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El recorrido m·gico de la memoria

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Primera parada: la legendaria Grecia... y el desastre. Sal- vadores y portadores de antorchas pululan sobre un monolÌti- co montÛn de escombros; una mansiÛn se ha derrumbado, el hogar del magnate Escopas. Un Whoís Who (QuiÈn es QuiÈn)* de invitados a un banquete, los ricos y guapos, yacen atrapa- dos en toneladas de m·rmol. SÛlo uno ha escapado, ´el de la lengua de mielª, SimÛnides, el famoso poeta. La suya es una extraÒa historia.

´Escopas querÌa que yo compusiera un poema lÌrico en su honor. Dije que lo harÌa si me pagaba. Esta noche, cuando he terminado de recitar, el viejo egoÌsta me ha dicho que sÛlo me darÌa la mitad de mi paga. Todo porque he aÒadido unas lÌneas alabando a C·stor y PÛlux. ´Que los dioses gemelos paguen el restoª, ha dicho. Yo estaba zamp·ndome todo lo que podÌa de su festÌn, cuando un criado me ha susurrado que dos hombres jÛvenes querÌan verme fuera. He salido, pero la calle estaba vacÌa. Entonces ha sido cuando ha sucedido... ha crujido y re- tumbado como el trueno...ª

´ °SimÛnides, m·s tragedia! ª, interrumpe un salvador. Las vÌctimas est·n tan mutiladas, que ninguna se puede identifi- car. øCÛmo sabr·n las familias quÈ cuerpo enterrar, a quiÈn honrar? ´°No mov·is esos cuerpos! -grita SimÛnides despuÈs de pensar un poco-. Puedo ver en mi mente dÛnde estaba sen- tada cada persona. ª

Y por eso, los siguientes dos mil aÒos, los escritores del

* TÌtulo de un diccionario publicado por primera vez en Londres, 1849, que recoge las biografÌas de los personajes contempor·neos m·s destacados. Sobre este modelo se sigue editando anualmente. (N. de la T.) 193

arte de la memoria saludan a SimÛnides de Ceos como descu- bridor de la mnemotÈcnica. Igual que muchas leyendas, la historia demuestra ser una obra de arte de la inventiva. La memoria de SimÛnides era prodigiosa y la tuvo toda la vida. GanÛ el certamen ditir·mbico del coro de Atenas cuando era anciano. Su historia revela la piedra angular de un sistema memorÌstico que m·s tarde soportÛ palacios y ciudades ente- ras de la memoria: colocaciÛn e imagen, asiento y persona. La primacÌa de lo visual en la memoria se observa doblemente, pues la poesÌa de SimÛnides era casi sinÛnimo de una imagi- naciÛn asombrosa.

En la antig¸edad, la leyenda conmemoraba otra primera vez: la primera vez que un poeta pedÌa que se le pagara por su trabajo. Un acto que los dioses al parecer aprobaban. Nadie dudÛ de que eran C·stor y PÛlux quienes hicieron salir a Si- mÛnides para liquidar su deuda.

INVASORES DEL ARTE PERDIDO

Existen muchas historias acerca de los revoltosos C·stor y PÛlux, p·ginas de historias con ninfas menores, duendes acu·ticos y espÌritus de los ·rboles. Eso es lo que nos pareciÛ tan extraÒo cuando contemplamos a Mnemosina. La memo- ria misma. La madre de las artes. La madre del aprendizaje. No habÌa historias. øPor quÈ esta madre de todos nosotros es- taba tan extraÒamente ausente en el relato histÛrico? No au- sente, sino como todas las madres, invisible. A medida que los estudiosos empiezan a desenterrar el invisible arte de la me- moria, somos como los victorianos con los primeros informes de las tumbas egipcias y los restos de la Troya de Schliemann, fragmentos que empiezan a evocar la fragancia, los colores, la visiÛn de los ojos antiguos.

