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EL SENTIDO DE UTILIDAD

In document Como Lo Escribo 2.0 JCK (página 45-49)

para escribir

EL SENTIDO DE UTILIDAD

Cuando el sentido está latente y claro, aunque no lo explicitemos, el texto cobra vida propia y va intere- sando naturalmente. El lector entra en él motivado por ese interés y se desplaza por la información con más confianza.

El concepto de utilidad es muy amplio. Un texto puede servir para enseñar, informar, distraer, avisar, ayu- “A través de una

conversación imaginaria con nuestro lector posible, avanzamos hacia dos objetivos. Primero, al hablar acerca del tema ya estamos poniendo en movimiento ideas acerca de lo que vamos a escribir y destrabando cierta parálisis previa al comienzo de todo acto creativo. Segundo, al tener imágenes claras de nuestro lector en la situación de tener ante sus ojos nuestro texto, nos conectamos con sus necesidades reales; de éstas se desprende el plan de trabajo más efectivo.”

dar, despertar, exponer, aclarar, sensibilizar, denunciar, prevenir, testimoniar, conmover…

Conviene no pasar por alto ninguno de estos obje- tivos. Sirven como disparadores a la hora de arrancar, y para mantener la actitud y el tono hasta las últimas lí- neas.

¿CUÁNTO ESCRIBIRÉ…?

Los textos son como herramientas: responden a propósitos y cualquier cosa que obstruya dichos propó- sitos corre el riesgo de convertirse en obstáculo. A me- dida que escribimos vamos ganando habilidad para atra- vesar los obstáculos sin temor y transformarlos en elementos útiles.

Preguntarnos ¿Cuánto escribiré? abarca dos aspec- tos: cuánto tiempo estamos dispuestos a dedicarle a la tarea y cuánto espacio va a ocupar nuestro texto.

Así como la atención y los tiempos invertidos en ha- cer las compras y cocinar suelen ser mayores que los em- pleados para comer, así también los tiempos y la aten- ción que dedicamos a la tarea de escribir son superiores al tiempo que llevará leer ese texto. Por esto, importa rescatar el goce creador en la tarea de escribir tanto o más que el texto resultante.

No siempre calculamos que la preparación de un texto nos lleva un “espacio de tiempo” bastante mayor que el asignado. Tendemos a pensar que el tiempo que nos llevará escribirlo es sólo el que estaremos sentados escribiendo. No incluimos un tiempo previo de predis- posición mental, otro para la recolección de datos ne- cesarios, otro para prepararlos (es decir, para encontrar la forma en que los representaremos al narrarlos), otro para ordenar el material, otro para reescribir lo que no termine de satisfacernos…

Es frecuente llegar al momento de escribir un texto con la exigencia de terminarlo de una vez (una sola vez) y, por la mitad, advertir que nos faltan elementos, o que para terminarlo necesitaríamos otro período igual o ma- yor que el empleado.

“Preparar un texto puede llevar un par de horas, una tarde, un fin de semana o una eternidad.”

Todo oficio quiere su esfuerzo. Por eso, sugerimos preguntarnos con sinceridad ¿Cuánto tiempo estoy dis- puesto a dedicarle a este texto? Esto nos permite entre- garnos con más confianza a la tarea creadora y asignar períodos a cada parte del proceso. Terminarlo antes da la posibilidad de tomar un poco de distancia y releernos con más objetividad.

Los que hicimos un oficio del escribir sabemos que los marcos de referencia, el encuadre, no cortan alas a la inspiración; al contrario, dan una confianza, una con- tención que permite “volar en profundidad”.

Calcular previamente la extensión deseada para el texto sirve para que subordinemos las partes al todo. De acuerdo con el espacio del que disponemos –o que nos prefijamos– dosificaremos toda la información, prioriza- remos, estableceremos hasta dónde extendernos en los pormenores y detalles de cada situación.

Por lo general, los textos deben “calzar” en espa- cios asignados: una columna de un diario, tres páginas de una revista, quince minutos de lectura. Si el espacio es breve, apenas enunciaremos el hecho o la idea; si es mayor, daremos más elementos de juicio; si es ilimita- do, podremos introducir todos los aspectos que nos plazca.

Hay temas que admiten entrar en profundidad y te- mas para los que basta una noticia de divulgación. Po- nerse en la situación de quien nos va a leer y plantearnos qué espera de este texto, también es de ayuda para com- poner una imagen, si no estrictamente real, al menos po- sible de lo que plasmaremos allí.

En el trabajo editorial, periodístico y publicitario, poder “escribir a medida” es una condición indispensa- ble. Un mecanismo cruento para los que recién comien- zan, pues lo que sobra, se quita. Se amputa sin anestesia, digamos.

En otro tipo de escrituras, tener en mente la idea

de totalidad apunta a que no se nos acabe el espacio an-

tes de que hayamos completado nuestro mensaje. Y ha- cia el final nos veamos obligados a “redondear”.

“Lo decisivo es aplicar la voluntad para poner en acción lo descubierto.”

Nana y George O’Neill

Tenemos presente esos reportajes radiales que de- ben caber en cinco minutos y las respuestas muy extensas y pormenorizadas que algunos entrevistados comienzan a dar. Apenas “comienzan”… porque cuando llega la tan- da publicitaria o las noticias de la hora en punto, estén donde estén, los interrumpen; en esos casos, el mensaje nunca es lo que quería decir el entrevistado sino sólo

cuanto alcanzó a decir.

Si bien escribir con la presión de una fecha u hora de entrega hace que los bloqueos queden a un lado, una estrategia es anticiparla y dejarse, como parte del proce- so de escritura, un tiempo al final para poder tomar dis- tancia de él y releerlo “desde” la perspectiva de quién lo leerá. Es increíble lo que se descubre al “probar” nuestro propio texto como si no fuéramos sus autores. A eso se lo llama “el interlocutor imaginario”.

EJERCICIO 3

1. Reviso la imagen que tengo formada de las personas que escriben y cómo (a través de qué rituales) pienso que logran hacerlo.

2. Evoco el recuerdo que guardo de otras ocasiones en qué intenté escribir y observo en qué tramos y aspec- tos del proceso nacía la insatisfacción. Me doy permi- so, si es necesario, para que esa insatisfacción vuelva a aparecer y para permanecer en ella, sin juzgarme: solo permanezco.

3. Escucho los argumentos de esa insatisfacción. Si pue- do, los anoto en orden de importancia.

4. Comienzo a aceptarlos como partes de mi proceso. 5. Recién entonces considero cuáles podrían ser algu-

nas estrategias concretas para transformar las causas de esa insatisfacción.

“La inestabilidad de la conciencia es el atributo que forja el artista.”

CAPÍTULO 4

/ El interlocutor

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