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EL TIEMPO (LOS ACONTECIMIENTOS) Y EL ESPACIO

In document La Naturaleza Del Espacio - Milton Santos (página 89-109)

Acontecimientos: los nombres, características, tipología

En el vocabulario corriente, la palabra acontecimiento ha adquirido diferentes acepciones y se utiliza en múltiples sentidos. Y en los diccionarios filosóficos, lo que aquí estamos considerando como acontecimiento aparece, también, con otros nombres.

Cada autor cualifica el vocablo en el interior de su sistema de ideas. Allí donde Lefebvre escribe la palabra momento, Bachelard habla de instante y Whitehead de ocasión. Para Russell (1948, 1966, p. 289), un hecho resulta de una serie de instantes17.’ Aunque la sinonimia no sea exacta, la construcción de una teoría geográfica del acontecimiento puede utilizar tales vocablos casi indiferentemente. Es preciso, sin embargo, que la teoría geográfica sea enteramente coherente y, de ese modo, atribuya un valor propio a dichos términos.

En palabras de Lefebvre (1958, p. 348), el momento es la tentativa con vistas a la realización total de una posibilidad. Esta posibilidad «se da», «se descubre», y puede ser vivida como una totalidad, lo que significa realizarla y agotarla18.

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17 Desearíamos definir “instante’ de tal modo que cada acontecimiento existiese en una serie continua y lineal de instantes [...] No debemos ver los instantes como algo independiente de los acontecimientos y que puedan ser ocupados por éstos como los sombreros ocupan los percheros. Estamos pues obligados a buscar una definición que haga del instante una estructura compuesta de una selección adecuada de acontecimientos. Cada acontecimiento será parte integrante de muchas de esas estructuras, que serán instantes durante los cuales él existe: él existe “en” cada instante, que es una estructura de la cual el acontecimiento forma parte.. Bertrand Russell (1948, 1966, p. 287).

18 La posibilidad se ofrece; se descubre; es determinada, consecuentemente limitada parcial. Querer vivirla como totalidad significa, de hecho, agotarla y completarla al mismo tiempo. El momento se pretende libremente total, se agota cuando se vive. Toda realización como totalidad implica. Una acción constitutiva, un acto inaugural. Ese acto simultáneamente crea un sentido y lo libera. sobre el fondo incierto y transitorio de la cotidianeidad, él impone una estructuración. Así, la cotidianeidad que aparecía como “real” (sólida y cierta) se revela incierta y transitoria.” Lefebvre, 1958, p. 348.

Si consideramos el mundo como un conjunto de posibilidades, el acontecimiento es el vehículo de una o alguna de esas posibilidades existentes en el mundo. Pero el acontecimiento también puede ser el vector de las posibilidades existentes en una formación social, es decir, en un país, en una región, o en un lugar, considerados ese país, esa región, ese lugar como un conjunto circunscrito y más limitado que el mundo.

El lugar es el depositario final, obligatorio, del acontecimiento. Según Eddington, un acontecimiento es «un instante del tiempo y un punto del espacio». En realidad se trata de un instante del tiempo que se da en un punto del espacio. Eddington (1968, p. 186) diserta sobre el punto-acontecimiento como el concepto más elemental en una teoría de la naturaleza que tenga en cuenta la relatividad. Un acontecimiento, para Eddington (p. 45), es exactamente «un punto en ese espacio-tiempo», «un instante dado en un lugar dado»19. El principio de la diferenciación deriva de la combinación de un orden temporal y de un orden espacial.

Los acontecimientos son, todos, Presente. Suceden en un instante dado, una fracción de tiempo que ellos cualifican. Son simultáneamente la matriz del tiempo y del espacio. En su libro A Philosophy of Future, Ernest Bloch (1963, 1970, p. 124) escribe que «el tiempo solamente es porque alg6 ocurre, y donde algo ocurre el tiempo está». El autor subrayó la palabra es, nosotros subrayaríamos también la palabra donde.

