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ELIGIENDO AL COMISIONADO DE LA FDA: JUSTO LO NECESARIO

COMPRANDO INFLUENCIA: EL MODO EN QUE LA INDUSTRIA

ELIGIENDO AL COMISIONADO DE LA FDA: JUSTO LO NECESARIO

Las relaciones amistosas entre la Casa Blanca de Bush y la industria farmacéutica seguramente tuvieron algo que ver con el retiro de último minuto de la candidatura del doctor Alistair Wood para comisionado de la FDA en 2002. Wood, un profesor muy respetado de farmacología clínica de la Universidad Vanderbilt de Nashville (y mi ex colega en el equipo editorial de The New England Journal of Medicine) fue, según dicen, recomendado efusivamente por el senador Bill Frist (R-Tenn.) y por Tommy Thompson, el secretario

de Salud y Servicios Sociales. Pero también era conocido como defensor de una fuerte intervención reguladora por parte de la FDA, y evidentemente les había erizado algunas plumas a los ejecutivos de la industria farmacéutica y a otros defensores del "mercado libre" para medicamentos, entre ellos, los editores de The Wall Street Journal. Según el Boston

Globe, este resultado se debió a la fuerte presión ejercida tras

bambalinas sobre la Casa Blanca, lo que llevó a un súbito cambio de parecer. El senador Frist dijo: "Causó gran pre- ocupación que [Wood] fuera a poner demasiado énfasis en la seguridad [de los medicamentos]". (¡Increíble!) Y el doctor Raymond Woosley, también un distinguido farmacólogo clínico, y previo candidato al puesto (que decidió, en cam- bio, aceptar una posición académica importante), comentó:

"Queda claro que cualquiera que haya dicho algo que no le gusta a la industria no va a conseguir el puesto"22.

Quien finalmente fue designado como nuevo comisio- nado de la FDA, no podría haber sido más aceptable para la industria. El doctor McClellan (hermano del secretario de prensa de la Casa Blanca, Scott McClellan, e hijo del interventor republicano de Texas y ex alcalde de Austin), ha defendido sin descanso las causas de las compañías farmacéuticas. En lo que llamó su "primer discurso inter- nacional" en México en 2003, planteó de hecho la tesis de que la respuesta a la molesta disparidad de precios de los medicamentos entre los Estados Unidos y otros países de- sarrollados no era bajar los precios aquí, sino aumentarlos allá23. Criticó severamente a otras naciones ricas por sus

"controles demasiados estrictos de precios", lo cual, dijo, "no se diferencia demasiado de usurpar la patente en forma directa". Aparentemente, se tragó entera la ficción de que los precios de los fármacos tienen que ser altos para cubrir los costos de investigación y desarrollo. "La verdad", dijo, "es que la razón principal de que los precios sean más saltos es que nuestro país cubre la mayor parte de los costos para el

desarrollo de nuevos tratamientos". De hecho, como hemos visto, los precios tienen muy poco que ver con I & D y mucho que ver con las ganancias.

McClellan dijo a continuación, sin ninguna prueba, que "las consecuencias negativas de los excesivos controles de precios sobre I & D se traducen en consecuencias negativas para el desarrollo de nuevos productos". En ningún momen- to, durante su discurso, las palabras "excesivas ganancias" cruzaron sus labios. Tampoco mencionó los inmensos pre- supuestos para mercadeo, excepto para decir, también sin ninguna prueba, que la publicidad directa al consumidor "beneficia la salud pública". En suma, este fue un discurso que podría haber sido escrito por PhRMA. Sin duda, tenemos derecho a esperar que el comisionado de la FDA sea más que un cómplice de las grandes farmacéuticas. Y no veo por qué, en su calidad de funcionario, debería mencionar siquiera la fijación de precios de los medicamentos, puesto que esta no compete a la FDA. A principios de 2004, el doctor McClellan fue ascendido a un puesto incluso más alto en la administración Bush: jefe de los centros de servicios de Medicare y Medicaid.

No quiero parecer excesivamente crítica frente a la Ad- ministración de Alimentos y Drogas. Su función es vital, y su personal esta conformado por muchos servidores públicos serios y por excelentes científicos que se esfuerzan al máxi- mo por cumplir con su trabajo. Pero se ven restringidos por los mandatos del Congreso bajo los que realizan sus tareas, y por las instrucciones que reciben del comisionado. También se ven limitados por la creciente tendencia antirregulatoria en Washington, que parece creer que el "mercado" está ca- pacitado para determinar qué medicamentos son seguros y eficaces y qué medicamentos no lo son. He oído decir que la moral está por los suelos en algunas secciones de la FDA, y entiendo muy bien por qué. El personal que aún trata de cumplir con su trabajo (a pesar del hecho de que la industria

( 232 } LA VERDAD ACERCA DE LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA

a la que deberían regular a veces parece ser la que maneja a su entidad) está constituido por héroes que merecen toda nuestra gratitud. Nos protegen de muchos más Rezulines.

