B. El ciclo de vida económico
2. El resultado del ciclo de vida
El déficit de ciclo de vida describe la situación en que el consumo es mayor al ingreso laboral, en oposición al superávit de ciclo de vida en que la generación de recursos es más que suficiente para financiar el consumo personal. En el gráfico II.6 se presenta la estimación del déficit por grupo de edad, o sea consumo menos ingreso. Los valores positivos indican que hay déficit y que por lo tanto, el consumo es mayor al ingreso y necesita ser financiado. Los valores negativos en cambio indican que hay superávit por lo que a esa edad se generan recursos que permiten financiar no sólo el consumo propio sino también el de otros grupos etarios. La forma de la curva muestra que en 2013, las personas menores a 28 años y mayores a 57 años se encuentran en situación deficitaria y son financiadas por las edades intermedias. El déficit per cápita es mayor en las edades avanzadas que en la niñez, pero el déficit agregado es menor debido a que el tamaño de esas generaciones es más reducido (gráfico II.7). En términos globales entonces, 58% del déficit es generado por los menores de 28 años y 42% por los mayores de 57 años.
El déficit y el superávit son sostenibles debido a mecanismos económicos de institucionalización más o menos formales, que canalizan el movimiento de recursos entre edades. En otras palabras, las personas reciben (flujos de entrada) y dan (flujos de salida) recursos: el déficit se financia con flujos de entrada superiores a los de salida. Estos flujos se canalizan a través de dos mecanismos: los activos y las transferencias.
La reasignación de recursos a través de activos se realiza en el mercado. Se refiere a los ingresos y egresos que provienen de la propiedad de activos, como los intereses y las rentas, el ahorro y el desahorro, involucrando a menudo intercambios intertemporales. Por ejemplo, una manera que los individuos tienen de reasignar recursos a lo largo del tiempo es comprar una vivienda en la edad activa (generando un flujo de salida) y venderla en la vejez (generando un flujo de entrada).
Gráfico II.6
Déficit del ciclo de vida per cápita, según edad
(En porcentajes del ingreso laboral promedio del grupo de 30 a 49 años de edad)
Edad -40 -20 0 20 40 60 80 100 120 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 65 70 75 80 85 90+
Fuente: Elaboración propia en base a Instituto Nacional de Estadística (2006 y 2013), Banco Central del Uruguay (2013) y Burdín et al. (2014).
Gráfico II.7
Déficit del ciclo de vida agregado, según edad (En miles de millones de pesos)
Edad -6 -4 -2 0 2 4 6 8 10 12 14 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 55 60 65 70 75 80 85
Fuente: Elaboración propia en base a Instituto Nacional de Estadística (2006 y 2013), Banco Central del Uruguay (2013) y Burdín et al. (2014).
A diferencia de la reasignación a través de activos, el mecanismo de transferencias no involucra al mercado y no implica —al menos explícitamente— un intercambio de compromisos ni presentes ni futuros entre receptores y donantes. Por ejemplo, cuando los padres alimentan a sus hijos o el sector público paga asignaciones familiares se está realizando una transferencia, en un caso voluntaria y privada, y en el otro en el marco de un programa público.
Tanto en la reasignación vía activos como en las transferencias, los agentes pueden ser públicos o privados. Este estudio se enfoca en el rol del sector público en la reasignación a través de transferencias, en el entendido que cualquier reforma que busque adaptar las políticas públicas a los cambios en la estructura etaria de la población se beneficia de discusiones previas basadas en información cuantitativa. Es por ello que solamente se ha realizado estimaciones de este mecanismo de reasignación, cuya forma de estimación se presenta en el recuadro II.3. No obstante, estimaciones para años anteriores arrojan algunos resultados interesantes que ameritan un comentario.
Recuadro II.3
Estimación de las cuentas de transferencias públicas
Las transferencias públicas hacia los hogares (flujos de entrada) se dividen en transferencias en especie y en dinero. Las transferencias en especie equivalen al consumo de los hogares directamente financiado por el sector público (consumo público). Es este el caso del consumo público en educación, la atención pública de salud, el financiamiento FONASA a la atención privada de salud y el resto del consumo público, cuyas estimaciones se presentaron en el recuadro sobre consumo.
Las transferencias en dinero, por otro lado, incluyen las prestaciones de la seguridad y asistencia social. Comprenden todos los programas a cargo del BPS (jubilaciones y pensiones contributivas y no contributivas, subsidios por enfermedad, desempleo, maternidad y asignaciones familiares), las jubilaciones y pensiones vertidas por las Cajas Militar y Policial, y la Tarjeta Uruguay Social destinada a hogares de bajos recursos y financiada por el Ministerio de Desarrollo (MIDES). Las transferencias públicas desde los hogares (flujos de salida) se componen de impuestos y contribuciones a la seguridad social.
En particular, las estimaciones NTA para 1994 y 2006 indicaban que, en Uruguay, en la niñez y adolescencia las transferencias privadas jugaban el rol principal para financiar el consumo, sugiriendo la importancia de los vínculos familiares (Bucheli et al., 2010; Bucheli y González, 2011). Por otra parte, las estimaciones mostraban que en las edades avanzadas el déficit se financiaba fundamentalmente por ingresos proveniente de activos y transferencias públicas, al tiempo que las transferencias privadas netas eran negativas. En otras palabras, los adultos mayores captaban recursos públicos, utilizaban sus activos y realizaban transferencias, probablemente a su familia. Se puede interpretar que estas transferencias reforzaban la importancia de los vínculos familiares en la reasignación de recursos hacia los niños y adolescentes. Cuando en las primeras etapas de la vida el consumo depende fundamentalmente de los recursos que generan los mayores del entorno familiar, el entorno de nacimiento adquiere suma importancia. Los canales públicos en cambio tienen la posibilidad de recaudar recursos de las edades medias en general, con menor o mayor grado de progresividad según el diseño de política impositiva del país, y reasignarlos a niños y adolescentes, compensando las diferencias de nacimiento. Así, la estructura de canales públicos y privados de transferencias pone de relieve una limitación para la superación de la baja movilidad intergeneracional y de la desigualdad de oportunidades.
Las transferencias públicas constituyen un mecanismo institucionalizado y regulado de reasignación de recursos. El gobierno recauda impuestos y contribuciones que son utilizadas para financiar su gasto, que toma la forma de consumo público (o consumo de los hogares directamente financiado por el sector público) y transferencias en dinero. Desde el punto de vista de los individuos, la recaudación del gobierno implica flujos de salida mientras que el gasto público implica flujos de entrada. Flujos de entrada mayores a los de salida implican una situación superavitaria con respecto a la relación con el sector público, que requiere ser financiada por los individuos cuyos flujos de salida (impuestos y contribuciones) superan los de entrada (consumo público y transferencias). Por lo tanto, las transferencias públicas netas (flujos de entrada menos flujos de salida) identifican una suerte de resultado de ciclo de vida en relación al sector público, cuyas edades límites pueden diferir con las del resultado del ciclo de vida relacionado con la economía en su conjunto.