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M˙sica para la materia gris

In document 02_SUPERMEMORIA (página 149-159)

Una multitud de seguidores se agolparon en torno a la no- velista invitada de honor en una multitudinaria y ruidosa fies- ta de un editor. Mientras el grupo discutÌa con entusiasmo su ˙ltimo libro, la novelista se retirÛ con creciente horror y apren- siÛn. Con una sensaciÛn desesperada, se dio cuenta de que no podÌa oÌr nada de lo que le decÌan. Avergonzada y turbada, huyÛ s˙bitamente del lugar.

´No puedo acudir a m·s fiestas de Èstas dijo m·s tarde a su hermana por telÈfono-. Por encima del ruido de fondo, no puedo oÌr nadaª, se lamentaba. Las vibraciones cruzadas del sonido eran una confusiÛn para ella. Los aparatos para oÌr de la Època no filtraban sÛlo la voz de una persona del conjunto de ruido o m˙sica.

Patricia Joudry, una conocida autora canadiense, dramatur- ga y locutora, luchaba con la aterradora idea de que realmente estaba perdiendo el oÌdo. Esto resultaba un problema para su vida profesional. Su caprichoso oÌdo le producÌa un tipo de do- lor especial a nivel personal. Las bolsas de papel que crujÌan eran como lanzas. El ruido del tr·fico era artillerÌa pesada. A ve- ces, caÌa presa del p·nico. øPodÌa ser esto el preludio a la sorde- ra total? HabÌa casos en su familia. Su madre se habÌa vuelto sorda y se habÌa quedado completamente aislada de la sociedad. ´Me he enterado de algo que podrÌa ayudarte -le dijo su hija-. Es un descubrimiento que han hecho en ParÌs llamado ´terapia del sonidoª. El doctor Alfred Tomatis, un famoso oto- rrinolaringÛlogo, lo ha desarrollado. Es un miembro muy bien considerado de la Academia Francesa de las Ciencias. Un mÈdico de Montreal que conozco se establecer· en una clÌni- ca de terapia del sonido; podrÌas probarlo.ª

Dispuesta a todo, Pat Joudry se encontrÛ en el despacho del Montreal Sound Therapist varios meses m·s tarde. Des- puÈs de someterse a unas pruebas que indicaron su pÈrdida de oÌdo, se colocÛ unos auriculares, no en las orejas, sino so- bre el hueso mastoides y el hueso de la sien. OyÛ m˙sica cl·si- ca, tranquilizante, interrumpida de vez en cuando por unos suaves siseos. La m˙sica preparada especialmente procedÌa de un enorme centro de control, una especie de estudio de grabaciÛn lleno de bancos de m·quinas que zumbaban y par- padeaban. La receta: sÛlo escuchar tres horas diarias, durante las siguientes seis semanas, aquella m˙sica alterada electrÛni- camente.

Semana tras semana, efectuaba un viaje de casi cien kilÛ- metros hasta Montreal para ir al pequeÒo estudio de m˙sica de la oficina de la terapia del sonido. øServÌa de algo? Ella no notaba ninguna mejorÌa. Era difÌcil explicar lo que estaba su- cediendo, y el tratamiento le costaba varios miles de dÛlares. La m˙sica que oÌa era principalmente de Mozart: conciertos de violÌn, sinfonÌas, m˙sica de c·mara. El filtrado la hacÌa so- nar extraÒa y a veces misteriosa. A medida que transcurrÌan las semanas, los sonidos parecÌan m·s agudos. La cuarta se- mana oyÛ cantos gregorianos. De vez en cuando, tenÌa que grabar frases dichas por ella misma y escuchar su propia voz filtrada en un tono muy agudo. TambiÈn le enseÒaron una tÈcnica especial de canturreo. Hacia la quinta semana experi- mentaba un gran cansancio y apenas podÌa arrastrarse. Los traslados eran agotadores. El terapeuta dijo: ´°Bien! Esto de- muestra que la terapia funciona. El oÌdo medio se est· ajus- tandoª.

Luego, un dÌa, cuando Joudry conducÌa a casa empezÛ a canturrear para sÌ. De pronto, no se sintiÛ cansada. SentÌa una nueva energÌa. PodÌa quedarse hasta tarde por la noche, levantarse despuÈs de haber dormido pocas horas, y sentirse completamente fresca. El insomnio desapareciÛ. Calmada, parecÌa que una energÌa pura la inundaba. Y, lo mejor de todo, su mente y su memoria parecieron desarrollarse a la veloci- dad del l·ser. La creatividad se remontÛ. El bloqueo del escritor habÌa desaparecido. Le surgÌa sin esfuerzo una nueva novela. Ahora se sentÌa como si se hallara en un estado perpetuo de exaltaciÛn.

