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La Memoria Rescatada (1931 -1951) - Manuel Perales Solis

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(II REPÚBLICA, GUERRA CIVIL Y POSTGUERRA EN MARMOLEJO)

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PRÓLOGO

La historia no es pasado, la historia se hace día a día, conecta ayer y hoy a través de los que vamos viviendo en ella: de los que quedan atrás, de los que estamos (aquí y ahora), de los que están por venir. La historia la hacemos las personas, y para un mejor hacer se toma indispensable conocer y entender los orígenes que condicionan las formas y circunstancias de nuestra existencia.

A este fin contribuye el autor de esta obra, quien a través de un estudio metódico, sistemático y pormenorizado de hechos y personajes que protagonizan la historia de la España andaluza de los duros años 30-60 del siglo XX, nos ofrece la posibilidad de una reflexión sobre nuestro pasado histórico, y sobre aquellos de nuestros antepasados que ayudaron a crearlo, porque desde allí impulsaron un futuro que hoy se ha convertido en nuestro presente.

Muchos cambios ha experimentado la sociedad española hasta convertirse en la democracia que hoy disfrutamos todos por igual, y no sería justo hacerlo sin recordar y honrar la memoria de los que lo han hecho posible. Ellos configuraron el armazón de nuestro actual sistema social y democrático de Derecho, por ello todos somos sus deudores y es nuestro deber recoger el testigo de aquella lucha y entregarla a las generaciones venideras.

Vaya nuestro reconocimiento a todo aquel que se enfrentó a un poder establecido y anquilosado; que se revolvió contra lo que venía dado; que visionó un futuro mejor sin mirarse a sí mismo; porque lo consiguieron, aunque muchos de ellos se fueron sin saberlo... Nuestra memoria es su recompensa.

Madrid, 5 de diciembre de 2005 Natividad Moreno García

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-7-su situación de marginación y pobreza

serían durante largos años pieza imprescindible

en los cambios políticos y sociales de Andalucía".

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INTRODUCCIÓN

La República iba a representar para la gran mayoría de la clase trabajadora, la posibilidad de participación efectiva en la solución de los problemas más acuciantes que tema planteados desde hacía casi un siglo; de notar que su voto servía para mejorar sus condiciones reales de vida; de hacer efectivos los derechos civiles y políticos tan cacareados en las distintas constituciones liberales del XIX. Hasta 1931 la clase trabajadora española había sufrido, sin embargo, como se le hurtaba la capacidad de representación política y de defensa de sus derechos sociales y laborales, a través de "argucias legales" de toda índole ejercidas por gobiernos servidores de los intereses de las diversas burguesías territoriales. En concreto en nuestra región la poderosa burguesía latifundista y la vieja nobleza terrateniente con su tradicional influjo sobre el poder político de Madrid, habían obstruido siempre que pudieron cualquier proceso de regeneración política orientado hacia el reconocimiento de derechos a las clases populares. No es casualidad que muchos de los concejales socialistas elegidos desde principios del XX fueran destituidos de sus puestos según convenía a los gobernadores civiles de las distintas provincias, con el beneplácito del Ministro de la Gobernación de tumo. Estas prácticas caciquiles, usadas de nuevo en la 2a República por el gobierno lerrouxista de centro-derecha, dieron pie a que desde los años de la Constitución liberal de Cádiz, solo en escasas ocasiones los diputados y concejales salidos de candidaturas obreras pudiesen ejercer de manera estable su derecho de representación popular tanto en las Cortes Generales como en los diferentes ayuntamientos, amén de producirse en repetidas ocasiones la ilegalización de las organizaciones obreras y la clausura de sus sedes. Pero, a pesar de ello, se había ido consolidando la consciencia entre el proletariado de que había llegado el momento de hacer valer su mayoría social para reivindicar mayores espacios de poder en los distintos niveles de la gobernación de la nación y de los municipios.

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-9-Segunda República. Para llegar hasta aquí, las organizaciones obreras hubieron de plantear un rosario de luchas en las que fueron quedando en el camino numerosos/ as compañeros/as, vilmente torturados/ as y/o ajusticiados/ as desde los tiempos en que los primeros socialistas utópicos deambulaban por España difundiendo las doctrinas igualitarias. No obstante la experiencia democrática que supuso la República, resultaría muy breve si la comparamos con tantos años de alternancia de gobiernos dominados por las oligarquías conservadoras, pero eso sí, imprescindible para convencer a amplios sectores de la ciudadanía que la democraci

a abría también las puertas para reformar la realidad de su país; de sus pueblos y de sus familias, a través de los mecanismos y derechos que ella misma establecía. Apenas si dió tiempo para que ello ocurriese pues nuevamente los sectores políticos y económicos más conservadores de nuestra nación, aliados con una parte del Ejército y de la Iglesia impidieron que el pacto entre obreros y pequeñas burguesías reformistas, también deseosas de cambios, tocasen excesivamente el régimen de prebendas económicas que disfrutaban desde la instauración de la monarquía alfonsina. A la derecha le faltó fe en el régimen republicano y por tanto nunca llegó a realizar el proceso de modernización interna que hubiera sido deseable para desempeñar dignamente el papel que le correspondía en un régimen democrático pluripartidista. Paulatinamente terminaría abrazando la causa de los autoritarismos europeos en auge (fascismo y nazismo). Al contrario, la izquierda, cifró todas sus esperanzas de transformación social en esta forma de gobierno, quedando definitivamente vinculado el concepto de República al de revolución política y social.

En Marmolejo el advenimiento de la 2a República se sustanciaría en la formación, por vez primera en la historia de la localidad, de un gobierno de base obrera y popular que gestionó el municipio durante más de seis años aunque los tres últimos (1936-1939) tuvieran que hacerlo en situaciones especialmente dramáticas. Representa por tanto este hecho el primer avance en el proceso fluctuante de conquista de derechos por la clase trabajadora local que pronto sufriría un nuevo retroceso con la sublevación militar de julio de 1936. A lo largo de este trabajo tendremos ocasión de comprobar como desde 1931, se irán concretando prácticas de gobierno, a nivel municipal, diseñadas para mejorar el nivel de vida de las capas populares más desfavorecidas intentando dar soluciones a los problemas seculares: el acceso a la propiedad de la tierra para acabar con la pobreza y el desempleo; la consagración de los derechos de los trabajadores en el tajo frente a los habituales abusos de los patronos a través del cumplimiento de la legislación laboral aprobada por el gobierno republicano; la lucha contra la discriminación por razón de sexo, credo o ideología a la hora de acceder a un jornal; el celo en la gestión de los recursos económicos de carácter público; la preocupación por la extensión del derecho universal a una educación de signo laico y no sexista, o la promoción de nuevos valores políticos, éticos y culturales donde se les reconocería a las mujeres un papel importante en la

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nueva sociedad civil así como el derecho al voto del que, hasta ahora, habían estado privadas. Muchas de estas políticas, verdaderamente innovadoras y reformistas, fueron dejadas en suspenso con la victoria de la coalición de centro-derecha en las elecciones de noviembre de 1933 y la imposición, en marzo de 1934, de una corporación lerrouxista, por mandato del gobierno de Madrid. Con ello quedaba en entredicho el supuesto espíritu renovador del sector más conservador de la burguesía nacional y, por ende, de sus bases territoriales, representadas en concreto en nuestra localidad, por la clase propietaria (fundamentalmente grandes y medianos propietarios) y un sector de los comerciantes, incapaces de intuir el drama humano subyacente en las reivindicaciones obreras. No estaban frente a revolucionarios sin escrúpulos sino ante jornaleros del campo con el nivel de vida más bajo de la Europa más cercana, decididos a salir de su postergación. Definitivamente todas estas experiencias democráticas se frustraron en 1936 cuando hubieran podido empezar a dar sus frutos. La guerra civil descubrió enseguida una situación real de lucha de clases que irremediablemente pasó a convertirse, en ambos bandos, en una cruel lucha fratricida entre paisanos de un mismo pueblo, de una misma calle, o de una misma familia, con acciones reprobables desde la óptica de una sociedad democrática avanzada en que, hoy día, convivimos. El drama se impuso en la vida de los perdedores y se enquistó en la realidad cotidiana de la postguerra, abriéndose un abismo entre marmolejeños nunca bien solucionado por los vencedores de aquella contienda.

