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El tamaño si importa ¡cuanto más pequeños mejor!

12 ¡Abajo las cadenas! El equipaje del Sr Sigre.

18 El tamaño si importa ¡cuanto más pequeños mejor!

Desde el comienzo del siglo XX se venía especulando en hacer aparatos más mane- jables, en cuanto a tamaño y peso. Además era necesario mejorar la precisión en las lec- turas angulares para aprovechar mejor las posibilidades que nos brindaba el progreso de la óptica. Los sistemas de lectura de limbos debían ser simples y rápidos, de forma que permitiesen acelerar un poco más el trabajo de campo, para ello se pensó que de- berían estar próximos al ocular del anteojo y, a ser posible, que fueran visibles ambos limbos a la vez, para evitar que el observador, en cada lectura, tuviera que cambiar de posición; y, por último, las partes más sensibles del aparato, los limbos, tenían que estar mejor protegidas contra los golpes y de la intemperie (humedad, polvo, etc.).

Las mejoras más destacables ocurrieron entonces, cuando el liderazgo del diseño y la fabricación pasó del Reino Unido a los nuevos fabricantes de Alemania y Suiza. 29 Ver ficha III-3-47.

Br ev e hist or ia de los instrumen tos t opog ráfic

Sabemos que, hacia 1900 era posible hacer lecturas angulares con mayor preci- sión en un limbo de 25 cm de diámetro, que en un limbo de 90 cm del año 1800, pero esto no iba a quedar así, muy poco tiempo después, esos 25 cm de diámetro quedarían reducidos a menos de 10 cm con los nuevos dispositivos y materiales que no tardaron en llegar.

El ingeniero suizo Herinrich Wild, en 1908, entró a colaborar con la firma Carl Zeiss de Jena (Alemania). Poco tiempo después inventó un dispositivo óptico que re- ducía considerablemente el tamaño del viejo anteojo astronómico de los goniómetros y los niveles, dando paso a lo que se llamó “anteojo de enfoque interno”, que significó un gran paso en la carrera por la reducción del tamaño del instrumento. Hasta enton- ces, los anteojos llevaban una lente de enfoque positiva, pero nuestro hombre pronto se dio cuenta que cambiándola por otra negativa se podía reducir su tamaño.

El Sr. Wild también fue el primero en diseñar los ejes mecánicos de los instru- mentos de forma cilíndrica, empleando metales muy duros en su construcción, y a los que más tarde acopló rodamientos a bolas para reducir la fricción. Hasta enton- ces (y aún después), lo normal era hacer los ejes de forma troncocónica..

Otro de sus logros fueron los niveles de burbuja partida o de coincidencia, y también lo fue el micrómetro de láminas planoparalelas, aunque, se dice que este tipo de micrómetro lo había utilizado ya Porro en sus teodolitos cincuenta años antes, desconozco si hay constancia de ello. En 1918 inventó, combinando un sis- tema de prismas, el micrómetro óptico de coincidencia, lo que prácticamente du- plicaba, por medios ópticos, el número de divisiones de los limbos; sistema que poco después se mejoró acoplandole un dispositivo de láminas de caras planopa- ralelas. Cuatro años después, en 1922, la Casa Zeiss, aplicando estas ideas cons- truyó el prototipo del famoso Th1, primer teodolito óptico (o bastante más óptico que los demás) con las innovaciones antes mencionadas, y del que esta Escuela también posee un ejemplar30.

Podemos decir que el punto de partida de los mayores progresos en la instrumenta- ción topográfica se dio durante de la Primera Guerra Mundial (PGM)32 (1914-1918), debido a la enorme necesidad que hubo de telémetros y otros dispositivos ópticos para la regulación del tiro artillero (tanto naval como de campaña y antiaérea), para bombardeos aéreos, etc. Estas mejoras continuaron una vez terminada la guerra, en Suiza, Italia y Alemania, pero destinándose a unas aplicaciones más pacificas, cual era la reconstrucción de lo destruido en la batalla, principalmente vías férreas, carreteras, embalses… que tanto trabajo proporcionaron a los ingenieros de entonces.

Buena parte de la reducción del peso y volumen de los instrumentos se consiguió, en gran medida, gracias al empleo de nuevos materiales como el duraluminio (alea- ción de cobre y aluminio), que se había descubierto poco tiempo antes y de otras aleaciones ligeras, junto con otros avances técnicos. Ya se ha comentado cómo se había reducido el tamaño de los anteojos, construyéndose excelentes piezas que no sobrepasan los 15 cm de longitud, gracias al uso de las lentes de enfoque interno. Es- 30 Ver ficha III-3-58.

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tos materiales, junto a la nueva maquinaria, permitieron hacer los tubos del anteojo de una sola pieza sin soldaduras.

Otra de las grandes aportaciones a la construcción de instrumentos en esta época fue la incorporación de los círculos de vidrio graduados (limbos) a los teodolitos fa- bricados en serie. Los limbos de vidrio se habían empleado por primera vez en 1884, en un teodolito minero fabricado por los hermanos Josef y Jan Fric, de Praga31, pero su

fabricación en serie no se inició hasta el segundo cuarto del siglo XX.

Ya se ha dicho que, en la debida proporción, y con las modernas máquinas de gra- duación de limbos, se pudo disminuir también su diámetro sin que sufriera la exac- titud de sus divisiones ni la precisión de los resultados. El siguiente paso fue adosar el microscopio de lectura al anteojo principal, lo que permitía hacer las dos lecturas angulares (horizontal y vertical) de un solo vistazo y sin retirarnos del anteojo; y es importante reseñar que al mismo tiempo se leían de una vez los dos extremos de los limbos, gracias a los micrómetros de coincidencia mencionados antes.

Otros fabricantes también contribuyeron a simplificar las lecturas de los círculos horizontales y verticales, con mecanismos más sencillos que el micrómetro de coin- cidencia, así Hensoldt montó microscopios de estima con escalas para hacer las lec- turas angulares de los limbos con mayor rapidez. La casa Fennel, a su vez, también para facilitar las lecturas angulares, incorporó lo que llamó el microscopio vernier, a sus instrumentos.