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El seis de octubre y las secuelas posteriores:

La llegada de la CEDA al Gobierno de Madrid no fue bien vista por las organizaciones de clase. Ante el miedo a que este hecho guardara correlación con la imposición de gobiernos fascistas en Centroeuropa, el PSOE y la UGT, donde se habían impuesto las tesis de Largo Caballero, declaró un movimiento revolucionario en el mes de octubre. Las causas por tanto, en esta ocasión, teman un origen más político que social. Aún sin alcanzar la virulencia que en Asturias, la provincia de Jaén se vio agitada casi en su totalidad con miles de trabajadores en huelga puestos horas más tarde a disposición de la justicia militar y recluidos en una abarrotada Prisión Provincial durante los últimos días de octubre.

Al contrario que con la huelga de campesinos, y dada la premura con que se preparó este movimiento de respuesta a la inclusión de la derecha más radical en el gobierno de Madrid, no hay testimonios escritos de como se vivieron los días previos y las reuniones mantenidas por los órganos ejecutivos tanto de la UGT, PSOE y Juventud Socialista, seguramente porque las organizaciones obreras estuvieron muy controladas y era harto complicado conseguir los permisos gubernativos de reunión del alcalde, sobre todo tras el movimiento de junio que había supuesto un toque de

atención para los intereses de la patronal y de la derecha más reaccionaria: nobleza y burguesía terrateniente andaluza. Sabemos que las asambleas de la Casa del Pueblo eran muy vigiladas por la Guardia Civil y por miembros de la derecha hasta el punto de que se llegaba a montar una guardia de militantes socialistas en la parte de atrás, hacia las tierras de Carlos "Triguero", por si tiraban algún artefacto explosivo con destino a la Casa. Por tanto se venía detectando la preocupación de los responsables de las organizaciones socialistas por la expansión de actitudes y comportamientos fascistas en las filas de la derecha y la tensión no paraba de subir.

En el plano de la política municipal se produjo la dimisión por razones de salud de José Vencelá, habiendo promocionado a la alcaldía, Carlos Sánchez Solís presidente del comité local del Partido Radical y hasta ahora primer teniente alcalde. La primera tenencia de alcaldía pasaba a ser ocupada por Juan Roncero Jurado.

La víspera del día señalado, parecía imprevisible lo que iba a ocurrir en la madrugada siguiente. Tan solo al entrar la noche, a la salida de una reunión preparatoria en la Casa del Pueblo, un grupo de jóvenes socialistas se encontraron en la esquina de la casa del médico José Perales con una pareja de guardias civiles que vigilaba los movimientos de los obreros. Le preguntaron: ¿A dónde se va?, contestaron !A acostarnos!. Entonces los jóvenes dieron una voz y al momento salieron todos los que estaban en la Casa del Pueblo. Los guardias tuvieron que salir corriendo hasta el cuartel de la calle Maestro. Con este incidente las autoridades quedaban advertidas de que se estaba cociendo algo importante, pues paradójicamente, en otro local no muy distante de allí, en el antiguo teatro de Julia Perales (regentado ahora por la andujareña Amelia Jacome Morales) tenían lugar las actuaciones de los jóvenes maestros del cante, Pepe Marchena y la Niña de la Puebla

Al amanecer del día seis, atendiendo a la convocatoria de Huelga General lanzada por la UGT en toda España, los piquetes de obreros estaban situados en las salidas de Marmolejo y en algunos puntos estratégicos de la carretera hacia la sierra. Dentro de la población los huelguistas se distribuyeron en las esquinas de mayor tránsito para prohibir el paso de personas y de posibles trabajadores esquiroles hacia el campo. Precisamente desde el punto de mayor concurrencia, la esquina de la Peana y sus aledaños, en donde estaban los máximos dirigentes del CIO, uno de los huelguistas, Juan Casas Santiago disparó con su arma al ex-concejal Matías Vidal Fuentes dejándole malherido. Salía de su casa en la calle del Arroyo para hacer la compra de costumbre en el plaza de abastos, frente a la iglesia, antes de abrir su barbería de la calle Granados. Según algunos testigos, le habían dado el alto pero su problema de sordera le impidió escuchar las voces de los huelguistas. Matías murió tres días después, en su domicilio de Arroyo 22, a las 11,30 de la mañana por una infección peritoneal a consecuencias de las heridas causadas por el arma. Casado con Juana Rodríguez Casado dejaba tres hijos/as de pequeña edad; Andrés, Juana y Ana. En 1940, recién terminada la guerra civil un informe del alcalde Manuel Agudo Perales dirigido al Secretario Provincial del Movimiento reflejaba estos hechos con el lenguaje de la época: "Era un hombre extremadamente derechista y un católico modelo.

