Los católicos están obligados a someterse a las enseñanzas de la Iglesia sobre la Fe y la Moral; perono a someterse a las nuevas actitudes y orientaciones de eclesiásticos liberales, que actualmente hacen y dicen cosas jamás vistas ni oídas en toda la Historia de la Iglesia. Por consiguiente, tienen los católicos el derecho, y aun el deber, de oponerse a esa nueva orientación, que surgió de las ambigüedades del Concilio y de las opiniones de la ―nueva teología‖, que están en desacuerdo con el perenne e infalible Magisterio. Hace años que los católicos mantienen la falsa idea de que deben aceptar el Concilio pastoral Vaticano II con el mismo acatamiento de Fe que se le debe a los
Concilios dogmáticos. Pero no es así. Los Padres conciliares se refirieron varias veces al Vaticano II como un Concilio pastoral. Querían decir con eso que el Concilio no se destinaba a definir la Fe, sino a deliberar sobre procedimientos de actuación, bajo un criterio prudente y práctico — como el lanzamiento de la ―aventura ecuménica‖. Un documento del propio Concilio, la ―Nota Preliminar (Nota Praevia, en latín) a la Lumen Gentium‖, lo afirma de modo indudable: Considerando la praxis conciliar. y la finalidad pastoral de este Concilio, el Sagrado Sínodo establece los asuntos que atañen a la Fe y a la Moral que solamente son obligatorios para la Iglesia (aquellas cuestiones de Fe y de Moral que el propio Concilio así las declare).75
Pues bien. De acuerdo con la redacción de los documentos conciliares, nada se estableció como verdad de Fe y Moral ―de aceptación obligatoria por la Iglesia‖, en relación con la nueva
―orientación ecuménica‖, ni con ninguna otra de las nuevas formulaciones ―pastorales‖.
El hecho de que el Vaticano II tenga menos autoridad que un concilio dogmático lo confirma la declaración de uno de los Padres conciliares, el Obispo Thomas Morris, quien pidió que sólo la abriesen después de su muerte:
Me quedé aliviado cuando nos dijeron que este Concilio no pretendía formular ni emitir declaraciones definitivas sobre la Doctrina, puesto que una tal declaración tendría que ser formulada con mucha
atención; y yo entendía que los documentos del Concilio eran proposiciones susceptibles de ser revistas.76 Tenemos además la importante declaración del Secretario del Concilio, el Arzobispo (después
Cardenal) Pericle Felici. Llegado el momento de la clausura del Vaticano II, los Obispos le pidieron a Felici aquello que los teólogos llaman ―nota teológica‖ del Concilio, es decir, el exacto valor doctrinal de sus enseñanzas. Felici respondió:
Llevando en cuenta la praxis conciliar y la finalidad pastoral de este Concilio, el Santo Sínodo sólo establece verdades de Fe y Moral, de aceptación obligatoria por la Iglesia, cuando el propio Sínodo claramente así lo determine.77
Y añadió:
Tenemos que distinguir, en los esquemas y capítulos, aquellas verdades que en el pasado hayan sido formalmente objeto de definiciones dogmáticas. Con relación a las declaraciones con apariencia de
novedad, debemos mantener cierta reserva.78
El Papa Pablo VI observó que dado el carácter pastoral del Concilio, éste ha evitado proclamar de modo solemne verdades dogmáticas, que son infalibles.79
Así, pues, contrariamente a los Concilios dogmáticos, el Vaticano II no exige su aceptación
incondicional como un artículo de Fe. Los prolijos y ambiguos documentos no son comparables con las declaraciones doctrinales de Concilios anteriores. Las novedades del Vaticano II no obligan, de modo absoluto, a que las tomemos por artículos de Fe; ni el propio Concilio afirmó que lo fuesen.
