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El Significante en lo Real

In document Seminario 4 (página 85-91)

20 de Marzo de 1957

La red de la La Carta robada. A solas con Mariedl. El niño metonímico. Lo negro en la boca. La fobia estructura el mundo.

E

mpezaré por una aclaración sobre el artículo publicado en La Psychanalyse n° 2 con el título de Seminario sobre "La Carta robada", y especialmente sobre su introducción.

Algunos de ustedes han tenido tiempo de leerlo y considerarlo con más detenimiento. A quienes se han dedicado a este examen, les agradezco su atención. Al parecer, sin embargo, no a todos les resulta fácil recuperar el contexto donde fue planteado aquí lo que recoge dicha introducción, pues caen en el mismo error realizante en el que otros quedaron atrapados cuando yo exponía las cosas en estos términos. Creían, por ejemplo, que yo negaba el azar. Lo menciono en mi propio texto, de modo que no insistiré en ello. Ahora trataré de aclarar de que se trata.

1 No está de más recordarles los datos iniciales.

Tomamos de tres en tres los signos + y - ordenados al azar en una sucesión temporal. Ordenamos estos agrupamientos como 1, 2 y 3, según representen, o una sucesión de signos idénticos +++, - - - , o una alternancia, + - +,- + - , o bien una sucesión como ésta, + + -, pero también ésta, - - +, agrupamientos que a primera vista se distinguen por no ser simétricos. Esto es lo que llamo, con un término intraducible al francés, odd—lo que, de entrada, salta a la vista como falido, desparajo, cojo. Es una simple cuestión de definición—basta con plantearla así, mediante una convención, para que se instaure la existencia de un símbolo. Posiblemente, en mi texto esto está escrito de forma bastante concentrada, y a algunos les habrá planteado dificultades, pero el contexto impide la ambigüedad y que se tome, siquiera por un instante, esta definición por algo más que la simple convención inicial.

Ahora se trata de llamar

? ??????????

otra serie de símbolos que se construyen a partir de la serie anterior. Esta operación se basa en la observación de que si se conocen los términos extremos de esta segunda serie, el término intermedio es unívoco. La convención es pues en este caso escribir un signo que, por su amplitud, incluye una serie de cinco signos de la primera línea. Ir de lo igual a lo igual, es decir, de simétrico a simétrico, ya sea de 1 a 1, de 1 a 3 o de 3 a 1, es

?

. De odd a odd, es

?

. Partir de lo igual para llegar a odd, es

?

. Volver de odd a lo igual, es

?

. Estas son las convenciones.

En base a esto puede construirse una red como un paralelepípedo formado por vectores. Por otra parte, cierta persona, de todos los que lo han examinado con la mayor precisión, incluso con la mayor competencia, lo ha obtenido igual.

(45) gráfico(46)

Esta red ha de estar orientada, y he aquí exactamente como. El

?

puede reproducirse indefinidamente, lo que no ocurre con el resto de puntos, salvo si se indica expresamente con el bucle así definido. En suma, esta red resume exhaustivamente las sucesiones posibles y las únicas que lo son. Una serie que no puede inscribirse en esta red es una serie imposible.

¿Por qué no lo puse en mi texto? En primer lugar, porque no se lo había representado a ustedes aquí. Es un simple dispositivo de control de los cálculos, que permite dar por definitivamente cerrado el problema y asegurarnos de no haber omitido ninguna de las soluciones posibles. Su interés consiste en que siempre puedes remitirte a él como a un instrumento fiable, que indicará, sea cual sea el problema planteado a propósito de esta serie, si has omitido una solución posible o si te has equivocado por completo.

Llegamos a un punto conflictivo. Ven ustedes que en esta red hay, de alguna forma, dos clases de

??

y dos clases de

?

. Si examinan los vértices así marcados, verán que siempre hay una división dicotómica que se plantea a partir de cada uno de ellos. Después de

?

, hay dos resultados posibles—después de este

?

de aquí, puede haber otro

??

o un , mientras que después de este

??

de aquí, puede haber un

?

o un

?

. Otro ejemplo—después de

?

, puede haber

? ?

o

?

, por una parte, o

?

o

??

por otra parte.

Con respecto a esta diversidad funcional que se pone de manifiesto, hay quien ha hecho la siguiente objeción. Según ellos, podrían designarse los vértices con ocho letras distintas, en vez de designarlos con cuatro letras distintas, o bien poner

?

y

?

índice 2. Me han dicho que aquí no había una definición clara y distinta de un símbolo, y que todo lo que representaba y articulaba era solo, en consecuencia, una especie de opacificación del mecanismo. Así, este juego de símbolos que haría surgir de sí mismo esa ley interna siempre implicada por la creación del símbolo, iría más allá de lo dado de entrada, o sea el puro azar, y aquí empieza la turbación que se produce en la mente de algunos. Creo que debo explicarme.

