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El Tercer Secreto

El Obispo Mons. José Correia da Silva, a quien se le confió entre 1944 y 1957 la guardia del Tercer Secreto. En el sobre que contiene el Secreto — y que se ve sobre la mesa —, él escribió de propio puño lo siguiente:

Este sobre con su contenido se entregará a Su Eminencia el Señor Cardenal D. Manuel [Gonçalves Cerejeira], Patriarca de Lisboa, después de mi muerte.

Leiria, 8 de diciembre de 1945 † José, Obispo de Leiria.

Esta foto fue publicada en el número de la revista Life del 3 de enero de 1949.

Precisamente como había previsto la Virgen María en 1917, la Segunda Guerra Mundial dio comienzo durante el pontificado de Pío XI, en la misma época en que José Stalin proseguía con su política de exterminio de los católicos, y de exportación, desde la Rusia soviética, del Comunismo Internacional. En junio de 1943, la Hermana Lucía, entonces con 36 años, cayó enferma con pleuresía, lo que dejó muy preocupado el Obispo de Leiria, D. José Alves Correia da Silva, y a su gran amigo y consejero, el Canónigo Galamba. Temían que la Hermana Lucía se muriese sin escribir el Tercer Secreto.

Tan terrible, que ni conseguía escribirlo

En vista de esto, en septiembre de 1943 le sugirieron que lo escribiese, pero ella se excusó de hacerlo, puesto que no quería asumir por sí misma la responsabilidad de tal iniciativa. Sin embargo, dijo que obedecería a un mandato expreso del Obispo de Leiria. Al no haberlo recibido, la Hermana Lucía estaba muy conturbada, por el hecho de no haber obtenido todavía de Nuestro Señor la autorización para revelar el Tercer Secreto.

A mediados de octubre de 1943, en el transcurso de una visita a la Hermana Lucía en el Convento de las Doroteas de Tui (España), a unos 400 km de Fátima, y en la frontera con Portugal, D. José Alves Correia da Silva le indicó formalmente que escribiese el Secreto. La Hermana Lucía intentó obedecer la orden del Obispo, pero no fue capaz de hacerlo durante dos meses y medio.

La propia Santísima Virgen le autoriza a la Hermana Lucía a revelar el Secreto

Finalmente, la Santísima Virgen María se le apareció nuevamente a Lucía el 2 de enero de 1944, para darle fuerzas y confirmar que era realmente la voluntad de Dios que ella revelase la parte final del Secreto. Sólo después de esto la Hermana Lucía consiguió superar su turbación y escribir el Tercer Secreto de Fátima.1 Aun así, fue tan sólo en 9 de enero de aquel año cuando ella le escribió al Obispo D. José Alves Correia da Silva la siguiente nota, en la que le comunicaba que por fin se había escrito el Secreto

Ya he escrito lo que me mandó; Dios quiso probarme un poco[,] pero por fin era ésa su voluntad: Está lacrada [la parte que me falta del secreto] dentro de un sobre, y éste, [dentro de] en los cuadernos (...)2

En vista de ello, se deduce con claridad que el Secreto suponía la existencia de dos documentos: uno, dentro de un sobre lacrado; y otro, que estaba en el cuaderno de apuntes de la Hermana Lucía (de no ser así, ¿por qué razón ella le iría entregar el cuaderno junto con el sobre lacrado?). De momento, concentrémonos en lo que había dentro del sobre lacrado.

Lucía continuaba tan perturbada con el asunto de que trataba el Secreto, que no le confiaría a nadie el sobre lacrado (ni tampoco el cuaderno de apuntes), sino a un Obispo que se lo llevase a D. José Alves Correia da Silva. El 17 de junio de 1944 la Hermana Lucía salió de Tui, atravesó el Río Miño y llegó al Asilo Fonseca, donde entregó al Arzobispo de Gurza, D. Manuel Maria Ferreira da Silva, el cuaderno en que había colocado el sobre con el Tercer Secreto. Ese mismo día el Arzobispo le entregó el Secreto al Obispo de Leiria en su casa de campo, cerca de Braga, y éste lo llevó al Palacio Episcopal en Leiria. Estos detalles son muy importantes, teniendo a la vista lo que se lee en el Comentario acerca del Tercer Secreto, publicado por el Vaticano en 26 de junio de 2000.

