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El interés por los elementos del relato se remonta a la Poética de Aristóteles, obra que ha influenciado fuertemente la narratología. En el texto el filósofo se preguntaba no sólo por las partes de la tragedia sino también por la forma de la trama, término que algunos traductores asimilan a fábula. Aristóteles caracterizaba la fábula como “(…) el

debía tener un principio, un medio y un fin de la acción y que su extensión apropiada era aquella que permitiera “(…) al héroe pasar por una serie de probables o necesarias etapas de la desdicha a la felicidad, o de la felicidad a la desdicha” (Aristóteles, 1973 Cap. 7 1450b/1451a.).

Bastante ajustado a lo que decía el filósofo griego, el historiador francés Antoine Prost sostiene que la configuración de la trama o de la intriga supone: un acto inaugural que nace del cambio de una situación para un personaje (este personaje puede ser una persona, un sujeto social, o cualquier objeto histórico); la delimitación del principio y el fin de esa historia (la cronología); unos episodios, unos personajes y un narrador (Prost 1996). La narración buscará, como ya lo señalamos desde Ricoeur, explicar esos cambios acaecidos desde el acto inaugural.

Iniciando el siglo XX los críticos literarios, en particular la escuela formalista rusa y posteriormente los estructuralistas franceses, retomaron esa inquietud por la estructura del relato en general o de algunos géneros en particular. Según Ricoeur, preguntarse por la estructura del relato es equivalente a inquirir por “(…) la forma en que se aúnan los

acontecimientos que se cuentan en la historia” (Ricoeur, Historia y narratividad 107). Uno de estos teóricos fue Algirdas Julien Greimas, amigo personal de Ricoeur cuyos principios para el análisis estructural del relato no sólo son las bases para el análisis estructural del contenidos que se adopta como metodología sino que, siendo el mito un relato, las etapas del relato de Greimas coinciden con las etapas de la aventura del héroe que describe Joseph Campbell y que se abordará en el apartado dedicado al mito.

En la Semántica estructural Greimas parte de los trabajos de Vladimir Propp sobre el cuento ruso con los que éste había hallado 31 funciones50 comunes entendidas éstas como los acontecimientos constantes y permanentes del cuento o “la acción de un

personaje desde el punto de vista de su significado en el desarrollo de la trama” (Propp citado en Ricoeur, Historia y narratividad 112). Desde allí había hallado también 7 agentes que asumían esas funciones a saber, villano, proveedor, ayudante, héroe, falso héroe, mandador y la persona buscada (Greimas, Semántica estructural investigación metodológica 268); podría decirse que había encontrado la protoforma del cuento fantástico ruso que consistía en una secuencia de funciones. Desde este resultado y tomando la sugerencia de Etienne Sourieu en el sentido de que la más simple frase constituye un drama, Greimas se apoyó en la sintaxis de la frase para reducir los 7

personajes de Propp a 6 actantes51. Sobre la base de que toda frase está compuesta por un sujeto que se mueve a realizar una acción, dedujo el papel actancial de sujeto (A) y objeto (B), siendo éste último lo que motiva el movimiento hacia la acción; sobre la base de que en las frases pueden existir adverbios que indican oposición (sin embargo, no obstante) y otros que señalan colaboración (naturalmente), dedujo los papeles actanciales de oponente y colaborador y, sobre la base de que en todo proceso de comunicación hay un emisor y un receptor, dedujo los papeles actanciales de remitente y destinatario. Concluyó así que en todo relato hay un sujeto, que es el que actúa sobre un objeto; un remitente o destinador que es el que da origen a la acción y un destinatario que es aquel a quien se orienta la acción; y un ayudante y un oponente que favorecen o dificultan la acción (Greimas, Semántica estructural 275).

Posteriormente Greimas se aplicó a reducir las 31 funciones de Propp a 6 a través de un proceso de emparejamiento por conjunción y disyunción estableciendo relaciones de contradicción y contrariedad entre las funciones52. Así, por ejemplo, las funciones ausencia, prohibición, infracción y bodas las relacionó sobre la base del contrato pues todas ellas tienen que ver con el establecimiento y la ruptura de un contrato al modo como se ve en el siguiente cuadrado semiótico:

Gráfico 1. El cuadrado semiótico.

51 Dice Greimas "No hay que olvidar, en efecto, que el modelo actancial es en primer lugar, la extrapolación de la estructura sintáctica" (Greimas, Semántica estructural 284)

52 Propp señala 31 funciones que, por sugerencia de él mismo al decir que era posible emparejarlas, se reducen a 20 1. Ausencia; 2. prohibición vs. infracción; 3. investigación vs. Sumisión; 4. decepción vs. Sumisión; 5. traición vs. Falta; 6. mandamiento vs. Decisión del héroe; 7. Partida; 8. asignación de una prueba vs. Afrontamiento de la prueba; 9. recepción del adyuvante; 10. traslado espacial; 11. combate vs. Victoria; 12. Marca; 13. liquidación de la falta; 14. retorno; 15. persecución y liberación; 16. llegada de incógnito; 17. asignación de una tarea vs. Logro; 18. Reconocimiento; 19. revelación del traidor vs. revelación del héroe; 20. castigo vs. Boda.

Aplicando esta misma operación a varios grupos de funciones resultó la estructura de todo relato que consiste en: se parte de una ruptura de un orden (1.ruptura del orden y alienación), para restaurar el orden se mueve un sujeto o héroe que busca unas capacidades (2. Cualificación y 3. Búsqueda) con el fin de afrontar una prueba (4. Prueba principal) por petición de un destinador (5. Petición) y al final se reintegra el orden y se produce la sanción de lo efectuado por el sujeto por parte del destinador (6.reintegración) (Greimas, Semántica estructural 310).

Ricoeur conoció el modelo de Greimas y lo alabó no sólo por su “simplicidad y

elegancia” y por su aplicabilidad (Ricoeur, Historia y narratividad 120) sino por poner de manifiesto que todos los relatos, fueran históricos o de ficción tenía una misma estructura. Desde La Crítica de la razón pura de Immanuel Kant planteó que esa estructura era producto de unas formas a priori de la sensibilidad, que son espacio y tiempo, a partir de las cuales -la imaginación- que define como “un proceso o un método para elaborar dichas imágenes de cara a la actividad conceptual” (Ricoeur, Historia y narratividad 149)–traduce la experiencia temporal en una totalidad organizada conforme a la “libertad de la invención y a un extraño sentido del orden”, lo

que explica la infinidad y los estilos de las historias contadas por la humanidad.

A esta subjetividad que permite la condiciones de experiencia de lo temporal Ricoeur añade una dimensión intersubjetiva que parte de la fenomenología de Husserl, planteando así que contar o narrar supone intersubjetividad porque las tramas, los caracteres, los temas y la forma como se cuenta, tienen que ver con la vida común. Afirma:

La dimensión histórica remite a un ámbito más amplio en la medida en que mi historia personal se refiere tanto a la temporalidad de mis contemporáneos como a las de mis predecesores o a las de mis sucesores (…) (Ricoeur, Historia y narratividad 155).

De lo anterior concluye que la estructura del relato es la historicidad intersubjetiva de la que participamos y de la que somos parte en la medida en que narramos y seguimos los relatos de otros.