AGRUPACIONES Dioses Creadores
EL PRÍNCIPE FLOR
Xochipilli, palabra náhuatl que quiere decir “Xochitl”, flor, “Pilli”, príncipe o niño, adjudicado como el “Príncipe de las flores”, era el nombre del dios del amor, de los jóvenes y de la fertilidad, señor de las flores y de las artes (pintura, música, danza, canto y juegos), patrono de los nobles, los floristas, los jugadores y los danzantes, nacido de Xochitlicue, una de las tres hijas del señor y la señora de la tierra, Tlaltecuhtli y Tlalcíhuatl, que junto al señor del viento, Ehécatl, tuvo como hijo y a su hermana gemela Xochiquétzal, siendo ambos los regidores del amor en todos sus aspectos sin llegar a las carnalidades, las cuales estaban regidas por las Ixcuiname. A Xochipilli se le representaba joven de rostro decorado con mariposas y flores, que él hacía prodigándoles formas, colores y aromas, su rostro simbolizaba lo multicolor, tlapapalli, como expresión de su dominio sobre los colores que impregnaba sobre los pétalos de la oceloxóchitl, flor jaguar, en el ala de mariposa, papálotl, o en el plumaje del colibrí, huitzitzilin. El príncipe de las flores representa el amor, la galanura y la concupiscencia, lo placentero y ameno, la danza, el canto, los recreos, el arte, las flores y lo colorido lo recreaba con sus manos, dador del yollotopilli (bastón del corazón), que empuñaba como cetro y que gobernaba los corazones del hombre y que el mismo se encontraban ensartados, aprisionados por la atracción que con ellos ejercía, el romance, la ilusión, el arte y todo lo que hacía al hombre amable y alegre estaba en manos del cetro del dios, capaz de mover lo más sensible del alma del hombre (tonalli), lo puro y lo pecaminoso, lo infantil y lo maduro, los silbos y cantares, así como la agilidad de piernas y caderas para el juego, el ritmo en los pies para la danza, etcétera.
Xochipilli como su hermana Xochiquétzal eran patronos de los Xochimilcas, y junto a Quetzalcóatl no deseaban sacrificios de sangre, sino ofrendas de flores y pan, como la práctica y la costumbre de aspirar el aroma de las flores durante la “Fiesta de Flores” a su honor llamada Xochílhuitl durante el mes Teotleco, práctica que no era un deleite mundano ni un alarde por apreciar las flores, sino, el cultivo por tenerlas en profusión, siendo una manera de recordar y venerar al dios flor, donde los señores pasarían aquel día llenos de regocijo rodeados de ramilletes de flores, constituyendo un homenaje no a la materia, sino a lo que representaba, al mismo Xochipilli, puesto que él dios había inventado las flores junto a su hermana quienes las habían dado formas, aromas y colores con distintos tonalidades, Xochipilli es el patrono del decimoprimer signo de los días, el Ozomatli (mono), que representa la alegría, los
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sentimientos emocionales y las facultades artísticas, a quien le atribuían la germinación y el cuidado de las flores. Xochipilli residía en él Xochicuauhco, el “recinto de flores”, lugar sagrado del Tlalocán, donde yacía el descomunal árbol de la vida Tonacacuáhuitl en la región del Tamoanchán, reino floral gobernado por su hermana Xochiquétzal por mandato de Tezcatlipoca, donde las hojas del árbol de la vida hacían dichosos a los enamorados, y que, junto a Quetzalcóatl, Xochipilli evocaba el movimiento unificador de la vida, de descenso el primero, de ascensión el segundo.
Cabe destacar que antes de la “Fiesta de las Flores”, Xochílhuitl, los hombres ayunaban por 4 días y solo podían comer a medio día, molían el maíz seco y de aquella harina hacían pan que cocinaban en el comal, y a la media noche bebían una mazamorra pintada con una flor puesta encima en el medio, y ya al quinto día, todos cantaban, y los niños bailaban en fogatas ofreciendo panes, tamales, maíz tostado y tortas de semillas de bledo, mientras que los adultos se sangraban sus orejas como respeto, y otros se traspasaban las lenguas con una punta de maguey. En el Calmecac o en la escuela del recinto sagrado, once infantes, todos hijos de nobles, ejecutaban cantos en formación circular, en los cuales daban tres pasos hacia adelante y tres pasos hacia atrás, seis veces consecutivas, al mismo tiempo que ataban graciosamente sus manos, donde un niño arrodillado frente al fuego que ardía en el altar oraba silenciosamente el pan de cada día, y otro niño permanecía parado en la entrada del templo haciendo guardia, esta ceremonia duraba tanto como las danzas y se debía celebrar a la primera noche que aparecía en el cielo con la luz de la luna nueva donde el custodio del Calmecac, de pie entre el niño que oraba y los danzantes dando frente al altar, permanecía con el rostro impasible como la escultura de Xochipilli, el cual recogía las ofrendas infantiles, los cantos, las danzas y los juegos, xonecuilli, yotlaxcalli, y tzoalli, por lo que los jugadores del patoli o patole, “el juego de dados”, invocaban a Xochipilli, constituido por cuatro jugadores y presidido por el numen para obtener victoria.