Desde el principio, ha sido testimonio unánime que el Tercer Secreto estaba redactado en forma de carta, en una hoja de papel. El P. Joaquín Alonso, archivero oficial de la

documentación sobre las Apariciones de Fátima, relata que tanto la Hermana Lucía como el Cardenal Ottaviani le aseguraron que el Secreto estaba escrito en una única hoja de papel: Lucía nos dice que lo ha escrito en una hoja de papel. El Cardenal Ottaviani, que lo ha leído, nos dice lo mismo: ―Ha escrito en una hoja (...)‖.3

El Cardenal Ottaviani, en aquel entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, declaró que había leído el Tercer Secreto, y que éste estaba escrito en una única hoja de papel. Dio testimonio de ello el 11 de febrero de 1967, durante una conferencia de prensa, con ocasión de una reunión de la Pontificia Academia Mariana en Roma. Dijo el Cardenal:

Y entonces, ¿qué fue lo que hizo ella [Lucía] para obedecer a la Santísima Virgen? En una hoja de papel escribió, en portugués, lo que la Santa Virgen le había pedido que dijese (...)4

El Cardenal Ottaviani es testigo de esto. En la misma conferencia de prensa afirmó: Yo, que he tenido la gracia y el don de leer el texto del Secreto – si bien también estoy obligado a mantenerlo en sigilo, por habérmelo impuesto el Secreto (...)5

Disponemos también del testimonio de D. João Venâncio, a la sazón Obispo Auxiliar de Leiria-Fátima, quien, a mediados de marzo de 1957, había recibido del Obispo D. José Alves Correia da Silva el mandato de entregar copias de todos los escritos de la Hermana Lucía — e incluso el original del Tercer Secreto – al Nuncio Apostólico en Lisboa, a fin de que éste los hiciera llegar a Roma. Antes de haberle entregado al Nuncio los escritos de la Hermana Lucía, D. João Venâncio cogió el sobre con el Tercer Secreto, lo miró al trasluz y observó que el Secreto estaba «escrito en una pequeña hoja de papel».6 Fray Michel

Sin embargo, gracias al testimonio de D. João Venâncio, a la sazón Obispo Auxiliar de Leiria-Fátima, que participó a fondo en estos acontecimientos, disponemos hoy de muchos hechos fidedignos, que tendremos muy en cuenta no dejar de lado. Yo mismo me enteré de ellos por haberme sido transmitidos verbalmente por el Obispo [D. João] Venâncio el 13 de febrero de 1984, en Fátima. A este propósito, el que fuera Obispo de Fátima me repitió, casi palabra por palabra, lo que él ya le había dicho al Padre Caillon, el cual, en sus

conferencias, hizo un relato muy pormenorizado de todo este asunto.7 He aquí la declaración de D. João Venâncio, según Frère Michel:

El Obispo [D. João] Venâncio [me] contó que tan pronto se vio solo, cogió el sobre grande del Secreto e intentó ver al trasluz su contenido. Consiguió percibir que dentro del sobre grande había otro más pequeño, el de Lucía, y dentro de este sobre una vulgar hoja de papel, con márgenes de 7,5 milímetros de cada lado. Tuvo el cuidado de anotar el tamaño de todo. Por tanto, el último Secreto de Fátima se escribió en una pequeña hoja de papel.8 [Cursiva, nuestra]

Los indicios muestran, además, que esa hoja tenía entre 20 y 25 líneas de texto. Los testimonios de la Hermana Lucía, del Cardenal Ottaviani, del Obispo D. João Venâncio, del P. Alonso, de Fray Michel y de Fray François, coinciden en ese punto:

(...) estamos asimismo convencidos de que las veinte o treinta líneas del Tercer Secreto (...)9

Por consiguiente, el último Secreto de Fátima, escrito en una pequeña hoja de papel, no es muy extenso. Probablemente veinte o veinticinco líneas (...)10