´Me siento como si me hubieran conectado al cosmosª, dijo al terapeuta.

DespuÈs le hicieron la prueba del oÌdo. øPodÌa oÌr al tera- peuta mientras sonaba la m˙sica por los auriculares? SÌ. Las

pruebas audiomÈtricas lo confirmaron. Los gr·ficos dieron la prueba de que su oÌdo volvÌa a ser normal.

Ella no lo creyÛ hasta que realizÛ sus propias pruebas. Se precipitÛ a unos grandes almacenes. øPodÌa oÌr al dependien- te por encima del hilo musical y el murmullo de voces que la rodeaban? °SÌ! En la gasolinera, con el ruido del tr·fico, pudo oÌr al empleado. En casa, con su familia, sus hijas podÌan ha- blar al mismo tiempo y ella podÌa oÌr a cada una de ellas.

En su sesiÛn final de m˙sica, le rogÛ al terapeuta: ´øNo puedo continuar este tratamiento en casa? øY si el efecto se evapora?ª.

´El equipo cuesta veinte mil dÛlares, y adem·s hay que sa- ber utilizarlo del modo adecuadoª, dijo Èl.

Pero, a medida que transcurrÌan las semanas, la radiante energÌa creativa empezÛ a desvanecerse. VolviÛ la fatiga. La claridad mental retrocediÛ. El oÌdo de Joudry seguÌa curado, pero el temido bloqueo del escritor reapareciÛ.

Sin embargo, siempre que la mente, la memoria y la ener- gÌa necesitaban un empujÛn, podÌa pedir una cita para una se- siÛn de terapia del sonido y la inspiraciÛn volvÌa a ella. Cada sesiÛn de m˙sica le provocaba la maravillosa estimulaciÛn mental: vitalidad sin lÌmites, serenidad, alegrÌa y estar anima- da sin tomar drogas.

Joudry quedÛ fascinada por su experiencia con el sonido. øQuÈ era la terapia del sonido y quÈ le habÌa sucedido a ella exactamente? Se sentÌa absolutamente impulsada a vivir cerca de lugares donde podÌa disponer de la terapia del sonido.

Sin embargo, dos aÒos m·s tarde, circunstancias inespe- radas la obligaron a abandonar su hogar de Montreal y trasla- darse al oeste, a Saskatchewan. Se hallaba entonces a miles de kilÛmetros de la m˙sica que era ambrosÌa para su cerebro. Se sentÌa como si de repente la hubieran desenchufado del cosmos. Cada dÌa, durante dos aÒos, ideaba nuevas maneras de regresar al este, a la creativa y brillante energÌa mental de la terapia del sonido.

Un dÌa, en una cena en su granja, un invitado dijo: ´øHa- bÈis oÌdo hablar de la abadÌa de St. Peter, en Muenster? Est·n utilizando terapia del sonido con los estudiantes del St. Pe- terís Collegeª.

Joudry por poco se cayÛ de la silla. øMuenster, Saskatche- wan? SÛlo un puntito diminuto en el mapa, en la carretera que iba a Saskatoon. Con los miles de quilÛmetros de vasta prade- ra canadiense que habÌa, ella habÌa aterrizado justo a sesenta y seis quilÛmetros del ´reinoª.

LOS MONJES DE ALTA TECNOLOGÕA DEMUENSTER

Joudry se hallaba en Muenster al dÌa siguiente, al amane- cer. Como Dorothy dijo a su perro cuando aterrizÛ en Oz, fue una especie de experiencia como de ´SÈ que ya no estamos en Kansas, Totoª.

Rielando bajo el sol de la pradera, St. Peterís parecÌa un monasterio que podÌa haber caÌdo en las praderas despuÈs de unas cuantas Ûrbitas en el espacio exterior. Tras los majestuo- sos jardines habÌa unas habitaciones que parecÌan el puente de mando de la empresa espacial. Estaban atestadas de equi- po electrÛnico reluciente que zumbaba y parpadeaba. El jefe de esta operaciÛn evolutiva era un monje con barba, no con h·bito, sino con vaqueros y zapatos deportivos.

