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PARTE I: Componentes teóricos que delimitan la problemática de

Capítulo 1: Apalabrando ideas: algunos componentes teóricos

1.3. Lo local en el centro de la mira

Es posible afirmar en palabras del autor Di Pietro Paolo (2001: 25) que el “territorio es una noción estrechamente ligado a lo local (…) En la escena local el espacio se convierte en territorio real, vivo, interpelante, que obliga a situarse en una perspectiva integral porque la atención se dirige a la construcción social cotidiana, al hombre concreto y su entorno inmediato, a su permanente transformación de la naturaleza” (Figura 6).

Figura 6. La relación territorio usado- cotidiano conforman al lugar

Fuente: Elaboración propia, Kraser Ma. Belén, 2014.

Centrar un tema de estudio y análisis en un espacio más acotado, denominado corrientemente como lo local, implica una serie de aclaraciones que merecen ser tenidas en cuenta. Esto se debe porque hablar de lo local no implica hacer referencia a un espacio que se enfrasca aislado del mundo. Muy por el contrario, “lo local es un concepto relativo a un espacio más amplio. No puede analizarse lo local sin hacer referencia al espacio más abarcador en el cual se inserta (municipio, departamento, provincia, nación, región)” (Di Pietro Paolo, 2001: 23).

En la actualidad y desde hace algunos años, es posible encontrar en la bibliografía las paradojas y relaciones que surgen de la contraposición local/global; tensión en la que hay que evitar caer en uno de los dos excesos posibles: por un lado, reducir lo particular y su idealización y por otra parte, ignorar las especificidades y posibilidades locales entendiendo a la globalización como aplastante (Di Pietro Paolo, 2001). En tal sentido, “una sociedad local es una expresión singular y única, pero a su vez se inscribe en una realidad estructural, cuya lógica de funcionamiento trasciende las pautas locales. Justamente lo local plantea el desafío de mantener una apertura a lo universal desde lo particular; es decir, cómo insertarse en lo universal desde y a partir de la propia especificidad, a través de una actitud de pensar global y actuar local (…) Lo global no reemplaza a lo local, sino que lo local opera con su lógica dentro de la lógica de lo global” (Di Pietro Paolo, 2001: 23).

Daza (2001) menciona que como se sabe la globalización es un proceso inevitable, pero esto no quiere decir que deban ser aceptadas

pasivamente todas sus consecuencias. Agrega al respecto que “no podemos permitir que nuestros pueblos sufran un proceso de empobrecimiento permanente y para evitarlo debemos preguntarnos de qué forma podemos hacer convivir a la globalización con un proyecto de desarrollo local importante donde incluso tenga fuerte incidencia la defensa de la identidad cultural propia” (Daza, 2001: 161).

En el debate global/ local, al hablar de lo local, entra algunas veces en discusión un concepto que no debe ser pasado por alto como es el de lugar. El mismo, “no es una parte, es el todo mismo concretado en lo local. El pensamiento dialéctico niega la existencia empírica del fragmento como independiente, como parte aislada, pero reconoce el lugar empíricamente como funcionalización del todo” (Silveira, 1995: 57). La autora Di Nucci (2009) retoma a A. Carlos (1997) para explicitar que “el lugar se produce en la articulación contradictoria entre lo mundial que se anuncia y la especificidad histórica de lo particular. De este modo, el lugar se presentaría como el punto de articulación entre la mundialidad en constitución y lo local en cuánto especificidad concreta, en cuanto momento. Sólo es posible el entendimiento del mundo moderno a partir del lugar en la medida en que éste fuera analizado en un proceso más amplio” (Di Nucci, 2009: 2).

Sassen (2007), en camino inverso, puesto que parte del análisis de las generalidades de la globalización y lo global en vez de las especificidades del lugar y de lo local, reafirma la idea anterior al mencionar que el análisis de las dinámicas y procesos de globalización no sólo deben limitarse a la escala global, sino también a la subnacional y para ello es necesario contemplar esta escala como elemento de los procesos globales. “La globalización consta en gran parte de una variedad enorme de microprocesos que comienzan a desnacionalizar aquello que se ha construido históricamente (…) La globalización es mucho más de lo que se ve a simple vista y no se reduce a lo que nos muestran los órdenes globales más visibles” (Sassen, 2010: 20- 21).

Hablar de lo local como algo inerte carece de sentido, a la vez que sería una falacia. Al hablar de lo local, es en definitiva de una sociedad local de la que se está hablando. De acuerdo a Arocena (1995, en Di Pietro Paolo, 2001: 24) “la existencia de una sociedad local depende de una serie de condiciones que se expresan en dos niveles. Un nivel socioeconómico: toda sociedad conforma un sistema de relaciones de grupos interdependientes entre los que se juegan cuestiones de riqueza y poder y, un nivel cultural: toda sociedad supone una historia común y un sistema de valores internalizado (identidad colectiva)”.

Entendido así, en un territorio determinado se encuentra una sociedad local portadora de una identidad colectiva expresada en valores y normas interiorizadas. Todo ello en un espacio local, en el cual “cuanto más se

mundializan los lugares, más se vuelven singulares y específicos, es decir únicos (…) cada lugar es extremadamente distinto de otro, pero también claramente unido a todos los demás por un nexo único, que proviene de las fuerzas motrices del modo de acumulación hegemónico universal (…) Resulta fundamental afirmar que el proceso de globalización no homogeniza, no borra ni las desigualdades ni las contradicciones de la vida social, sino que por el contrario las profundiza y desarrolla” (Di Nucci, 2010: 34- 35).

En ese espacio local, el territorio usado, el del cotidiano como se ha mencionado anteriormente, los microprocesos que se manifiestan de la globalización como afirma Sassen (2010) son los intersticios de la globalización entendida como proceso homegeneizante y borrador de las especificidades, como se solía creer en décadas pasadas. La clave está en detectar de esos microprocesos (o lógicas como preferencia para esta investigación), cuáles son los que pueden actuar como dinamizadores del espacio local sabidos aprovechar.