D. João Venâncio observó ―el sobre [que contenía el Tercer Secreto] que había colocado al trasluz. Pudo ver dentro de él una pequeña hoja, y midió su tamaño exacto. Sabemos, por tanto, que el Tercer Secreto no es muy extenso, probablemente 20 a 25 líneas (...)11

Escrito en forma de carta

Es igualmente claro que el Tercer Secreto se escribió en forma de carta, dirigida al Obispo D. José Alves Correia da Silva. La propia Hermana Lucía nos informa que el Tercer Secreto se escribió en forma de carta. Sobre este aspecto, tenemos la declaración por escrito del P. Jongen que, en 3 y 4 de febrero de 1946, interrogó a la Hermana Lucía de esta

manera:

«Usted ha comunicado ya dos partes del secreto. ¿Cuando le llegará la vez a la tercera?» «He comunicado la tercera parte en una carta dirigida al señor Obispo de Leiría.» respondió ella12. [Cursiva, nuestra]

Cuando el Obispo rehusó abrir la carta, Lucía le hizo prometer que sería definitivamente abierta y leída al Mundo o cuando ella se muriese, o en 1960, lo que ocurriese

primero.13[Cursiva, nuestra]

Para revelar al Mundo en 1960

¿Por qué en 1960? El año 1955 el Cardenal Ottaviani le preguntó a la Hermana Lucía por qué razón no se debería abrir la carta antes de 1960. Ella le respondió; «Porque

entonces se entenderá con más claridad». La Hermana Lucía le había exigido al Obispo de Leiria la promesa de que el Secreto sería leído al Mundo cuando ella se muriese; en todo caso, no antes de 1960, «porque la Santísima Virgen así lo desea».14 El Canónigo Barthas escribió: «Además, no tardará en conocerse [el Tercer Secreto], porque la Hermana Lucía afirma que es deseo de Nuestra Señora que se pueda publicar de 1960 en adelante». Esta declaración introduce un tercer hecho crucial con referencia al Secreto: que debería ser revelado en 1960. En efecto, el Cardenal Patriarca de Lisboa declaró en febrero de ese mismo año:

El Obispo D. José Alves Correia da Silva introdujo [el sobre lacrado por Lucía] en otro sobre, en el que escribió que la carta debería ser abierta por él mismo (D. José Alves Correia da Silva), si todavía estuviese vivo, o, en caso contrario, por el Cardenal Patriarca de

Lisboa.15 [Cursiva, nuestra]

El P. Alonso nos dice:

Otros señores obispos, con autoridad, hablaron igualmente sobre la fecha de 1960 como la indicada para abrir el documento famoso. Así, cuando el entonces Obispo titular de Tiava y auxiliar de Lisboa pregunta a Lucía sobre el tiempo en que será abierto el secreto, recibe siempre la misma respuesta: en 1960.16 [Cursiva, nuestra]

Y en 1959, D. João Venâncio, ya como Obispo de Leiria, declaró:

Yo pienso que la carta no será abierta antes de 1960. La Hermana Lucía había pedido que no fuese abierta antes de su muerte, o también en 1960. Ahora bien: estamos en 1959 y la

Hermana Lucía goza de buena salud.17 [Cursiva, nuestra]

Tenemos, finalmente, la declaración del Vaticano, del 8 de febrero de 1960 (divulgada a través de un comunicado de la agencia de noticias portuguesa, ANI), sobre la decisión de revelar el Secreto (en el Capítulo 6 volveremos a hablar de ese documento). Dice la

declaración del Vaticano:

(...) es muy posible que nunca venga a ser abierta la carta en que la Hermana Lucía escribiólas palabras que Nuestra Señora confirió a los tres pastorcitos, como secreto en la Cova da Iría.18 [Cursiva, nuestra]

Por consiguiente, las declaraciones indican que el Secreto se escribió bajo la forma de una carta, en una única hoja de papel con 20 a 25 líneas de texto manuscrito y con

márgenes de 7,5 mm de cada lado. Este Secreto debería revelarse, a más tardar, en 1960; y particularmente en ese año, porque entonces «se haría mucho más claro».