PLANES PARA MÁS DE LO MISMO

En el verano de 2003, The New York Times obtuvo docu- mentos confidenciales de PhRMA que detallaban los planes de la industria para comprar influencias en el año fiscal venidero24. Según el informe, los gastos para ese propósito

aumentarían el veintitrés por ciento, es decir, a 150 millones de dólares. De ese total, 73 millones de dólares serían para ejercer presión en el nivel federal y 49 millones de dólares, en el nivel estatal (la asociación comercial farmacéutica está trasladando gran parte de sus campañas a los estados, que, como veremos en el próximo capítulo, son ahora más peligrosos para los intereses de la industria que el gobierno federal). Los gastos incluirían cinco millones para ejercer presión en la FDA (aparte de lo impropio que resulta que una industria ejerza presión en la entidad que la regula, debe- mos preguntarnos cómo afectará este hecho los discursos del comisionado). Más de doce millones subvencionarían a organizaciones "del mismo parecer" de médicos, pacientes, de la academia y minorías raciales influyentes. Otro millón sería invertido en un "una cámara de resonancia intelec- tual de economistas: una importante red de economistas y líderes de pensamiento que se manifiesten contra las regu- laciones federales de control de precios a través de artículos y testimonios, y que sirvan como un equipo preparado para dar respuestas". Habría quinientos mil dólares "para la pu- blicación de editoriales de opinión favorable y artículos de terceros". Además, dieciocho millones de dólares se emplea- rían en luchar contra los controles de precios y proteger los derechos de patente en el extranjero. Quizá la asignación más arrogante fue la de un millón para "cambiar el sistema

de asistencia social de Canadá" (¿saben los canadienses que PhRMA cree que pueden ser comprados a precio tan vil?), v de otros quinientos mil dólares para bloquear el ingreso de medicamentos desde Canadá.

En un editorial de 2003, The Washington Post resumió con mucho acierto la situación. Advirtió: "A cualquiera que defienda el caso de las compañías farmacéuticas, más allá de lo neutral que pueda parecer su posición académica o su equipo de investigación, habría que preguntarle en de- talle de dónde provienen sus ingresos"25. Los periodistas no

suelen hacerlo casi nunca. Dos reporteros de un periódico importante me dijeron que una de las razones por las qui- no hacen ese tipo de preguntas es que hacer preguntas les dificulta escribir sus reportajes. Si descubren que una de sus fuentes muestra conflictos de intereses, sus editores tal vez les exijan que busquen otras fuentes. O sus fuentes pueden indignarse por verse sometidas a cuestionamientos. Así que hay una política implícita de "no preguntes, no digas nada". Pero si los periodistas identifican a sus fuentes sólo a través de títulos académicos, sin añadir información sobre sus vín- culos comerciales, están engañando a los lectores.

El programa detallado de acción de PhRMA parece un plan de crisis, y eso es exactamente lo que era. El hecho quedó claro en un memorándum dirigido a la junta direc- tiva de la asociación. Decía que la industria estaba enfren- tando una "tormenta perfecta" causada por el "aumento de controles gubernamentales de precios en el exterior, lo cual ha derivado en diferencias políticamente insostenibles de fijación de precios al otro lado de la frontera; mayores posibilidades de conseguir medicamentos del exterior vía ventas en Internet; iniciativas estatales electivas para hacer más asequibles los medicamentos en los Estados Unidos; aumento de las exigencias estatales para descuentos en fár- macos en el programa de Medicaid; y 'la falsa percepción de que los precios de los medicamentos están aumentado

un veinte por ciento anual'"26. Aunque podría no estar de

acuerdo con la lista de quejas en su totalidad, es en verdad una "tormenta perfecta" la que se está armando. En los es- fuerzos recientes del Congreso por resolver algunas de las lagunas de la ley Hatch-Waxman y permitir la reimportación de Canadá de medicamentos más baratos, podemos ver las primeras grietas en lo que alguna vez fue un apoyo sólido a la industria farmacéutica. Pero, a pesar de las grietas, hasta ahora la industria sigue contando con el apoyo político.

"Nuestro mantra en PhRMA es este", dijo Alan F. Holmer, su presidente, en la reunión anual de 2002 de la asociación: "Jamás permitiremos el fracaso mientras las circunstancias políticas sean manejables". Y hasta ahora han sido "mane- jables". Como lo expresó el representante Bernard Sanders

(I-Vt.): "Hasta los Yankees de Nueva York pierden a veces, y es sabido que, alguna vez, los Lakers de Los Ángeles tam- bién han perdido un partido. Pero una organización nunca pierde, y esa organización cuenta con cientos de victorias y ninguna derrota en el Congreso de los Estados Unidos. Esa organización es la industria farmacéutica"27. En el capítulo

siguiente, me preguntaré si esta serie de asombrosas victo- rias podrá continuar.

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