Ambas expediciones fundacionales, con sus doscientos cincuenta componentes, constituyen el tronco inicial de numerosas familias uruguayas, y la fuente primigenia de su cultura, al llevar consigo viejas tradiciones y virtudes castellanas, que habían conservado en su aislamiento geográfico.
La sucesiva fundación de otros poblados en la región del Canelón Chico y el Canelón Grande, y también en la zona más alejada de la bahía de Maldonado, confirmó esta tendencia irreversible, que se fue consolidando, siempre con una alta presencia de canarios, en el siglo XIX, y oleadas migratorias provenientes de otras regiones de España y de Europa, pero también siempre de Canarias.
“Estos primeros colonos dieron sus nombres a distintas localidades a lo largo del nuevo país, y sus descendientes ilustraron su apellido en la carrera de las armas, en las letras, en el comercio y en la política. Estas expediciones estuvieron, como hemos visto, fundamentalmente, compuestas por familias de agricultores, en su mayoría de origen pobre y humilde, pero había entre ellos algunos cuyo origen se remontaba a los conquistadores de Canarias, como los Vera Suárez y los Vera Perdomo. Los Tejera y los Herrera poseían
también apellidos de rancio abolengo. Los Camejo y los Soto eran propietarios rurales en Canarias. Lo más significativo es que aquí, en la Banda Oriental, todos ellos, con tan distinto origen, se convirtieron en un grupo laborioso y pacífico.
Se repetía, así, el mismo proceso que en el resto de América al producirse, paralelamente, el desarrollo de dos corrientes contrapuestas, una de aseñoramiento y otra de aplebeyamiento, que transformaba a los colonos salidos de la metrópoli y los convertía en los pobladores de unas nuevas tierras. Había que afrontar un reto, ya que estas regiones del Plata no ofrecían riquezas, ni civilizaciones ya asentadas, y ese reto hizo que se superaran todas las dificultades.”17
La importancia de estos primeros colonos canarios en la formación no sólo de Montevideo, sino de todo lo que más tarde sería Uruguay, se puede comprobar en las costumbres y tradiciones isleñas que, aún hoy, marcan la cultura uruguaya.
“Agregando a esos 335 españoles con sucesión los 134 padres españoles de los ya nacidos en Montevideo que contrajeron matrimonio hasta septiembre de 1767, procediendo en igual forma que anteriormente, obtenemos los orígenes peninsulares para las 469 personas, naturales de España, que constituyeron, como vimos, el aporte mayor al "núcleo hereditario" inicial. El aporte mayor fue, pues, el de las Islas Canarias, que llegó a casi un 57,5% del total de los españoles, seguido —aunque con una distancia muy considerable— por los naturales de Andalucía, cuya contribución excedió sólo muy poco el 10%. En tercer
17 Navarro azcue, C. 1992. Incidencia de la emigración canaria en la formación de Uruguay,
lugar figuran los vizcaínos, con un 5% del total; en cuarto lugar los gallegos, que no alcanzaron un 4%; seguidos por los oriundos de Castilla la Vieja (3,73%) y Castilla la Nueva (3.20%), quienes, tomándose en conjunto, ocupan el tercer lugar con casi 7% del total. Los 131 aportes menores fueron los de Asturias, las islas Baleares y Murcia, con apenas 0,75% para cada región^'.
Estos datos demuestran la evolución clásica de la emigración española a América, donde en el siglo XVI el mayor porcentaje de migrantes provenía de Andalucía, por su proximidad al puerto de salida oficial, es decir, Sevilla. Magnus MOmer afirma que a finales del siglo XVI la proporción de canarios en el flujo migratorio español al Río de la Plata fue de un 1,1%, específicamente para el año 1580, mientras que el aporte de andaluces era del 45,2% y el de gallegos del 2,6%*».
». Siguiendo esta misma evolución, en el siglo XVIII la proporción de canarios y gallegos en la emigración española a toda América fue creciendo en detrimento de la de andaluces, como consecuencia de las campañas oficiales de reclutamiento colectivo. “18
Uruguay recibe en este siglo el mayor aporte a su formación de población canaria. Para el siglo XX la proporción de emigrantes canarios en el flujo migratorio español a Uruguay quedó muy disminuida en cantidades , como lo reflejan los datos obtenidos varias investigaciones, pero no así en presencia cultural.
18 Navarro azcue, C. 1992. Incidencia de la emigración canaria en la formación de Uruguay,
La naturaleza campesina de la inmigración canaria, tanto en los siglos XVIII y XIX, como en el siglo XX, profundizó su presencia en las áreas rurales próximas a la ciudad de Montevideo, en particular en el departamento de Canelones.
Esta presencia generalizada, sirvió de base para la adopción temprana, que aún prevalece, del gentilicio “canario” para los oriundos del departamento de Canelones, y su uso extensivo desde la capital, para todos los habitantes del área rural del país.
La integración de tradiciones y costumbres canarias, se entretejieron sutilmente con el resto de la sociedad uruguaya, que, en la primera mitad del siglo XX recibió grandes ººcontingentes de inmigrantes de muchas regiones de Europa y Medio Oriente.
Prueba de ese entretejido es, por ejemplo, la amplia difusión en la producción y consumo del gofio, un alimento cuya preparación y uso generalizado, proviene de los aborígenes canarios. Su consumo y difusión es tan amplio que incluso forma parte de dichos populares y refranes y existen aún hoy en día Molinos de producción de gofio en el país.
La extensa presencia de palmeras “phoenix canariensis” en el paisaje rural uruguayo, así como su uso como ornamento vegetal en ciudades y caminos del país, es otra clara huella de la influencia silenciosa de la inmigración canaria.
Estas últimas oleadas inmigratorias de Canarias, lograron concretar la creación de instituciones nucleadoras de su colectividad, siendo la primera la Sociedad Islas Canarias de Montevideo, fundada en 1952 y que constituye la segunda institución de éstas características más antigua del mundo y que aún permanece activa.