Mientras tanto los diferentes partidos de la derecha existentes en la República, se acomodaron al nuevo régimen, subordinándose a la autoridad del grupo de generales alzados contra el régimen constitucional. Falangistas, carlistas, católicos de la CEDA, los alfonsinos de Renovación Española, o los conservadores del Partido Agrario, se integraron, mediante el Decreto de Unificación, en el partido único que precisaba el Estado totalitario en construcción: Falange Española Tradicionalista y de las JONS. La represión desencadenada sobre la izquierda obrera, y republicanos en general, fue sistemática y se prohibieron todas las libertades y derechos proclamados en la constitución republicana de 1931.

Cuando en 1979, tuvieron lugar las primeras elecciones municipales de la reciente democracia, para quienes por razón de edad no habíamos conocido otro régimen político que el impuesto por el general Franco sería difícil imaginar que a la primera oportunidad verdaderamente democrática, las gentes de nuestros pueblos apoyarían de manera tan evidente a las candidaturas de la izquierda obrera. Ello dio pié a que se extendiera un comentario en el sentido de que "parecían haber aflorado socialistas hasta de debajo de las piedras". Razón no faltaba si consideramos que la censura impuesta por la dictadura durante más de 40 años, había mantenido en el ostracismo, perseguidos y condenados, a quienes seguían soñando con ver un día restablecidos los derechos humanos más elementales violentados y perseguidos desde el golpe de estado del treinta y seis. Todo parecía indicar, tan solo unos años antes, que el franquismo había logrado borrar la estela y los influjos de aquel experimento democrático pero, afortunadamente, no fue así: en Marmolejo concretamente tras los cuarenta años de dictadura, ganaban las elecciones con

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-holgada ventaja las representaciones de concejales de las listas presentadas por la izquierda, en esta ocasión el PSOE y el PCE, herederos legítimos de quienes habían sido perseguidos y desterrados. Una interrogante nos invadió de pronto a un sinfín de jóvenes en aquellos primeros años de "La Transición": ¿había sido la experiencia republicana tan negativa y perversa como se nos había intentado presentar por el régimen de Franco?¿Como es que siendo los rojos tan denostados y vilipendiados, su ideales; sus proyectos, lograban atraer a un sin fin de electores despertando el entusiasmo de las gentes nuevamente ante unas elecciones municipales?.

Irremisiblemente las respuestas pasaban por reconocer que aquella experiencia democrática, vivida entre 1931 a 1936, y fraguada en los años anteriores de la monarquía de Alfonso XIII, tuvo que haber generado necesariamente aspectos positivos que el régimen posterior no consiguió acallar. Por tanto el esfuerzo, el sacrificio, de una generación humillada y perseguida; de personas que en su día habían luchado por consolidar un régimen de justicia y libertades en España desde sus organizaciones políticas y sindicales, no había caído en saco roto y obtenía el reconocimiento tantas veces aplazado. Fue ése, por decirlo con otras palabras, el primer hito en la recuperación del legado democrático y el reconocimiento definitivo de cuantos lo habían transmitido con sus enseñanzas y sacrificios.

Este trabajo intenta describir y analizar los hechos ocurridos en nuestra localidad (tantas veces silenciados) entre 1931 y 1951, en la seguridad de que aún quedarán muchas historias y experiencias personales por descubrir dado el elevado número de marmolejeños / as con quienes me fue imposible contactar. Tampoco los documentos se conservaron en nuestros archivos en la medida que hubiera sido deseable y por desgracia muchas personas, familiares de dirigentes obreros de la izquierda, se desprendieron de sus cartas, de sus fotos y de sus libros para no ser detenidos o molestados por las autoridades franquistas. A pesar de todo, de que ya han fallecido la mayoría de los testigos vivos de aquella época, todavía me atrevo a animar a cuantas personas puedan aportar sus datos y sus testimonios a que lo hagan en la seguridad de que la lucha y sufrimiento de compañeros/as y familiares será de utilidad a las generaciones venideras.

Finalmente quiero manifestar mi agradecimiento a cuantas personas atendieron mi llamada, apoyándome y dándome todo tipo de facilidades en el largo trecho que se ha de recorrer hasta la culminación, nunca definitiva, de una investigación como ésta. Se lo agradezco doblemente porque me consta que lo hicieron con auténtico sentido de la honestidad, no desde el rencor ni la revancha, sino desde la esperanza de reparar la ignominia cometida con sus seres más queridos haciendo con ello que pueda resplandecer en nuestro presente la verdadera dimensión de aquella lucha emprendida por la justicia social y la libertad.

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-CAPÍTULO I

La II República y la Guerra Civil

1.1. Las fuerzas políticas y sociales:

La llegada del nuevo régimen no se hizo esperar, desde que tres días antes, el 12 de abril, una gran mayoría de los marmolejeños se decantaban de forma mayoritaria por las fuerzas de la Conjunción Republicano-Socialista que desde el pacto de San Sebastián venían postulando la instauración de una República democrática que trajese al país mayores cotas de justicia e igualdad. La mañana del día 15, a hora todavía temprana, Francisco Urquía, secretario del Ayuntamiento, atendiendo el requerimiento del Gobernador Civil entregaba el gobierno municipal a los diez concejales socialistas electos en presencia del alcalde saliente Alfonso Sánchez que no había concurrido a los comicios.

En España esta victoria de las fuerzas de centro-izquierda cogía por sorpresa a los miembros del gabinete Aznar, último gobierno de la monarquía, que sin tiempo para reaccionar, y una vez se iban conociendo los resultados de las urnas en las distintas provincias del estado, veía como las calles de las grandes ciudades eran invadidas por gentes de todo tipo entusiasmadas por el éxito de la Conjunción Republicana. En la mañana del 13 de abril,"era vano tergiversar los resultados; la inmensa

mayoría del 66,9% del censo electoral c¡ue acudió a las urnas se pronunciaba por la República votando las candidaturas republicano-socialistas. A partir de aquí los acontecimientos se precipitaron: a las cinco de la tarde del día siguiente la República se proclamaba en Valencia, Sevilla, Zaragoza, San Sebastián, La Coruña, Salamanca, Huesca, etc. Los representantes de la coalición republicano-socialista, iban entrando en los gobiernos civiles; los gobernadores militares no ofrecían resistencia. El último gobierno de la monarquía reunido en el Palacio Real estuvo decidido, por momentos, a resistir por el recurso a la fuerza, pero el monarca Alfonso XIII, optaba por preparar su salida del país así como la de la reina y las infantas. Casi simultáneamente los nuevos ministros del gobierno provisional fueron en una caravana hasta la sede de Gobernación, en la Puerta del Sol madrileña y allí estuvieron reunidos hasta altas horas de la madrugada preparando las primeras normas de funcionamiento del propio gobierno y del régimen naciente" (V.

