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El Professorromane y los críticos en revuelta

In document Ethos y epos en 2666 de Roberto Bolaño (página 40-55)

2. REVERBERACIÓN DE LA PALABRA: EL EPOS DE

2.1. La literatura y la vida: el caso de Archimboldi y los críticos

2.1.2. El Professorromane y los críticos en revuelta

La vida de un hombre sólo es comparable a la vida de otro hombre. La vida de un hombre, dijo, sólo alcanza para disfrutar a conciencia de la obra de otro hombre.

Roberto Bolaño. La parte de Archimboldi (854)

El Professorromane o “novela académica” o “novela de campus” es una forma novelesca

que toma un tópico que aparece tempranamente en Las Nubes del cómico griego

Aristófanes: la educación como objeto de sátira20. Este subgénero de la novela se ha

desarrollado en Estados Unidos e Inglaterra desde mediados del siglo XX. La novela académica tiene como centro la dinámica del campus universitario, en específico la lucha de poderes entre los diferentes sujetos académicos en su búsqueda de prestigio y reconocimiento; pero, a su vez, todos estos aspectos son satirizados en el desarrollo narrativo.

En su disertación doctoral The Professorromane: the Comic Campus, the Tragic Self

(2008), Matthew Fullerty propone el estudio de este subgénero en una dinámica trágico-

cómica, en la que la universidad se configura como cómica, mientras que el individuo se define como trágico (7). En sus proposiciones preliminares plantea que las “University stories are rich with narratives of human relations, crises of being and belonging, identity formation and disintegration. (…) The ideal life of the mind is celebrated, but time and again reveals its social disconnect from reality, and the Price to pay for such introspection”

(6). El sujeto académico es visto y desarrollado a través de su mirada de las cosas, lo que

20 Charles Knight afirma que “The satiric campus novel, in its contemporary form, begins with a cluster of

novels written in the 1950s: Kingsley Amis’s Lucky Jim (1954) and Malcolm Bradbury’s Eating People is Wrong (1959) in Britain; Mary McCarthy’s The Groves of Academe (1953) and Randell Jarrell’sPictures from an Institution (1954) in the United States. But education has been a subject of satire since Aristophanes mocked Socrates in Clouds (423 BC) and Lucian attacked philosophers and rhetoricians in the second century.”

deviene en un autoconocimiento y enfrentamiento con su propia mirada. Fullerty afirma

que la novela académica se ha alejado de sus orígenes cómicos y ha entrado en una

sensibilidad cómico-trágica posmoderna (9).

A pesar de que el centro de producción de este tipo de narrativa son los países anglófonos mencionados antes, en Latinoamérica existen novelas que desarrollan sátira del mundo

académico. Por ejemplo, en el medio colombiano está Tarzán y el filósofo desnudo (1996)

de Rodrigo Parra Sandoval, en el que a través de una distribución por semestres “el filósofo

caleño”, el personaje principal, cursa un programa de filosofía21. Estas consideraciones nos

llevan nuestro corpus “La parte de los críticos”, la primera sección de 2666.

“La parte de los críticos” es la primera parte de la novela 2666. Cuatro académicos

europeos, Jean-Claude Petellier (francés), Manuel Espinoza (español), Liz Norton (inglesa) y Piero Morini (italiano), tienen en común un gran interés por la obra de Benno von Archimboldi, escritor en lengua alemana cuyo reconocimiento crece, pero cuya vida permanece en misterio. La columna diegética son las relaciones entre los críticos; esta columna se mece en un vaivén que va desde el común interés académico por la literatura de Archimboldi hasta las aventuras y relaciones amorosas particulares. A medida que avanza

la narración, se entra y se profundiza en la diferencia entre los críticos hasta encontrarlos a

solas; lo que resulta un marco académico común entre ellos deviene en diferencia cuando los encontramos en su vida psíquica individual. Y esto es justamente lo que marca el desenlace de esta parte de la novela.