En Octubre de 34 fue vilmente asesinado por los marxistas al salir de su casa con una cesta para ir de compras a la plaza de abastos. Crimen cometido a traición y por las espaldas, disparándole con una escopeta y falleció a consecuencia de las heridas..." (7)

El relato de los hechos en relación al suceso del asesinato de este antiguo concejal del partido Conservador quedó reflejado de forma algo distinta en la sentencia n° 45, de 13 de febrero de 1935, por la que se juzgaron los hechos:

"En la ciudad de Jaén a trece de febrero de mil novecientos treinta y cinco. Vista en Juicio Oral y Público por la Sección segunda constituida en Tribunal de urgencia de esta Audiencia Provincial la causa procedente del Juzgado de Instrucción de Andújar, seguida por el delito de homicidio, contra Juan Casas Santiago (a) "Fiera" y Antonio Membribes Rodríguez, hijos de Francisco y María y José y Marta, natural de Marmolejo y de Alconte (Almería) y vecinos de Marmolejo, de 28 y 33 años de edad, de estado soltero y casado, de oficio jornaleros, sin y con instrucción, sin antecedentes penales, insolventes y en prisión, habiendo sido parte el Ministerio Fiscal, Ponente el Magistrado D. Manuel Docavo Núñez y defendidos los procesados por el Letrado Eduardo Mazón.

RESULTANDO: que en la madrugada del seis de octubre último con ocasión del movimiento revolucionario organizado para el día, antes, hubieron de destacarse de los rebeldes los procesados Juan Casas Santiago (a) Fiera y Antonio Membribes Rodríguez, los que se instalaron en la calle de Julián Besteiro (Arroyo) en Marmolejo, el primero junto a la casa número 23, de dicha calle, y el segundo en la esquina de la misma y la de Yepes, con el fin de impedir la circulación de los vecinos, y como saliera de su casa Matías Vidal Fuentes con una cesta al brazo con el propósito de ir a la compra en la plaza de Abastos, los expresados sujetos le llamaron la atención para que se volviera a su casa y como el Matías no les obedeciera prontamente hicieron cada uno un disparo contra el mismo con escopetas de que iban provistos alcanzando en el blanco el tiro del Casas que produjo a Matías una herida, con orificio de entrada por la región lumbar izquierda y salida por la región supraumbilical herida que también le atravesó la mano izquierda y la que le produjo la muerte el nueve del mismo mes. Hechos probados.

RESULTANDO: que al sentir los disparos Francisco Martínez Fuentes, hermanastro del anterior y que vive en la misma calle, salió a auxiliar al herido y en el momento que venían hacia la casa donde habita el Francisco en dirección por consiguiente hacia el sitio en que se encontraban los procesados y dando frente a ellos los repetidos procesados con propósito de matarlos, dispararon nuevamente sus escopetas contra ellos sin alcanzarles los disparos. Hechos probados.

RESULTANDO: que la defensa de (los) referidos procesados en sus conclusiones definitivas estimó que los procesados creyendo realizar un hecho laureatorio pues habían acudido a defender la República que creían amenazada por un movimiento reaccionario y viéndose además acometidos por Matías Vidal que con un arma pretendió encañonarles hicieron cada uno un disparo al aire teniendo la desgracia de que el disparo de Casas ocasionara la muerte al Vidal, constituyendo los hechos de un delito de homicidio siendo autor del mismo Juan Casas en favor del cual concurría la eximente de legítima defensa por lo que procedía absolver a ambos libremente.

FALLAMOS: que debemos condenar y condenamos a los procesados Juan Casas Santiago (a) “Fiera" y Antonio Membribes Rodríguez como autores de dos delitos ya definidos de homicidio simple, uno consumado y otro frustrado, sin circunstancias modificativas, a la pena a cada uno, por el primero de catorce años, ocho meses, y un

día de prisión mayor, con las accesorias de inhabilitación absoluta durante ambas condenas, pago de costas por mitad y a que mancomunada y solidariamente satisfagan a los herederos de Matías Vidal la indemnización de quince mil pesetas "

El testimonio de Miguel Barragán González (nacido en 1912 y afiliado a la UGT desde los 18 años) habla de la incertidumbre con que se vivieron las primeras horas de aquella jornada revolucionaria: "El de octubre fue una huelga general. Estaban

ocho o diez en La Peana y todas las salidas y entradas del pueblo ocupadas por huelguistas. Todos estábamos en la certidumbre de que había triunfado la huelga a nivel de España. Antes,

bien temprano, sobre las 7 ó las 8 de la mañana fui a la Fuente de los Socialistas a recoger un "puchero" que había dejado olvidado, pues el día cinco me había tocado estar allí para r

e

coger la poca propina que daban los agüistas pues había poco trabajo y los obreros del CIO n

os

turnábamos en esta clase de tareas. Al salir del pueblo observé que había una guardia de jornaleros

.