Invisible, sÌ, pero el arte de Mnemosina era m·s real y pe- netrante que cualquier otro de los que conocemos. El arte de la memoria baÒÛ a nuestros antepasados. La gente educada no sÛlo apreciaba este arte, sino que todos lo practicaban. Es un arte pr·ctico y sublime a la vez. Un pionero en reclamar este arte perdido fue Frances Yates, del Warburgh Institute, universidad de Londres. Yates observa que podemos llamar ´mnemotÈcnicasª a su parte pr·ctica. Las torres de Illium son pequeÒas al lado de los palacios, ciudadelas de la memoria -incluso ciudades- que nuestros antepasados construyeron en sus cabezas, palacios invisibles que les permitÌan realizar

las proezas cotidianas de la memoria que asombran a la men- te. Comparados con ellos, nosotros no poseemos memoria al- guna. No la necesitamos. Hemos creado una memoria artifi- cal: libros, grabadoras, c·maras, televisores, calculadoras y ordenadores que pueden producir la concordancia de la Bi- blia en un segundo. Provistos sÛlo de una tablilla de cera y un rollo de pergamino o dos, nuestros antepasados tenÌan que re- cordarlo todo. Que lo hicieran de un modo tan glorioso, es un tributo a la mente humana. La memoria artificial significaba algo diferente para ellos: la memoria natural es aquello con que uno ha nacido, la artificial es la memoria que uno entrena y desarrolla. La mnemotÈcnica a˙n puede ayudarnos a recor- dar mejor. PodrÌa ayudarnos a pensar mejor.

La mnemotÈcnica es la mano ˙til que Mnemosina dio a la Humanidad; su corazÛn y su alma, la esencia de su arte es algo m·s creativo, misterioso... y que atrae lo bastante para impulsar a algunas de las mejores mentes de la civilizaciÛn a realizar esfuerzos herc˙leos. El arte de la memoria impulsÛ a PlatÛn y a Aquino hacia Dios, ayudÛ a formar la Divina Co- media de Dante y nos revela el olvidado diseÒo del Shakespea- re Globe Theatre. Las reglas de la mnemotÈcnica permanecie- ron notablemente estables a travÈs de los siglos. El arte de la memoria, como cualquier arte, cambiaba con las diferentes cul- turas, molde·ndose a tenor de los tiempos. En nuestra Època, a nuestra manera, quiz· todavÌa recibimos dones de este anti- guo arte. Puede ayudarnos, y no sÛlo a recordar el nombre de todos en una fiesta. Tiene poder, podrÌa ayudarnos a esforzar- nos al m·ximo.

ImagÌnese a usted mismo en un tipo diferente de recorrido misterioso m·gico. Para captar el sabor de la mnemotÈcnica cl·sica, fÛrmese una imagen de cada lugar que visitaremos, empezando por el derrumbamiento de la casa de Escopas. DespuÈs, sit˙e la imagen con cuidado en su propia casa.

´CASA HERMOSAªDE LA MEMORIA

Nuestro prÛximo escenario es otra casa, el espacioso hogar de una familia romana de clase alta en los dÌas de esplendor. Ante la entrada, un estudiante est· de pie en actitud meditati- va. Siguiendo las reglas de la mnemotÈcnica, para grabar la imagen en la memoria haremos que el estudiante sea raro, ab- surdo. Es f·cil en aquella Època haciendo que nuestro estu- diante sea una mujer, una mujer que sostiene en las manos el

tratado Ad Herennium. Ella penetra en el zagu·n, mira hacia las esquinas, y luego, despacio, avanza hacia el vestÌbulo de entrada y se detiene un momento ante el jarro lleno de flores rojas, y despuÈs los candelabros, antes de entrar en una gran sala de recepciÛn. Caminando como si midiera distancias, da la vuelta a la habitaciÛn y se detiene con intervalos irregulares junto al div·n, el arco de la ventana, el busto de CicerÛn del rincÛn. Los mira con aire reflexivo, pensando quiz· en cÛmo redecorar la casa. Pero el diseÒo interior que tanto absorbe a esta estudiante es de un orden diferente. Est· eligiendo sus loci, los lugares inolvidables de su hogar donde situar· im·ge- nes de la memoria. El Ad Herennium aconseja que los lugares salgan en un orden natural, con espacios amplios pero dife- renciados, sin demasiada luz ni demasiada sombra.

