EL TESTIMONIO DEL MESÍAS JESÚS
EL TESTIMONIO DE JESUCRISTO EN ABRAHAM Y SARA
¡Abraham tenía el testimonio de Jesucristo! El creyó a Dios, por el espíritu de la profecía que en su simiente serían benditas todas las naciones de la tierra. ¡El creyó que de su descendencia vendría el Mesías de Dios!
Abraham tuvo la total certeza y la plena convicción de que Dios había diseñado y construido una ciudad con buenos cimientos. ¡Abraham vivió con su familia, con Sara su esposa, y su hijo Isaac, esperando esta ciudad celestial! Y no solamente Abraham e Isaac, sino también Jacob, hijo de Isaac. Por eso ellos, habitaron como extranjeros en la tierra prometida como si fuera tierra ajena. ¡Porque esperaban la ciudad celestial! Todos los aprobados y que alcanzaron buen testimonio por la fe, es decir que retuvieran hasta el final, el testimonio de Jesucristo, que es el espíritu de la profecía, tendrían el galardón de pasar con él toda la ETERNIDAD FUTURA, en la Nueva Jerusalén, la ciudad celestial, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
8Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir
al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. 9Por la fe habitó como extranjero en la
tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; 10porque esperaba la ciudad que tiene
fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. (Hebreos 11: 8-10)
Dios determinó que todos los hombres de fe, que vivirían en estas SIETE EDADES, no recibirían lo prometido inmediatamente en su vida terrena. Todos tendrían que vivir por la fe, agradando a Dios, con su buen testimonio, el testimonio de Jesucristo, al mirar de lejos la patria celestial y creyéndolo, y saludándola de lejos, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre esta tierra.
13Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber
recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 14Porque los
que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; 15pues si hubiesen estado pensando en
aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. 16Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial;
por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. (Hebreos 11: 13-16)
¡Gloria a Dios! ¡Por esta demostración de fe, el mismo testimonio de Jesucristo, Dios no se avergonzaría de llamarse Dios de todos ellos. Por eso Dios, desde el principio, les prepararía una ciudad celestial, al crear el reino de los cielos y la tierra.
1En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Sara también tenía el testimonio de Jesucristo, y con el espíritu de la profecía, creyó con plena certeza y convicción de que Dios, en su fidelidad iba a cumplir su promesa. Nosotros somos parte de esa promesa. ¡Somos parte de esa multitud de creyentes nacidos de nuevo, reteniendo el testimonio de Jesucristo! ¡Somos parte de esa descendencia bendita de Abraham, a través de Cristo, que llegamos a ser en tal cantidad, como las estrellas del cielo y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.
11Por la fe también la misma Sara, siendo estéril,
recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. 12Por lo cual también, de
uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.
(Hebreos 11: 11, 12)
De la misma manera, vemos en Abraham, que tenía el testimonio de Jesucristo, porque cuando fue probado por Dios ordenándole ofrecer en sacrificio a su unigénito hijo Isaac, cuando iba camino al Monte Moriah (lo que es hoy el lugar del Monte del Templo en Jerusalén) y ante la pregunta de su hijo respecto de dónde estaba el cordero del holocausto, Abraham profetizó, por el espíritu de la profecía que Dios iba a proveer un cordero.
7Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre
mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? 8Y respondió Abraham: Dios se proveerá de
cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. (Génesis 22: 7, 8)
Abraham no le mintió ni engañó a su hijo, como muchos creen. ¡NO! Abraham no le mintió. Por el espíritu de la profecía, profetizó de que
Dios proveería el Corderode Dios que tendría que morir en holocausto en lugar de su hijo y de todos nuestros hijos y de todos nosotros.
13Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a
sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14Y llamó Abraham
el nombre de aquel lugar, el Señor proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte del Señor será provisto. (Génesis 22: 13, 14)
Abraham lleno del espíritu de la profecía, dio el testimonio de Jesucristo, confirmando lo que Dios había revelado a Adán, reafirmando que Dios proveería el Mesías que habría de venir para morir en holocausto en lugar de nosotros, para rescatarnos de la esclavitud del reino de la muerte del diablo y darnos vida de entre los muertos. ¡Porque Abraham, lleno del testimonio del Mesías Jesús, sabía que Dios es poderoso para levantar aún de entre los muertos, de donde en sentido figurado, también volvió a recibir a su hijo!
17Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a
Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18habiéndosele dicho: En Isaac te será
llamada descendencia; 19pensando que Dios es
poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. (Hebreos 11: 17-19)
Así, Abraham tuvo el testimonio de haber agradado a Dios, por lo que el Señor le confirmó la bendición en su simiente, de la cual vendría el Mesías, para bendecir a todas las naciones de la tierra, multiplicando su descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que esta a la orilla del mar, poseyendo las puertas de nuestros enemigos.
15Y llamó el ángel del Señor a Abraham por segunda
vez desde el cielo, 16y dijo: Por mí mismo he jurado,
dice el Señor, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; 17de cierto te
bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. 18En tu simiente serán benditas todas las
naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz. (Génesis 22: 15-18)