Fue ese documento el que el Obispo D. João Venâncio entregó al Nuncio Papal, el cual, a su vez, lo hizo llegar en 1957 al Santo Oficio (organismo denominado hoy Congregación para la Doctrina de la Fe):

Habiendo llegado al Vaticano el 16 de abril de 1957, el Secreto fue colocado por Pio XII, sin lugar a duda, en su despacho personal, en una cajita de madera con la inscripción Secretum Sancti Officii (Secreto del Santo Oficio).19

Es importante observar que, antes de la reorganización del Vaticano, llevada a cabo por el Papa Pablo VI, era el Papa quien presidía el Santo Oficio. Por eso fue cosa enteramente normal que el propio Papa se hiciera cargo del Tercer Secreto, y que la caja donde se guardó tuviera la inscripción ―Secreto del Santo Oficio‖. Por ser el Papa el responsable del Santo Oficio, la citada caja formaba parte del respectivo archivo. Tenga presente el lector estos hechos, puesto que serán cruciales cuando tratemos de ellos.

La predicción de una apostasía en la Iglesia

¿Y de qué trata el contenido del Secreto? Vamos a volver ahora a la frase reveladora, «En Portugal el dogma de la Fe se conservará para siempre etc.», la cual, como ya

indicamos anteriormente, en la Cuarta Memoria de Lucía aparece al final del texto íntegro de las dos primeras partes del Gran Secreto.

En este punto debemos recordar la trascendental declaración del P. Joseph Schweigl, a quien el Papa Pio XII confió una misión secreta: interrogar a la Hermana Lucía sobre el Tercer Secreto. Y eso lo llevó a cabo en el Carmelo de Coimbra el 2 de septiembre de 1952. Al regresar a Roma, el P. Schweigl se dirigió a su residencia en el Russicum, y al día

siguiente le dijo a un colega:

No puedo revelar nada de lo que me he enterado en Fátima acerca del Tercer Secreto; lo que puedo decir es que tiene dos partes: una se refiere al Papa; la otra, lógicamente (aunque no deba decir nada sobre ella), tendría que ser la continuación de las palabras: ‗En Portugal el dogma de la Fe se conservará para siempre‘.20

Así, pues, se confirma la conclusión de que una parte del Secreto es, de hecho, la continuación de la frase cuyo texto completo todavía lo tiene que revelar el Vaticano: «En Portugal el dogma de la Fe se conservará para siempre etc.»

Esta conclusión es corroborada por muchos otros testigos, entre los cuales se incluyen los siguientes:

El día 26 de diciembre de 1957 el P. Fuentes entrevistó a la Hermana Lucía. Esa entrevista se publicó en 1958 con el Imprimatur de su Prelado, el Arzobispo Sánchez, de Veracruz, México. Entre otras cosas, la Hermana Lucía le dijo lo siguiente al P. Fuentes: Padre, la Santísima Virgen está muy triste, porque nadie hace caso a su Mensaje, ni los buenos ni los malos. Los buenos, porque prosiguen su camino de bondad; pero sin hacer caso a este mensaje. Los malos, porque no viendo el castigo de Dios actualmente sobre ellos, a causa de sus pecados, prosiguen también su camino de maldad, sin hacer caso a este Mensaje. Pero, créame, Padre, Dios va a castigar al mundo, y lo va a castigar de una

manera tremenda. El castigo del cielo es inminente.

¿Qué falta, Padre, para 1960; y qué sucederá entonces? Será una cosa muy triste para todos; y no una cosa alegre si antes el mundo no hace oración y penitencia. No puedo detallar más, ya que es aún secreto (...)

Es la tercera parte del Mensaje de Nuestra Señora, que aún permanece secreto hasta esa fecha de 1960.

Dígales, Padre, que la Santísima Virgen, repetidas veces, tanto a mis primos Francisco y Jacinta, como a mí, nos dijo; Que muchas naciones de la tierra desaparecerán sobre la faz de la misma, que Rusia sería el instrumento del castigo del Cielo para todo el mundo, si antes no alcanzábamos la conversión de ese pobrecita Nación (...)‖.