Cuando aquÌ ha agotado los lugares, la estudiante reflexio- na, elige lugares en la casa de su abuelo, la academia, quiz· su templo favorito... y rÌe entre dientes ante la idea de que alguna vez ella pudiera estudiar el tiempo suficiente para quedarse sin edificios en Roma para almacenar sus conocimientos.

Elegidos los lugares, la estudiante puede ahora poblarlos con im·genes de la memoria, galerÌas invisibles que le permi- tir·n recordar cualquier cosa que haya por conocer, limitada sÛlo por su capacidad de generar im·genes potentes. Repasa las reglas en su Ad Herennium. Siguiendo a la naturaleza, las im·genes tienen que combinar esas cosas que nos maravillan: lo hermoso, lo feo, lo horrible, lo obsceno, lo cÛmico. Hay que formar im·genes vivas y en movimiento. Introducir en la ima- gen gente famosa y no famosa, diosas, dioses (Neptuno, por ejemplo, para identificar las historias relacionadas con el mar). En los papeles principales, utilizar familia y amigos, personas que nos sean conocidas. TambiÈn pueden ejemplificar los ras- gos. VÌstalos exageradamente, con un cinturÛn manchado de sangre, una toga andrajosa, o m·nchelos de pintura roja. Uti- lice accesorios extraÒos, como una corona grande y ladeada... Tomando prestada quiz· la cara de su madre, haciÈndola posar como una diosa boquiabierta cargada de accesorios simbÛlicos, la estudiante modela la imagen que colocar· en primer lugar en el zagu·n. Si es necesario, se quedar· allÌ el resto de su vida, record·ndole la primera regla de la retÛrica, el tema real del Ad Herennium. ´En primer lugar...ª, decimos, conmemorando sin saberlo el antiguo arte de la mnemotÈcnica. El Ad Herennium es escaso en ejemplos de im·genes de la memoria. No es que sonaran de algo. øQuÈ acude a la mente al ver a un hombre sentado con dos tablillas en la mano dere-

cha, una taza en la izquierda, con los testÌculos de un carnero sobre el dedo anular? Es un detalle de un complejo cuadro que un abogado creÛ para recordar el caso de un plutÛcrata envenenado por su dinero. El hombre es el acusado, las tabli- llas recuerdan la voluntad, la taza, el veneno, los testÌculos del carnero, los testes o testigos. Pero se nos escapan otros recuer- dos. øPor quÈ el hombre est· sentado, por quÈ los testÌculos del carnero, prefieren a Aries u otras asociaciones con carne- ros? øPor quÈ los testÌculos est·n en el dedo anular, el dedo de la ´medicinaª en latÌn? Si conoce usted la respuesta comple- ta, est· implicado en una faceta diferente de la memoria, una faceta ahondada por PlatÛn, la memoria lejana, el recuerdo de cosas recogidas en vidas pasadas.

Incluso en su propio tiempo, habÌa una fuerte razÛn para que el Ad Herennium ahorrara ejemplos. El ´h·galo usted mismoª es la creencia central de la mnemotÈcnica cl·sica. Uno debe generar sus propias im·genes y no utilizar los dibu- jos o asociaciones de otros, por muy h·biles que sean. La ca- pacidad de dar a luz im·genes vivas es una habilidad, un arte, que hay que practicar con la asiduidad de una bailarina o un escultor. La habilidad en esta generaciÛn interna es el secreto de una memoria potente. Es el secreto para obtener conoci- mientos y la meta real: la sabidurÌa. Con la sabidurÌ· viene la autotransformaciÛn, el regalo de Mnemosina.

El Ad Herennium fue un intento m·s del profesor para dar consejos sobre la mnemotÈcnica. Un maestro de las im·ge- nes, quiz·, pero el ahora profesor sin nombre jam·s habÌa po- dido imaginar que su sencillo libro tuviera una influencia pro- funda en las grandes mentes del futuro, desde AgustÌn hasta Aquino, de Petrarca a principios del Renacimiento hasta Bru- no a finales, y tener eco a˙n en la era de la razÛn en los escri- tos de Bacon y Leibniz. El Ad Herennium tenÌa la grandeza de ser la ˙nica serie completa de reglas mnemotÈcnicas para so- brevivir a la destrucciÛn de la civilizaciÛn cl·sica. Otros su- pervivientes dijeron cosas m·s fascinantes sobre la memoria, pero omitieron sus reglas; todo el mundo las conocÌa.