Como vimos en el apartado anterior y como veremos a lo largo de este trabajo, la novela

2666, en sus diferentes partes, se aproxima y se aleja de las formas narrativas que apropia. “La parte de los críticos” es una apropiación de la novela académica, pero está limitada a un aspecto particular. Más allá de historias de campus, la narración construye la forma académica en la que los críticos conciben y observan el mundo, y cómo esta forma de pensar y constituirse los lleva a crisis individuales. Viéndolo de este modo, se aproxima a

21 La novelística Parra Sandoval tiene un lugar importante dentro la narrativa colombiana contemporánea por

su expresión de la desacralización y la sátira; entre sus estudios críticos se encuentran los de Figueroa (1994; 1996), el de Giraldo (1995) y la tesis de Camargo (2010).

las palabras que citamos de Matthew Fullerty, en las que el sujeto académico celebra el ideal de la mente, pero debe afrontar las consecuencias de estar inmerso en esa lógica. Ahora bien, en esta parte del análisis se realizará una aproximación a la experiencia de

revuelta en los personajes principales de La parte de los críticos desde la propuesta de Julia

Kristeva22. He considerado apropiada esta implementación debido a que los objetivos

académicos y la forma de ver el mundo de los críticos los llevan progresivamente a enfrentarse a sí mismos en sus asuntos íntimos, por tanto es necesario un planteamiento que

pueda observar esa conflictividad.

Julia Kristeva propone la re-vuelta como cuestionamiento permanente en el espacio

psíquico y social del sujeto; es un proceso que vuelve sobre sí mismo para lograr un constante desplazamiento y cambio en la relación del hombre con el sentido. Sin embargo,

es enfático el hecho de que no se trata de una vuelta normalizadora, es decir no es un

simple remplazo de valores antiguos por nuevos, ya que esto lleva al nihilismo: “El nihilista en pseudo-revuelta es alguien que se ha reconciliado con la estabilidad de los nuevos valores” (Kristeva, 1999a: 17). En este sentido “Por el camino del cuestionamiento

retroactivo, el hombre moderno llega a una conflictividad por siempre irreconciliable

(Kristeva, 1999a: 18). Esta conflictividad, desde el contexto que lo expone la autora, se

planea frente a la normalización de la sociedad del espectáculo, del raciocinio técnico,

frente a la era de la imagen, de lo inmediato y liviano. Así que en sí misma la revuelta

desarrolla una política de la conflictividad permanente.

Desde una relectura de Freud, tal conflictividad deviene en goce en tanto que el sujeto

necesita del enfrentamiento para experimentar el goce: “Ninguno de nosotros goza sin enfrentar un obstáculo, un interdicto, una autoridad, una ley que nos permita medirnos autónomos y libre” (Kristeva, 1999b: 20). Justamente es en la dinámica de la lucha con la antigua Ley y con lo que tal conflicto produce (asesinato del padre, totemización, pacto simbólico, culpa, entre otros), que el individuo se mide a sí mismo y renueva su relación

22 Como ejemplos de esta forma de aprovechar los planteamientos sobre la revuelta están los trabajos mismos

de Kristeva en los que analiza textos de Aragon, Barthes y Sartre (1999b). Además hay aproximaciones teóricas sobre la revuelta como perspectiva teórica para el campo de la crítica literaria (Marín, 2010).

con lo Otro y con los otros. En la re-vuelta moderna estas dinámicas mantienen en movimiento la capacidad de cuestionamiento sostenida y desarrollada en la vida psíquica y

en las representaciones sociales (pensamiento, arte…). La escritura, entonces, tiene un

papel importante dentro de la dinámica de la re-vuelta, en tanto que busca elaborar

representaciones de aquella conflictividad permanente; su despliegue llega a la pulsión, a lo básico, al sinsentido, ya no está en un orden simbólico, sino semiótico (Kristeva, 1999: 23). Al comienzo de “La parte de los críticos”, un narrador cuenta esquemáticamente la forma en que cada uno de los críticos llegó a la obra de Archimboldi. Ya en las primeras páginas resulta importante notar que este narrador metamorfosea su forma de relatar de acuerdo a cada pequeño detalle de los objetos y hechos que aborda. La narración comienza distante y aséptica: presenta datos sobre uno de los críticos, Petellier, su búsqueda y traducción de Archimboldi, pero cuando de repente se abre un recuerdo de este crítico, la sintaxis se despliega y produce dos enérgicos párrafos, cada uno de una sola y gran oración. Resulta significante este aspecto del narrador, ya que se transforma y transita entre diversas focalizaciones y modalizaciones, haciendo suyo el discurso en la sintaxis, en el vocabulario, en la lejanía o cercanía de su objeto.