Los acontecimientos crean el tiempo como portadores de la acción presente (G. Schaltenbrand, 1973, p. 39). 0, como asevera H. Focillon (1949, 1981, p. 99), el acontecimiento es una noción que completa la noción de momento. Cuando hablamos de un acontecimiento pasado, es de su presencia anterior en un punto dado de la flecha del tiempo, de un «presente pasado» de lo que estamos hablando. Y, según Milo Capek (1968, p. 461), «el tiempo de un acontecimiento distante es indefinido». Cuando hablamos de un acontecimiento futuro, es de una suposición de lo que estamos hablando, la suposición de que se realizará en un presente futuro. Como escribe Whitehead (1919, p. 61), «los

19 En la teoría de la relatividad de la naturaleza, el concepto más elemental es el de punto acontecimiento. En lenguaje común, un t’unto-acontecinzíento es un instante de tiempo en un determinado punto del espacio; pero eso representa sólo un aspecto de la cuestión y no puede ser tomado como definición [...]. El aglomerado de todos los puntos-acontecimientos se denomina universo.,. Eddington (1968, p. 186). Combinando la ordenación temporal y la ordenación espacial de los acontecimientos de la naturaleza en un <mico orden de cuatro dimensiones, no sólo obtenemos una mayor simplicidad para fenómenos en los cuales la separación entre tiempo y espacio es irrelevante, sino que entendemos mejor la naturaleza de la diferenciación cuando ésta es relevante~. Eddington (1968, p. 45).

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acontecimientos son, esencialmente, elementos de actualidad». Por lo tanto, cuando se dan, agotan sus posibilidades. En ese sentido que Whitehead dice que «ellos pasan».

Los acontecimientos no se repiten (B. Russell, 1940, 1968, p. 287) y su «carácter principal» es el hecho de «poder situarse con precisión en las coordenadas del espacio y del tiempo» (A. Bosi, 1993). Las circunstancias no son las mismas dos veces, recuerda sir Lewis Namier (citado por Freeman, 1961, p. 77). Cada acto difiere del precedente y del siguiente (G. Kubler, 1973, p. 105). Es su singularidad (E. Morin, 1972, pp. 6-20).

Los acontecimientos son, pues, todos nuevos. Cuando surgen, también están proponiendo una nueva historia. No hay escapatoria. En ese sentido Lefebvre (1958, pp. 346-347), aludiendo al «momento» y Bachelard (1932, pp. 30-31), refiriéndose al «instante», los consideran como un absoluto. De ahí su eficacia y su irreversibilidad. Esa irreversibilidad es lo que da a cada hombre el «sentimiento de aventura», dice Sartre en La nausée (1938, p. 85), cuando tenemos la certeza de que ningún momento se repite, ni regresa, y entonces decidimos actuar dentro de esas «estrechas mallas».

Esa presencia absoluta fundamenta la eficacia del acontecimiento. Allí donde éste se instala, hay cambio, pues el acontecimiento es una brutalidad eficaz, recuerda Focillon (1949, 1981, p. 99). Según P. Nora (1976, p. 191), no existe diferencia de naturaleza entre un acontecimiento y una crisis, que considera como un complejo de acontecimientos. Por ello, en cada nueva evolución, las cosas preexistentes cambian su contenido y también cambian su significación. No es tanto la novedad que demanda una explicación, dice 5. Alexander (1936, 1963, p. 16), sino mucho más la repetición, la regularidad, la uniformidad. La repetición sería la excepción, el desvío, la anormalidad. La novedad es la esencia de la historia, dice Whitehead.

En realidad, los acontecimientos cambian las cosas, transforman los objetos, dándoles, allí donde están, nuevas características. El problema ya había sido expuesto por Jean Brunhes, en su Geografía humana (citado por Fischer et al., p. 229), cuando se refería a una nueva especie de complicación, resultante de diferentes fenómenos que se suceden en el curso del tiempo en el mismo espacio. El escenario geográfico, añade Brunhes, «permanece inmutable, pero los hombres que en él habitan pasan por necesidades crecientes, cambiantes y cada vez más complejas». Hay aquí una cierta confusión entre lo «geográfico» y lo «material», pero lo que cuenta es la idea inspiradora del texto. Faltaba también, como por otra parte continúa faltando en geografía humana, la referencia explícita al acontecimiento como una categoría de análisis.

