La declinación de las brújulas y un alma caritativa llamada J.S.
5 La Gloriosa, otro plan de estudios y los distritos siguen en precario.
No habían pasado tres meses desde aquel revolucionario mes de septiembre de 1868 -que le costó el trono a la Reina Isabel II, quien, abatida, tuvo que abandonar España rumbo al país vecino del norte, de donde ya solo volvería en contadas ocasio- nes- cuando el 9 de enero de 1869, la Junta de Profesores de la Escuela, comentando el nuevo plan de estudios, nos decía que “la asignatura de Topografía y Geodesia se iba a impartir en 4º curso, a razón de 4 horas semanales de clase en cada una de las dos partes. La primera comprendía los diversos aparatos para observar ángulos, me- dir distancias y verificar nivelaciones y la manera de practicar todas esas operacio- nes en cuanto concierne a los planos superficiales de corta extensión. En Geodesia se detallarán igualmente los instrumentos de los que esta ciencia hace uso y la manera de efectuar las diferentes operaciones geodésicas, como la medida de una base, las triangulaciones de 1º y 2º orden y la nivelación geodésica y barométrica. También los diversos cálculos y correcciones que hay que efectuar en cada una de esas operaciones y las nociones de astronomía indispensables para determinar la ecuación del tiempo, la longitud y la latitud de un punto y el acimut de una línea cualquiera. Sin olvidar los diversos sistemas de proyecciones de mapas empleados y las circunstancias en que cada uno de ellos debe principalmente ser aplicado”. Más adelante se decía que: 46 Obras Completas. Tomo VII. Biblioteca Nueva. Madrid 1949.
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“En las prácticas de campo se hará el levantamiento de planos topográficos de fábricas y subterráneos que estuvieran en Madrid, o sus cercanías, y en las opera- ciones geodésicas e investigaciones geológicas en las mismas repetidas condiciones de localidad”
De nuevo, aquel mismo año (1869) se vuelve a reiterar en el hecho, anterior- mente mencionado, de la precariedad de los instrumentos disponibles en los Dis- tritos Mineros y de la Revista Minera extraemos parte de un artículo muy intere- sante sobre ese asunto, se titula “Conveniencia del uso de instrumentos de precisión en el Servicio de Minas” donde, tras describir los problemas generados por los contactos y las invasiones de unas propiedades con otras y sobre la divisibilidad de la propiedad, se dice, en la rimbombante prosa de la época que: “Todo ello da a conocer que el cumplimiento de la ley exige escrupulosa severidad en la reso- lución de los problemas geométricos que constantemente reclama el servicio del ramo, (severidad que se hace más necesaria a medida que se enaltece el derecho a la propiedad hasta el punto de existir…)”. Continúa abordando el problema de las invasiones entre distintas concesiones vecinas con estas palabras, tan de los discursos de la época, diciendo:
“Vano y ocioso es aglomerar en las leyes mineras tantos casos y tantas y escrupulo- sas medidas, si no han de apreciarse en la práctica con el rigor que previenen aquellas y pide el concesionario. Este tiene derecho de conocer exactamente los límites de su propiedad y de establecer sus trabajos dentro de ella, hasta llegar a esos límites; siendo no pocos los litigios que han tenido lugar por no precisar sobre el terreno las líneas que marcan las concesiones. Las cuestiones de superposición parcial de unas pertenencias en otras, las originadas al deducir los espacios francos entre ellas para adjudicar dema- sías, las que ocurren con motivo de intrusión de labores de una mina a otra con apro- vechamiento ilegítimo de riqueza y tantas otras que diariamente tienen lugar exigen operaciones practicadas, al menos en parte, con instrumentos de precisión”. Sigue más adelante con el recurrente asunto de los instrumentos que empleaban para delimitar las concesiones, quejándose de su falta de precisión para ese cometido. Nos sorprende que, entre ellos, siga mencionando la cuerda, existiendo ya magníficas cadenas y cintas de acero con las que realizar esos trabajos:
“Los usados en todas ellas en España han sido (hasta ahora) la brújula y la cuerda en el exterior con la adicción del semicírculo colgado para el interior. Sabido es que la primera, además de no prestarse a una división minuciosa en su limbo, está sujeta a variaciones, de las cuales unas son constantes y peculiares de ese instrumento y otras accidentales y de tanto bulto, que hacen imprudente su uso en la proximidad del hierro en mineral o metal; que la segunda (la cuerda) es elástica dilatándose o contrayéndose según el esfuerzo a que se sujeta y según el grado de sequedad o hu- medad de la atmósfera hasta el punto de ser diferente su variación en las diferentes horas del día; y que el tercero (el semicírculo colgado) ni se presta a subdivisiones ni a fijeza”. Con la brújula se delimitaba y se trazaba la planta y con el semicírculo colgado se medían las pendientes de la galería.