Sin embargo, las ambiguas enseñanzas del Concilio, y la nueva orientación posconciliar de la Iglesia, tuvieron como resultado, ni más ni menos, aquello que el propio Cardenal Ratzinger denominó ―la demolición de los baluartes‖ de la Iglesia; incluso, como veremos, la demolición del Mensaje de Fátima. Vamos, pues, a demostrar que ese destructivo intento hizo reales los sueños de los enemigos de la Iglesia, y las proféticas advertencias del Mensaje de Fátima, tal como habían sido transmitidas por el Papa Pío XII.
Notas
1. La descripción completa de esta fascinante historia se halla en Fr. Michel de la Sainte Trinité, The Whole Truth About
Fatima, Vol. III, pp. 257-304.
2. Ibid., p. 298.
3. Vizconde Léon de Poncins, Freemasonry and the Vatican (Christian Book Club, Palmdale, California, 1968), p. 14.
4. L. Bouyer, Don Lambert Beauduin, a Man of the Church, Casterman, 1964, pp. 180-181, citado por el P. Dilder Bonneterre
enThe Liturgical Movement, Ed. Fideliter, 1980, p. 119.
5. El jesuita P. Aparício fue confesor y director espiritual de la Hermana Lucía desde 1926 hasta 1938, año en que fue enviado
como misionero a Brasil; pero siguió manteniendo correspondencia con ella durante varios años. En 1950 volvió por algún tiempo a Portugal y visitó a la Hermana Lucía en 1950 y 1951 sin ningún tipo de problema. El P. Aparício declaró que en agosto de 1960, durante la visita de un mes a Portugal, no obtuvo permiso para hablar con ella: ―No he podido hablar con la Hermana Lucía, porque el Arzobispo no podía autorizar la visita. Fue la Santa Sede quien le impuso las condiciones de
aislamiento en que ella se encuentra. Por consiguiente, nadie puede hablar con ella sin autorización de Roma. El Arzobispo
tiene un número limitado de esos permisos.‖ (Fatima: Tragedy and Triumph, Immaculate Heart Publications, 1994, pp. 33- 34.)
Desde entonces la situación no ha cambiado. El 16 de enero de 1983 el P. Joseph de Sainte Marie, O.C., escribió al ilustre seglar Hamish Fraser en los siguientes términos: ―Le recuerdo — ella (la Hermana Lucía) me lo reafirmó recientemente, cuando le hice una consulta — que la Hermana Lucía no puede hablar con nadie sobre las Apariciones, sin la autorización expresa de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe o del propio Santo Padre.‖ (The Fatima Crusader, Nº 13-14, p. 13) Y el 19 de marzo de 1983 la Hermana Lucía le dijo al Nuncio Apostólico en Portugal, Rvdmº. Sante Portalupi, que ella no había tenido anteriormente la oportunidad de hacer ningún comentario sobre el incorrecto cumplimiento en la ceremonia de la Consagración en 1982 (Consagración del Mundo, no de Rusia), porque la Santa Sede no le había permitido hablar: ―La Consagración de Rusia no se hizo tal como había pedido Nuestra Señora. No he podido decirlo (antes) porque no tenía autorización de la Santa Sede.‖ (Ibid., p. 3 y The Fatima Crusader, Nº 16, Sept.-Oct. de 1984, p. 22ff, reedición del artículo del P. Pierre Caillon in Fidelité Catholique, publicado por primera vez en 1983).
El 19 de febrero de 1990, Mons. A. Duarte de Almeida, capellán del Carmelo de Coimbra, declaró lo siguiente: ―Para visitar a la Hermana Lucía, es preciso tener autorización del Cardenal Ratzinger.‖ (David Boyce, Fatima Inquest
[Investigación sobre Fátima], Agosto de 1990), The Fatima Crusader, Nº 35, Invierno de 1990-1991, p. 13).
El 17 de noviembre de 2001, fecha de la supuesta ―entrevista‖ de la Hermana Lucía con Mons. Bertone, este Arzobispo admitió, en un comunicado, que la entrevista se había hecho con la anuencia del Cardenal Ratzinger. Por tanto, hasta hace muy poco tiempo (2001), para hablar con la Hermana Lucía hasta un alto prelado del Vaticano necesitaba autorización de la Santa Sede.