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Los acontecimientos disuelven las cosas (C. Diano, 1994, p. 91), disuelven las identidades20, proponiéndonos otras, mostrando que no son fijas y, por ello, según Deleuze (e. Boundas, 1993, p. 41), sometiéndonos al «test del saber». Ante la nueva historia y la nueva geografía, nuestro saber también se disuelve, pudiendo reconstituirlo a través de la percepción del movimiento conjunto de las cosas y de los acontecimientos.

No hay acontecimiento sin actor. No hay acontecimiento sin sujeto, recuerda C. Diano (1994, p. 66). En ese sentido, toda teoría de la acción es también una teoría del acontecimiento y viceversa. Esa asimilación de la idea de acontecimiento y de la idea de acción es fundamental para la construcción de una teoría geográfica. Un análisis del mundo que desee considerar los acontecimientos se ve obligado también a diferenciarlos. G. Kubler (1973, p. 105) ya lo había sugerido al decir que «no podemos aprehender el universo si no lo clasificamos por tipos, en categorías, ordenando el flujo infinito de acontecimientos no idénticos en un sistema finito de similitudes».

Una primera distinción a establecer separaría los acontecimientos naturales (la caída de un rayo, el comienzo de una lluvia, un terremoto) de los acontecimientos sociales o históricos (la llegada de un tren, una elección, un accidente de tráfico). Los primeros resultan del propio movimiento de la naturaleza, es decir, de la manifestación diversificada de la energía natural. Así, la naturaleza cambia por su propia dinámica. Los acontecimientos sociales resultan de la acción humana, de la interacción entre los hombres, de sus efectos sobre los hechos naturales. Aquí es el movimiento de la sociedad el que rige, a través del uso diversificado del trabajo y de la información.

La historia de la humanidad parte de un mundo de cosas en conflicto hacia un mundo de acciones en conflicto. En el inicio, las acciones se instalaban en los intersticios de las fuerzas naturales, mientras que hoy lo natural ocupa tales intersticios. Antes, la sociedad se instalaba sobre lugares naturales, poco modificados por el hombre, hoy los acontecimientos naturales se dan en lugares cada vez más artificiales, que alteran su valor, su significado.

Los acontecimientos históricos suponen la acción humana. De hecho, acontecimiento y acción son sinónimos21. Por tanto, su clasificación es también

20 Cada instante, desde que se da, destruye todo el resto.. G. Berger (1964, p. 116).

21 En su artículo de 1973, publicado en el libro coordinado por J. Chorley con la preocupación de presentar un paradigma para la geografía moderna, Brian Beriy se ocupa de la noción de proceso y se aproxima de la cuestión del acontecimiento. Para él, ..las acciones individuales se cuentan a midadas, y es útil pensarlas como acontecimientos que, en secuencias repetitivas y acumulativas, contribuyen a los procesos espaciales (p. 17).

una clasificación de las acciones. Los acontecimientos 124

son también ideas y no solamente hechos. Una innovación es un caso especial de acontecimiento, caracterizada por la aportación en un punto determinado, en el tiempo y en el espacio, de un dato que en él renueva un modo de hacer, de organizar o de entender la realidad22. Podemos igualmente dividir los acontecimientos en finitos e infinitos. Los primeros resultan de la distribución de posibilidades o recursos finitos: el tiempo de cada uno (si elijo ir a un lugar, no puedo ir a otro al mismo tiempo), el dinero de que disponemos, la población de un país. Por otro lado, existen los acontecimientos infinitos que resultarían de la distribución de posibilidades y recursos cuyo uso no los agota, y su distribución puede ser acumulativa y no competitiva, como en el caso de los recursos finitos. Ejemplos de acontecimientos infinitos son la libertad, la democracia, la información general.

Existen acontecimientos que se dan sin ningún plan, como por sorpresa. Otros son planeados23. Y la voluntad de determinar el futuro se explicita según diversos horizontes temporales, desde el cortísimo al más largo plazo.

