TERAPIA DE POSIBILIDADES
16. EL SÍNDROME DE CREOKE
BILL O'HANLON
Recuerdo un caso en el que un cliente y yo acordamos dejar de ver- nos porque después de casi un año de terapia no habíamos avanzado nada. El cliente en cuestión ejercía de médico en una pequeña comu- nidad rural y había desarrollado un agarrotamiento en los músculos fa- ciales muy fuerte y molesto. Parecía que acabara de comer algo desa- gradable. Lo experimentaba como algo involuntario y el problema se presentaba desde que se despertaba hasta que se iba a dormir. A veces disminuía un poco, pero nunca desaparecía del todo hasta que se iba a dormir. Al principio estaba convencido de que se trataba de algo neu- rológico u orgánico, pero después de varios años de visitas a especia- listas de todo el país había llegado a la conclusión de que podría ser psicosomático.
El hecho es que el problema de este hombre había empezado más o menos cuando su hija se había comprometido y casado con un joven que no gustaba en absoluto ni al médico ni a su esposa. Después de darle vueltas había decidido que el agarrotamiento podía ser una reac- ción a esos sucesos y a su incapacidad de impedir que su hija se casara con un hombre tan desagradable. Ya habían pasado varios años desde entonces y parecía que la hija y su esposo hacían más buena pareja de lo que había parecido al principio, pero el agarrotamiento facial seguía ahí. El h o m b r e se sentía muy avergonzado por el problema y evitaba
* Manuscrito inédito cuyo título original era «Not All My Cases of Long-Term Therapy Have Ended Successfully».
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contar lo que le ocurría a los habitantes del pueblo, dejando que pen- saran que tenía alguna enfermedad muscular degenerativa como la es- clerosis múltiple.
El hombre llegó a mi consulta porque su terapeuta sabía que había estudiado con Milton Erickson. Los terapeutas de mi zona tienden a enviarme casos «imposibles» porque creen que tengo el mismo «toque de magia» que se decía que tenía Erickson. Pues bien, ni magia, ni na- da. Ni siquiera pude conseguir el más pequeño de los avances. Lo in- tenté todo: hipnosis, terapia de pareja, terapia familiar, intervenciones paradójicas, replanteamientos positivos, replanteamientos negativos y unas algunas técnicas más. El cliente era muy buena persona y coopera- ba en todos los procedimientos, pero ninguno de ellos tuvo el menor efecto. Su esposa se encargaba de buscar cualquier señal de cambio por pequeña que fuera, pero no pudo ver ninguna. El único aspecto curioso relacionado con sus visitas a mi consulta era que el agarrota- miento desaparecía en cuanto entraba en la sala de espera (a veces re- aparecía durante la hipnosis y ésa era la única manera en que pude ob- servar cómo ocurría). Su mejor explicación para esta desaparición del síntoma era que, como él sabía que yo lo sabía, quizá se sentía más có- modo en mi presencia y el agarrotamiento desaparecía.
El hecho es que al final acordamos mutuamente que lo que había- mos hecho hasta entonces no había tenido ningún éxito y acabé en- viándolo a un colega que trabajaba de una manera totalmente distinta a la mía. El colega en cuestión lo vio durante cuatro sesiones, casi siem- pre junto con su esposa, pero no llegó más lejos que yo. Varios meses después, mientras estaba de viaje en el extranjero, el médico llamó a la consulta para hablar conmigo y, cuando supo que no estaba, habló con mi colega. Le dijo que había encontrado a un neurólogo que por fin había diagnosticado su problema. Se llamaba Síndrome de Creoke. Mi colega le preguntó si había sentido algún alivio después del diagnósti- co. «No», contestó el médico. Aún no había ningún tratamiento, pero quería que supiéramos que era de origen neurológico. Cuando me en- teré de esto al volver, pensé que quizás algún neurólogo sensato, sabe- dor de que el médico se sentiría mucho mejor con una explicación neurológica, en el fondo le había dado un diagnóstico de placebo:
«Creo que mi opinión es tan buena como la suya».
17. DSM-V*
Una modesta propuesta hecha de buena fe
BILL O ' H A N L O N Y PAUL LAMBAKIS
Con la reciente aparición del DSM-III R, la versión revisada del
DSM-III (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), se nos
ha recordado que habrá futuras revisiones de esta augusta biblia de los diagnósticos psiquiátricos y hemos querido hacer alguna aportación con la modesta esperanza de que aparezca en ellas. Conscientes de que nuestra propuesta podrá parecer un poco radical dado el clima impe- rante en la práctica actual, la ofrecemos para la edición posterior a la siguiente, es decir, para el DSM-V, con la esperanza de que por aquel entonces la profesión ya esté lista para asimilar nuestras ideas. Nuestra propuesta pretende simplificar de una manera radical las categorías de diagnóstico, limitándolas a tres clases y unas cuantas variaciones.
Categoría 1000. X
Problemas de origen iatrogénico. Esta categoría, que constituiría el
grueso de los diagnósticos en el DSM-V, especifica procesos de enfer- medad que se originan o empeoran mediante el contacto con profesio- nales de la salud mental.