6. Cf. Jean Madiran, ―The Vatican-Moscow Agreement‖, in The Fatima Crusader, Nº 16, Septiembre-Octubre, 1984, p. 5; cf. también los artículos de las pp. 4, 7 y 11 de The Fatima Crusader, Nº 17, Febrero-Abril 1985. Ver además Átila Sinke Guimarães, ―The Metz Pact‖, Catholic Family News, Septiembre, 2001.
7. Papa Pío XI, Divini Redemptoris, Encíclica sobre el Comunismo ateo, 19 de marzo de 1937 de la Colección de encíclicas
ydocumentos pontificios, sexta edición, traducción por Mons. Pascual Galindo, Publicaciones de la junta nacional, Madrid,
1962. Cf. también la cita en las pp. [63-64] a que se refiere la nota 42 de este capítulo.
8. Un descripción más completa de este asunto se encuentra en The Rhine Flows into the Tiber, del Padre Ralph Wiltgen (N.
York: Hawthorne, 1967; TAN, 1985), pp. 272-278.
9. Por ejemplo: The Rhine flows into the Tiber, del Padre Ralph Wiltgen; Pope John‘s Council, de Michael Davies (Kansas
City, Missouri, Angelus Press), e incluso en Vatican II Revisited (ver la nota siguiente), que elogia la reforma.
10. Revdmº. Aloysius Wycislo, S.J., Vatican II Revisited. Reflections by One Who Was There (Staten Island, New York: Alba House), p. x.
11. Ibid., p. 33. 12. Ibid., p. 27.
13. The Wanderer, 31 de agosto de 1967, p. 7.
14. Council Daybook, Vol. I (Washington D.C.: National Catholic Welfare Conference), pp. 25, 27. 15. Ecclesia Año IX - Num. 397, Sábado 19 de febrero, Madrid, 1949, p. 6
16. Vatican II Revisited. Reflections by One Who Was There, pp. 27-34. 17. Obispo Graber, Athanasius and the Church of Our Time, p. 54
18. Átila Sinke Guimarães, Animus Delendi (The Desire to Destroy) el primero de dos volúmenes con ese título (Los Angeles, California: Tradition in Action, 2001), p. 128.
19. Ibid.
20. ―Vida vital‖ parece ser una expresión que sustituye la ―Inminencia Vital‖, condenada en la encíclica Pascendi, del Papa Pío X, contra el Modernismo. Cf. la p. 8 de la traducción inglesa, publicada por la Newman Press.
21. David Greenstock, ―Thomist and the New Theology‖, The Thomist, octubre de 1950. Si se desea comprender bien la naturaleza errónea de la ―Nueva Teología‖, vale la pena leer el artículo por entero.
22. Publicado en Angelicum de 1946. La primera traducción inglesa, ―Where is the New Theology Taking Us?‖, apareció enCatholic Family News, de agosto de 1997.
23. Animus Delendi– I, p. 129. 24. Ibid., pp. 146-149.
25. Estas observaciones se hallan en el libro de Mons. Kelly, The Battle for the American Church, citado por John Vennari en ―Vatican praises purveyor of heresy‖, The Fatima Crusader, Primavera-Verano de 1998.
26. Ibid.
27. Cit. de Guimarães, Animus Delendi – I, p. 60. 28. Ibid., p. 61.
30. Ibid., p. 62.
31. Vaticano I, Sesión III, Cap. IV, Fe y Razón.
32. Cit. de Open Letter to Confused Catholics, pp. 88-89.
33. Yves Marsaudon, Oecuménisme vu par un Maçon de Tradition, pp. 119-120. 34. Cit. de la Open Letter to Confused Catholics, pp. 88-89.