Duración, extensión, escalas, superposiciones

El acontecimiento es siempre presente, pero el presente no es necesariamente lo instantáneo. De ahí resulta la idea de duración, es decir, el lapso de tiempo en el que un acontecimiento dado, manteniendo sus características constitucionales, tiene presencia eficaz. Es importante reconocer esto cuando deseamos distinguir la acción de acontecimientos consecutivos o simultáneos.

22 Se da, entonces, una ,,exnovación’., conforme la expresión de la Escuela de Lund, según María Angeles Diaz Muñoz (1991, p. 146). En el periodo actual, todos los lugares están sujetos a acoger exnovaciones y, gracias a los constantes progresos técnicos y organizacionales, el número de ellas tiende a aumentar en frecuencia y número para buena parte de los lugares existentes.

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Peter Arnett, que se hizo famoso durante la guerra del Golfo por sus transmisiones televisivas, considera que existen dos tipos de momentos históricos: los predeterminados, como las elecciones en Sudáfrica, y los inesperados, cuando la historia surge delante de nuestros ojos. En Vietnam, viví algunos de esos momentos: en 1965, en la ofensiva del Tet, cuando los comunistas probaron que no estaban muertos, y con ocasión de la calda de Saigon, en 1975. Vi a los americanos corriendo como gallinas y el embajador de los Estados Unidos huyendo en helicóptero. Allí tuve la impresión de estar escribiendo nuestra historia~. P. Amett. ..Hoy es más peligroso cubrir una guerra” entrevista por André Barcinskí, Jornal do Brasil, 11-6-94, Caderno Idéias, p. 6.

Podemos admitir que, junto a una duración natural, el acontecimiento también puede tener una duración organizacional. La duración natural deriva de la naturaleza original del acontecimiento, de sus cualidades individuales, de su estructura íntima. No obstante, podemos prolongarlo, haciéndolo durar más allá de su impulso propio, mediante un principio de orden. En lugar de ser dejado a sí mismo, se al

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tera su proceso natural. También es posible limitar o reducir su existencia, amputando su período de acción, mediante un recurso organizacional. Una ley, una decisión gubernamental, una resolución de un Banco Central, una regla de un banco privado o de una empresa son formas organizacionales que interfieren en la duración de los acontecimientos, cuando no la determinan directamente.

Los acontecimientos no se dan aisladamente, sino en conjuntos sistémicos — verdaderas «situaciones»— que son cada vez más objeto de organización en su instalación, en su funcionamiento y en el respectivo control y regulación. De esa organización dependerán, al mismo tiempo, la duración y la amplitud del acontecimiento. Del nivel de organización depende la escala de su regulación y la incidencia sobre el área, en el que tiene lugar el acontecimiento.

La fijación, por parte de la autoridad nacional, de un calendario escolar, por ejemplo, es uno de esos datos organizativos que delimitan y cualifican el tiempo social, dictando, desde lejos y desde arriba, la duración y el nivel de la actividad económica en buen número de centros de vacaciones. El horario de los bancos modula los ritmos de actividad en otros ramos de la vida económica.

Uno de los elementos distintivos de nuestra época es el papel omnipresente de la organización en todos los procesos vitales. Tal vez fue Lucien Goldman el primero en identificar el capitalismo actual como un capitalismo de organización. El uso completo o incompleto, absoluto o relativo, eficaz o ineficaz, rentable o no, de los recursos y posibilidades y de las formas en que se deben engarzar las determinaciones depende, en gran parte, de los modos de organización. La relación geográfica más simple, la relación hombre-tierra, está cada vez menos determinada por las características del área y por el proceso directo de producción, y es cada vez más resultado del proceso de organización de la producción vista como un todo.

Considerando el tiempo no solamente como transcurso o intensidad, sino también como extensión —o espacialidad, como dirían otros—, nos acercamos a la comprensión, desde un punto de vista geográfico, de esa noción de extensión de un acontecimiento, ya referida por Whitehead (1919) y otros filósofos.

Ese fenómeno es más fácil de constatar en el dominio de los acontecimientos naturales. ¿Cuál es la superficie alcanzada, en un momento dado, por una

inundación? ¿Qué áreas registraron, en un período determinado, tal o cual curva de temperatura?