El padre Lawrence De Mong de St. Peterís creÌa que los grupos como el suyo deberÌan estar en el filo de las nuevas fronteras. Por eso habÌa instalado el estudio del sonido espe- cial, que valÌa muchos miles de dÛlares, y el equipo electrÛni- co de la terapia del sonido y el nuevo oÌdo electrÛnico. …l se veÌa como pionero de nuevas alturas en la educaciÛn, la salud y la transformaciÛn personal. Los estudiantes tenÌan que de- dicar varias horas cada trimestre a escuchar. SÛlo se coloca- ban los auriculares y se tumbaban en los sof·s de la gran sala de escucha.

Y algo asombroso ocurrÌa. Las incapacidades para apren- der se desvanecÌan. Los estudiantes con graves defectos del habla se curaron en el ochenta por ciento; casos de dislexia, problemas emocionales, hiperactividad, problemas de oÌdo... todo cesÛ con el tratamiento. Los estudiantes se sentÌan cal- mados, relajados y sin tensiÛn. Concentrarse les resultaba f·- cil. Y, lo mejor de todo, aquella radiante energÌa creativa fluÌa regularmente, mejorando el rendimiento mental en todos los ·mbitos.

DespuÈs de comer con los hermanos, el padre Lawrence dio a Joudry una llave. ´SiÈntase libre de utilizar el centro de terapia del sonido en cualquier momento que lo desee, de dÌa de noche.ª R·pidamente le enseÒÛ dÛnde se guardaban las cintas de m˙sica especiales y cÛmo hacer funcionar el equipo. ´La m˙sica a ocho mil hertzios es la que recarga m·s de pri- sa.ª SonriÛ y se fue a rezar sus oraciones.

Joudry apenas podÌa creerlo. TenÌa la llave del ´reinoª, °y era gratis! Las grandes y brillantes habitaciones estilo ´Buck Rogersª llenas de sof·s, auriculares, equipo electrÛnico y la- berintos de cables, pronto se convirtieron en su segundo ho-

gar. Al cabo de una semana de escuchar la m˙sica especial, aquella din·mica claridad mental habÌa regresado a ella, la radiante energÌa imparable y tambiÈn la floreciente creati- vidad.

M⁄SICA QUE ES AMBROSÕA PARA EL CEREBRO

El programa musical era el mismo que habÌa experimen- tado en Montreal. Ahora Joudry podrÌa descubrir sus secre- tos. Los instrumentos de monitorizaciÛn le enseÒaron que las notas bajas se filtraban sac·ndolas de m˙sica cl·sica. El estÈ- reo favorecÌa el predominio del oÌdo derecho. DespuÈs, estas cintas se pasaban a travÈs del oÌdo electrÛnico, el invento del doctor Tomatis, que bombardea el oÌdo interno con ciertos sonidos de alta frecuencia que poco a poco permiten al oÌdo oÌr una serie m·s ancha y m·s alta de frecuencias. HabÌa un ruido siseante ligeramente abrasivo mezclado con la m˙sica. La secuencia de las selecciones importaba poco; sÛlo tenÌa que tener sonidos de alta frecuencia en al menos la serie de ocho mil hertzios y m·s. Esos sonidos agudos parecÌan ser ambrosÌa para el cerebro. DespuÈs de oÌr las frecuencias du- rante cien o doscientas horas, el cerebro, al parecer, quedaba armonizado y energetizado y enviaba seÒales para restablecer el sistema completo.

Un dÌa, cuando Joudry llegÛ a las cinco de la madrugada al monasterio, el padre Lawrence vio el Sony Walkman que Joudry llevaba para su viaje de una hora. Una respuesta de frecuencia de diecisÈis mil hertzios, °un reproductor port·til con una respuesta de frecuencia lo suficientemente alta para ser utilizada para la m˙sica de la terapia del sonido y el efecto del oÌdo electrÛnico! Al cabo de unos dÌas, habÌan hecho case- tes de metal con el programa musical y habÌa nacido una re- voluciÛn.

Hasta entonces, ni el padre Lawrence ni los otros monjes habÌan tenido tiempo para pasar varias horas al dÌa encade- nados a los auriculares en el centro de escucha de m˙sica. Ahora, con los walkmans, podÌan disfrutar de los fenomenales beneficios vigorizantes de esta m˙sica especial dondequiera que estuvieran. El programa de los estudiantes tambiÈn podÌa ser mÛvil. PodÌan escuchar sus walkmans en las mismas cla- ses del colegio.

Joudry estaba emocionada. PodÌa llevarse aquella precio- sa m˙sica a todas partes. Era como un protector contra la ten-

siÛn, ocurriera lo que ocurriera, incluso cuando su viejo Volvo se estropeÛ tres veces camino del supermercado.