35. Ibid., p. 100.
36. Obispo Graber, Athanasius and the Church of Our Time, p. 64.
37. Arzobispo Marcel Lefebvre, They Have Uncrowned Him (Kansas City, Missouri: Angelus Press, 1988), p. 229. Aquí el Autor observa, además, que el periódico comunista Izvestia exigió que el Papa lo condenase, a él y a su seminario de Ecône. 38. La declaración de los periti progresistas en el Concilio está registrada, y aclara: ―Nos expresaremos de modo diplomático,
pero después del Concilio deduciremos las conclusiones implícitas en él.‖ (En el libro del P.Ralph Wiltgen, The Rhine Flows
into the Tiber, p. 242).
39. El Arzobispo progresista Annibale Bugnini fue el principal arquitecto de la revolución litúrgica, que culminó en la Nueva Misa(Novus Ordo). Posteriormente, fue expulsado del Vaticano para Irán, porque al Papa Pablo VI se le exhibieron documentos que demostraban que Bugnini era masón. Michael Davies dedica un capítulo entero (el 24) al Arzobispo Bugnini en Pope Paul‘s New Mass (Kansas City, Missouri: Angelus Press, 1992).
40. Cardenal Joseph Ratzinger, Principles of Catholic Theology (San Francisco, California: Ignatius Press, 1987), p. 334. 41. Discurso al Lombard College, 7 de diciembre de 1968.
42. Discurso de 30 de junio de 1972.
43. Papa Pío XI, Divini Redemptoris, Encíclica sobre el Comunismo ateo, 19 de marzo de 1937 de la Colección de encíclicas y
documentos pontificios, sexta edición, traducción por Mons. Pascual Galindo, Publicaciones de la junta nacional, Madrid,
1962. (Cursiva, nuestra)
44. Yves Congar, O. P., ―Le Concile au jour le jour; Deuxième Session‖ (El Concilio día por día; Segunda Sesión) (París: Cerf, 1964), p. 115.
45. A bien de la verdad, no puede haber un ―Anti-Syllabus‖, porque el Syllabus que el Beato Papa Pío IX promulgó en 1864 es claramente una enseñanza solemne y definitiva, que todos los católicos deben aceptar (can. 750 § 2). En la encíclica Quanta
Cura, publicada con el Syllabus el 8 de diciembre de 1864, el Beato Pío IX declaró solemnemente: ―En medio de esta tan
grande perversidad de opiniones depravadas, Nos, con plena consciencia de Nuestra misión apostólica, y con gran solicitud por la religión, por la sana doctrina y por la salud de las almas a Nos divinamente confiadas, así como aun por el mismo bien de la humana sociedad, hemos juzgado necesario levantar de nuevo Nuestra voz apostólica. Por lo tanto, todas y cada una
de las perversas opiniones y doctrinas determinadamente especificadas en esta Carta, con Nuestra autoridad apostólica las reprobamos, proscribimos y condenamos; y queremos y mandamos que todas ellas sean tenidas por los hijos de la Iglesia como reprobadas, proscritas y condenadas.‖ de la Colección de encíclicas y documentos pontificios, sexta edición,
traducción por Mons. Pascual Galindo, Publicaciones de la junta nacional, Madrid, 1962. (Cursiva, nuestra) 46. Yves Congar, La Crise d‘Eglise et Msgr. Lefebvre (París, Cerf, 1977), p. 54.
47. Citado en Open Letter to Confused Catholics, p. 100.
48. Cardenal Joseph Ratzinger, Principles of Catholic Theology, pp. 381-382. (Cursiva, nuestra) 49. Ibid., p. 191.
51. Ibid.
52. En la encíclica Mystici Corporis, de 1943, el Papa Pío XII enseñó que ―esta verdadera Iglesia de Cristo - que es la Iglesia santa, católica, romana, apostólica.‖ Eso significa de forma diáfana que la Iglesia de Cristo no se compone de la Iglesia Católica y de otras denominaciones ―cristianas‖. Pío XII confirmó esta doctrina en la encíclica Humani Generis, de 1950: ―El Cuerpo Místico de Cristo y la Iglesia Católica Romana son una sola y misma cosa.‖ de la Colección de encíclicas y
documentos pontificios, sexta edición, traducción por Mons. Pascual Galindo, Publicaciones de la junta nacional, Madrid,
1962.
