvo unos años estudiando en Alemania lo que le llevó a interesarse por el sistema bibliotecario de este país y por su organización de los centros.

La Biblioteca de Cataluña va a recibir, por tanto, una organización totalmente novedosa y acorde con las tendencias más avanzadas debido al bagaje de su director, por ello la clasificación de la colección se realizará a partir de la CDU3 y va a establecer por primera vez en España un fondo de libre acceso constituido por las obras de consulta general4.

En 1914 se estableció la Mancomunidad de Cataluña, que fue sensible desde el primer momento a la necesidad de crear un sistema de bibliotecas populares en la región que debería basarse en tres pilares que podemos considerar básicos para el desarrollo de un sistema bibliotecario adecuadamente planificado:

1) El sistema de bibliotecas populares debe desarrollarse en base a un plan orgánico previamente establecido.

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ESCOLAR SOBRINO, Hipólito. Historia de las bibliotecas. Salamanca: Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1990, p.433- 435

3 CDU: Clasificación Decimal Universal

2) El personal que se ocupe de estas bibliotecas debe estar adecuadamente formado regularizándose esta formación a través de la creación de una Escuela de Bibliotecarias.

3) Coordinación y cooperación con otras administraciones tales como Diputaciones y Ayuntamientos y con entidades e individuos particulares y entre las distintas bibliotecas que conformen el sistema.

Ya el 26 de mayo de 1915 se aprobó el proyecto para la implantación de este sistema que había elaborado Eugenio D’Ors i Rovira en el que se definían las funciones de las bibliotecas populares, su puesta en funcionamiento, personal y colección necesarios.

La Biblioteca de Cataluña pasará a realizar las funciones de biblioteca regional y por tanto se va a convertir en la cabeza del sistema bibliotecario catalán. Esto hace que se decida que las bibliotecas populares deben utilizar el mismo sistema de clasificación que la Biblioteca de Cataluña y desde el primer momento se irá realizando un catálogo colectivo en forma de fichas o cédulas para evitar el inconveniente de no poder incluir entradas en los catálogos en formato libro. Además entre otras funciones se encargará de servir a las bibliotecas populares en préstamo las obras más especializadas que soliciten sus usuarios5.

El desarrollo de este sistema bibliotecario se completa con la implantación de bibliotecas rurales que si en principio comienzan a desarrollarse en la provincia de Barcelona el plan prevé que deberán abarcar toda Cataluña coordinadas a través de la creación de una gran biblioteca central en cada provincia.

De este modo este sistema bibliotecario tendrá una estructura piramidal que encabeza la Biblioteca de Cataluña y de la que dependerán las bibliotecas provinciales y a su vez de estas últimas las bibliotecas rurales. Como apoyo de este sistema estará la Escuela de Bibliotecarias en la que se forman los profesionales que van a llevarlo a cabo siendo tal la preocupación por la consecución de una

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planificación adecuada que se encargarán de que alguno de los estudiantes de la escuela conozcan in situ la situación bibliotecaria del Reino Unido y los sistemas y planes que se están poniendo en práctica.

El papel de organismo central de carácter administrativo y técnico del sistema lo realizará la Biblioteca de Cataluña hasta que en 1920 se creó la Dirección Técnica de las Bibliotecas Populares, que se encargaba de la compra y preparación técnica de los libros que conformarían las colecciones de las bibliotecas populares. Para unificar el tratamiento técnico Jordi Rubió i Balaguer publicó su obra “Catalogación y Ordenación de Bibliotecas. Instrucciones elementales”6 en 1928, convirtiéndose en el primer manual de biblioteconomía moderna de España.

Este moderno sistema bibliotecario recibió un duro golpe con la ascensión al poder central de Miguel Primo de Rivera, que arremetió contra la autonomía catalana hasta que, en 1925, logró hacer desaparecer a la Mancomunidad de Cataluña. Las bibliotecas catalanas pasaron a depender de las diputaciones provinciales que, de nuevo, se habían restablecido en todas las provincias catalanas y de uno u otro modo estas diputaciones trataron de mantener el sistema bibliotecario aunque ya no podemos hablar de sistema desde el momento en que desaparece la unidad central de gestión7.

En los años posteriores Jordi Rubió y Eugenio D’Ors continuaron luchando por imponer sus ideas sobre la implantación de un sistema bibliotecario. El primero desde la dirección de la biblioteca de la diputación de Barcelona trataba de que no desapareciese el espíritu unitario que había regido el sistema bibliotecario catalán y el segundo extendió su idea de forma que fue acogida por las cajas de ahorro y por la Federación de Prensa, que intentó extenderla a toda España, aunque este intento fracasó.

La llegada de la II República Española trajo consigo la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña y con ello la creación de la Generalitat de Cataluña, que vino a sustituir a la antigua Mancomunidad como un ente de gobierno autónomo. Este organismo va a recoger la preocupación por las bibliotecas, pero no sólo por las

6 RUBIÓ I BALAGUER, Jordi . Sobre biblioteques i biblioteconomía. Barcelona: Generalitat de Catalunya, Abadía de

Montserrat, 1995, p.293-326.

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populares, sino que pone bajo la protección del Servicio General de Bibliotecas todas las bibliotecas y colecciones bibliográficas existentes en la región.

Esta nueva situación hace que se plantee otra vez la necesidad de crear un organismo central que gestione el sistema bibliotecario catalán y en este caso va a ser el Servicio de Bibliotecas, Archivos, Museos, Monumentos y Excavaciones, que subdividido en cinco secciones, contaba con una encargada de las bibliotecas y el Comité Superior de Bibliotecas, Archivos, Museos, Monumentos y Excavaciones. Por su parte el gobierno central de la República le traspasó a la Generalitat las competencias en materia de bibliotecas excepto las bibliotecas docentes y las particulares.

Esta organización duró pocos años pues la Guerra Civil supuso que ya antes de su finalización el Gobierno Nacional suprimiese todas las competencias de la Generalitat8.

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