De alguna forma, eso es exacto. En efecto, puede decirse que la elección de los símbolos introduce cierta ambigüedad al principio, debida simplemente a la indicación de la oddity, es decir, de la disimetría, cuando, al haber sucesión temporal , todo esta orientado y, evidentemente, no es lo mismo que haya primero 2 y luego 1, o 1 y luego 2. Confundirlos sería introducir en el propio símbolo una ambigüedad, cuando podríamos expresarnos con mayor claridad distinguiéndolos.

Se trata de saber que significa la claridad en cuestión. Lo que ustedes llaman ambigüedad, con razón dicen que es eso precisamente lo que hay que hacer sensible. El símbolo, como más, supone el menos. El símbolo, como menos, supone el más. Siempre hay ambigüedad, a medida que vamos avanzando en la construcción, y el paso que yo di agrupando los símbolos de tres en tres es el mínimo posible. Si no lo demuestro en el artículo, es porque mi única finalidad era recordarles el contexto en el cual había sido introducida la carta robada, purloined. Admitan por un instante que este es el paso mínimo, porque lo que yo llamo la ley aparece precisamente en la medida en que el símbolo contiene esa ambigüedad.

En efecto, ¿que ocurriría si rechazáramos este paso y se reemplazaran cuatro de estos vértices por la serie

??

?

,

?

,

?

. Se obtendrían secuencias distintas, extremadamente complejas, porque tendríamos ocho términos y cada uno se uniría con otros dos, de acuerdo con un orden que estaría lejos de resultar inmediatamente evidente. Lo que pone de manifiesto el

interés de elegir símbolos ambigüos que unen este vértice

? ?

con este otro que también hemos llamado

?

, aunque tenga en efecto funciones distintas. Agrupándolos así, ven ustedes cómo surge la ley extremadamente simple que expresé mediante uno de los esquemas del texto.

(47) gráfico(48)

Este esquema permite decir que, si en el primer tiempo y en el segundo puedes obtener cualquier símbolo, el tercer tiempo está sometido a una dicotomía que excluye que a partir de

? ?

o

??

en el primer tiempo, en el tercero se pueda obtener

??

o

?

, y que a partir de

??

o

?

en el primero, en el tercero se pueda obtener

? ?

o

?

.

En mi texto indiqué algunas consecuencias cuyo interés consiste en mostrar otras frases de la misma forma, las propiedades y las leyes de sintaxis que pueden deducirse de esta fórmula extremadamente simple. Traté de elegirlas de forma que fuesen metafóricas y así pudieran ustedes entrever como el significante es verdaderamente el organizador de algo inherente a la memoria humana. Esta, en efecto, en la medida en que implica siempre en su trama algunos elementos significantes, está estructurada fundamentalmente de forma distinta que la memoria vital, la cual siempre se concibe en base a la persistencia o el borramiento de una impresión. Al introducir el significante en lo real, y se introduce simplemente en cuanto se habla, o menos aún, con sólo empezar a contar— lo aprehendido en el orden de la memoria se estructura de una forma fundamentalmente distinta de todo cuanto pueda llegar a hacer concebir una teoría de la memoria basada en el tema de la propiedad vital pura y simple.

Esto es lo que trato de ilustrar, en este caso metafóricamente, cuando les hablo del futuro anterior e introduzco, tras el tercer tiempo, un cuarto tiempo. Tomen este cuarto tiempo como punto de llegada. En este lugar resulta posible cualquiera de los cuatro términos, porque el cuarto tiempo tiene la misma función que un segundo tiempo. Si para este lugar eligen uno de los cuatro símbolos, algunos quedarán descartados en el segundo y en el tercer tiempo, lo cual puede servir para figurar lo que se precisa en un futuro inmediato, en cuanto se convierte en el futuro anterior con respecto a un fin, un proyecto determinado. Que sólo por este hecho ya se conviertan en imposibles algunos elementos significantes, me servirá para ilustrar metafóricamente la función que podríamos dar a lo que llamaré el significante imposible, el caput mortuum del significante.

Sepan que no he urdido todo esto como una especie de excursión matemática, con la incompetencia universal que me carácterizaría. De creerlo así, estarían equivocados. Para empezar, no son cosas sobre las que yo haya empezado a reflexionar hace un par de días. Además, lo sometí al control de un matemático. No crean que por haber aportado estas precisiones se introduzca el menor elemento de incertidumbre o de fragilidad. Aquí es donde interrumpí mi desarrollo. Pero como algunos podrían ergotizar aún, en nombre de una falsa evidencia, que no desaparece todo misterio, pues este puede derivarse de las propias leyes, con lo simple que es considerarlas de forma diferenciada en los términos de los distintos vértices en la construcción paralelepipédica que les di, quiero indicarles que esta no es la cuestión. Y por eso quiero que tengan presente por un

momento la siguiente noción—esto significa simplemente que en cuanto hay grafía , hay ortografía.

