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La Topografía en la Escuela y los primeros instrumentos.

La declinación de las brújulas y un alma caritativa llamada J.S.

3 La Topografía en la Escuela y los primeros instrumentos.

Volviendo a los asuntos de la Escuela tenemos que, en la R.O. (50) de 9 de no- viembre de 1845 se aprobó la distribución de las materias que habían de enseñarse, correspondiendo a D. Ramón Pellico el Laboreo de Minas de primer curso, donde se explicaba algo que podría ser una Topografía elemental y que se llamaba Geome- tría Subterránea (recordemos que la primera Escuela, en Almadén, se llamaba Aca- demia de Minería y Geografía Subterránea), aunque la topografía como tal formaba parte del bagaje del segundo curso.

La plaza del Conde de Barajas según la interpretación planimétrica de la maqueta de Madrid realizada por D. León Gil y Palacio hacia 1830, que se encuentra en el Museo Municipal de la Ciudad.

pués, en el acta de la Junta de Profesores (hoy la llamaríamos Junta de Escuela) celebrada el 2 de octubre de 1859 se nombraba profesor de Mecánica Racional, Topografía y Geodesia al ingeniero de Prime- ra D. Juan Pablo Lasa- la. Parece que entonces era costumbre que cada profesor explicara dos asignaturas diferentes de curso completo. Lo vemos también en una Orden de mayo de 1835, al establecerse la Escue- la en Madrid, por la que se fijaban los profesores de primer curso: D. Ra-

faél Amar de la Torre (1802-1874) impartiría Mineralogía y Geognosia; D. J.Ezquerra y Bayo (1793-1859), Mecánica y Laboreo de Minas; y Lorenzo Gómez Pardo (1801- 1847) que enseñaba Docimasia y Metalúrgia.

En abril de 1860, estando la Escuela ya en la Plaza del Conde de Barajas, se nombró una Comisión compuesta por los Sres. Monasterio y Lasala para ocuparse en la for- mación de los presupuestos del año siguiente, cuidando de incluir en ellos las partidas necesarias para comprar instrumentos geodésicos y “para los gastos que ocasionasen los estudios prácticos reconocidos por el vigente reglamento…” se acordó la adqui- sición de una brújula con armadura de mina y “con aparato para servirse de ella en la superficie”. Se admitieron al concurso dos posibles candidatas que cumplían esa condición, una pertenecía al ingeniero segoviano D. Melitón Martín y otra al óptico- instrumentista de la calle del Príncipe Sr. Ortega. También, en aquella reunión se nom- braba a los profesores Maffey y Lasala para que “previo detenido examen hiciesen su oportuna elección”.

Año y medio más tarde, en el acta de la Junta de 10 de noviembre de 1861, podemos leer que el dinero sobrante de la adquisición de un nuevo lote de aparatos, formado por un teodolito, un nivel y un barómetro, se emplease en la compra de las obras que dicha Junta acuerde. Al poco tiempo, en el acta de la reunión de ese organismo, cele- brada el 8 de diciembre de 1861, el profesor Lasala da cuenta de que “cumpliendo la comisión que le fue encomendada en la sesión anterior, ha hecho traer un teodolito, un eclímetro (y) dos miras parlantes cuyo costo excede en algo la cantidad de 6.000 reales que para los indicados instrumentos le fue concedido en otra sesión” y que “examinados por los Sres. Profesores se acuerda su adquisición”. Parece ser que en el interín se había cambiado el barómetro de la petición inicial por dos miras parlantes.

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En otra ocasión, el profesor Monasterio daba cuenta de que el óptico de la calle del Príncipe de Madrid, Sr Ortega, se ofrecía a proporcionar cuantos instrumentos pudiera necesitar la Escuela, con tal de que ésta destinara una cantidad mensual para pagar su importe, pero la junta acordó no recurrir al crédito por los incon- venientes que pudiera presentar en un futuro. También, y con relación al párrafo anterior, a propuesta del profesor Maffey, se acuerda la adquisición de las obras siguientes: “Estudio completo de dibujo topográfico” por D. José Pilar y Morales y “Tratado completo de dibujo topográfico” (1859) del Maestro de Obras y Agrimen- sor ampurdanés D. Juan Papell y Llenas.

En el acta de la Junta de Profesores del 13 de marzo de 1863, se daba cuenta de la recepción de un oficio de 23 de febrero del Director General de Caminos, Casas de Moneda y Minas, remitiendo varios aparatos que no tenían ya aplicación en el esta- blecimiento de Almadén, entre ellos estaba la brújula con la que levantó los planos e hizo todos los trabajos en aquellas minas el ingeniero Larrañaga “a quien tanto debe el citado establecimiento” según se decía en la nota de entrega.

En abril de aquel año y estando ya próxima la época en que debían dar comienzo las prácticas de Topografía y Geodesia, el Profesor Lasala manifestó que “creía nece- sario que la Escuela le proporcionase un grafómetro, algunas banderolas, una cade- na de agrimensor y una pantómetra de las más sencillas”, la Junta, no encontrando en ello inconveniente, acordó su adquisición.

Al material adquirido el año anterior había que añadir un nuevo lote de instrumen- tos, pues en la Junta de Profesores de 12 de enero de 1864, se acordó la compra de una brújula minera, de la casa Linghe de Freiberg, que alguien debió ofrecer a la Escuela y que, por su excelente estado de conservación, y la facilidad de pago, podía considerar- se como buen negocio, sin especificar ni el precio ni quien hacía la oferta.

Un mes después, el 13 de febrero, la Junta acordó también, a propuesta del Pro- fesor Lasala, adquirir un barómetro de Fortín, una suspensión cardan, tres niveles, uno de reflexión, uno de agua y otro de aire, dos miras de tablilla divididas en me- tros y una cinta métrica de acero.

La Escuela tuvo la ocasión de haberse hecho con un buen material de enseñanza cuando una Orden de 24 de enero de 1868, procedente de la D.G. de Minas, encargaba al Profesor D. Felipe M. Donaire la recepción y depósito en ella de los libros, instru- mentos, memorias, colecciones de rocas, fósiles y demás objetos pertenecientes a los estudios geológicos de la Junta General de Estadística (que dos años después pasó a ser el Instituto Geográfico); aquello debió ser solo un sueño, porque, dos meses des- pués, D Felipe M. Donaire comunicaba, decepcionado, que aún no le habían entrega- do ni libros, ni instrumentos, ni memorias, ni colecciones de rocas y fósiles ni nada.