OTROS TEMAS:
C. ELEMENTOS CONSTRUCTIVOS
Como veremos después, el muro aparentemente pierde mucha de su importancia en numerosas iglesias y catedrales. Progresivamente se horada con ventanales cada vez más atrevidos, hasta desaparecer prácticamente. Estos alardes son posibles gracias a las innovaciones técnicas que se introducen en este momento.
Los pilares son cada vez más altos. En los primeros tiempos del gótico solían ser cilíndricos, pero progresivamente se les añadirán columnillas adosadas en correspondencia con los nervios que sostienen la bóveda. El resultado final será el pilar fasciculado, un haz de baquetones que prolongan las nervaduras y acrecienta la sensación ascensional; en ocasiones el capitel (generalmente muy estilizado y con decoración vegetal) llegará a desaparecer.
El elemento constructivo más característico es el arco apuntado u ojival (dos segmentos curvos que se une en la clave formando un ángulo), que posee un carácter más vertical y ascensional que el de medio punto. Tiene variantes:
Alancetado (cuando la ojiva es muy aguda). Conopial (en forma de quilla invertida).
Carpanel (segmentos curvos de distinto radio). Tudor (arco apuntado muy achatado).
Botarel o rampante (los dos arranques del arco están a distinta altura).
El espacio interior se cierra con la bóveda de crucería, sostenida por un número variable de arcos que se entrecruzan denominados nervios. Son de muchos tipos:
Simple o cuatripartita (resultado del cruce de dos arcos).
Sexpartita (muy usada en el primer gótico, es el resultado de interponer un nervio transversal).
Estrelladas (consecuencia de la introducción de nervios secundarios o terceletes; pueden ser más o menos complicadas).
En abanico (los nervios están dispuestos como las varillas de un abanico). Reticuladas (los nervios se entrecruzan formando una red).
De clave pinjante (la clave central cuelga de tal modo que parece que la bóveda se apoya en el aire).
El resultado es una estructura más dinámica que las bóvedas de cañón o arista, puesto que su esqueleto de nervios que convergen en la clave de la bóveda (normalmente muy ornamentadas) canaliza las tensiones hacia puntos determinados, facilita y agiliza la construcción, y permite disminuir el grosor de la plementería (los paños de piedra que se apoyan en los nervios) y rasgar los muros. Cada tramo de la bóveda es independiente de los demás, separado por los arcos perpiaños o fajones, y los arcos formeros.
Lo más peculiar es el sistema de contrarresto de descarga. El gran peso de las bóvedas de la nave central recae sobre pilares cada vez más altos, lo que provoca un empuje hacia fuera que puede amenazar la estabilidad de la fábrica. La innovación de los constructores góticos es derivar este empuje hacia poderosos contrafuertes situados junto a las naves laterales, mediante arcos rampantes exteriores denominados arbotantes. En ellos, un pináculo mantiene la cohesión entre estos elementos, y los culmina estéticamente. Con ello queda aparentemente libre de elementos de sostén la nave central, los muros dejan de ser elementos sustentantes, y se rasgan con ventanales. Al exterior, su aspecto es de una ingente estructura de piedra, como un costillar gigantesco.
D. EL INTERIOR
En el interior, a la tensión que existe hacia la cabecera (propia de las plantas basilicales), se une una sensación de elevación e ingravidez, ya que la bóveda parece flotar apoyada sobre la luz coloreada que penetra por los ventanales. Los vitrales tamizan y fragmentan la luz inundando el interior de colores, según la hora y las condiciones atmosféricas, creando una atmósfera no natural, fingida, que permitía comparar el templo con la Jerusalén celestial, el cielo.
El muro ha perdido buena parte de su protagonismo, y en consecuencia se llegará a una nueva distribución de los paramentos interiores de las naves centrales:
Inicialmente, en cuatro niveles: las arquerías que separan las naves, la tradicional tribuna sobre las naves laterales, un triforio (serie de arcos abiertos entre un angosto corredor abierto en el ancho del muro y la nave central, por encima de la tribuna), y ventanales (catedral de Laon).
Posteriormente se elimina la tribuna y aumentan las dimensiones de los ventanales (catedral de Chartres). Esta distribución puede repetirse en las naves laterales interiores (catedral de Toledo).
La culminación está en el llamado, de forma muy expresiva, gótico radiante: el triforio es también acristalado, por lo que el muro casi desaparece (catedral de Estrasburgo).
E. EL EXTERIOR
Lo que más destaca de la catedral gótica es su monumental tamaño frente al resto de los edificios urbanos. La abundancia de contrafuertes, arbotantes y pináculos le dan su característico aspecto. Sin embargo la adición continuada de nuevos elementos y capillas producen un ocultamiento del nivel inferior de sus muros exteriores. La catedral sólo se abre a la contemplación próxima en las calles o plazas que conducen a sus accesos. Por ello, la decoración de tipo arquitectónica o escultórica se concentra en las fachadas, con sus decoradas pórticos, y también en las torres y los pináculos.
La fachada gótica adopta la solución de una portada flanqueada por dos torres. Este hecho plantea problemas estéticos y técnicos, puesto que la masa de las torres empequeñece el protagonismo de la portada y entorpece la relación de ésta con la organización del interior en varias naves. Soluciones a estos problemas nos las dan la fachada oeste de Notre Dame de París, con un gran rosetón sobre la entrada principal, y la fachada de la catedral de Reims, donde se coordinan las líneas verticales y horizontales, el centro y los laterales, en un armonioso equilibrio: las líneas ascendentes de las torres y del resto de los elementos de la fachada se compensan con arquerías y frisos de tendencia horizontal que evitan un exagerado movimiento ascensional.
La portada se organiza, siguiendo la tradición románica, mediante jambas abocinadas con columnas y estatuas adosadas, arquivoltas apuntadas (a menudo reciben estatuillas sobre repisas que a su vez son doseletes para la inmediatamente inferior), parteluz (frecuentemente con una estatua de la Virgen), dintel y tímpano (con abundante decoración esculpida o con rosetones). El conjunto suele estar culminado por un gablete (remate en ángulo agudo a modo de frontón).
En los vanos, vistos desde fuera, la decoración figurada pintada sobre el cristal no se puede apreciar. Se admira, en cambio, el delicado “encaje” de piedra que soporta el vidrio emplomado. Técnicamente, supone el pleno dominio del corte de la piedra. Toman dos formas:
Ventanales apuntados formados por varias lancetas coronadas por una tracería
geométrica inicialmente simple (trifolio), y progresivamente más compleja mediante el característico juego de curvas y contracurvas denominado ornamentación de vejiga de pez (gótico flamígero).
Rosetones. Suelen culminar las fachadas oeste, norte y sur, por encima de las portadas,
de modo que fijan los ejes básicos de la construcción. De forma circular, aumentarán de tamaño y se irán complicando progresivamente. En Notre Dame de París alcanza los 9,6 metros de diámetro.