Se lo ilustraré enseguida de otra forma, posiblemente con mayor valor probatorio para ustedes, sin quitarle nada a mi anterior demostración.

Vuelvo a partir de la misma hipótesis, en el sentido, distinto del uso habitual, en el cual se trata de definiciones simples y de premisas de ellas derivadas. Si vuelvo a partir de la secuencia odd sin distinguir de entrada, como me han dicho e igualmente hubiera podido hacer, entre el odd con dos pies ligeros al principio y el odd con dos pies ligeros al final, el anapesto y el dáctilo, es porque todo el interés del asunto consiste en partir de definiciones efectivamente rudimentarias de las que se han eliminado ciertos elementos intuitivos, y en especial ese elemento intuitivo particularmente impactante, basado en la escansión, que supone ya alguna clase de participación corporal. Ahí empieza la poesía. Aquí, ni siquiera entramos en la poesía, sólo hacemos intervenir la noción de simetría o de asimetría. Les diré por qué me parece interesante limitar a este elemento estricto la creación del primer significante.

Vuelvo a mi tabla, y les invito a considerar lo que se produce en el sexto tiempo.

Aquí pueden inscribirse

? ?????

,

?

. Ya ven qué exceso de posibilidades tenemos. De hecho, tenemos todos los símbolos posibles, y los tenemos a los dos niveles. Pero un somero examen de la situación nos muestra lo siguiente. Si uno elige como punto de llegada en el quinto tiempo una letra cualquiera, la

?

por ejemplo, toma como punto de partida otra letra, por ejemplo

?

, y dice—Quiero obtener una serie tal que en el primer tiempo tenga

?

y en el quinto

??

—, enseguida ve que, en el tercer tiempo, no puede haber en ningún caso

?

, ni ninguna otra cosa de esta línea de aquí, pues por el simple hecho de partir de

? ?

al principio, sólo puedes obtener en el tiempo 3 lo que se produce aquí, encima de la lmea de dicotomía, es decir

?

o

?

. En el cuarto tiempo, puedes obtener

? ?????????

. ¿Pero qué has de tener en el tiempo 3 para obtener

??

en el tiempo 5? En el tiempo 3 has de tener

? ?

De todo ello resulta que cuando tienes intención de formar una serie en la que haya dos letras determinadas, con un espaciamiento temporal 5, la letra intermedia, situada en el tercer tiempo, está determinada de forma unívoca.

Podría mostrarles otras propiedades igualmente chocantes, pero me limitaré a esta, y espero que consiga abrir en su mente la dimensión que aquí se trata de evocar. De esta propiedad resulta, en efecto, que si tomas un término cualquiera de la cadena, puedes verificar inmediatamente, de una forma simple que no estorba a la vista—verificación que puede hacer cualquier tipógrafo—, si hay alguna falta, y con sólo remitirte al término dos veces anterior y al término dos veces posterior. En medio sólo hay una letra posible. En otras palabras, el mínimo surgimiento de una grafía hace surgir al mismo tiempo la ortografía, es decir, el control posible de una falta.

Para eso está construido este ejemplo. Les demuestra que, en cuanto surge el significante

de la forma más elemental, surge la ley, con independencia de todo elemento real. Esto no significa, en absoluto, que el azar esté dirigido, sino que la ley surge con el significante, de forma interna, independiente de toda experiencia. Para eso esta hecha esta especulación sobre

? ???????????

para demostrarlo.

A algunas sensibilidades, estas cosas paracen generarles grandes resistencias. De todas formas, me ha paracido que para hacerles apreciar cierta dimensión, esta era una vía más simple que aconsejarles, por ejemplo, la lectura del señor Frege, matemático de este siglo que se consagró a los fundamentos de esa ciencia, en apariencia la más simple entre las simples, que es la aritmética. A él le pareció que debía dar rodeos muy considerables—cuanto más simple es algo, más difícil es aprehenderlo—, pero no menos convincentes, para demostrar que no hay ninguna deducción posible del número partiendo únicamente de la experiencia. Todo ello conduce a una serie de especulaciones filosóficas y matemáticas, prueba a la cual no me ha parecido que debiera someterles ahora, al comienzo de esta tarea.