* Éste es un manuscrito inédito que, por alguna razón, parecía que nunca se iba a pu- blicar. En él se presentan las propuestas de Bill y Paul para el DSM-V. Se reproduce más o menos en su forma original aunque ha sido ligeramente revisado y ampliado por Bob du- rante la corrección.
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Categoría 1001.X
Dependencia química de origen iatrogénico. Esta categoría se re-
serva para los pacientes cuyos psiquiatras les han convencido de la necesidad de medicarse sin que haya ninguna prueba de esta necesi- dad y aunque la medicación pueda perturbar gravemente su funcio- namiento.
Categoría 1002. X
Suicidio facilitado iatrogénicamente. Aquí se incluyen las personas
cuyos médicos les recetan tantos fármacos que acaban suicidándose por alguna de las razones siguientes: a) a causa del desaliento que les produce tener que medicarse constantemente; b) porque la medica- ción les nubla la razón; c) porque sí, porque ya está bien; y d) por una combinación de a), b) y c).
Categoría 2000.X
Síndrome psiquiátrico del mes (o enfermedad de la tele matutina).
Esta categoría es para los síndromes psiquiátricos populares que apa- recen y desaparecen como modas según la época. ¿Nos acordamos de la Viena de Freud, cuando la histeria era una enfermedad de lo más popular? ¿A dónde han ido a parar todas aquellas histéricas? Pues al mismo lugar que los bajitos con complejo de inferioridad: las modas del diagnóstico han convertido esas dolencias en simples anécdotas de la historia. Algunas enfermedades se crearán y abolirán por referén- dum (como la homosexualidad durante los años setenta). Otras se crea- rán por demanda popular. Cuando por la puerta de nuestra consulta entre la quinta paciente llevando en la mano el libro Las mujeres ama-
mos demasiado, podremos proponer que sea nombrado «Síndrome
psiquiátrico del mes». El síndrome con más votos al final de cada mes será dado a conocer en los boletines y las revistas de los principales co- legios y asociaciones profesionales.
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Categoría 2001.X
Pacientes a los que es aceptable detestar. Los profesionales de la sa-
lud mental también son personas y tienen sentimientos. En los tiempos en los que el machismo campaba a sus anchas, esta categoría estaba ocupada por las madres esquizofrenogénicas (por cierto, ¿a dónde ha- brán ido a parar?). Hoy en día está ocupada por los padres incestuosos y los hombres que maltratan a sus mujeres. Proponemos que el día de mañana los sujetos pertenecientes a esta categoría se determinen si- guiendo el mismo método empleado para determinar el «Síndrome psiquiátrico del mes» expuesto anteriormente.
Categoría 2002.X
Resistencia teórica. Este diagnóstico está reservado para los pacien-
tes que no han leído como Dios manda los artículos y libros escritos por el profesional de la salud mental que les presta sus servicios. Si lo hubieran hecho, habrían sabido cómo responder a las ingeniosas in- tervenciones que ha tenido a bien hacerles. Por ello se les debe consi- derar resistentes al tratamiento.
Categoría 3000.X
Ausencia de trastorno mental. Esperamos que ésta sea una de las prin-
cipales categorías del DSM-V, siempre y cuando podamos convencer a las mutuas, compañías de seguros y otras entidades «paganas» de que la de- ben cubrir. Si no es así, esta categoría servirá para tranquilizar a las suso- dichas entidades haciéndoles saber que es posible no tener ningún tras- torno mental (aunque, eso sí, procurando no aplicar esta categoría nunca —y lo repetimos, nunca— a nadie que pague a través de esas entidades).
Categoría 3001.X
Trastorno mental latente. Durante años, los peces gordos de la salud
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te es tener seguras las espaldas (véase Orwell, George). Así pues, ofrece- mos esta categoría para quienes hoy por hoy no se pueden beneficiar de una mutua por no tener profesión conocida y consideran la posibilidad de pasar el tiempo en una institución con todos los gastos pagados.
Categoría 3002.X
Trastorno mental aplazado. Esta categoría incluye a las personas que
han sido enviadas por una mutua y han agotado el número de sesiones permitidas para el año en curso. Naturalmente, un buen protocolo exi- ge una cita de seguimiento a principios del año siguiente para realizar una evaluación exhaustiva que permita descubrir cualquier posible re- activación del trastorno mental.
Categoría 3003. X
Ausencia encubierta de trastorno mental. Este diagnóstico describe a
las personas que están como una regadera, pero no pueden permitirse el lujo de un tratamiento ni acogerse a los servicios de una mutua o similar. Además de estas categorías, existen unos índices que permiten afi- nar más el diagnóstico y dar alguna idea del pronóstico. Cuanto mayor sea el número que sigue al punto decimal, peor será el pronóstico. Es- tos números son:
0,1 = Al terapeuta le gusta el paciente. El paciente pertenece a la misma clase social que el terapeuta y viste, habla y actúa igual que él. El paciente es del sexo y la raza que prefiere el tera- peuta. Pronóstico: excelente.
0,2 = Al terapeuta no le gusta el paciente. El paciente no es como él. Pronóstico: grave.
0,3 = El paciente no puede permitirse el lujo de pagar por los servicios y no puede acogerse a una mutua o similar. Pronóstico: pésimo. 0,4 = A la secretaria, la enfermera o la mujer del terapeuta no le
gusta el paciente. Pronóstico: nada que hacer.