53. Extraído de Vatican II, the Work that Needs to Be Done, editado por David Tracy en colaboración con Hans Küng y Johann Metz (N. York: Concilium, Seabury Press, 1978), p. 91. (Cursiva, nuestra)
54. L‘Osservatore Romano, edición en italiano, 8 de octubre de 2000, p. 4: ―Quando i Padri conciliari sostituirono la parola ‗è‘ con la parola ‗subsistit‘ lo fecerano con un scopo bene preciso. Il concetto espresso da ‗è‘ (essere) è più ampio di quello espresso da ‗sussistere‘. ‗Sussistere‘ è un modo bene preciso di essere, ossia essere come soggeto che esiste in sè. I Padri conciliari dunque intendevano dire che l‘essere della Chiesa in quanto tale è un‘entità più ampia della Chiesa cattolica romana.‖
55. Cf. las declaraciones del P. Schillebeeckx en la revista holandesa De Bauzuin, Nº 16, 1965, citadas en traducción francesa enItinéraires, Nº 155, 1971, p. 40.
56. Frankfurter Allgemeine Zeitung, 22 de septiembre de 2000; traducción italiana en L‘Osservatore Romano, 8 de octubre de 2000.
57. Adista, 26 de febrero de 2001; traducción inglesa citada de ―Where Have They Hidden the Body?‖ por el Dr. Christopher Ferrara, The Remnant, 30 de junio de 2001.
58. «Con aprobación del sagrado Concilio, enseñamos y definimos ser dogma divinamente revelado que: El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra–esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal–, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalabilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por si mismas y no por el consentimiento de la Iglesia.» (D.Z. 3073- 3074) Heinrich Denzinger/ Peter Hünermann, El Magisterio de la Iglesia, versión Castellana de la 38º edición alemana, 1999 Empresa Editorial Herder, S.A. Barcelona.
59. «Y si alguno tuviera la osadía, lo que Dios no permita, de contradecir a esta nuestra definición, sea anatema.» (D.Z. 3075) 58a Las tres definiciones ex cathedra en la lengua original, latina, fueron:
— Papa Inocencio III, en el IV Concilio de Letrán, 1215: ―Una vero est fidelium universalis Ecclesia, extra quam nullus omnino salvatur.‖ (D.Z. 802).
— Papa Bonifacio VIII, en la Bula Unam Sanctam, 1302: ―Porro subesse Romano Pontifici omni humanæ creaturæ declaramus, dicimus, definimus et pronuntiamus omnino de necessitate salutis.‖ (D.Z. 875).
— Eugenio IV, en el Concilio de Florencia, Bula Cantate Domino, de 4 de febrero de 1442: ―Firmiter credit, profitetur et prædicat, nullos intra Catholicam Ecclesiam non exsistentes, non solum paganos, sed nec Iudæos aut hæreticos atque schismaticos, æternæ vitae fieri posse participes; sed in ignem æternum ituros, «qui paratus est diabolo et angelis eius» (Mt 25: 41), nisi ante finem vitæ eidem fuerint aggregati: tantumque valere ecclesiastici corporis unitatem, ut solum in ea manentibus ad salutem ecclesiastica sacramenta proficiant, et ieiunia, eleemosynæ ac cetera pietatis officia et exercitia militiæ christianæ præmia æterna parturiant. Neminemque, quantascumque eleemosynas fecerit, etsi pro Christi nomine sanguinem effuderit, posse salavri, nisi in catholicæ Ecclesiæ gremio et unitate permanserit.‖ (D.Z. 1351).
60. Acta Apostolicæ Sedis (AAS) 42-142.
61. Pío XII, Instrucción del Santo Oficio, Ecclesia Catholica, 20 de diciembre de 1949, ―Sobre el Movimiento Ecuménico‖. 62. (Cursiva, nuestra) P. Joseph Ratzinger, Theological Highlights of Vatican II (N. York: Paulist Press, 1966), p. 65-66. Esta
Gentium. Para una profundización más completa del libro del P. Ratzinger, ver ―Vatican II vs. The Unity Willed by Christ‖,
por John Vennari, Catholic Family News, diciembre de 2000.