Para el humilde panadero Andrés Rodríguez la nueva situación no dejaba de ser, no por deseada, menos novedosa y apasionante. Desde hacía una década los socialistas marmolejeños habían perseguido el sueño de dirigir los destinos de la villa para desarrollar sus programas y sus ideas de justicia social, y ahora de verdad se les presentaba una ocasión histórica. Fue a él, en calidad de candidato número uno por la conjunción, y a sus nueve compañeros de partido a quienes Alfonso Sánchez entregaba "todas las insignias de mando y todos los demás documentos de la alcaldía

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-así como también los fondos existentes" según quedó reflejado en la sesión plenaria

extraordinaria de aquel día. Una hora y media más tarde se daba por realizado el traspaso de poderes con el deseo expresado por todos y recogido por el secretario de que "la República naciente sea próspera y venga a redimir a España y convertir a nuestra

unida patria en pueblo que marche a la cabeza de la civilización".

El resultado reflejado por las urnas el día 12 parecía meritorio si tenemos en cuenta el contexto rural en que se producía, donde aún pervivían los viejos mecanismos caciquiles de presión y extorsión para el control del voto, y que no existió, como en las grandes ciudades, una auténtica conjunción de partidos republicanos de corte pequeño-burgués e ideologías de centro-izquierda, sino que el Partido Socialista atrajo los votos de parte de los pequeños propietarios agrícolas y comerciantes. Podríamos por tanto deducir de esta circunstancia el éxito del PSOE en la tarea de ilusionar con su proyecto a amplios sectores de población, incluidas las clases medias, y asumiendo en solitario el papel asignado a los partidos del centro radical en los grandes núcleos de población.

Por su parte los representantes de los antiguos partidos dinásticos y de la extinta Unión Patriótica Nacional, agrupados ahora en una nueva formación política, la Unión Monárquica Nacional, impulsada por algunos políticos de la dictadura, entre ellos Rafael Benjumea, conde de Guadalhorce, concurrieron a las elecciones, con el nombre genérico de "monárquicos", liderados por el médico Julio Vizcaíno Perales. A la derecha local no le había dado tiempo apenas a transformarse para aparecer, al menos, con la etiqueta de republicana, bien por falta de convicción o, sencillamente, porque la evolución de los acontecimientos les había cogido, como a media España, por sorpresa. Ciertamente era la primera vez que de unas elecciones municipales se derivaba no solamente un cambio de gobierno sino además un cambio de régimen en toda regla.

Ese esfuerzo de adaptación de la derecha local al nuevo régimen tocaría realizarlo a nuevos rostros vinculados con los negocios urbanos, aunque la derecha de siempre, los medianos y grandes propietarios de tierras; es decir los conservadores de antaño, permanecían en segundo plano mediatizando y controlando en todo momento las decisiones más importantes que irradiaron desde el Centro Republicano, órgano donde convergieron, en un primer momento, casi todos los partidos del centro-derecha. A medida que pasaba el tiempo se hizo más evidente que su régimen ideal no era la República Social de Trabajadores preconizada en la carta magna aprobada meses después (2).

La candidatura socialista encabezada por Andrés Rodríguez Gómez obtuvo 777 votos frente a los monárquicos que obtuvieron 509. La votación se había desarrollado sin incidentes de importancia, y los resultados fueron asumidos por la derecha que no recurrió la elección, como si sucedió en otros municipios de la provincia. El historiador Francisco Moreno Gómez, al que seguiremos citando a lo largo de este estudio, en relación a la provincia de Córdoba desvela que estos

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-comicios del doce de abril se repitieron en 37 pueblos debido a las reclamaciones producidas en aquellas poblaciones donde los monárquicos habían triunfado (3). No fue por tanto éste el caso de Marmolejo donde el éxito electoral resultó sobrado para la izquierda a pesar de que no habían podido votar las mujeres ni los/as jóvenes menores de 25 años.

Una vez conocidos los datos del día doce, el Gobernador Civil de la provincia en telegrama enviado al todavía alcalde Alfonso Sánchez le instaba a hacer la entrega del gobierno local a la comisión formada por concejales republicanos y socialistas y

"encargando a dicha comisión dicte las oportunas ordenes para mantener a todo trance el orden público y garantizar el respeto a las personas y la propiedad, requiriendo si fuera preciso el auxilio del Comandante del Puesto de la Guardia Civil". Realmente no fue necesario

tal extremo pues todo transcurrió en perfecto orden y sin incidentes a destacar entre la población. Una calculada mesura se impuso, en cierta medida recomendada a las bases obreras por los máximos responsables del Centro Instructivo. Curiosamente para dirigentes tan veteranos como Antonio García "Maqueano", el recuerdo de esos días quedaría vinculado a otra efemérides de índole familiar: el nacimiento de su hija María, la menor, a la que no esperaba encontrar al llegar a casa tras las celebraciones del día catorce.

El día diecisiete el secretario Francisco Urquía, un hombre que había dado prueba de poseer cierta cultura democrática y talante liberal, convocaba a todos los concejales electos a una sesión extraordinaria para el 18 que se celebró a la caída de la tarde. Había existido un empate para la elección de la presidencia interina entre Andrés Rodríguez y Manuel Flores, pero la mayor edad de aquel hizo que hubiese de presidir la histórica sesión, y no sería tampoco la última puesto que por imanimidad de los trece concejales resultó elegido alcalde. Los concejales monárquicos, por tanto, antes que abstenerse o votar a su candidato optaron por dar su voto de confianza a una izquierda de tradición democrática y dialogante y con la que no habían tenido grandes dificultades para entenderse desde los tiempos en que Gaspar Casas, Antonio García y el propio Andrés Rodríguez constituían la "minoría obrera" en los ayuntamientos de 1920 a 1923. No era por consiguiente Andrés un neófito en la política local y su talante democrático y su profesión de comerciante y panadero, bien relacionado con la gente del pueblo, así como cierta solvencia económica ganada a pulso con su trabajo, hicieron de él un gestor querido y respetado.

Por la conjunción monárquica el médico Julio Vizcaíno, también con rodaje en la política local desde la etapa de Primo de Rivera, demostraba estar a la altura que la situación exigía, y planteó desde el principio buena disposición al entendimiento y colaboración en la resolución de los problemas que acuciaban a la población, pero la falta de acuerdo surgiría pronto al aflorar grandes divergencias en la idea de como resolver las carencias estructurales, origen de tantas desigualdades sociales, motivo por el cual acabó abriéndose un abismo infranqueable en las relaciones entre la izquierda y la derecha.

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-Este primer ayuntamiento republicano quedó constituido integramente por diez de los catorce componentes de la candidatura presentada por el Partido Socialista (y no en coalición con otras fuerzas republicanas) a la sazón Andrés Rodríguez como alcalde, Ignacio Expósito (4), Antonio García "Maqueano" y Manuel González Lozano, como primer, segundo, y tercer tenientes de alcalde respectivamente. El cargo de concejal sindico lo ocupó Manuel Flores Vallejo y el resto de concejalías: Antonio Molina Torralbo, Francisco Vallejo Casas, Francisco Martínez Velasco y Andrés Velasco Rivillas.