Al llegar al Santo Cristo vi los carriles del tranvía levantados y ala altura de las escalinatas del Balneario escuché tiros procedentes del pueblo. Cuando llegué a la fuente los compañeros del piquete que estaba sobre el puente del arroyo Seco me preguntaron: ¿qué pasa en el pueblo?, -pues mira tiene que haber un movimiento muy grande. Nos vinimos todos para el pueblo: por todos lados había gente pero poco a poco se fueron metiendo en las casas cuando empezaron a llegar los militares y la guardia civil".

El piquete que guardaba el paso del puente del Arroyo Seco, según testimonio de Juan Martínez Cano (integrante del mismo), vio venir a primera hora de la mañana

un

coche que procedía de Cardeña. Preguntaron al conductor" ¿Usted de donde viene?. -Nosotros venimos de Cardeña. ¿Y usted no se ha encontrado ningún obstáculo en la carretera?. -Pues si señor, la carretera en tal sitio está cortada pero nosotros hemos echado piedras y hemos pasado. Entonces llevamos a estas personas a la Casa del Pueblo y lo asistimos allí hasta que se solucionó el conflicto. A lo largo de la mañana empezaron a entrarnos desde Andújar Guardia Civil y ahí estuvimos liados a tiros con ellos toda la mañana hasta las tres ie la tarde aproximadamente que vino una compañía de soldados desde Córdoba que cuando entraron a la carga a por nosotros tuvimos que salir del pueblo. Yo me fui a refugiarme a la sierra con mi hermano y allí estuvimos 14 días".(8)

Los huelguistas se percataron a media mañana de que el movimiento no había triunfado globalmente a nivel nacional pues observaron que el servicio de renes seguía funcionando con regularidad, lo que ayudó a que cundiera cierta desmoralización entre los afiliados menos concienciados.

La llegada de las fuerzas de la Guardia Civil de Andújar y del Ejército de Tierra desde Córdoba se imputó a la acción del encargado de la central eléctrica de Valondillo de la empresa Mengemor, Diego Rodríguez Palomares, cuya "gesta" era resaltada de esta forma por el concejal de la CEDA, Jesús Sáez Martínez en la sesión de 26 de octubre: "Apenas tuvo noticias del movimiento comenzó a telefonear directamente con Andújar y Córdoba poniendo el hecho en conocimiento de las autoridades para que tomasen las medidas oportunas; y en consecuencia vinieron fuerzas de las ciudades mencionadas primeramente desde Andújar que sostuvieron un fuerte tiroteo con los revoltosos por espacio de más de dos horas y ya por la tarde llegaron fuerzas del Regimiento de Artillería de guarnición en Córdoba volviendo la población a recobrar su aspecto normal".

Ciertamente el movimiento no hubiera podido ser sofocado con las exiguas fuerzas existentes de la Guardia Civil que estaban en la casa cuartel de la calle Maestro, a pesar de que, desde bien temprano, algunos miembros voluntarios alineados con organizaciones de derechas, sobre todo miembros del partido Agrario y de la CEDA, e incluso religiosos como el joven sacerdote Antonio Parras, abrieron fuego contra los huelguista con sus propias armas pero, desbordados por la magnitud del

movimiento, desistieron de su intento Otros muchos marmolejeños de ideas de derechas se mantuvieron encerrados en sus casas ante la presión de sus familias por el peligro que hubiera supuesto hacer frente a los amotinados.

Las fuerzas de artillería o de infantería de Córdoba, pues aquí hay diversos testimonios, entraron por la Carretera de la Estación y mantuvieron un intenso tiroteo con los obreros a la altura de La Carnicería (hoy Casa de Cultura) hasta entrada la noche. Estos hechos causaron la angustia e incertidumbre en la numerosa colonia aguanosa, en gran parte hospedada en los numerosos establecimientos de la calle de la Fonda. Un habitual aguanoso de esos años, el abogado Manuel Soler presente esos días, junto a otros muchos agüistas más, recordaría años más tarde que

"en Octubre del 34 dimos lecciones que copiarían los héroes del Alcázar toledano, cuando fuimos cercados por la horda sublevada hasta que, por la noche, nos liberaron fuerzas de

infantería de Córdoba" (10)

