PARTE I: Componentes teóricos que delimitan la problemática de
Capítulo 1: Apalabrando ideas: algunos componentes teóricos
1.9. El patrimonio cultural componente del desarrollo local:
Excede a los objetivos y la intención de la investigación abordar el paradigma del desarrollo local, pero sin embargo, si se considera propicio hacer una breve mención al papel que la conservación del patrimonio cultural integral y la revitalización de la identidad, puede tener para el mismo; porque como menciona Di Pietro Paolo (2001: 20) “no existe una definición excluyente de Desarrollo Local”.
Autores como Alburquerque (1997, en Diez Tetamanti, 2012) afirman que existen varias concepciones respecto al mismo; pudiendo ser entendido como el desarrollo de un nivel territorial inferior como es el caso de un municipio, ya sea resaltando el desarrollo endógeno tratado como el resultado del aprovechamiento de los recursos locales de un determinado territorio, o bien como una manera alternativa de desarrollo concentrador sustentado en un enfoque verticalista en la toma de decisiones. “Pero en líneas generales se coincide en que el desarrollo local debe orientarse a asegurar mejores condiciones de vida de la población local, tratando de centrarse en la mejor utilización de los recursos locales para promover nuevas oportunidades. Oportunidades en materia económica y organizacional, que se corresponderán con mejoras en las condiciones de vida generales, venga el crecimientos desde arriba o desde abajo, por parte de los gobiernos/ administradores o las corporaciones/ empresas privadas” (Diez Tetamanti, 2012: 74).
Sin hacer referencia al componente económico que reviste a cierto modelo de desarrollo, “Alburquerque (1996) resalta el carácter endógeno del desarrollo, entendido como potenciación de los recursos locales” (Di Pietro Paolo, 2001: 21), definiéndolo como un proceso reactivador y dinamizador de la economía pero principalmente de la sociedad local, porque mediante el aprovechamiento de los recursos no sólo se debe estimular el crecimiento económico y la creación de empleo, sino también mejorar la calidad de vida de la comunidad local.
Se considera que la valoración y rescate del patrimonio cultural, como también así el fortalecimiento de la cultura y la identidad local permite la reactivación de espacios patrimoniales olvidados para su refuncionalización a la vez que mejora la calidad de vida en el sector. Retomando el concepto de glocalidad, esta iniciativa puede ser una estrategia para insertarse en circuitos regionales o de mayor escala. A la vez, mediante procesos participativos de acción, la sociedad local se puede ver dinamizada y movilizada, sobre todo en los llamados espacios perdedores, donde luego de perder sus actividades dinamizadoras han quedado en un letargo en el que se les hace difícil pensar en un presente y futuro.
Esto puede ser posible, porque el desarrollo local debe tener como
“objetivo un proceso de transformación que tiende a generar condiciones de mayor equidad, sustentabilidad, gobernabilidad y participación” (Informe Argentino sobre Desarrollo Humano, 1997, en Di Pietro Paolo, 2001: 21) en una perspectiva más integral, en la que el municipio se cimiente sobre un modelo de gestión político- administrativo en el que se articule gobierno y sociedad local y, esta sea escuchada. Existe un caso concreto en el área de estudio, en el cual la valoración del patrimonio construido surgió de los mismos vecinos para mejorar la calidad de vida en el sector, en defensa de la Colonia Obrera Sansinena y, fueron ellos quienes acudieron al gobierno local y realizaron las gestiones necesarias.
La visión de desarrollo local es, como menciona Diez Tetamanti (2012: 75), “referido a la apertura de posibilidades de comandar parte del desenvolvimiento, del devenir cotidiano, los eventos que construyen y constituyen el espacio”. De esta manera, al interior de este modelo existen distintos programas y proyectos de acción en los que el patrimonio cultural local merece (y debe) ser uno de ellos. Como se dijera anteriormente, es preciso de una activación de los bienes culturales para que se conviertan en patrimonio; y estos repertorios pueden ser activados por cualquier agente social. En línea con la visión que el desarrollo local puede ser entendido de diversas maneras, es conveniente que cuando se diagraman los planes de desarrollo la participación se extienda a los distintos órdenes de la sociedad.
Para el caso del patrimonio conviene mencionar que la selección para su conservación puede depender de distintos contextos, tales como: 1) contexto científico- profesional (enmarcado por la actividad académica y la investigación de universidades, instituciones científicas, museos, organizaciones profesionales, que aplican políticas de adquisición y conservación y desarrollan programas de investigación y difusión); 2) un contexto societario- civil representado por la vida civil y la actividad asociacionista (asociaciones culturales y conservacionistas, ONGs y entidades sin fines de lucro involucradas en la difusión del patrimonio).; 3) un contexto político- administrativo enmarcado
por las administraciones públicas, que actúan de acuerdo a la ley; 4) un contexto económico enmarcado por las relaciones económicas que tienen lugar en la sociedad, donde los agentes acuden al mercado que sopesa y pone precio a los bienes culturales y a las iniciativas de conservación (Ballart Hernández y Juan i Tresserras, 2001).
En estos, la selección o el atribuirles valor, depende de determinado contexto cultural, histórico e incluso psicológico; dependiendo de ello unos recursos son más apreciados en un momento dado que otros (Ballart Hernández y Juan i Tresserras, 2001). Para Burin y Heras (2001) cuando se trabaja con procesos de participación, el factor psicológico y el cultural son los que mayor peso tienen, facilitando el consenso o provocando el disenso. Esto se debe a la necesidad de conocer la cultura del grupo, las distintas posturas que puedan existir, la “interacción cotidiana de los miembros de cualquier grupo social” (Burin y Heras, 2001: 56), cuando se actúa como actor externo (o participe interno) en acciones en pos del desarrollo.
“Este enfoque resulta útil, para analizar los procesos que tienen lugar cuando se convoca a actores sociales, organizaciones o instituciones a trabajar sobre el desarrollo de una localidad con técnicas que permiten la participación activa de todos ellos. En estas reuniones suelen producirse encuentros (y desencuentros) culturales: cada uno de los participantes piensa y actúa en base a sus premisas, sus experiencias, sus intereses diferentes y sus diferentes perspectivas culturales” (Burin y Heras, 2001: 56). En General Cerri, recientemente políticas energéticas impuestas desde el gobierno nacional han tratado de llevar adelante transformaciones en la zona costera para convertir al espacio en un polo petroquímico en vinculación directa con abastecimiento de gas natural licuado. Sin embargo, la resistencia de los pobladores se hizo notar, manifestando incluso que la propuesta no respondía a la identidad local. Este tema será tratado oportunamente en un capítulo posterior.
Como menciona Di Pietro Paolo (2001) la aceleración de la globalización ha afectado a las identidades, pero cuanto mas profundas son las tendencias universalizantes, con mayor fuerza las localidades buscan reafirmar sus identidades y se apegan a su lugar. “En este aspecto, los procesos de desarrollo local significan la afirmación de la diferencia; no de una diferencia impuesta desde afuera sino de aquella generada en el espesor de cada proceso histórico, donde la identidad no puede ser nostálgica sino que debe jugar un papel activo, dinamizador (…) Uno de los factores determinantes del desarrollo local es la conformación de una cultura local de desarrollo, donde las características de la comunidad jueguen un papel fundamental, lo que implica que la identidad propia de cada territorio pasa a convertirse en sustento de su desarrollo productivo” (Di Pietro Paolo, 2001: 27).
1.10. El espacio local como clave en la conservación del patrimonio y la