LOS SOCIOS DEARIST”TELES

La siguiente imagen situada estratÈgicamente, si se ha uni- do usted a la expediciÛn, se refiere a un hombre vestido con t˙nica griega, apoyado sobre una tablilla de cera y realizando impresiones con su anillo de sello. Hace un dibujo con ellas:

un tren de elefantes unidos por la trompa y el rabo. AquÌ est· AristÛteles, autor de un libro perdido sobre mnemotÈcnica. Per- cibe los datos e imprÌmelos en la memoria igual que el anillo de sello imprime en la cera, decÌa AristÛteles. …sta es la mate- ria prima que hay que trabajar con la memoria y el intelecto. La clave para ambas es la imaginaciÛn. La clave para todo, en realidad, pues AristÛteles enseÒÛ que no se puede pensar sin im·genes mentales; un famoso aforismo que ha incitado a ge- neraciones de estudiantes a cerrar los ojos y probarlo.

Cuando amuebles tu palacio de la memoria, aconsejaba AristÛteles, concÈntrate en el orden y la vinculaciÛn. En una casa puedes empezar en cualquier habitaciÛn e ir hasta la puerta trasera o la puerta delantera. De manera similar, si has ordenado imaginativamente tus lugares cargados de im·ge- nes, puedes empezar en cualquier lugar y moverte en todas di- recciones, evocando sin esfuerzo cada vez m·s informaciÛn. Eso es la asociaciÛn, y a AristÛteles se le atribuye el mÈrito de formular su importancia en la memoria.

Construir para poder moverse en cualquier direcciÛn est· detr·s de una hazaÒa de la memoria que en otro tiempo fue popular y que ahora parece una extraÒa, por no decir imposi- ble, manera de hacer gala del intelecto de uno. TÛmese el SÈ- neca romano, por ejemplo. Para despertar a sus alumnos, SÈne- ca les pedÌa a doscientos o m·s de ellos que recitaran un verso de cualquier poema. Cuando el ˙ltimo terminaba, lo repetÌa todo a la perfecciÛn de principio a fin. Antes de que nadie pu- diera moverse, SÈneca volvÌa a recitarlÛ todo... hacia atr·s. Estas muestras eran las relaciones p˙blicas de la Època, cuan- do un maestro de la memoria era altamente estimado y pagado. Muy lejos de allÌ, mil quinientos aÒos m·s tarde, en el siglo diecisÈis, en China, todavÌa era un buen truco. Algunos inte- lectuales de Nanchang reunidos para cenar. Aunque visten la t˙nica p˙rpura ribeteada de azul de los literatos chinos, un fornido invitado era evidentemente algo m·s. Era el jesuita Matteo Ricci, y llegÛ allÌ para convertir a los chinos. Para cap- tar su atenciÛn, Ricci tenÌa intenciÛn de compartir el asom- broso arte europeo de construir palacios memorÌsticos. Ricci construyÛ su propia casa de la memoria para los caracteres chinos, notoriamente m˙ltiples y difÌciles de aprender. En la cena, pidiÛ a sus invitados que escribieran en una hoja de pa- pel un gran n˙mero de caracteres diferentes, sin orden alguno y sin relaciÛn. DespuÈs de leerlo una vez, Ricci recitÛ las carac- teres en perfecto orden. Entonces, ´para aumentar su maravi- lla -escribiÛ- empecÈ a recitarlos de memoria hacia atr·s de

la misma manera, empezando por el ˙ltimo y terminando por el primero. Con ello, todos quedaron completamente atÛnitosª. AristÛteles enseÒaba a los estudiantes la memoria ordena- da para una clase de conversaciÛn muy diferente, para ganar debates. Las im·genes enlazadas acudir·n a la mente de ma- nera autom·tica con una progresiÛn forzada cuando sobreven- ga la discusiÛn. Como hemos aprendido a manipular cons- cientemente im·genes para recordar, podemos extender esta habilidad, decÌa AristÛteles. Elegir im·genes deliberadamente para pensar con ellas, para explorar y ganar nuevas percep- ciones.