øNo podrÌan las dem·s personas utilizar este maravilloso sonido vitalizante? øA quiÈn no podrÌa irle bien tener una me- jor memoria, m·s talento, m·s energÌa, m·s tiempo, m·s sere- nidad, m·s vida? Si la maravillosa m˙sica podÌa escucharse en walkmans, podrÌa llegar a miles de personas que no tenÌan acceso a ning˙n centro de terapia del sonido. Pero, la gente que siguiera el tratamiento de sonido especial con walkmans, øse beneficiarÌa igual que si seguÌa el programa en los institu- tos de terapia corrientes?

TendrÌa que crear nuevas cintas de m˙sica experimental y hacerlas llegar al p˙blico en general para averiguarlo. Joudry, ex tecnÛfoba que apenas sabÌa cambiar un fusible, pronto des- cubriÛ que era una sofisticada ingeniera de sonido, e ideÛ una serie completa de casetes de m˙sica cl·sica que presentaba al- tÌsimas frecuencias, grabaciÛn especial a travÈs del oÌdo elec- trÛnico. ´La m˙sica lo hizoª, dice ella. Le descubriÛ toda una serie de nuevas posibilidades y, en particular, un nuevo talen- to para la tecnologÌa.

El padre Lawrence descubriÛ pronto que el walkman con la m˙sica especial habÌa curado su insomnio. BullÌa de ener- gÌa. ConducÌa cuatro mil quilÛmetros seguidos sin dormir.

Pronto el colegio entero utilizaba walkmans, incluidos los monjes, las monjas y los porteros. En el convento de Ursuli- nas de Brno, dos monjas ancianas que sufrÌan la enfermedad de Alzheimer fueron sometidas a la terapia del sonido. Seis semanas despuÈs las enfermeras comunicaron que las pacien- tes ´habÌan mejorado bastante; estaban m·s tranquilas, me- nos excitadas, y disfrutaban de la m˙sicaª.

SONIDOS DE ALTA FRECUENCIA QUE ESTIMULAN LA MENTE Y LA MEMORIA

De todas partes escribieron personas para someterse a pruebas. ´DespuÈs de tres dÌas, fui consciente de una energÌa y claridad mental como jam·s habÌa experimentado desde an- tes de entrar en la universidad, muchos aÒos atr·sª, escribiÛ el doctor Cliff Bacchus desde las Bahamas. Escritor y miem- bro de la American Academy of Physicians, se entusiasmÛ. ´Mis puertas creativas se abrieron de par en par... Ahora duermo mejor, pienso mejor, escribo mejor...ª Antes no re- cordaba ning˙n sueÒo, suprimiendo los lÌmites con las pesa-

dillas. Ahora recordaba de manera nÌtida y en detalle los sue- Òos y eran sueÒos claros, felices.

Linda Taylor-Anderson, de Florida, autora de Carousing in the Kitchen, descubriÛ que el sonido recargaba ´mis baterÌas internas que proporcionan una energÌa calmada y una sensa- ciÛn de bienestarª.

Darrell Johnson, de Delisle, Saskatchewan, que sufrÌa del sÌndrome de MeniËre (zumbidos en los oÌdos, mareo y vÈrti- gos), explicÛ que los sÌntomas habÌan desaparecido al cabo de diez semanas. La fatiga y el estrÈs tambiÈn habÌan desapareci- do. ´Es como una nueva vida.ª

Los padres de John Westerhof, de Winnipeg, dijeron: ´Nues- tro hijo est· demostrando una gran mejora en la lecturaª. Su dislexia habÌa desaparecido al cabo de dos meses de escuchar las cintas. Estuvo en Ritalin, por prescripciÛn mÈdica a causa de su incapacidad para aprender. ´Es como un milagro...ª

Los padres de Carla Gaunt, una adolescente de Saskatoon minusv·lida mental, con el cerebro daÒado, dijeron a Joudry que el habla y la memoria de Carla habÌan mejorado al cabo de tres meses. ´Fue una gran mejora en su capacidad de afron- tar el estrÈs.ª

´La terapia del sonido ha transformado mi vidaª, escribiÛ James Bragg, de Kentucky. Se habÌa recuperado de un proble- ma del habla que padecÌa desde su infancia y tambiÈn se recu- perÛ de un problema de oÌdo. SuperÛ la depresiÛn. ´La ener- gÌa aumenta muchÌsimo; el vigor y la resistencia mejoran enormemente.ª

Un estudiante graduado de Buffalo, Nueva York, no sÛlo mejorÛ su capacidad de aprender, sino que se recuperÛ del miedo a hablar en p˙blico. ´Yo lo llamo la terapia de la con- fianza.ª

Courtney Milne, fotÛgrafo profesional con un programa muy duro, explicÛ que ahora poseÌa ´una gran calma inte- riorª y que nunca se sentÌa ´acosado o exhaustoª.

