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La em oción en las N eurociencias

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Tradicionalmente la Psicología de la Emoción ha estudiado a las emociones como procesos psicológicos independientes de los mecanismos cerebrales, a lo que se suma la dicotomía cognición-emoción propia de la tendencia cognitivista fundacional que cons­ truyó epistemológicamente un modelo mental con escasa presencia de lo emocional.

La mirada neurobiológica de la emoción, bajo el denominador común de localizar su dimensión biológica, se ha configurado en un campo de creciente complejidad que aporta elementos imprescindibles para la comprensión de lo emocional.

Las nuevas tecnologías de estudio cerebral arrojan luz sobre la importancia de estructuras neurobiológicas concretas, entre ellas la amígdala y los hemisferios cere­ brales, para entender el procesamiento de los estímulos que desencadenan experiencias emocionales, sus consecuencias en la conducta y la investigación de sus bases neuro­ biológicas.

Se considera al escrito de Darwin: The Expression of the Emotions in Man and Animáis (1872) como el fundamento de gran parte de las teorías biológicas sobre la emo­ ción.

Los estudios biológicos de Darwin concluyeron que los movimientos corporales y las expresiones faciales cumplen un papel de comunicación entre los miembros de una especie, transmitiendo información acerca del estado emocional del organismo. Las emo­ ciones y su expresión son de carácter innato, susceptibles de sufrir modificaciones por medio del aprendizaje. Esto aumentaría la probabilidad de adaptación a los cambios del medio externo.

En los primeros modelos sobre la emoción, denominados fisiologistas, con­ fluyeron estas ideas evolucionistas con la visión filosófica de la época.

Para Me Dougall, en el desarrollo filogenético las emociones han aparecido pre­ viamente a los sentimientos que, por su raíz cognitiva, son una peculiaridad del ser humano.

William James en 1884, pone en duda la consideración tradicional que asociaba jerárquicamente percepción del estímulo - emoción y cambios corporales al instalar la

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pregunta: ¿qué ocurre antes, la experiencia de la emoción o la activación fisiológica? Esta teoría pionera sobre la emoción, conocida como de James-Lange, postuló el rol desencadentante de las señales periféricas en la experiencia emocional. La emoción no surgiría directamente de la percepción de un estímulo, sino que éste ocasionaría cam­ bios corporales, cuya percepción por parte del sujeto darían lugar a la emoción.

Este planteamiento, reactualizado por Antonio Damasio en su hipótesis del “mar­ cador somático”, considera a la emoción como un relato que el encéfalo construiría para explicar determinados cambios corporales autónomos.

Las críticas observan que no se llega a explicar que proceso de evaluación per­ mitiría al individuo identificar dichos cambios corporales para enlazarlos con una emo­ ción en particular, teniendo en cuenta -además- que determinadas respuestas autónomas son comunes a diferentes estados emocionales.

En tanto Schachter no considera la emoción sólo como cambios viscerales o per­ iféricos, plantea la necesidad de tener en cuenta también el componente cognitivo (la auto-atribución de sentido).

Este autor, basándose en estudios de Marañón (1924), entiende que para desen­ cadenar una experiencia emocional los cambios fisiológicos no son suficientes. Estos deben ser interpretados, y a partir de este acto de conciencia surge la emoción particular. Por lo tanto el orden causal propuesto por Schachter es: estímulo, cambios corporales, percepción de los cambios corporales, interpretación de los cambios corporales y emo­ ción.

Entre las posturas opuestas, Cannon y Bard consideran que las neuronas talámicas al activarse envían un feedback informativo hacia la corteza y simultáneamente activan los músculos y las visceras.

El estudio de gatos decorticados demostró que mantenían su capacidad de mostrar respuestas de rabia, por lo que se dedujo el origen subcortical de los mecanismos implicados en este tipo de reacciones afectivas.

Cannon asoció a la emoción con la activación del sistema nervioso simpático, siendo el tálamo la estructura subcortical controladora de las emociones y el hipotálamo la base biológica del comportamiento emocional.

En el estudio de la representación cortical de la emoción podemos citar a Papez, quien propuso que el sitema Límbico funcionaba como base cortical de lo emocional.

Según este modelo la cognición y la emoción funcionarían de manera interde- pendiente, ya que el hipocampo se comunica recíprocamente con centros corticales superiores.

En el denominado “circuito de Papez”, los sentimientos surgen de las conexiones de un circuito que incluye el hipotálamo, los cuerpos mamilares, el núcleo anterior talámico y la corteza cingulada. En tanto que de un control hipotalámico de los órganos viscerales se desprendería la expresión de las emociones.

Otra líneas de estudio enfocan el tema poniéndo el énfasis en la lateralización de las funciones relacionadas con lo emocional.

A partir del estudio de lesionados en los lóbulos frontales que presentaron nota­ bles cambios en la conducta emocional, surgieron numerosos trabajos constatando que las lesiones del hemisferio izquierdo van acompañadas por estados depresivos (reacción catastrófica), mientras que las lesiones del hemisferio derecho suelen ir acompañadas por ciertas manifestaciones de indiferencia afectiva e incluso de una euforia desmedida.