Jean-Claude Petellier nació en 1961; a los 19 años mientras cursaba estudios de literatura

alemana en Paris, descubrió a Archimboldi a través de la novela D’Arsonval. En 1984 era

considerado el mayor especialista en la obra de Archobildi en Francia; ya en 1986 era

catedrático de alemán en Paris (15-17). Por otra parte, Manuel Espinoza empezó su carrera académica no en filología alemana, sino en española, “entre otras tristes razones porque Espinoza soñaba con ser escritor” (19). Su relación con la literatura alemana empezó con Jünger y tuvo un revés con un grupo de jungerianos. Con todo, siguió sus estudios y en 1990 se doctoró en literatura con un trabajo sobre Archimboldi.

Tanto Petellier como Espinoza, en el tiempo en que son estudiantes, llegan a ciertas conclusiones significativas que se vuelven el motor de lo que hacen o pueden hacer. El narrador nos presenta de manera similar los pensamientos que tuvieron el francés y el español, cada uno en su momento; así para el primero: “tras una larga noche tal vez inútil

forzó en su mente dos conclusiones: la primera, que la vida tal y como la había vivido hasta entonces había acabado; la segunda, que una brillante carrera se abría delante de él y que (…) debía conservar (…) su voluntad” (17). Y así para el segundo: “No fueron noches cómodas ni mucho menos placenteras, pero Espinoza descubrió dos cosas que lo ayudaron mucho en los primeros días: jamás sería un narrador y, a su manera, era un joven valiente” (20). Lo que resalta en la simetría de los pensamientos de los personajes es el abandono de una forma de vida por otra: en el caso de Petellier está la noción de progreso de estudiante pobre a respetado catedrático; en el caso de Espinoza está la represión de su deseo de ser escritor en pos de lo que su valentía le podía ofrecer.

Por su parte, Piero Morini es un personaje construido desde el estatismo y la sutileza. Es lector y traductor de Archimboldi, trabaja como catedrático en la Universidad de Turín, tiene esclerosis múltiples y está en silla de ruedas. Por último, Liz Norton es profesora en una universidad de Londres, tiene un doble descubrimiento de la obra de Archimboldi y cuando conoce a los otros críticos está en proceso de doctorarse.

A continuación presento un cuadro donde se puede apreciar unas citas que muestran algunos aspectos de los críticos:

Petellier Espinoza Morini Norton

Voluntad “Aparte de Archimboldi una cosa tenían en común Morini,

Pelletier y Espinoza. Los tres poseían una voluntad de hierro” (21)

“Estaba exenta de los atributos de la voluntad” (21) Lectura “Para ella la lectura estaba relacionada directamente con el placer y no directamente

con el conocimiento o con los enigmas o con las construcciones y laberintos verbales, como creían Morini, Espinoza y Pelletier” (22)

Opinión sobre un trabajo de Norton “Brillantísimo según Pettelier” (26) “Bien argumentado según Espinoza” (26) “Interesante según

Morini” (26) “Además (y sin que nadie se lo pidiera) se alineaba con las tesis del francés, del español y del italiano” (26) Opinión de la narración de un suavo que conoció a Archimboldi

“Extraordinario suavo, dijo Espinoza. Lo quiero para mí, dijo Pelletier. Procurad no agobiarlo, procurad no parecer demasiado interesados, dijo Morini. Hay que tratar a este hombre con pinzas, dijo Norton. Es decir, hay que tratarlo con cariño.” (40)

El desarrollo del sistema de personajes mostrará que partiendo de ejemplos como éstos, el carácter simbólico de los críticos ahondará en muestras que darán cuenta de la inescrutabilidad de Norton, de la sutileza de Morini, de la vivacidad de Espinoza y del intelectualismo de Petellier.