´Mejor concentraciÛnª, ´capacidad para centrar mi men- teª, ´mejor memoria y capacidad para aprenderª, ´paz y tran- quilidadª, ´suministro de energÌa sin lÌmitesª, ´sueÒo m·s f·cil y m·s eficazª, ´dos o tres horas menos de sueÒo por la nocheª, ´mejor oÌdoª, ´recuperaciÛn de la pÈrdida de oÌdo cau- sada por la edadª, ´recuperaciÛn de desÛrdenes derivados del desequilibrio del fluido del oÌdo interno: n·useas, vÈrtigo, zumbidosª, ´recuperaciÛn del tartamudeo y defectos del ha- blaª, ´˙til para problemas de dislexia, hiperactividad y con- ductaª, ´curÛ los ronquidosª, ´ayudÛ en un caso de autismoª,

´recuperaciÛn de desÛrdenes relacionados con el estrÈs, des- de dolores de cabeza a problemas digestivos...ª

Algunas personas descubrieron que la terapia del sonido les ayudaba a perder peso. La energÌa sin lÌmites y el alivio del estrÈs, al parecer, ayudaban a que se normalizaran los proble- mas de peso.

Pronto los archivos de Joudry rebosaban. Todas las prue- bas indicaban mejoras, m·s o menos importantes. ParecÌa que el sistema del casete port·til podÌa definitivamente pro- ducir resultados para los que seguÌan el tratamiento por su cuenta. Aunque, por supuesto, no eran exactamente los mis- mos resultados que se habrÌan producido en una clÌnica con un terapeuta que hiciera las pruebas y los controles, hay que decir en su favor que los efectos no desaparecÌan.

Joudry tenÌa material suficiente para un libro, Sound The- rapy for the Walkman, un relato extremadamente l˙cido, con una introducciÛn de su amigo, el famoso violinista Yehudi Me- nuhin. DespuÈs de publicarse el libro en 1984 en Saskatche- wan, Joudry se vio inundada de peticiones de las cintas de m˙sica de alta frecuencia procedentes de todo el mundo. Los monjes de Muenster trabajaban de manera incansable, co- piando a mano, no manuscritos iluminados como en otros si- glos, sino ´iluminandoª casetes de m˙sica en ´tiempo realª, y haciÈndolos disponibles para la venta desde St. Peterís Press. Y algo evolutivo empezÛ a emanar de aquellas distantes pra- deras canadienses.

La seÒora Joe Bentley, de Edmonton, Alberta, escribiÛ que su hija, pianista, habÌa sufrido un grave accidente de bicicle- ta, golpe·ndose la cabeza contra el pavimento: dos fracturas de cr·neo, contusiÛn cerebral y coma. DiagnÛstico: nunca vol- verÌa a hablar, a caminar o a tener memoria. Al cabo de cinco semanas de escuchar las cintas de Joudry, podÌa volver a to- car el piano y a leer m˙sica. La seÒora Bentley leyÛ el libro de Joudry en voz alta a su hija. DespuÈs de seis meses de escu- char la cinta, pudo volver a leer, despacio. ´Las cintas le han hecho tanto bien. Le damos las gracias por toda la ayuda que ha proporcionado a nuestra hija.ª

Marie Lyons, de Newport Beach, California, de setenta y nueve aÒos, luchaba contra un ´aturdimiento inadecuadoª. DespuÈs de cuatro meses de escuchar regularmente, ´el fondo neblinoso se ha despejado. Disfruto de una desacostumbrada viveza todas las horas en que estoy despierta.ª

Elsie Edson, de la Columbia Brit·nica, descubriÛ que seis semanas con las cintas habÌan calmado sus agotados nervios

y eliminado las migraÒas. ´Mi pensamiento es claro y tengo una fuerte sensaciÛn de bienestar.ª

Lorna Graham, de New Brunswick, que sufre de esclerosis m˙ltiple, descubriÛ que las cintas la ayudaban a estabilizar su energÌa. ´Ninguna otra cosa me ha ayudado como lo han he- cho las cintas.ª

De Reba Adams, enfermera, de Dallas, Texas: su madre, de ochenta y dos aÒos, sufriÛ un ataque coronario y tuvo que ir a vivir con ella para poder cuidarla. DespuÈs de cuatro meses de escuchar las cintas, el mÈdico le dijo que su madre estaba tan

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