Los elegidos por la candidatura monárquica fueron, además de Vizcaíno, el propietario Juan Alcalá Venceslada y los comerciantes, Francisco González García y José Solís Padilla. Salvo el primero, los tres restantes eran caras novedosas en el ejercicio de la política local y la verdad es que podemos convenir que su corta etapa en la gestión municipal tuvo un sentido meramente testimonial, posiblemente por compromiso de fidelidad con Vizcaíno, y muy pronto dimitieron de sus puestos. El papel de los cuatro ediles resultó ser de mera transición para dejar paso a otros rostros, otras personas, que vendrían a tomar el relevo en el ámbito de la nueva derecha. Por eso, aunque se presentaban bajo la bandera del monarquismo no dejaban de ser herederos de la vieja política y en realidad representaban a las distintas sensibilidades políticas e ideológicas del régimen fenecido.

Sociológicamente las personas de derechas se situaban en una franja que iba desde los pequeños propietarios olivareros y hortelanos, pequeños y medianos comerciantes, hasta los conocidos como "señoritos" que eran los medianos y grandes propietarios con patrimonio olivarero y cerealístico. Les gustaban hacerse llamar "personas de orden" y asociaban el concepto de "integridad moral" al respeto por una serie de principios de raíces católicas, así como al cumplimiento del precepto religioso. Fueron las personas de la derecha las que habitualmente presidieron las cofradías o asistieron al sacerdote en los acontecimientos religiosos más importantes de la villa, siguiendo, en muchos casos, al pie de la letra las homilías dominicales por lo que acabaron manteniendo una postura militante contra las nuevas doctrinas sociales inspiradas en el marxismo, el krausismo e incluso en el liberalismo más avanzado. Eran totalmente opuestos a estas nuevas corrientes liberadoras del hombre y acabarían anatemizando a cuantos decidían mejorar la realidad existente, o simplemente realizar su propia vida, fuera del poder tutelador de la institución eclesiástica y de los preceptos religiosos.

A la vieja derecha monárquica local, la veremos como en fase de repliegue, escasamente cohesionada, sin un liderazgo claro para la nueva etapa, y totalmente desorientada. Su reciclaje al nuevo régimen se realizaría de forma lenta y su acción política municipal resultó estar carente de un proyecto alternativo en estos primeros meses de República. Recogiendo la frase hecha famosa aquella jornada, diríamos que del mismo modo que aquel 15 de abril el país amanecía republicano, la antigua derecha monárquica de toda la vida se vió obligada a convertirse en republicana, pero con un problema añadido: y es que la gran mayoría de sus miembros acogieron el

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-nuevo régimen democrático con actitud recelosa y absoluta falta de entusiasmo, por lo que, tarde o temprano, buscaron la defensa de sus intereses económicos fuera de los cauces democráticos. Para los dirigentes obreros esta nueva derecha reconvertida a republicana no dejaban de ser "los mismos perros pero con diferentes collares", de ahí su escepticismo respecto a sus intenciones futuras.

De los cuatro concejales monárquicos salidos de las urnas de abril, Juan Venceslada solo compareció en las sesiones iniciales tras la constitución del Ayuntamiento; Julio Vizcaíno dimitía para dedicarse de pleno a la medicina en octubre y dos meses más tarde (en diciembre) lo hacían también, los dos comerciantes José Solís y Francisco González sin haber concurrido apenas por el salón de plenos. Una nueva generación, hasta ahora en la segunda fila de la política local, muy vinculada a los oficios urbanos y a la pequeña empresa local, iba a tomar el relevo. Pero esos primeros movimientos de adaptación de esta derecha local no se iban a producir hasta el mes de mayo, previo a las primeras elecciones constituyentes que tendrían lugar el 28 de junio, momento en que se constituyeron representaciones locales de los diferentes partidos de la derecha y centro-derecha nacional, abarcando desde el republicanismo más conservador hasta el más condescendiente con algunos de los postulados políticos y sociales de la izquierda obrera.

Las primeras elecciones a Cortes Constituyentes volvieron a dar en Marmolejo un resultado satisfactorio para los partidos del centro-izquierda integrados en la Conjunción Republicano-Socialista (5) con 1207 votos frente a los candidatos de la Derecha Liberal Republicana de Niceto Alcalá Zamora que hubieron de conformarse con 237 votos. Tampoco salieron bien parados el resto de candidatos de la derecha de Acción Nacional y los Agrarios, con votaciones exiguas o meramente testimoniales. A destacar, sin embargo el filósofo José Ortega y Gasset que presentándose a diputado por la "Agrupación al Servicio de la República" (integrada en la Conjunción), obtuvo en Marmolejo un destacadísimo apoyo.

La consolidación de las nuevas organizaciones del centro-derecha se iba a desarrollar a lo largo del primer trienio de gobierno municipal socialista

(1931-1933). Por estas fechas se constituyó el conocido Centro Republicano de Marmolejo de la calle San Antonio n° 8 (junto al desaparecido cine "Juanibel" en la antigua casa de "Carabina") donde se aglutinaron en obligada sintonía los diferentes partidos del centro-derecha republicano que a nivel nacional habían formado parte de la Conjunción Republicana, para coadyuvar al triunfo de la República.

El Partido Derecha Liberal Republicana (DLR), liderado a nivel nacional por el cordobés Niceto Alcalá Zamora, a la sazón Presidente del Gobierno Provisional salido el mismo 14 de abril, y el Partido Republicano Conservador, de Miguel Maura, que no formaron parte en dicha conjunción, sin embargo, a nivel local, compartían sede con el Partido Republicano Radical (PRR) de Alejandro Lerroux y con el Partido Republicano Radical-Socialista (PRRS) de Marcelino Domingo, ambos de derecha y centro-derecha respectivamente.(6) Este último tuvo sede social diferenciada en la

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-calle Palacio Valdés, a partir de agosto, siendo su presidente Juan José Martínez y su secretario Francisco Jiménez. Posiblemente los radicales-socialistas marmolejeños compartieron también, en los primeros meses de 1931, la sede de la calle San Antonio rebautizada como "la ratonera" por los elementos más conspicuos de la izquierda obrera, en alusión a la multiplicidad de organizaciones de la derecha que allí confluían.

El "reciclaje" de los elementos del viejo régimen al nuevo se comienza a percibir a nivel de personalidades que ya habían sido claros referentes en el anterior régimen: es el caso de Pedro Perales Yedrá, hijo del industrial "Periquito Semana", y concejal en la etapa primoriverista, que aparece a la altura de agosto presidiendo la sociedad "Concentración Republicana" cuyo reglamento fue presentado en el Gobierno Civil en los primeros días del mes de junio. Perales cedería el cargo en 1934 a Alfonso Sánchez Solís, alcalde en la etapa de la dictadura, elegido para entonces presidente del Centro Republicano junto a su cuñado Claudio Rostaing en el cargo de secretario.

Por su parte Carlos Sánchez, hermano de Alfonso, empieza también a configurarse como el líder de la derecha republicana local alcanzando la presidencia del comité local del Partido Republicano Radical: se trataba de un relevo obligado pues la nueva etapa exigía en la primera línea nuevos rostros no asociados con el pasado si se quería hacer más creíble la deseada renovación. En general podemos afirmar que se produce el ascenso al poder político municipal de una clase de comerciantes que habían prosperado al socaire del tirón del Balneario. No es casualidad que dos de los cuatro concejales monárquicos del primer ayuntamiento republicano fueran comerciantes y que los personajes de mayor responsabilidad en los partidos del Centro Republicano eran igualmente comerciantes e industriales hoteleros.