En la narración, sus profesiones y decisiones los llevan a estar y a conocerse en la cima académica (catedráticos, coloquios internacionales, congresos, publicaciones). La novela va tornándose académica e intelectual debido a ellos, su punto de vista sobre las cosas absorbe el relato y el narrador asume ese hecho como forma narrativa. Así en uno de los congresos,

que el narrador califica de agitado, se lee lo siguiente: “Contrapusieron la figura de

Archimboldi a la Heinrich Böll. Hablaron de responsabilidad. Contrapusieron la figura de Archimboldi a la Uwe Johnson. Hablaron de sufrimiento (…) Liz Norton (…) desbarató el contraataque (…) disertó acerca de Grimmelshausen y de Gryphius y de muchos otros” (26-27). El intelectualismo ha absorbido todo lo que son ellos, y llega al punto de parecer una parodia.

Particularmente, Petellier y Espinoza, directores de sus respectivos departamentos de alemán, doctores en literatura, autoridades en la obra de Benno von Archimboldi, han llegado a un punto de normalización donde ellos como personajes, como representaciones, culminan un proceso y dejan de ser conflictivos. Esta situación resulta inquietante sobretodo desde el papel que Kristeva le otorga a la crítica como intérprete de las representaciones que encarnan la revuelta (1999b: 22). En las circunstancias de los archimboldianos, aquella labor de la crítica se ha vuelto normalizadora, es decir, ha tendido hacia su contrario.

Partiendo de circunstancias contemporáneas, Kristeva afirma a propósito de la normalización: “el actual orden normalizador y falsificable es mucho más temible, se trata de una represión desviada y desviable” (1999b: 17). Tal represión se hace presente en la novela cuando Petellier y Espinoza se dan cuenta de que necesitan a Liz Norton como

persona, como alguien a quien querer, más allá de que sea una experta en Archimboldi; sin

embargo, se mantuvo con los mismos ropajes de siempre, imperdurable, sujeta a un destino mayor al que los cuatro obedecían aunque eso significara poner en segundo plano sus deseos personales” (32). Ese destino en el que se consideran insertos: la exégesis de la obra de Archimboldi, hace que todo lo demás lo repriman y lo desvíen para mantener una

tendencia normalizadora que los aleja de esas conflictivas noches de estudiantes a las que

no quieren volver.

A pesar de todo, la represión del deseo por Norton, desviada y sustentada en aquel “destino mayor”, dura solo un tiempo. Tras algunas investigaciones en torno a la figura de Archimboldi, mientras caminaban por Sankt Pauli en Hamburgo, Petellier y Espinoza llegaron simultáneamente a una misma revelación:

(…) se dieron cuenta de que la búsqueda de Archimboldi no podría llenar jamás sus vidas. Podían leerlo, podían estudiarlo, podían desmenuzarlo, pero no podían morirse de risa con él ni deprimirse con él, en parte porque Archimboldi siempre estaba lejos, en parte porque su obra, a medida que uno se internaba en ella, devoraba a sus exploradores. (47)

Los críticos se han dado cuenta de su posición, de la normalización y represión que imperaba como producto actual de aquellas conclusiones que sacaron en su etapa de estudiantes. Por supuesto, también revisan que ese llamado “destino mayor” depende del

objeto “texto”, y así como gozaron de los alcances del estudio de textos ahora ven sus

límites. Kristeva invita a rebasar la noción de texto y a plantear una apuesta por la noción

de experiencia “que incluye el principio de placer así como el re-nacimiento de un sentido para otro” (1999b: 21). Espinoza y Petellier están entrando a ese cuestionamiento que vuelve sobre sí, sobre lo que hacen, sobre lo que tiene significado vital para ellos; su

apuesta por la experiencia desata la represión y toma el nombre de Liz Norton.

