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Donantes y financiación

Capítulo 5. Estudios de caso

II. Emergencias y discapacidad

A corto plazo, las situaciones de emergencia pueden causar lesiones y malnutrición que desemboquen en una discapacidad. A largo plazo, la destrucción de los servicios sanitarios y educativos puede provocar un mayor impacto del desastre y, por ejemplo, niveles más bajos de vacunación que pueden desembocar una vez más en discapacidades. En situa- ciones de emergencias de posguerra, la violencia armada puede perdurar durante muchos años y los problemas mentales persisten en las poblaciones afectadas por las guerras mu- chos años después.

Por lo tanto, es necesario incluir a las personas con discapacidad en los planes y respuestas hu- manitarios, por ejemplo poniendo a su alcance refugios inclusivos y accesibles, condiciones sa- lubres, atención médica, alimentos y educación. La colaboración y respuesta inclusivas en emergencias están respaldadas por los artículos 11 y 32 de la CDPD.

La CDPD resume las obligaciones de los Estados para proteger y asegurar la seguridad de las personas con discapacidad en situaciones de riesgo, incluyendo conflictos armados.

La mayoría de los programas se centran en la discapacidad como un tema transversal

En la práctica, la discapacidad se ve pocas veces reflejada en programas humanitarios, incluso cuando cada vez más pruebas evidencian que las personas con discapacidad están expuestas a mayores riesgos en tales situaciones.

Aunque algunos manuales y directrices apoyan la inclusión específica de personas con discapacidad en emergencias, la mayoría de los programas se centran en la discapacidad como un tema transversal, o en cómo proteger a las personas con discapacidad como un grupo vulnerable en vez de centrarse en medidas específicas de inclusión y superación de barreras. Hay muy pocas pruebas que sugieran que estas directrices se utilicen efec- tivamente en personas con discapacidad, debido en parte a la falta de estándares e indi- cadores para monitorizar la inclusión, pero también debido a la falta de concienciación y formación sobre el terreno. Las organizaciones locales de personas con discapacidad se incluyen muy pocas veces en las reuniones de pla-

nificación y coordinación, especialmente durante las crisis. De este modo se pierde la oportunidad de mejorar la coordinación y la inclusión de per- sonas con discapacidad en la ayuda humanitaria. Gran parte del personal que trabaja en agencias humanitarias tiene percepciones erróneas sobre las personas con discapacidad: que necesitan cui- dado especializado costoso o que sus necesidades las cubrirán las partidas generales de ayuda; que no les es posible ayudar a los demás, o que son in- capaces de participar en la mayoría de las activi-

dades educativas, laborales o comunitarias. En situaciones tales como terremotos o inundaciones, se tiene la percepción común de que las personas con discapacidad sim- plemente no sobrevivirán.

Se han desarrollado pocos indicadores para analizar el alcance real que tiene la inclusión de personas con discapacidad en programas y si tales programas aportan mejoras soste- nibles en su calidad de vida. Los escasos estudios que se han llevado a cabo en países que acaban de sufrir un conflicto se han centrado principalmente en personas con distintos tipos de deficiencias para asistir a los donantes y en planes de servicios para problemas específicos elaborados por ministerios gubernamentales. Aunque estos estudios han sido valiosos, enfocan la discapacidad como un tema médico o de bienestar en vez de consi- derarlo un tema social o de derechos humanos. Sin embargo, cuando la información fue puesta a disposición del público se utilizó para modificar significativamente otras políticas, especialmente las destinadas a prevenir discapacidades, como por ejemplo el Tratado de

Prohibición de Minas de Ottawa de 1997 (Ottawa Mine Ban Treaty) y la Convención

sobre Municiones en Racimo de 2008 (Convention on Cluster Munitions).

Aunque es muy pronto para evaluar el efecto de la CDPD, la Convención ha hecho que se preste más atención a la discapacidad dentro del sistema de las Naciones Unidas, espe-

Una mejor formación del personal humanitario y las organizaciones de personas con discapacidad en países en conflicto y afectados por desastres promovería la concienciación y la comprensión así como la capacidad para hacer frente a la discapacidad

cialmente en lo relativo a las agencias de implementación, y algunas iniciativas de orga- nizaciones de la ONU y no gubernamentales han empezado a consolidar un enfoque de la discapacidad más centrado en el sector humanitario. Por ejemplo, en el año 2004 la dis- capacidad fue incluida como un tema transversal en el Proyecto Esfera, un manual clave para los profesionales humanitarios.

Una mejor formación del personal humanitario y de las organizaciones de personas con discapacidad en países en conflicto y afectados por desastres promovería la conciencia- ción y la comprensión, así como la capacidad para hacer frente a la discapacidad. Aunque esos esfuerzos son prometedores, no serán del todo efectivos hasta -y a menos que- la discapacidad sea considerada un tema clave por todos los que trabajan en el sector hu- manitario.

Según las Naciones Unidas, hay más de 42 millones de personas desplazadas en todo el mundo debido a conflictos y desastres naturales. Aproximadamente el 41% de los refu- giados del mundo son niños y la mitad del total son mujeres. Según el Informe de la Co-

misión de Mujeres Refugiadas de 2010, tres millones de personas con discapacidad

viven en campos de refugiados y barriadas marginales urbanas.Las cifras son bajas en algunos países en vías de desarrollo porque muchos niños no son inscritos en el registro al nacer y no hay mecanismos de recogida de datos sobre el terreno para contar el número de personas con discapacidad en los campos.

Los adultos con discapacidades son dejados de lado por otros refugiados a la hora de re- partir los alimentos o el agua en situaciones de crisis. Las mujeres y los niños con disca- pacidad son más vulnerables a violaciones y abusos en el camino hacia los campos y en los mismos campos. Algunas áreas de los campos como las letrinas, los pozos de agua, las clínicas o escuelas son inaccesibles a personas con discapacidades físicas. Así que si la protección y la inclusión son derechos humanos para personas con discapacidad, ¿por qué se las abandona? ¿Por qué son todavía excluidas?

III. Asociación Umoja de personas con discapacidad – Campo de refugiados de