La segunda víctima a computar al seis de octubre sería el joven José Matías Perín Ramos hijo del panadero militante del Partido Socialista y de la UGT, Miguel Perín Ramos, que vivía en la calle Canalejas n° 16. El muchacho de 15 años se había asomado a la puerta de su casa para ver las evoluciones de los acontecimientos y desde el cuartel de la calle Maestro, un guardia civil, le disparó, según algunos testimonios, al confundirlo con su padre al que andaban buscando. Eran aproximadamente las seis de la tarde; el joven Perín falleció unos minutos después. La muerte del hijo de Perín fue muy sentida por toda la izquierda pues su padre, natural de la Higuera de Arjona, casado con Trinidad Moreno y su tío, Antonio Perín, eran activos militantes del Centro Instructivo Obrero y ese día habían estado ejerciendo como miembros del comité de huelga. Cuando fueron a enterrarlo al día siguiente algunos huelguistas aún amotinados y escondidos en la huerta de Juan Manuel Alcalá (final de la calle Huertas), comenzaron a disparar tiros contra el cortejo como señal de protesta. Esa sería la última acción de resistencia pues desde allí muchos se tiraron para la sierra. Este fue el caso de Juan Martínez Cano uno más de tantos militantes obreros que hubieron de salir huyendo ante el temor de la represión que se avecinaba tras ser sofocado el conflicto: "Mi hermano José y yo nos fuimos a la sierra por mediación de que

teníamos un melonar en la fuente Olid y mi madre y mi mujer, Rosario, nos pasaban la comida por la noche y nos tenían al corriente de lo que había pasado, hasta que ya a los catorce días recibimos una esquela en la que decía: si no os entregáis a tu padre lo han encerrao y dicen que como no os entreguéis a él le cuelgan el costal Entonces a mi hermano le dije: vamos a entregarnos pues papa no queremos que padezca por nosotros. Como mi hermano le temía mucho a los palos cuando llegó a la casa se preparó bien poniéndose dos o tres camisones y dos chaquetas pues mi madre nos advirtió bien que estaban dando muchas palizas la gente de la derecha del pueblo y la propia Guardia Civil".

La represión desatada fue brutal sobre los dirigentes socialistas y sobre la práctica totalidad del elemento afiliado a las tres organizaciones socialistas, incluidos los jóvenes de las Juventudes. De nuevo la sombra de los trágicos sucesos de Casas Viejas rondaba sobre la memoria de muchos: "Estuvimos presos casi todos los miembros

de las tres organizaciones, cerca de doscientos. Primero nos tuvieron presos en la Carnicería, (donde hoy se levanta la Casa de la Cultura). Algunos como Juan Vicaria, el padre de Alfonso el de Catalina “la del Tocino", y José Gómez "El Chindo" ya desesperados se tiraron al pozo del cuartelillo porque no podían más con las palizas. Se liaban a darnos palos a discreción; muchas palizas. Tengo que reconocer que en mi caso, y en el de muchos compañeros más, salvamos la vida gracias a los cuidados de Felipe Ro?icero "Milindres" (el barbero) y de otros compañeros que me cuidaron las heridas pues yo estaba que no podía ni dejarme caer de espaldas. Cuando llegamos a la cárcel de Jaén era todavía peor" (11).

Lo ocurrido a José Gómez Ruiz corrió como la pólvora entre la gente sensata que no daba crédito a tanta brutalidad. Para salvarlo de una muerte segura hubo de mediar el farmacéutico Francisco Calero Herrero, persona de gran influencia en la localidad, que ante el aviso desesperado del guardia municipal Servando Sandín Sevilla llegó a tiempo de parar las palizas que uno de los militares le estaba infringiendo. Tras los ruegos de Calero, el torturador accedió no sin antes pedirle a José que le diese un beso en la punta de la bota. El joven deseando acabar aquella pesadilla lo antes posible se lo dió y en el mismo momento el militar le asestó una fuerte patada que le derribó parte de la dentadura. (12)

A la joven de 14 años, Francisca Perín, hija del dirigente Antonio Perín Ramos, también la detuvieron para que dijese el lugar donde se encontraba la escopeta de su padre. La muchacha hubo de compartir prisión junto con los jornaleros hacinados en La Carnicería, en donde no quedaba sitio ni para hacer las necesidades fisiológicas más básicas. El testimonio de su sobrina Carmen Perín habla de la solidaridad surgida entre aquellos hombres y esta joven para que cuando llegase ese momento no tuviese que sentir pudor. De mutuo acuerdo los compañeros encarcelados le dijeron a Francisca que "ellos volverían la cabeza para otro lado" evitando así violar la intimidad de la joven.

Los interrogatorios y las correspondientes torturas de los obreros huelguistas se alargaron hasta el mes siguiente dando fin con la vida del dirigente socialista, Andrés Velasco Rivillas, que se convirtió de esta forma en la tercera persona fallecida del seis de octubre. Según todos los testimonios fue víctima de brutales palizas hasta tal punto que el médico Luís Villarejo se negó a firmar la defunción por neumonía que luego apareció en su certificado de defunción y que literalmente dice:

"En la villa de Marmolejo, a las 9,30 del día 10 de noviembre de 1934, ante Enrique Ayala y Soria, Juez Municipal de esta villa, y D. José Muñoz Cubero, secretario de ella, se procede a inscribir la defunción de D. Andrés Velasco Rivillas de 35 años de edad, natural de esta población, provincia de Jaén,