Vinculado al comercio de granos, semillas y abacería, Carlos Sánchez, fue el concejal que más tiempo ocupó el cargo de alcalde en el bienio de derechas (1934-1936). A diferencia de su hermano, a quién le tocó gobernar durante los "felices veinte", tuvo que lidiar desde esa responsabilidad, momentos de intenso dramatismo en la memoria de todos los marmolejeños, como fueron las jomadas de huelga general declaradas a lo largo de 1934. Concretamente la del 6 de octubre, sofocada con una brutal e indiscriminada represión ejercida contra los trabajadores afiliados a la UGT, le valdría ganarse una imagen de hombre duro y autoritario entre las organizaciones de la izquierda local inclusive entre los partidos del centro republicano, como Izquierda Republicana y Unión Republicana, que acabaron por hacer causa común con los socialistas.

Esos signos de endurecimiento en las formas de actuar de la derecha local, sobre todo de sus miembros más vinculados al sector servicios y al comercio, se atisban ya desde el inicio de la etapa republicana. Y es que la gallina de los huevos de oro que representaba el Balneario para la economía marmolejeña, seguía produciendo, cada año, pingues beneficios a los que nadie, y menos el pequeño empresariado local,

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-LA MEMORIA RESCATADA (1931 -1951). MANUEL PERALES SOLÍS

iba a renunciar. Por tanto ¿hasta que punto endurecieron sus planteamientos y sus estrategias políticas, a medida que las reivindicaciones sociales fueron aflorando, para no alterar la imagen apacible de una villa Balneario con fama nacional?.

Sin lugar a dudas el autoritarismo desatado durante el periodo de gobierno municipal de derechas, inaugurado con un soberbio e ilegal golpe de mano a la corporación socialista, a la que se le destituyó, parece tener relación directa con la necesidad de defender ese status económico, ciertamente privilegiado, fraguado desde tiempos de León y Llerena y que ahora se temía perder si el clima social se enrarecía más de lo aconsejable. También los propietarios agrícolas y los hortelanos, sectores políticamente de adscripción liberal años atrás, recularon a posiciones más conservadoras temerosos del espíritu igualitarista consustancial a las reivindicaciones de signo proletario, a las que se les temía desde la experiencia revolucionaria rusa.

Por su parte las organizaciones obreras, muy concienciadas y fortalecidas, habían asumido que ya no podían dejar pasar por más tiempo la oportunidad de defender sus peticiones planteadas a los sucesivos gobiernos de la monarquía. A fin de cuentas se trataba de una lucha de intereses por el reparto de unos bienes materiales hasta ahora en manos de escasos privilegiados desde los tiempos de la desamortizaciones de tierras llevadas a cabo por la burguesía liberal en el XIX. La prometida reforma agraria no podría hacerse esperar por más tiempo pues en ella habían fijado todas sus esperanzas de progreso económico y social.

En Marmolejo, a diferencia de otros pueblos, el Balneario atenuaba con su actividad los efectos perniciosos de las largas estaciones de paro obligado entre los meses de julio a octubre sin embargo este recurso no era del todo suficiente: un mal año de aceitunas o de cereales, volvía a colocar a muchas familias en situaciones de máximo desamparo. Por eso los jornaleros habían aprendido a no esperar más tiempo que los años de "vacas gordas" remediaran, sus maltrechas economías. Se trataba pues de buscar soluciones definitivas y para ello deberían de exigir grandes reformas estructurales a los gobernantes de Madrid. Los periodos de crisis extremas acabaron por generar comportamientos de solidaridad entre los jornaleros que, llegado el momento, serían bien canalizados por los dirigentes del CIO a la hora de impulsar las acciones reivindicativas más importantes de estos años. Además, como ya se ha dicho, la clase obrera afiliada al CIO desde 1918, contó con la ayuda de preclaros dirigentes socialistas de la generación de Pablo Iglesias, entre ellos el maestro de escuela José Lorite (7), que les habían mostrado con sus enseñanzas

racionalistas dónde radicaban los orígenes históricos de tanta desigualdad y los métodos más adecuados para corregirla. En definitiva era una escuela de espíritu laico pensada para dotar a los futuros jornaleros del campo y a la clase obrera en general, de instrumentos de dignificación y de liberación.

A partir, sobre todo de 1934, tras el triunfo del centro-derecha a nivel nacional, cada grupo social, atrincherado en sus posiciones, impedían la creación de vías de diálogo y las relaciones entre derecha e izquierda, (propietarios y jornaleros)

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-quedaron muy dañadas con unas consecuencias dramáticas para el buen clima social y el entendimiento entre los diferentes sectores productivos de la población. Se impondría la alianza de intereses entre la derecha propietaria, opuesta a conceder excesivas prebendas a las organizaciones de clase, y los pequeños comerciantes, temerosos de que las reivindicaciones jornaleras acabasen espantando a la numerosa colonia de aguanosos que verano tras verano dejaba suculentos dividendos.

Hecho este necesario inciso, he de añadir que completaron el elenco de organizaciones de la derecha, otras asociaciones de carácter corporativo y de ideología monárquico-conservadora que congregaron a un nutrido número de grandes y medianos propietarios agrícolas, seducidos por ciertas ideas interclasistas de base católica y por los movimientos de corte fascista europeos. Éstos aparecían agrupados en la denominada "Asociación de Labradores", constituida en septiembre de 1931 y cuyos referentes políticos fueron, en un primer momento, organizaciones de la derecha católica como Acción Popular de Gil Robles, reconvertida más tarde en la CEDA, así como el Partido Agrario.

La Asociación de Labradores con sede social en la calle León y Llerena, n° 5 (Suárez), y a partir de 1933 cohabitando en el "Centro Republicano" de la calle San Antonio, tuvo al frente a Julio Vizcaíno. Era un sindicato de patronos y por momentos compartió objetivos con la Asociación de Obreros Agrícolas de Marmolejo en donde se refugiaron desde 1935, los obreros de "derechas" llamados de forma despectiva por los afiliados del Centro Instructivo Obrero como "ratones" y de la "cáscara amarga". Pero sobre todo fue el sector de los pequeños propietarios (incluidos los hortelanos) quienes constituirán el grueso de sus filas. Hay que decir que aparecieron cada vez más identificados con los postulados políticos de la derecha más conservadora, y aunque sus recursos patrimoniales, basados en la propiedad de la tierra, no siempre eran holgados, sin embargo adoptaron unos modos y maneras de vivir claramente diferenciados de la clase jornalera, solidarizándose finalmente con los intereses de la gran patronal agrícola andaluza cuyas organizaciones políticas (PR y CEDA) apoyarían de manera entusiasta. El afán, a veces obsesivo, de los pequeños propietarios, por negar la evidencia de su origen humilde (pues muchos habían accedido a la propiedad a base de trabajo y de ahorro) haciéndose pasar por personas de orden y de "posibles", les hizo ganarse el apelativo despectivo de "gentes de media capa".

En general la derecha local aunque al principio aceptó el juego democrático agrupada en torno al mencionado Centro Republicano con sus cuatro partidos básicos: Derecha Liberal Republicana Acción Popular, Partido Republicano Radical y Partido Republicano Radical-Socialista, ejercería durante el bienio de centro-derecha (1933 a 1936), como más tarde tendremos ocasión de analizar, prácticas de gobierno autoritarias y lejanas de los modos y maneras democráticas. Su propio "asalto" al control de los ayuntamientos en marzo de 1934, mediante prácticas caciquiles propias de etapas anteriores, confirmaron los malos presagios de muchos intelectuales de la izquierda, inclusive de sectores de la pequeña burguesía,

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-a cerc-a de l-as dudos-as convicciones republic-an-as de l-a derech-a n-acion-al como -años después los hechos se encargaron de certificar. Ello propiciaría inmediatamente, (hacia el verano de 1934) divisiones en el seno del partido Radical con el surgimiento del grupo liderado por Diego Martínez Barrio que optó por fundar el partido de Unión Republicana (partido de clases medias) en el que llegó a destacar en nuestra localidad José Gutiérrez Alcalá discípulo incondicional del político sevillano con el que había mantenido relaciones de íntima amistad desde los años en que Martínez Barrio frecuentaba Marmolejo para tomar las aguas (9). La amistad entre ambos hizo que una vez nombrado Presidente de las Cortes, en abril de 1936, Martínez Barrio viajara expresamente a San Fernando (Cádiz), donde se encontraba José haciendo la milicia en la marina, para requerir sus servicios y llevarlo a Madrid en calidad de secretario particular.