En el dominio de la acción, es decir, de los acontecimientos de naturaleza social, se observa el mismo fenómeno aunque su identificación sea más difícil. Es evidente que podemos trazar, sin mayor dificultad, áreas de presencia, única o compartida, absoluta o relativa, de un

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determinado producto agrícola o de una producción industrial dada o de servicios: su área de incidencia.

Aquí la dificultad se sitúa en la búsqueda de una explicación. Habría que distinguir entre los factores propiamente organízacionales, y los factores propiamente técnicos, recordando, no obstante, que actualmente unos y otros tienden a confundirse. Los factores técnicos pueden ser puestos en paralelo con los datos propiamente naturales de la duración de los acontecimientos del mundo físico. Una determinada especie vegetal, digamos una variedad de maíz o de trigo, tiene leyes de comportamiento vinculadas a su propia naturaleza. Al igual que la potencia de un motor en la determinación de la velocidad. Pero el rendimiento final va a depender de la organización de la producción. Lo difícil frecuentemente es saber qué características «naturales» o técnicas inducen a determinadas formas organizacionales y viceversa.

Si el acontecimiento no es el equivalente de localización, como postula M. Escolar (1992, p. 42), el contenido de las diversas áreas tiene relación con la naturaleza de los acontecimientos que en ellas se extienden. Veamos aquí un ejemplo tomado de la economía. Cada producto conduce a ciertos fines, relacionados con sus características <técnicas» y «organizacionales». Entre las características técnicas, distintas según el tipo de producto, están su proceso productivo (incluyendo la calidad de los injustos, sus problemas de conservación y circulación, su relación física con el mercado, etc.), características que también se traducen en términos de tiempo. Tales condiciones no se dan de modo absoluto, sino que son moduladas por los vectores propiamente «organizativos»: políticas de crédito, fiscal, de tarifas y de precios mínimos, almacenamiento y transportes, accesibilidad y calidad de la información y de asistencia técnica, precios internacionales, formas especulativas, valor externo de la moneda, etc.

Las áreas de incidencia pueden tener contenidos parecidos, pero nunca idénticos. Pensemos en el aspecto familiar que nos ofrecen, por ejemplo, los campos de maíz o de trigo. Pero el contenido no es el mismo. Cada área constituye una situación particular. Cada lugar es una combinación cuantitativa y cualitativamente específica de vectores (semillas mejores o no; más o menos abonos; llegada puntual o tardía del crédito y sus costes diversos; irrigación a tiempo o atrasada; transporte más o menos accesible y más o menos adecuado; mano de obra disponible o no, cualificada o no; información en tiempo real o desfasada).

Por tanto, no es suficiente hacer una referencia genérica al área de producción de trigo o de maíz. Es indispensable referirse a un área determinada donde, junto a la producción específica de maíz o de trigo, se reúnen otros diversos acontecimientos, formando una combi

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nación coherente y ocupando una determinada extensión. La noción de situación, utilizada en filosofía y en sociología, puede ser asimilada, en geografía, a la noción de área de incidencia, tal como aquí estamos intentando definirla.

Esa combinación de fines y de medios, de objetivos finales y objetivos intermedios, cambia a lo largo del tiempo. Por ello también cambia la superficie de incidencia, el área de incidencia, la situación y su extensión. Vista de ese modo, la escala es un límite y un contenido, que están siempre cambiando, al calor de las variables dinámicas que deciden sobre el devenir regional o local.

¿Qué fuerzas son capaces de producir acontecimientos que incidan, en un mismo momento, sobre áreas extensas?

La primera de ellas es el Estado, por su «uso legítimo de la fuerza», encarnado o no en el derecho. La ley, o lo que toma su nombre, es, por naturaleza, general. Así, una norma pública actúa sobre la totalidad de las personas, de las empresas, de las instituciones y del territorio. Esa es la superioridad de la acción del Estado sobre otras macro-organizaciones. Ni las instituciones supranacionales, ni las empresas multinacionales tienen ese poder. Si éstas puede recoger

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