63. Aunque el Cardenal Ratzinger hubiese cambiado por completo sus puntos de vista personales, y adoptado una posición más ortodoxa, los textos del Concilio continuarían siendo ambiguos, imprecisos y aparentemente orientados hacia un
ecumenismo heterodoxo, que no busca la conversión de los no católicos al Catolicismo.
64. E. Sillebeeckx, O.P., Igreja ou Igrejas?, in V. A., Cinco problemas que desafiam a Igreja hoje, pp. 26f. Citado de In the
Murky Waters of Vatican II, Átila Sinke Guimarães (Metairie, Lousiana: Maeta, 1997), p. 243.
65. El SIDIC es una asociación que se presenta como católica, ―fundada en Roma en 1965, a pedido de un grupo de peritos del Concilio Vaticano II, después de la promulgación de la Nostra Ætate‖, para promover el ―diálogo‖ entre católicos y judíos. El SIDIC radica en Roma y tiene representantes locales en los siguientes países: Australia, Bélgica, Canadá, Estados Unidos, Francia, Holanda, Inglaterra, Israel e Italia. Nostra Ætate, del Concilio Vaticano II, es la ―Declaración sobre la Relación de la Iglesia con las Religiones no Cristianas‖.
66. Service International de Documentation Judéo-Chrétienne, (SIDIC) Roma [edición inglesa en Washington, D.C.], Vol. XXXII, Nº 3, 1999, p. 22.
67. La ambigüedad verbal empleada por el Vaticano II para promover esta falsa noción se halla en Lumen Gentium 8, en donde se lee que ―la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica‖, al contrario de la definición dada por el Papa Pío XII, según la cual ―esta verdadera Iglesia de Cristo ... es la Iglesia católica...‖ (Encíclica Mystici Corporis). Ver el estudio anterior y las notas a este capítulo, sobre el origen y el resultado de esta ambigüedad, tal como han sido delimitados por el Cardenal Joseph Ratzinger.
68. Para una breve referencia histórica del P.Popian, cf. ―Vatican Says, Do Not Convert to Catholicism‖, por
John Vennari,Catholic Family News, diciembre de 2001. Cf. además ―Vatican Says, ‗You Must Not Become Catholic!‘‖, de John Vennari,The Fatima Crusader, Nº 69, Invierno de 2002. El testimonio del P. Popian en casete en inglés e italiano, con el título ―Vatican‘s Östpolitik and Ecumenism Tried to Prevent My Conversion to Catholicism‖, se puede obtener en The Fatima Center, 17000 State Route 30, Constable, N. York 12926, Estados Unidos.
69. ―We Are a Sign of Contradiction‖, entrevista con el Obispo Bernard Fellay, SSPX, revista Latin Mass, Otoño de 2001, p. 11.
70. Declaración de Balamand, nºs. 13 y 30. La Declaración de Balamand (1993) fue mencionada, con aprobación del Papa Juan Pablo II, en Ut Unum Sint, n. 59.
71. Papa Pío XI, Ubi Arcano Dei, Carta-Encíclica sobre la Paz de Cristo en el Reino de Cristo, 23 de diciembre de
1922. Colección de encíclicas y documentos pontificios, sexta edición, traducción por Mons. Pascual Galindo, Publicaciones de la junta nacional, Madrid, 1962.
72. Ibid.
73. Papa Pío XI, Quas Primas, Encíclica sobre Cristo Rey, 11 de diciembre de 1925. Colección de encíclicas y documentos
pontificios, sexta edición, traducción por Mons. Pascual Galindo, Publicaciones de la junta nacional, Madrid, 1962. (Cursiva,
nuestra)
74. Mensaje del Papa Juan Pablo II para el Día Mundial de la Paz, 1 de enero de 2001. ―El Diálogo entre las Culturas para una Civilización de Amor y Paz‖.
Capítulo 7