―Padre, el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen; y como sabe qué es lo que más ofende a Dios y lo que, en menos tiempo, le hará ganar mayor número de almas, está tratando de ganar a las almas consagradas a Dios, ya que de esta manera también deja el campo de las almas desamparado, y más fácilmente se apodera de ellas. Lo que más les aflige al Corazón Inmaculado de María y al Sagrado Corazón de Jesús es la pérdida de las almas de los Religiosos y de los Sacerdotes. El Demonio sabe que los Religiosos y los Sacerdotes que fracasan en su magnífica vocación arrastran consigo al infierno numerosas almas. (...) El Demonio quiere apoderarse de las almas consagradas. Intenta corromperlas a fin de adormecer las almas de los laicos y de ese modo llevarlas a la impenitencia final.21

El Padre Joaquín Alonso

Poco antes de fallecer en 1981, el P. Joaquín Alonso, archivero oficial de Fátima durante dieciséis años, declaró lo siguiente:

Sería, pues, del todo probable que (...) el texto haga referencias concretas a la crisis de fe de la Iglesia y a la neglegencia de los mismos Pastores [y] se trata de luchas intestinas en el seno de la misma Iglesia y de graves negligencias pastorales de altos Jerarcas (...).22

En el período, pues, que precede al gran triunfo del Corazón de María, suceden algunas cosas tremendas que son objecto de la tercera parte del secreto. ¿Cuáles? Si en Portugal se conservará

siempre los dogmas de fe ..., se deduce con toda claridad que en otras partes de la Iglesia esos dogmas, o se van a oscurecer, o hasta se van a perder.23

¿Habla de circunstancias concretas el texto inédito? Es muy posible que no hable únicamente de una verdadera «crisis de Fe» en la Iglesia de este período intermedio, sino que como – por ejemplo lo hace el secreto de La Salette, haya referencias más concretas a las luchas intestinas de los católicos; a las deficiencias de sacerdotes y religiosos; tal vez se insinúen las deficiencias mismas de la alta Jerarquía de la Iglesia. Nada de esto, por lo demás, es ajeno a otras

comunicaciones que ha tenido Lucía en estes puntos (...).24

El Cardenal Ratzinger

El 11 de noviembre de 1984 el Cardenal Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ofreció una entrevista a la revista Jesus (una publicación de las

Hermanas Paulinas) que llevaba por título ―Este es el motivo por el que la Fe está en crisis‖, y se publicó con autorización expresa del Cardenal. En esa entrevista, el Cardenal admite que una crisis de Fe está afectando a la Iglesia en todo el Mundo. En este contexto, revela que ha leído el Tercer Secreto, y que éste se refiere a los «peligros que amenazan a la Fe y a la vida del cristiano, y, por consiguiente, a la del Mundo.»

El Cardenal confirma así la tesis del P. Alonso, según la cual el Secreto se refiere a una apostasía generalizada dentro de la Iglesia. En esa misma entrevista, el Cardenal Ratzinger afirma que el Secreto también se refiere a la «la importancia de los Novissimi [Las

Postrimerías del Mundo]» y que «si, por lo menos hasta ahora, no se ha hecho público ha sido para evitar que una profecía religiosa se tomase por sensacionalismo (...)» Más adelante el Cardenal revela que «las cosas que constan en este ‗Tercer Secreto‘ corresponden a lo que ha sido anunciado en las Escrituras, y tantas y tantas veces en muchas otras Apariciones de Nuestra Señora, siendo la de Fátima, (…) por lo que se conoce de su contenido, la más importante.»25

D. Alberto Cosme do Amaral

D. Alberto Cosme do Amaral, tercer Obispo de Fátima, está enteramente de acuerdo con el Cardenal Ratzinger. En un discurso en Viena (Austria) el 10 de septiembre de 1984, declaró lo siguiente:

El contenido [del Tercer Secreto] se refiere únicamente a nuestra Fe. (...) Asociar el [Tercer] Secreto a previsiones catastróficas o a un holocausto nuclear es deformar el sentido del