En la escultura del príncipe Xochipilli presenta una cintura ceñida con la faja de entre las piernas, máxtlatl, una máscara que presenta dos cavidades casi circulares, al fondo de las cuales se notan los parpados y los ojos, que probablemente estuvieron representados por material adherido, la nariz está mutilada, pero se advierten las fosas, bajo la barbilla se nota el corte de la máscara, su ornato consiste en orejeras de doble disco, un pectoral de piel de jaguar en cuyo centro hay dos círculos con cejas arqueadas, dos ojos a los que faltan los materiales que los figuraban y en la caja torácica un pequeño agujero donde debió estar la piedra fina que servía al corazón, tiene brazaletes, machoncotl y pulseras de cuero, sus manos están en actitud de sostener algo, quizás el bastón de corazones, yollotopilli, y un manojo de flores, en
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el pie derecho ostenta una ajorca de piel semejante al pectoral y está calzado con sandalias de notable acabado, ya que las dobles suelas están cosidas con delgadas tiras de cuero, de la parte frontal y caído hacia la cintura, lleva un lienzo de corte hexagonal, con orla de plumas uniformes y una cinta, el cual está adornado con varios signos de tonalli, símbolo de calor y tlapapalli, símbolo de los colores, completando el tocado una flor central de la que salen tres correas con fleco y remate de plumas, el cuerpo general está adornado con 13 flores distintas en diferente estado de floración, cuya escultura conserva vestigios de pintura rojiza, donde descansa sobre un paralelepípedo hermosamente decorado con flores y mariposas, pieza de idéntica procedencia del mismo.
Entre sus flores alucinógenas se pueden identificar; 1. Cacahuaxóchitl o Poyomatli (Quararbea funebris) 2. Flor de tabaco (Nicotiana tabacum)
3. Ololiuhqui o Maravilla (Turbina corymbosa) 4. Sinicuichi (Heimia salicifolia)
5. Teonanácatl (Psilocybe Aztecorum Heim) Notas:
* Xochipilli no tenía pareja ni tuvo hijos a diferencia de su hermana Xochiquétzal que sí tuvo pareja, Piltzintecuhtli, el dios de los temporales con quien tuvo a Cintéotl, señor del maíz.
* No confundir entre ‘Xochipilli’ (flor príncipe) con ‘Macuilxóchitl’ (cinco flores), uno de los 400 diosecillos de la embriaguez, “conejo del juego”.
* No confundir entre ‘Xochipilli’ (flor príncipe) con ‘Ixtlilton’ (el negrillo), el dios de la medicina.
* 4 días antes de la fiesta a Xochipilli, los hombres y las mujeres debían ayunar y no tener sexo, pero si alguno tenía intimidad, decían que ensuciaba su ayuno, y Xochipilli se ofendía mucho, por lo que permitía que Tlazoltéotl o las Ixcuiname les otorgara enfermedades en sus partes intimidas.
* Su templo era el Xochicalco, sitio del recinto sagrado de Tenochtitlan.
* Entre los animales consagrados a Xochipilli se encontraban el halcón, el mono y el guacamayo.
* Xochipilli era el protector de los hombres que abandonan la vida guerrera para una vida dedicada a la belleza, ya que era común para algunos hombres
abandonaban la vida de virtudes viriles y guerreras para una vida doméstica para adorar a Xochipilli, señor de las flores.
* El Tamoanchán se consideraba estar al centro del Tlalocán en donde permanecía el árbol de la vida, cuyas raíces llegaban al Mictlán y sus hojas topaban con los 13 cielos, pero dependiendo de la región se le reconocía con otros nombres como el
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Tonacacuáhuitl o el árbol del sustento (Tonacacuauhco, Tonacatlalpán), el
Xochicuáhuitl o árbol de las flores (Xochicalco, Xochicuauhco, Xochitlalpán), el Cincuáhuitl o árbol del maíz (Cincalco, Cincuauhco, Cinctlalpán), o el
Chichihualcuáhuitl (Chichihuacuauhco, Chichihuatlalpán), el árbol nodriza, que en lugar de frutos, tenía 400 mil tetas de las que emana leche suficiente para alimentar a las almas que aún no nacían, y a las almas de los niños y niñas que habían muerto en el parto, y que no alcanzaron el razonamiento, almas que eran enviadas a
Chichihuacuauhco, Xochicuauhco o Tonacacuauhco, donde permanecerían hasta que los dioses los reivindicarán hacia la tierra en caso de que la humanidad haya perecido por alguna catástrofe natural.
* Orozco y Berra confunde a Xochipilli con Xochiquétzal.
* Xochitl o la flor, nombre del vigésimo día del mes y tercero en el Tonalámatl, como símbolo de la florescencia, con influjo sobre la suerte de los hombres.
Tláloc, Borgia
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Ofrenda de sacrificio, Códice Magliabechiano