Allí comienza una relación doble de carácter libre: Norton y Espinoza - Norton y Petellier. Pasado un tiempo ellos se dan cuenta de la dinámica de la relación y deciden dejarlo todo en manos del tiempo, instaurando así una suerte de pacto fraternal en virtud de su común amante. Pero luego de un tiempo Norton, en un encuentro común, decide que debe alejarse de ellos un tiempo. Ya con el alejamiento de por medio, Petellier y Espinoza hablan

largamente sobre ellos, sobre la posible decisión por uno o ninguno de ellos; en una ocasión los dos le manifiestan a Norton su enamoramiento más allá de la decisión que ella pudiera

tomar. Sin embargo, lejos de ser una situación normalizadora, este dilatado episodio del

trío de amantes revela una conflictividad en ellos, ya que frente al enamoramiento que quiere decisión se presenta una indeterminación (encarnada en Norton) que mantiene la dinámica tensionante de la conflictividad.

En esta tensión, inmersos en tal experiencia, el pacto fraternal de los críticos les genera una

sensación de apoyo e inclusión. Y ese mismo pacto en una ocasión los lleva a Londres, donde terminan enfrentados con Pritchard, un joven que encuentran en el apartamento de Norton; movidos por una metamorfosis de celos (a pesar de ellos no creen en los celos) atacan intelectualmente a Pritchard. Después de este episodio, hay una escena en particular que llama la atención: Petellier se encuentra con Pritchard en la escaleras que conducen a la casa de Norton; Pritchard dice lo siguiente: “¿Quieres un consejo? (…) Ten Cuidado (…) De la Medusa (…) guárdate de la Medusa (…) Cuando la tengas en las manos te va a explotar” (96-97). Luego de esto, Petellier hablando con Espinoza intenta traducir la metáfora de aquel joven, así pues narra el mito de Medusa, hace las identificaciones correspondientes y llega a la siguiente conclusión: “Pues que Pritchard me pone, nos pone, en guardia contra un peligro que nosotros no vemos. O bien que Pritchard quiso decirme que solo tras la muerte de Norton yo encontraré, nosotros encontraremos, el amor verdadero” (97-98).

En este punto, un par de aproximaciones al mito de Medusa nos permiten acercarnos a esta

conflictividad. En primer lugar, Freud escribió al comienzo de los años veinte un pequeño y

conocido texto llamado La cabeza de Medusa; en éste la cabeza de Medusa simboliza los

genitales femeninos que en el niño producen horror, y que este horror es la castración (el temor de perder los propios), pero también es la petrificación (erección), el reconocimiento de que él sí posee un pene frente a la castración femenina (270-271). En segundo lugar, la

feminista Hélène Cixous en su texto La risa de Medusa (1995)dice lo siguiente:

Nos han inmovilizado entre dos mitos horripilantes: entre la Medusa y el abismo (…) Porque el relevo falo-logocéntrico está ahí (…) anclado en el dogma de la castración.

(…) Peor para ellos si se desmoronan al descubrir que las mujeres no son hombres, o que la madre no tiene (…) Para ver a la medusa de frente basta con mirarla: y no es mortal. Es hermosa y se ríe. (21)

Petellier y Espinoza están frente a esta medusa, aquella reflexión en Sankt Pauli los llevó a

vivir esta experiencia, pero el hecho de querer decisión, de hermanarse, de la interpretación

de Petellier sobre la muerte (simbólica) de Norton, revela de nuevo una tendencia hacia la normalización. Ella es enigmática para los críticos, incluso para el narrador camaleónico que a veces prefiere callar algunos detalles sobre ella (32); con todo, la indeterminación es una característica que hace a Norton, y eso produce una permanente conflictividad en los críticos. Así que tienen que decidir si matar a la Gorgona en el intento de liberarse del

horror o permanecer en ese ex-tasis, en esa mirada permanente que produce una experiencia

de conflicto constante. La siguiente cita nos muestra su determinación: “Durante mucho tiempo se olvidaron de sus viajes semanales a Londres. Se olvidaron de Pritchard y de la

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