¿QUÉ TAN BUENOS SON LOS NUEVOS MEDICAMENTOS?
PARCIALIDAD Y MUCHA
No es de sorprender que hoy en día los estudios de prue- ba de los medicamentos estén completamente parcializa- dos15. Un estudio reciente descubrió que las investigaciones
financiadas por la industria tienden a favorecer el producto de la compañía cuatro veces más que las investigaciones financiadas por el NIH (a pesar de las declaraciones de Will- man)16. Esto concuerda con la gran cantidad de pruebas que
demuestran que los investigadores relacionados con la in- dustria están más dispuestos a favorecer los productos de las compañías. En el caso de los bloqueadores de canales de calcio como Norvasc, por ejemplo, un sondeo de seten- ta artículos en los que se estudiaron sus niveles de seguri- dad dio como resultado que el 96 por ciento de los autores que apoyaban las drogas tenían vínculos financieros con las compañías que las habían fabricado, mientras que el 37 por ciento de los autores que las criticaban no tenían tales vínculos17.
No entraré en detalles acerca de las muchas maneras en que se presenta la parcialidad en los estudios l8, pero vale
la pena mencionar algunas. En algunos casos, el sesgo es una simple cuestión de énfasis: los autores elogian un me- dicamento incluso cuando los resultados no justifican tanto entusiasmo. Un análisis reciente demostró que los autores de estudios que reciben fondos de la industria están cinco veces más dispuestos a recomendar los medicamentos de una compañía que los autores financiados por organizacio- nes sin ánimo de lucro, independientemente de los resul-
tados finales19. Pero a menudo la parcialidad se abre paso
en el diseño del estudio, como sucede con los exámenes clínicos que se realizan con placebos. Los medicamentos "yo-también" resultan eficaces casi inevitablemente. Pero, de hecho, como demostró el ALLHAT, si se los comparara con fármacos que ya existen en el mercado, se descubriría que no son tan eficaces. Incluso los investigadores de los centros médicos de mayor prestigio se prestan a este juego, porque sus patrocinadores lo exigen. La información proveniente de tales estudios resultará muy poco útil para los médicos que practican medicina, pues no suelen interesarse en un me- dicamento nuevo que pertenece al rubro de "peor es nada". Quieren saber si es mejor que el que ya están usando.
Otra manera de tergiversar los resultados es convocar a sujetos jóvenes para los ensayos, aun cuando los medi- camentos en cuestión tengan como usuarios principales a personas mayores. Dado que la gente joven suele expe- rimentar menos efectos secundarios, en estos ensayos los medicamentos parecerán más seguros de lo que podrían ser en la práctica. Otra estrategia es comparar el nuevo medicamento no sólo con un placebo, sino también con el fármaco existente, pero en una dosis mínima. En el capítulo anterior expliqué cómo se hacía esto con las estatinas. La misma arbitrariedad se da en muchas investigaciones de drogas antiinflamatorias no esteroides (NSAIDS, según sus siglas en inglés; medicamentos como el Naprosyn, que se suele tomar para tratar la artritis). Las nuevas NSAIDS pare- cen beneficiosas porque se las compara con otros fármacos administrados en dosis menores. A veces, la droga ante- rior es administrada en forma incorrecta. Esto sucedió en ensayos en los que se comparó el Fluconazol con un viejo fármaco, la Anfotericina B, para curar infecciones micóticas en pacientes con sida. La Anfotericina B fue administrada en forma oral, lo cual disminuye en gran medida su eficacia. No es de sorprenderse que la investigación fuera financiada
por los creadores de Fluconazol. En ocasiones, se organi- zan estudios demasiado breves como para lograr resultados importantes. Es el caso de una gran cantidad de ensayos de medicamentos que deben tomarse durante largos períodos. Las investigaciones sobre la presión sanguínea suelen du- rar unos pocos meses, y las de antidepresivos, unas pocas semanas, cuando los pacientes que toman esta clase de me- dicamentos suelen hacerlo durante muchos años. Algunos tratamientos parecen dar buenos resultados al principio, pero no son eficaces, e incluso pueden causar daños si se
suministran en el largo plazo.
Una manera común de parcializar los resultados de un estudio es presentar sólo una parte de la información (la que muestra una imagen favorable del producto) e ignorar el resto. Esto sucedió en los ensayos clínicos de Celebrex, un medicamento contra la artritis. Un estudio financiado por Pharmacia, la compañía que produce el fármaco (luego adquirida por Pfizer), demostró en forma ostensible que Celebrex causa menos efectos secundarios que otros dos medicamentos ya existentes contra la artritis. Todo esto fue publicado, junto con una editorial bastante favorable, en
The Journal of the American Medical Association. Los edito-
res supieron después que los resultados se basaban sólo en los primeros seis meses de un estudio que debía durar un año. Cuando se analizó el estudio en su totalidad, se descu- brió que Celebrex no ofrecía la menor ventaja. El redactor de la editorial se sintió engañado, y con razón. The Washington
Post lo citó: "Estoy furioso... Fui yo el que escribió el edito-
rial. Quedé como un tonto. Pero... sólo pude basarme en la información que brindaba el artículo". Y el editor de la revista dijo: "Me siento abatido de saber que ellos tenían la información [de los seis meses siguientes] en el momento en que nos enviaron [el informe original]. Trabajamos con un nivel de confianza que ha sido traicionado"20.