Martínez Barrio había nacido en Sevilla en 1883; era tipógrafo y periodista y en el primer gobierno de la República fue nombrado Ministro de Comunicaciones y sucesivamente ostentaría varios ministerios. Ocupó interinamente el cargo de Presidente de la República en 1936 dada su condición de Presidente de las Cortes a partir de abril de 1936. Su partido, Unión Republicana, tuvo intensa actividad política en nuestra localidad durante toda la guerra llegando a contar con un nutrido grupo de afiliados y con la gestión de una colectividad agrícola.

Desde el ámbito de este republicanismo de centro-izquierda, comprometido con la idea de una república progresista, ya se movía también José Barragán Perales, que desde las filas del Partido Socialista, o quizás en coalición con él, había ocupado en 1930 puesto de concejal en los últimos ayuntamientos de la monarquía. En 1933 aparecía, sin embargo, abiertamente alineado con las tesis de Manuel Azaña y en 1936 lideró junto a José Martínez Lozano, el partido Izquierda Republicana surgido de la fusión entre Acción Republicana de Azaña, el Partido Radical-Socialista de Marcelino Domingo y la ORGA (Organización Republicana Gallega Autónoma) de Casares Quiroga. Ambos ocuparon también cargos de concejales en el Consejo Municipal constituido en agosto de 1937. Barragán mantuvo hasta el final de la guerra un compromiso claro con la idea de una República avanzada que pudiese mejorar realmente las condiciones precarias en que vivía la clase trabajadora. Su crítica valiente y libre contra la actuación del Partido Radical y contra la gestión del equipo de gobierno presidido por Carlos Sánchez le granjearon ciertas antipatías y animadversión entre la derecha local.

En relación a la izquierda obrera, los concejales socialistas electos procedían en su mayoría de la escuela de Gaspar Casas, jornalero agrícola, de familia de jornaleros, fallecido en 1930, que junto a José Lorite Castor, sería uno de los principales impulsores del credo socialista en la localidad. A la altura de 1918 estos primeros socialistas marmolejeños se constituyeron como organización obrera bajo una nomenclatura de claras raíces republicanas: "Centro Instructivo Obrero". Este tipo de sociedades obreras proliferaron en toda la campiña cordobesa desde 1910 y 1911, vinculadas como nos cuenta el bujalanceño Díaz del Moral, a los éxitos

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-de la coalición Republicano-Socialista en las elecciones generales -de 1910 y en las municipales de 1911, dando pie a la creación de "innumerables entidades republicanas en multitud de pueblos; pero a diferencia de otras veces, casi todas se barnizaban con matices proletarios, casi todas añadían a su nombre tradicional el de obreras o socialistas. Sus elementos integrantes seguían siendo los de siempre: hombres de profesiones liberales, pequeños propietarios y arrendatarios, obreros industriales y artesanos; más en aquella época los trabajadores del campo acudieron a nutrir sus filas en mayor número que otras veces" (10) No es por tanto descabellado apuntar

a elementos de antigua vinculación a los partidos de carácter republicano quienes finalmente acabarán evolucionando hacia el socialismo democrático. Aunque la tesis contraria también podría ser válida, es decir: personas de convicciones socialistas pertenecientes, desde principios de siglo, al Partido Socialista que al no tener candidaturas a quienes votar, optaron por hacerlo a los candidatos de los partidos republicanos. Ello explicaría que los 57 marmolejeños que votaron a los candidatos republicanos en las elecciones de septiembre de 1905, volvieran a hacerlo en número similar, en las de 1910, dándole su apoyo en las urnas a Pablo Iglesias y al republicano Fernández del Pozo integrados ambos en una coalición de corte Republicano-Socialista.

Definitivamente el impulso del maestro de instrucción primaria José Lorite debió de ser decisivo en la legalización y fundación del Centro Instructivo de la calle Maestro con la presentación de sus estatutos ante el Gobierno Civil. Antes, en octubre de 1910, Lorite había fundado La Casa del Pueblo en la localidad albaceteña de Almansa en donde ejercía la docencia y resultaba elegido primer concejal socialista de la historia de dicha localidad a finales de 1909, cargo del que fue cesado en 1912 por orden gubernativa. Tras su paso por Marmolejo, se convirtió en uno de los líderes más importantes del socialismo jiennense ocupando cargo de secretario de la ejecutiva de la emblemática Agrupación Socialista de Linares, ciudad en donde moría en marzo de 1927 con el reconocimiento de todos los sectores políticos y sociales.

Entre los objetivos de aquel Centro Instructivo Obrero (en adelante CIO) destacamos la aspiración a reunir en su seno a todos los obreros de ambos sexos (intelectuales y manuales) que formasen o aspirasen a formar parte de sociedades legalmente constituidas e interesadas en mejorar, tanto el estado moral y material de sus afiliados y de sus familias, como las condiciones de trabajo de los mismos, por medio de la resistencia, el socorro mutuo ante la enfermedad, la cooperación socialista de consumo, la enseñanza laica y la acción política de clase. En segundo lugar, procuraría la creación de nuevas asociaciones mediante el asesoramiento a los compañeros que lo solicitasen. Finalmente, practicaría el principio de solidaridad entre las organizaciones de dentro y fuera de la localidad, manteniendo estrechas relaciones y lazos federativos con todas las entidades nacionales o internacionales de fines similares.

El testimonio oral que tuve ocasión de escuchar en 1988, de boca de Antonio García Vergara, hijo de Antonio García Martínez "Maqueano", habla de aquellos

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-primeros momentos del Centro: "El Centro Instructivo se fundó en la Calle Maestro

en la casa de Paraito" hacia el año 1918. En el Partido Socialista, según me contaba mi padre, eran ocho o diez los que se reunían con velas como si fuera algo muy secreto. Allí estaban Sebastián Lorite, también un tal Valentín que vivía en la calle Zapateros, un tal Francisco Pastor "Moreno" y su hijo Bartolomé Pastor. Por esos primeros años de discurrir del Centro, José Lorite Castor se juntaba mucho con mi padre y con Andrés Rodríguez. Lorite convenció a mucha gente del pueblo para que fueran a la escuela que fundó en la casa de la calle Maestro. Enseñaba allí el mensaje del socialismo y era el que explicaba a la gente el programa del Partido Socialista. No hemos de olvidar que la gente aquí en Marmolejo, estaba muy coaccionada por los caciques del pueblo, por lo que las reuniones tenían que ser sumamente muy secretas, además se hacían unas veces en unas casas y otras veces en otras. Se sentían perseguidos porque entonces en el pueblo decir que eras socialista era jugarse el trabajo, sobre todo los que dependían del trabajo que daban los caciques. Yo recuerdo como mi padre se guardaba de hablar delante de nosotros con mi madre de quienes eran los socialistas con los que se reunían".