Los autores Ross, Homan y Buck proponen que se podría determinar el rol dife­ rencial de ambos hemisferios al procesar la información emocional a partir de los dife­ rentes tipos de emociones. Las formas más primitivas de emoción -que suponen de valen­ cia negativa- se encontrarían vinculadas al funcionamiento del hemisferio derecho; mien­ tras que aquellas otras emociones filogenéticamente más avanzadas, ligadas con lo social, se relacionarían con el funcionamiento del hemisferio izquierdo.

En cuanto al tema de la lateralización, Kolb y Taylor alertan que ”la región corti­ cal intrahemisférica -frontal, temporal- es tan importante como la ubicación cortical inter­ hemisférica -izquierda, derecha- en el control de la conducta emocional; de hecho, en muchas ocasiones se pudo apreciar que las diferencias entre los efectos de las lesiones frontales y temporales en un mismo hemisferio eran mayores que las diferencias entre los efectos de las lesiones temporales de ambos hemisferios, y mayores que las diferencias entre los efectos de las lesiones frontales de ambos hemisferios.” (Palmero 1997:19)

Aportando complejidad a estas diferenciaciones, Borod y Madigan proponen dos formas básicas de estudio neurobiológico de la emoción:

a)Inter-hemisférica: relacionada con la lateralidad.

b)Intra-hemisférica: bajo dos niveles de análisis, el de la caudalidad (anterior-pos- terior) y el de la verticalidad (neocortical-subcortical o límbico).

En cuanto a la recuperación de las experiencias emocionales, LeDoux logró localizar las estructuras neurobiológicas implicadas en el almacenamiento de los eventos de importancia adaptativa. La memoria consciente de la experiencia pasada -relacionada con el hipocampo y otras estructuras del lóbulo temporal- junto con las respuestas fisio­ lógicas concomitantes -vinculadas con la amígdala- son los componentes de un sistema de memoria que opera en paralelo .

Este autor explica la modalidad bidireccional de la conexión entre la amígdala y la corteza. Remarca la pronunciada asimetría de vías, ya que las que conectan la amígdala

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con la corteza son más sólidas y amplias que las que retornan, esto permite entender por qué es tan difícil detener voluntariamente una emoción una vez que ésta se ha desenca­ denado.

Asimismo se considera que la amígdala ejerce un papel integrador del proce­ samiento cognitivo y de la significación emocional, pudiendo preparar las respuestas inmediatas apropiadas a la situación. Esta integración de funciones pone de manifiesto la relevante interacción entre procesos afectivos y procesos cognitivos.

El neurobiólogo Antonio Damasio diferencia las emociones y los sentimientos de las demás funciones cerebrales, los considera predefinidos genéticamente y en gran medida innatos. Retomando ideas freudianas reconoce al placer y al displacer como sus componentes indispensables,y considera al cuerpo - el real y el que se representa en el cerebro- como el teatro de las emociones.

Como expresamos anteriormente, para Damasio Las emociones serían básica­ mente lecturas (biológicas, químicas y macroestructurales) tando de los cambios que "realmente" tienen lugar en el cuerpo, así como los que se construyen en las estructuras cerebrales donde se representa este cuerpo.

De los desarrollos de Damasio destacamos su conceptualización de “marcador somático”, que hace referencia a aquellas sensaciones corporales que se producen al tran­ sitar una determinada situación o bien al plantearse el sujeto una determinada acción para abordar una situación. A través de estas insripciones somáticas el cuerpo puede generar imágenes que construyen registros no concientes en el cerebro. Esto explica que frente a determinados estímulos dispongamos de respuestas elaboradas sin intervención de la conciencia.

Conclusión

Desde su etimología, pasando por los aportes de las diferentes miradas científicas y teniendo en cuenta la investigación que nos proponemos, podemos definir a la emo­ ción como el motor de la vida misma.

Se presenta legítimamente como la generadora de las acciones internas y externas de los seres humanos, tanto como de sus relaciones e interacciones sociales.

Queda abierto -entre otros- el debate sobre el grado de interacción entre los aspec­ tos cognitivos y los emocionales, a partir de las numerosas variables que aportan los estu­ dios consultados.

Pero, en general, puede asegurarse que la mayoría de las líneas de investigación en múltiples disciplinas convergen en transformar la dualidad cartesiana “pienso luego existo” por la unidad del cuerpo y la mente, expresada como “siento luego existo”.

Bibliografia

BLOCH, S.

DAMASIO, A.R.

FREUD, S.:

KANDEL E., SCHWARTZ J. Y JESSELL T.

KAUFMANN, PIERRE

PALMERO, F.

(1995) AIba Emoting. Revista Teatral Chilena, Año 1, N9 1, Santiago. Facultad de Artes, Universidad de Chile, pp. 59/72.

(1994) Descarte's error: Emotion, reason and the human brain. New York: GP Putnam.

(1981) Obras completas. Ed. Biblioteca Nueva, Madrid. (1996), Neurociencia y conducta. Madrid: Prentice Hall.

(1996) Elementos para una enciclopedia del Psicoanálisis. Editorial Paidós, Buenos Aires.

(2000) La emoción desde el modelo biológico. R.E.M.E. (Revista Electrónica de Motivación y Emoción) Volumen 6 Nro. 13 http://reme.uji.es/articulos/apalmf5821004l03/texto.html (Fecha de ingreso 21 de Junio de 2005)

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Bases neuroanatóm icas

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