De cualquier forma, esto es muy importante para nosotros, pues si, contrariamente a lo que podía creer el señor Jung, ninguna deducción de la experiencia puede hacernos acceder al numero tres, entonces sin lugar a dudas el orden simbólico, como distinto de lo real, entra en lo real como la reja de un arado e introduce en él una dimensión original. Eso es lo que está en discusión en este caso.

Temo fatigarles, así que les haré algo distinto. Les contaré una idea que tuve, más intuitiva, pero menos segura en su afirmación.

Esta reflexión se me ocurrió un día en un formidable zoo, situado sesenta kilómetros al norte de Londres. Allí los animales paracen encontrarse en la mayor libertad, con las rejas enterradas en el suelo dentro de fosos invisibles. Estaba yo contemplando al león, rodeado de tres magníficas leonas con un aire de buen entendimiento y el humor más pacífico, y me preguntaba el porqué de esa armonía entre aquellos animales, cuando, por lo que sabemos, normalmente hubiera debido apreciar en ellos signos evidentes de rivalidad o de conflicto. No parace que mi mente diera un salto excesivo cuando me dije—Bueno, es que el león, simplemente, no sabe contar hasta tres.

Quiero decir que si las leonas no experimentan el menor sentimiento de rivalidad entre ellas, al menos aparantemente, es porque el león no sabe contar hasta tres. Lo someto a su reflexión. En otras palabras, nunca debemos dejar de tener en cuenta la introducción del significante para comprender lo que surge en toda ocasión cuando nos encontramos ante nuestro principal objeto en el análisis, o sea el conflicto interhumano.

Podríamos ir más lejos incluso y decir que, a fin de cuentas, si el conflicto existe, es porque los hombres no saben contar mucho mejorque el león, a saber, nunca integran por completo el numero tres, tan sólo lo articulan. La relación dual fundamentalmente animal no por ello deja de prevalecer en determinada zona, la de lo imaginario, y precisamente porque no obstante el hombre sabe contar, se produce en ultima instancia lo que llamamos un conflicto. Si no fuera tan dificil llegar a articular el numero tres, no habría ese gap entre lo preedípico y lo edípico que estos días tratamos de franquear como podemos, con ayuda de pequeñas escalas de cuerda y otros chismes . Se trata de ver precisamente que en

cuanto uno trata de franquearlo, no tiene más remedio que recurrir a ellos. No hay ninguna clase de franqueamiento verdaderamente experiencial del gap entre el dos y el tres. A este punto precisamente es donde hemos llegado con Juanito.

Dejamos a Juanito precisamente en el momento en que iba a abordar este paso llamado el complejo de castración.

Al principio, evidentemente, no está en ese, porque juega con aquel Wiwimacher que está ahí, que no está allá, el de su madre, o el del caballo grande o el del caballo pequeñito, o de papá, o el suyo tambien, que al paracer para él no es sino un objeto muy bonito para jugar al escondite, lo cual por otra puede procurarle el mayor placer.

Algunos de ustedes, creo, habrán ido al texto y habrán podido comprobar que en efecto este es el punto de partida, se trata sólo de esto. Resulta que al principio este niño presenta, y sin duda es algo dirigido a sus padres, una problemática del falo imaginario, que está por todas partes y en ninguna parte. Este falo es el elemento esencial de la relación del niño con lo que constituye para él eso que Freud llama en aquel momento la otra persona, o sea la madre.

Hasta ahí ha llegado Juanito, y todo parece ir perfectamente bien, subraya Freud, gracias al liberalismo, incluso el laxismo educativo bastante carácterístico de la pedagogía que parece haberse derivado del psicoanálisis en los primeros tiempos. El niño se desarrolla con la mayor franqueza, con la mayor claridad, con la mayor felicidad. Pero después de estos bonitos antecedentes, ocurre, para sorpresa de todos, lo que podemos llamar, sin mucho dramatismo, un pequeño tropiezo—la fobia.

A partir de determinado momento, el niño da muestras de un gran espanto ante un objeto privilegiado que resulta ser el caballo, cuya presencia ya había sido anunciada en el texto metafóricamente cuando el niño le dice a su madre—Si tienes un hacepipí, debe ser muy grande, como un caballo. Que la imagen del caballo aparezca en el horizonte indica ya que el niño se dispone a entrar en la fobia.

Para proseguir el trayecto que hacemos metafóricamente a través de la observación de Juanito, necesitamos entender cómo, de una relación tan simple y al fin y al cabo tan feliz, tan claramente articulada, el niño pasa a la fobia.

¿Dónde esta el inconsciente? ¿Dónde esta la represión? Al parecer, no la hay. El interroga a su padre y a su madre con la mayor libertad acerca de la presencia o la ausencia del

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