José Lorite vivió con su familia, en la antigua Casa del Pueblo en la calle Maestro. Allí impartió clases a los / as hijos / as de trabajadores afiliados de entre 5 a 6 años. Así lo refleja el testimonio de Miguel Barragán González, un viejo socialista que tuvo ocasión de asistir a esta escuela y de cuya personalidad le impacto su espíritu liberal y su elevada cultura, con unas prácticas pedagógicas muy avanzadas para su tiempo totalmente diferentes a las de la escuela pública que andaba todavía muy lastrada por el pensamiento único de inspiración católica. En su labor pedagógica también intervino una de sus hijas, la mayor, que estuvo encargada de atender la enseñanza de las niñas.

Sea como fuere en el origen del Centro Instructivo indiscutiblemente habían tenido que intervenir influencias políticas de distinta índole, pero siempre dentro del campo de la izquierda. No es descartable que el propio líder Pablo Iglesias pasara algunas temporadas en nuestra villa pues es conocido que su esposa Amparo Meliá (asidua aguanosa) solía frecuentar la casa del socialista Antonio García con quien trabaría una sincera amistad. De esta circunstancia nos queda el testimonio de su hija María García Vergara quien recuerda que a su hermana la mayor, Encamación, le había regalado una medalla personal con el retrato del viejo líder como símbolo de agradecimiento.

Junto a la personalidad de José Lorite, la de Antonio García resulta imprescindible si queremos entender la expansión y la consolidación del movimiento obrero socialista durante la etapa republicana. Para conocer al personaje nos puede resultar clarificadora la aportación realizada por su nieta Natividad Moreno García (11) en un estudio biográfico sobre su abuelo realizado para la Universidad

Complutense de Madrid y que tituló "Me contaron e Indagué: Antonio García Martínez "Maqueano" 1890-1953":

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-"A Antonio Garda Martínez, le tocó vivir aquel tiempo de la Restauración monárquica; de los intereses de la élite política dinástica; del brote de los movimientos obreros, de las injusticias sociales, enquistadas más aún si cabe que en el resto de España, en su Andalucía natal; de la miseria del pueblo; de los privilegios sin medida de los señoritos, de lo terrible de una guerra dvil, del terror de una dictadura fascista.

Era un hombre de ideas profundamente democráticas y tolerante, defensor hasta las últimas consecuencias de la justicia social, dialogante con el amigo y el adversario, autodidacta sabedor de la importancia de la cultura y la educación, emprendedor, de fuerte carácter a la vez que buen humor. Hombre que se agarraba con fuerza a la vida, defendía el derecho de todo hombre a vivirla dignamente, entregó su vida para defender estos principios y valores de los que hizo su credo, su religión.

Nadó en 1890 en el pueblo jiennense de Andújar. Se traslada con sus padres y dos hermanas a Marmolejo... Será aquí donde entre en contacto con el mundo de la Iglesia ejerciendo fundones de monaguillo hasta la edad de 14 años, cuando una pelea entre párrocos de la iglesia por la recaudación del cepillo hace recapacitar a Antonio sobre esos hechos. Abandona la tarea de monaguillo y aprende el oficio de zapatero. A los 22 años se enamoró profundamente de María Josefa Vergara Perales, que contaba por entonces 17 años; hija mayor de una familia de 9 hermanos, cuyos padres se dedicaban a la huerta y el comercio, lo que permitía a María disfrutar de una vida de comodidades y bastante desahogada. No obstante, no dudó en dejarlo todo por Antonio. Este acto llevó a que María fuera desheredada por su familia.

Transcurrido el tiempo, Antonio y María contrajeron matrimonio por la Iglesia. Alquilaron una casa del pueblo donde él ejercía el oficio de zapatero y María le ayudaba en ello. Fruto de ese matrimonio nacieron 16 hijos de los que tan solo llegaron a mayores nueve de ellos (la mayoría fallecieron a causa de tosferina y enfermedades infantiles sin llegar a superar los dos años). El negocio fue creciendo. Según testimonio de su hija María García Vergara "Mi padre se levantaba a las cinco de la mañana, trabajaba todo el día y una vez terminada su jornada en la zapatería, llevaba el calzado a los pueblos de los alrededores para venderlo, atravesando la Sierra de Cazorla, en verano o en invierno, expuesto al ataque de los lobos que merodeaban esas sierras; pero muchas eran las veces en que regresaba sin dinero, pues al ver tanta miseria entre obreros, campesinos, niños...era incapaz no solo de cobrarles en dinero, si no que tampoco aceptaba el pago en espede que algunos apuradamente tenían la voluntad de hacer, pues sabía que ese pago podía suponer el sustento familiar de un día.

Su afán por obtener más ingresos que le permitieran sacar en condiciones a su familia adelante, le llevan a estudiar solfeo; más tarde obtiene la licencia de vehículos de transporte para uso público, una camioneta para trasladar mercancías entre pueblos de la provincia; lo que le permitió a su vez instalar en su casa (ya en propiedad y de grandes dimensiones en la calle Maestro) una frutería y puesto en el Mercado de Frutas.

En la zapatería llega a tener en tomo a 10 obreros a su cargo, obreros que abandonaban sus trabajos con los ricos del pueblo para trabajar con él. Antonio compartía el trabajo con sus obreros, no escatimaba en salarios, cuando llegaba la hora de pagar poma encima de la mesa una moneda de plata tras otra hasta que sus operarios le decían: "ya está bien Antonio, por favor, ya me has pagado tres veces más que lo que cobraba antes". A lo que él replicaba, no te estoy pagando más de lo que realmente es tu trabajo.... Hombre de ideas claras y grandes capacidades se introduce en el mundo de la política, no por necesidad de defenderse frente a los patronos y caciques, pues siempre fue autónomo en su trabajo, sino por las injusticias que ve en su entorno y no es capaz de soportar".

Antonio llegó a ser un activo militante a nivel provincial. Su hijo Antonio recuerda cómo viajaba por los pueblos de la provincia (Marios, Torredonjimeno, etc) para dar mítines en campaña electoral y cómo se lo llevaba de pequeño (con 8 o 10

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-años) a la Casa del Pueblo, a recitar las poesías que se publicaban en el periódico "El Socialista" desde lo alto de una mesa" (12).

El Centro Instructivo Obrero, ya en su nuevo emplazamiento de la calle Jesús, acogía en 1931 a la organización sindical hermana la UGT con sus sindicatos de rama, que en afiliados era bastante más mayoritaria que el Partido Socialista. El número de afiliados aproximado del CIO se cifraba en unos 300 a la altura de 1918 pero esta cantidad había ido aumentado día a día, pues la casa se quedaba pequeña cuando teman lugar convocatorias de carácter asambleario. Compartían también sede las Juventudes Socialistas que habían visto crecer su afiliación con jóvenes, en muchos casos aún adolescentes, con edades comprendidas entre los 14 a 18 años pero muy curtidos, para tan temprana edad, en los duros trabajos del campo y la albañilería. De uno de sus presidentes más recordados de la etapa republicana, el joven Bartolomé Pastor Garrido se decía que era un incansable lector de periódicos obreros a los afiliados analfabetos, y que concurría frecuentemente en defensa de la clase trabajadora local para realizar innumerables gestiones ante las autoridades provinciales utilizando como medio de transporte una bestia de labor.