En el esquema de AristÛteles, la imaginaciÛn y la memoria habitan en la misma parte de la mente. La fuerza de su habili- dad conjunta para apoderarse de las impresiones de los senti- dos es vital. Porque, creÌa AristÛteles, la ˙nica manera en que conocemos es a travÈs de los datos que nos proporcionan los sentidos. En el otro extremo del bosque de la Academia, su profesor PlatÛn pensaba de otro modo.

EL YOGA DE LA MEMORIA DEPLAT”N

Se podrÌa pensar en un hombre encaramado a una escale- ra, la t˙nica algo ladeada, manteniendo en equilibrio un plato sobre la cabeza mientras intenta una extraÒa versiÛn del tru- co indio de la cuerda. Su escalera no se apoya en nada y no tiene travesaÒos. Antes de que pueda moverse, Èl tiene que re- cordar y ver claramente en su imaginaciÛn dÛnde estarÌa el si- guiente travesaÒo. Lentamente, elev·ndose en la memoria, sube hacia el cielo.

Tanto AristÛteles como PlatÛn estarÌan de acuerdo con Pi- t·goras en que ´la memoria es un don divinoª. SÛlo PlatÛn habrÌa coincidido con el argumento del anciano filÛsofo de que este ´talento superiorª le permitÌa atravesar los lÌmites de la vida y la muerte y recordar el conocimiento logrado an- tes de esta vida. Recordarlo y utilizarlo, en el caso de Pit·go- ras, para ayudar a formular sus famosas leyes de la armonÌa. PlatÛn conocÌa el valor de la memoria entrenada, la suya propia era prodigiosa. Pero su interÈs, en realidad pasiÛn, se desvia- ba de los aspectos ´superficialesª de la mnemotÈcnica y se hundÌa en la esencia de la memoria. La madre de todas las ar- tes; Èl creÌa que la memoria es el arte que puede conducirnos a la comprensiÛn de nuestra propia divinidad, de nuevo a la totalidad.

No cabe duda de que la memoria registra el mundo activo de las impresiones. Pero estas impresiones lo son de cosas -si- llas, cera para lacrar, justicia real- que son copias, copias im- perfectas de la realidad ideal que existe m·s all· de nuestro reino. ´Venimos con una estela de gloriaª, canta Wordsworth. TambiÈn venimos con una estela de recuerdos de gloria, ense- Òa PlatÛn. Poseemos una memoria innata, decÌa Èl, de las rea- lidades que se encuentran m·s all· de este mundo, de sus fa- mosas formas ideales. El arte real consiste en recuperar la memoria divina y encajar estas impresiones de los sentidos en este sistema de grandiosidad. AsÌ se vuelve a ascender la esca- lera que descendimos al nacer en este mundo firme. La me- moria de PlatÛn es un yoga, un arte de la ilustraciÛn, de unir- se a la fuente divina.

El mÈtodo socr·tico, quiz· la tÈcnica de enseÒanza m·s antigua, es una manera de estimular la memoria innata. En la raÌz, la voz de PlatÛn es lo que oÌmos cuando decimos que educaciÛn significa arrancar, no embutir. SÛcrates arrancaba de sus alumnos cosas que ellos no sabÌan que poseÌan. Gran parte de ello procedÌa del recuerdo, de recombinar la mirÌada de experiencias de esta vida. Pero la agenda escondida del mÈ- todo de SÛcrates era hacer resonar y motivar la memoria divi- na innata. PlatÛn considerÛ la memoria como el modus ope- randi de su teologÌa; AristÛteles, como la clave a su teorÌa del conocimiento. En el siglo primero antes de Cristo, CicerÛn mencionaba la Ètica como el arte invisible.

CICER”N Y LAS TRES CARAS DE LA PRUDENCIA

Los romanos escuchaban cuando el brillante CicerÛn ha- blaba. Sus poderes persuasivos ayudaron a florecer a la filoso- fÌa platÛnica en Roma. CicerÛn tambiÈn creÌa que somos in- mortales con memoria divina, pero, a diferencia de PlatÛn, era practicante de la mnemotÈcnica, un interÈs natural para su m·s famoso profesor de retÛrica. Si un orador necesitaba algo en los dÌas anteriores a los ficheros y a las pantallas de

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