Continúa diciendo que “A pesar de tantos inconvenientes, nuestros ingenieros y auxiliares facultativos, a fuerza de celo y trabajo han conseguido disminuir los erro-
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res en términos que en terrenos medianamente accidentados, escasamente llega a 0,25 %, y en los muy accidentados al 0,5 %. Este resultado satisface en algunos casos, sobre todo aislados; pero no puede satisfacer, si es exclusivo, en las agrupaciones, donde el error no queda sujeto entre límites, y si resultan sumados los muchos erro- res parciales componiendo uno grande que establece una perturbación en todo el grupo”. No sabemos muy bien a qué errores se refería, supongo que a los de situación del punto. Luego da una solución bastante correcta con aparatos más precisos para enmarcar los posteriores levantamientos con brújula y cadena o cinta metálica:
“Para evitar el mal, no es preciso apelar constantemente a sistemas e instrumen- tos de precisión, que haría dilatorias y muy costosas las operaciones. Basta con em- plearlos en las generales que abrazan un cantón o grupo minero y subordinar a ellas las de detalle, practicando aquellas con teodolito y estas con brújula, usando en todos los casos la cadena o cinta metálica”.
“Este sistema que en algunas naciones se sigue sin uniformidad, se observa con rigor en Alemania ¡cómo no!, donde no se da autoridad en juicio litigioso a los tra- bajos de esta naturaleza ejecutados exclusivamente con brújula…”.
Luego aclara que “esta práctica se ha demorado porque los únicos teodolitos que se fabricaban hasta ahora estaban destinados a operaciones en campo abierto, no prestándose su forma y dimensiones a la estrechez y malas condiciones tan fre- cuentes en los subterráneos”. Pero que una vez advertida esta falta nos adelanta que hoy en día se construyen teodolitos “adaptados a ambos tipos de ambientes”. Luego entra a valorar la disposición del Ministerio de Fomento para adquirir algunos de estos aparatos “para el mejor servicio del ramo”.
En el articulo se describen también las características que deben reunir los ins- trumentos destinados a la mina, mencionando sobre todo la compacidad y ligereza para evitar el daño que pueda producir el “humo de las luces, el agua que cae del cielo de las galerías y el aire viciado, que son causas de destrucción”. Luego hace una descripción de los teodolitos más adecuados para las explotaciones mineras, cen- trándose primero en los fabricados por el Sr. Breithaupt, propietario del Instituto de Mecánica y de Matemáticas de Cassel, en Alemania, de los que dice que para evitar el efecto de las influencias higroscópicas del aire de las minas sobre los hilos de la re- tícula, ha reemplazado esta por una placa de cristal que contiene dos líneas trazadas en cruz. También aclara que el aparato se puede transportar en una bolsa de cuero ceñida a la cintura y que su precio era de 120 escudos, por ser repetidor; de no serlo se reducía su precio a 100 escudos.
Más tarde hace una reseña de un teodolito, llamado universal, diseñado por el Sr. Meubert, Profesor de Topografía de la Escuela de Freiberg (referencia indiscutible para la de Madrid), que servía tanto para mina como para superficie. Ese instru- mento, dice, “tiene dos anteojos con ejes de rotación independientes: el lateral sirve para las visuales que tengan tanta inclinación que no permita usar el central, casos muy frecuentes en las minas”.
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por el ingeniero belga Sr. Durieux, cuyo anteojo podía colocarse en el centro o en un lateral; tenía otro anteojo, situado en la parte inferior del limbo, para visar al primer punto del ángulo a medir. Disponía también de una brújula situada sobre el limbo horizontal. Su precio ascendía a los 250 escudos.
Al año siguiente (1870) la Revista Minera se hacía eco de otra noticia que tenía que ver con la instrumentación topográfica, el Capitán de Navío e inspector de inge- nieros de marina, D. Casimiro de Bona, Director de la Escuela especial del Cuerpo, en el Ferrol, obtuvo un premio en la Exposición Internacional de Viena por haber presentado el proyecto de un aparato universal (de topografía, se entiende) y que el jurado, a la vista de las posibilidades de futuro del invento, le aconsejó que si en vez de presentar un proyecto presenta el aparato ya construido, hubiera ganado una Medalla de Progreso. Pero, parece ser que no hubo tiempo material ni medios para hacerlo en aquel momento. Mas tarde, el autor se propuso pedir privilegio de inven- ción ¿patente?, y autorización para construirlo en los talleres de instrumentos del Arsenal de El Ferrol, con la intención de enviarlo a otras exposiciones. Se desconoce cómo acabó su aventura.