Dentro de la UGT ocupaba el primer puesto en número de afiliados la Federación de Trabajadores de la Tierra y le seguían a bastante distancia la Sociedades del Ramo de la Construcción el "1o de Mayo" liderada por Manuel Medina y Antonio Ruiz Cañuelo, dos hombres muy activos, de enorme influencia en el sector de los albañiles al que pertenecieron, igualmente, otros destacados dirigentes socialistas como Antonio Molina Torralbo. Este gremio de la albañilería, fue muy importante en una población donde continuamente se necesitaba demostrar cierta calidad en la construcción de los edificios, y un especial gusto en el diseño de las fachadas en aras de armonizar la belleza del casco urbano en su conjunto haciéndolo atractivo a la numerosa parroquia aguanosa, quien más pronto que tarde difundían a lo largo del país la notable mejoría experimentada en el urbanismo marmolejeño y las excelencias de una villa que mejoraba de presencia año tras año (13) Además se reparaban casi

todos los años los cortijos y las caserías para el acogimiento de los obreros durante las recolecciones, dado que este hecho acabó siendo una reivindicación constante de la UGT con la que los patronos, al menos en este tema, si que colaboraron de buen grado para no entrar en conflicto con la siempre vigilante Federación de la Tierra.

La complicidad de intereses existente entre las dos federaciones más potentes del sindicato socialista resultaría beneficiosa para ambos colectivos, pues muchos jornaleros del campo encontraron empleo durante los veranos trabajando en el arreglo de las caserías en calidad de pinches o peones auxiliares, y a la inversa: los albañiles se encomendaron en las tareas de recolección de las aceitunas durante las etapas de invierno en que las obras se paralizaban. La construcción, por otro lado, de grandes edificios como el hotel Balneario a lo largo de 1923 a 1926, y de otras grandes viviendas particulares de cierta envergadura, como hoteles y fondas, propició el despertar de la consciencia de dase entre este sector de operarios todavía

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con cierta mentalidad gremialista.

De las diferentes ramas sindicales, incluida la de hostelería que agrupaba a los trabajadores y trabajadoras empleados / as en los numerosos hoteles y fondas, la más activa debido a su peso en economía local, era la del campo. Desde 1930 apareció instituida como Federación de la Tierra y participó en el congreso fundacional celebrado en la Casa del Pueblo de Madrid, donde habían concurrido el día siete de abril, en calidad de delegados: Ignacio Expósito Villar, Juan Torralbo y Manuel Soriano, ejerciendo la representación de los aproximadamente 80 jornaleros afiliados a la naciente federación(14) Esta federación de jornaleros, se manifestó en el primer

año de su fundación bastante activa, proliferando en el Centro Instructivo Obrero actos de contenido sindical y propagandístico en los que intervinieron conocidos socialistas provinciales como Anastasio de Gracia, Molina Conejero, Jerónimo Bugeda, Juan Lozano Ruiz, Enrique Esbrí Fernández, Tomás Álvarez Angulo, José Castro Taboada, y Felipe García, según los informes que trascendieron al documento "Memoria" del segundo congreso enviados por el propio Centro Instructivo Obrero Marmolejeño (15)

A lo largo de toda la República, la Federación de la Tierra estuvo muy combativa contra los abusos de los patronos en el campo, velando por el cumplimiento de los derechos recogidos en la legislación laboral y en los convenios de sector (como más adelante tendremos ocasión de analizar), utilizando muy a menudo el recurso de la demanda contra aquellos que incumplían las normas laborales ante los Jurados Mixtos de Trabajo Rural.

Pero si existía una entidad de importancia que aunaba a las organizaciones socialistas ésta era el Centro Instructivo Obrero. Podemos afirmar que las decisiones de su órgano de dirección solían tener gran trascendencia, en el sentido de marcar directrices ideológicas, y de signo reivindicativo, sobre las ejecutivas del resto de organizaciones socialistas que en el mismo convergían, tales como el Partido Socialista, la Unión General de Trabajadores y las Juventudes Socialistas. Por este motivo la persona que ostentaba la presidencia del CIO, o Casa del Pueblo, como también se le empezó a llamar, desde 1933, se elegía de entre los de más veteranía e influencia y con cierta trayectoria acreditada en la lucha sindical. No en vano la UGT era la organización mayoritaria, en número de afiliados, de todas las que confluían en el citado Centro.

No podemos olvidamos de una cuestión importante para entender la vida interna de la familia socialista de estos años y las tensiones que aparecieron en su seno: y es que cada organismo pretendió conservar cierta autonomía de decisión y gestión, aunque los objetivos finales a lograr fueran similares o complementarios. Esta forma de entender la dinámica interna y las relaciones entre las organizaciones integrantes del CIO, explicarían que cuando el Partido Socialista alcanzó la gobernación del municipio se pretendiera que los compañeros afiliados en puestos de concejales fueran distintos, en la medida de lo posible, a los que quedaban ocupando puestos en las diferentes ejecutivas. Se buscaba, obviamente, garantizar mucho mejor la

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posibilidad de un control sobre la primera institución municipal evitando de paso el peligro de la acaparación de excesivo poder o que se perdiera de vista la idea del bien colectivo para el que habían sido elegidos. El espíritu crítico iba a proliferar por tanto mientras fuera posible esa separación de cargos, aunque ello supuso en algún momento, la aparición de enfrentamientos entre los partidarios del alcalde y quienes se alineaban con la dirección del Centro Instructivo Obrero, y no siempre por razones de peso, sino muy posiblemente de carácter meramente personal. En ese sentido los recelos entre los dirigentes de más personalidad, surgieron con innecesaria frecuencia. Solamente durante los meses finales de la guerra, la dualidad o separación de responsabilidades empezó a ser menos frecuente a medida que la continua marcha a los frentes iba mermando el número de efectivos de reserva para los cargos municipales y de las respectivas organizaciones del CIO. En igual proporción que ello ocurría fue tomando más fuerza la autoridad del alcalde o presidente del consejo municipal.

De todos modos la afiliación a las tres organizaciones hermanas y la solidaridad entre sí, fue un principio por lo general bien arraigado en la militancia socialista, y si no se les imponía a los ugetistas afiliarse al partido, si que era obligatorio estatutariamente pertenecer a la UGT para los afiliados socialistas. Por su parte los afiliados a las Juventudes Socialistas lo eran también de la UGT.

El tema del equilibrio de poder dentro del socialismo local parece que se resolvió adecuadamente mientras que Ignacio Expósito Villar ocupó el puesto de mayor representación del CIO, al tiempo que desempeñaba la primera tenencia de alcaldía. Con su presencia en el ayuntamiento se aseguró la voz de la potente Federación de Trabajadores de la Tierra en unos momentos en que era imprescindible considerar las innumerables reivindicaciones históricamente planteadas por el colectivo de jornaleros y pequeños agricultores, sector que había impulsado en toda nuestra región con especial ahinco el advenimiento de la 2a República. Por otro lado Ignacio era un hombre de espíritu dialogante por lo general bien aceptado entre los compañeros y con cierto carisma entre la ciudadanía, virtud que en 1936 le sería recompensada con el desempeño del gobierno municipal.

Como se ha apuntado en el seno de la UGT se integraba también el potente sindicato de la construcción o de 'los albañiles" con el nombre de "Sociedad del Ramo de la Construcción "El 1o de Mayo" desde 1929 liderada por Manuel Medina y el veterano y respetado socialista Antonio Ruiz Cañuelo. Este sindicato ya había traído a Marmolejo a quien fuera alcalde de Madrid y Diputado a Cortes Manuel Cordero y un habitual en la dirección federal del partido. En sus filas militaba desde su juventud Antonio Molina Torralbo persona de máxima confianza de Ignacio Expósito hasta el final de la guerra.

Un hito importante en la consolidación de esta rama sería la construcción del Gran Hotel Balneario, obra de envergadura para la época y excelente campo de prácticas para la acción sindical donde tuvieron que trabajar durante tres largos

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